Under the snow || Creek

Summary

Tweek cree que la vida es injusta con Ʃl y su esposo. Y, quizƔs, aquella parƔbola resultar estar bastante acertada. Sin embargo, Tweek olvida que nada es para siempre. Incluido la tristeza.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo Único.

Bajo la Nieve.

____________________________

Los copos de nieve se pegaban en la ventana de la cocina, aquella que quedaba frente al patio trasero del hogar.

Tweek observaba, con tranquilidad, la figura de su perrita Stripe, quiƩn desde afuera del hogar -Precisamente en el patio- jugaba e intentaba morder los diminutos copos quƩ descendiƔn de las alturas.

Por dentro, el hogar erradiaba calor.

Un calor que dentro de sí no alcanzaba a sentir. Su cuerpo se giró por inercia hacia la figura del reloj que posaba encima del refrigerador.

7:29 pm.

Hoy era Navidad. Habƭa pasado toda la tarde cocinando la cena para cuƔndo Craig regresarƔ del Trabajo.

El sol ya habĆ­a desaparecido.

Y él aún no llegaba.

Mordió su labio inferior, mientras observaba la pila de platillos y postres que se cernían sobre la mesa.

Todos desprendĆ­an un olor tan exquisito.

Y, aún así, su estómago no se sentía con el apetito suficiente cómo para siquiera darle una probada a sus creaciones.

Su omega chilló mientras desamarraba los hilos de su delantal. Podía comenzar a sentir aquellas cÔlidas gotas descender lentamente sobre sus pómulos. Cada una, mÔs pesada que la anterior.

— Respira, Tweek. — Intentó alentarse. — Respira, Todo estĆ” bien.

MentĆ­a.

Y era consciente de ello,

tanto que dolĆ­a.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

Todo comenzó hace dos años. CuÔndo ambos cumplieron 27 años de edad y 4 de casados.

Su vida, tanto personal, cómo marital; se encontraba en su mejor momento.

Habƭan tenido muchos cambios luego de casarse, pero finalmente se encontraban en un ambiente cƔlido, estable, saludable para ambos hombres.

Todo fue así, hasta que un día al llegar del trabajo, encontró a su esposo sentado en el sofÔ, con una sonrisa tan radiante que nunca había visto en su rostro. Una que demostraba sinceridad, un deseo añorante.

— Quiero tener cachorros contigo, Tweek.

Soltó de repente el Alfa. En un susurro sereno, conscizo. Tan directo cómo solo él, Craig Tucker, sabía hacerlo.

El rubio había parpadeado repetidas veces, rió al creer que se trataba de una simple broma. Aunque, al observar la sonrisa cariñosa de su alfa, supó qué ese no era el caso.

— Ā”Ack! ĀæT-TĆŗ, De v-verdad quieres, ya s-sabes? — Preguntó con nerviosismo

El alfa se levantó de su asiento, caminando con lentitud para no asustar al Omega, quién se mantenían confundido frente a la puerta.

— SĆ­, CariƱo. — Susurró, amoroso. — De verdad, deseo tener cachorros contigo. — Tomó sus manos con delicadeza. Con amor. — Solo contigo.

Su omega saltaba de un lado a otro, extasiado al escuchar aquellas palabras provenir de su alfa.

Y, no podĆ­a negarlo.

Tanto su parte humana, cómo su parte Omega se encontraban totalmente pérdidas ante la explosión de sentimientos.

Craig quería un bebé con él, ”Con él!

No pudo aguantar las lÔgrimas qué comenzaban a descender por sus mejillas. Aquellas que caían tan cÔlidas cómo la sensación que comenzaba a adueñarse de su corazón.

”Craig quería tener un bebé con él!

La situación sonaba tan irreal, ”tan fantaseosa!

Fue cuestión de segundos para qué el rubio Omega con olor a Caramelo se avalanzarÔ encima del Alfa, feliz por escuchar sus palabras.

El pelinegro rió, llenando la habitación con ese olor a vino tinto qué tanto le caracterizaba. Levantó entre sus brazos la figura del Omega, quién se aprensó con ayuda de sus piernas al torso del Alfa.

— Ā”TomarĆ© eso cómo un sĆ­! — Exclamó Craig, tan contento cómo el Omega.

[...]

AsĆ­ habĆ­a iniciado todo.

Dos hombres con un sueño en común.

Formar una familia.

Lastimosamente, la vida no siempre nos da lo que pedimos. Y, muchas veces puede parecer injusta... cruel.

[...]

—Tweek, Corazón. — Susurró Craig, frente a la puerta del baƱo, en el exterior. — Y-Yo...

— Ā”VETE! — Gritó el Omega del otro lado. — Ā”Largo, Craig! Ā”Quiero estar solo! — Su voz sonaba rota, quebrada.

12 pruebas.

HabĆ­a pasado 5 meses intentando quedar en cinta y, cada una de las pruebas siempre arrobaja resultados negativos. Cada una de ellas.

Era tan humillante.

Demasiado.

Craig deseaba tener un cachorro tanto cómo él. Lo sabía.

Lo habƭa escuchado hablar con su familia sobre lo feliz que le hacƭa la idea de tener una familia con Tweek. Lo habƭa visto observar con tanto anhelo los trajesitos en miniatura quƩ adornaban el pasillo de cachorros cada que iban al supermercado. E incluso, Tolkien le habƭa dicho que Craig hablaba en la empresa sobre lo emocionado que se sentƭa de estar a punto de formar una familia con Ʃl.

Ɖl querĆ­a un bebĆ©, Tweek igual.

La familia de ambos estaba emocionada, comenzaban a prepararse para cuƔndo la noticia se confirmarƔ.

Al igual que Tweek, esperaban un "”Estoy en cinta!"

ĀæPero que habĆ­a obtenido?

12 pruebas.

Cada una de ellas negativas.

— Cachorrito. — Sollozó, sentado contra la puerta del baƱo que impedĆ­a la entrada de Craig. — Cachorrito, si tĆŗ me escuchas. — Susurró una vez mĆ”s, mientras se llevaba una de sus manos a su vientre vacĆ­o. — SĆ© que no serĆ­a un mal padre, tu papi te espera con tantas ansias, ĀæPor quĆ© no quieres venir?— Murmuró con una sonrisa dolida. — TĆŗ, lindo C-Cachorrito, ĀæquĆ© mal he hecho para que tĆŗ no quieras estar aquĆ­, conmigo?

Por unos instantes, el sonido de los sollozos cesó. A los pocos segundos se intensificó, ya no eran sollozos de enojo.

Eran gritos de impotencia, de dolor.

De aquellos que solo un Omega joven puede soltar al sentirse inservible.

El corazón de Craig se estrujo.

SabĆ­a que el resultado de cada una de esas pruebas no eran culpa de su esposo, pero eso no lo hacĆ­a menos doloroso.

— BebĆ©. — Susurró Craig, su voz apenas en un hilo que intentaba no quebrarse. PorquĆ©, sĆ­ lo hacĆ­a, sabĆ­a que no quedarĆ­a quiĆ©n pudiera levantar a su Omega, a su solecito. — Corazoncito... no es tu culpa, ĀæL-Lo sabes, no? — Dijo. — Podemos intentarlo otra vez, solo si quieres. S-si no, adoptamos un perrito, pero no de esos que caminan en dos patas. Me dan miedo. — Intentó bromear para aligerar el ambiente.

Tweek rió, leve. Sin embargo, aquella emoción en su rostro de desvaneció tan pronto cómo apareció. —Y...Āæ Si no funciona? — Preguntó Tweek, dentro del baƱo de la habitación, temeroso. MordĆ­a sus labios en un vano intento de aligerar su dolor. Sentado y hecho bolita con los pies contra su pecho.

Craig suspiró con pesadez. TemĆ­a de la realidad, pero intentaba mantener la esperanza. — Lo intentamos otra vez.. — El pelinegro hizo una pausa. — Y sĆ­ nuevamente no funciona, lo intentamos una vez mĆ”s, y otra, hasta que lo logremos.

EstÔ vez, Tweek no volvió a contestar.

Craig dejó caer su frente contra la puerta del baño.

Pesé a que siempre había sabido cómo mantener sus emociones a raya, ahora se sentía confundido.

Sentƭa todo y nada a la vez, las cosas eran tan confusas para Ʃl. QuizƔ era el estrƩs, quizƔ el dolor de ver a su pareja comenzar a desmoronarse frente a sus ojos y no poder hacer nada.

La realidad era que, tanto él, cómo su Alfa se sentían decepcionados.

No de Tweek, no de su Omega.

Sino de ellos mismos.

Sentían que no funcionaban cómo Alfa, ¿Y, es qué cómo podrían decir lo contrario? Su Omega estaba sufriendo, y ellos no podían hacer nada.

Habían roto aquella promesa que hicieron en el altar. Aquella en la que juraron proteger a su otra mitad de todo lo malo que existiera, de la infelicidad, del miedo, de la decepción.

Justo de todo lo que los habĆ­a envuelto en la actualidad.

—Craig, tengo miedo. — Dijo el Omega. Su voz en apenas un susurro, cómo esos que produce el frió viento de Invierno. — No quiero alejarte, pero temó decepcionarte si te tengo junto a mĆ­.

Craig respiró, profundo.

No iba a dejar a su solecito solo, jamƔs.

El seguro de la puerta hizo 'Clic' en el momento en el que el Alfa giró la perilla.

Nadie tuvo que decir una palabra, antes de que Craig se metiera al baƱo con rƔpidez.

En algún punto de la conversación, Tweek había abandonado el lugar trÔs la puerta y se había sentado en la bañera. Ahora, allí estaba.

Recostado sobre la tina, hecho bolita y con las extremidades pegadas a su torso, cómo si con esa pequeña acción se cubriera de la maldad y crueldad de su mundo.

Y, Tal vez lo hacĆ­a.

_______________________

DespuƩs de esas 12 pruebas, vinieron otras 8.

Todas con el mismo resultado.

— Y, ĀæBien? — Preguntó Craig frente a la puerta del baƱo

El rubio lo miró a los ojos, y eso fue suficiente para que el Alfa comprendiera el resultado. Aún así, contestó.

— Negativo.

_______________________

Los intentos se extendieron durante otros 7 meses mƔs. Casi un aƱo habƭa pasado desde que Tweek y Craig habƭan intentado tener un bebƩ.

Un maldito aƱo y, los resultados simplemente parecƭan golpearlos en el rostro con una fuerte bofetada.

Una y otra, y otra vez.

Meses despuƩs de que se cumpliera el aƱo, exactamente el dƭa de su aniversario de boda, Craig trajo consigo una gran caja Ɣzul al regresar de su trabajo.

— ĀæCraig, QuĆ© es eso? — Preguntó Tweek con curiosidad, mientras se asomaba por la entrada del Living.

— Un regalo. — Respondió con tranquilidad.

El Alfa observó a su Omega, quién aún se mantenía asomado por la entrada de la habitación. Se veía demacrado.

El estrés se había apoderado de su cuerpo. Bajos sus hermosos ojos se ceñian un par de ojeras rojizas, producto de todas las noches que se desveló llorando hasta la madrugada y, su pelo, cada vez se encontraba mÔs largo y enredado, opaco.

Aún así, Craig Sonrió.

Ɖl seguĆ­a siendo el Omega mĆ”s lindo que habĆ­a conocido en Universo.

Tomó la caja entre sus brazos, con delicadeza, y la levantó. LlevÔndola hasta los pies del rubio, quién parpadeaba confundido.

— Yo, te traje algo, Corazón. — Murmuró el Alfa, mientras se agachaba, sonriente. — Espero que te guste.

El Omega enarcó una ceja, curioso.

Su esposo le acercó la caja a sus pies, cuÔndo Tweek estuvo a punto de abrir los pliegues, se sorprendió al ver la caja moverse.

— ¿”Q-QuĆ©!? — Murmuró asustado. Craig no pudo evitar soltar una carcajada al ver la expresión en su rostro. Hace mucho no veĆ­a otra expresión en Ć©l que no fuera una de tristeza. — Ā”Craigory!, ¿”De quĆ© demonios te rĆ­es!?

El pelinegro continuó riendo.

— Anda, Ć”brelo. — Finalmente respondió, al ver el rostro de enfado en la cara del Rubio.

Tweek, un poco molesto, no tuvo otra opción que agacharse con cautela, ante la mirada de Craig, y remover los pliegues de la tapa de cartón.

— Ā”Craig! — Exclamó con sorpresa al ver la cabezita de un perrito asomarse a travĆ©s de la caja. — ĀæQ-QuĆ©? — El perrito saltó fuera de la caja, directo al rubio. — Ā”Espera, Espera! — Chilló Tweek, desconcertado. Aunque, poco le importo a la mascota, quiĆ©n lamio su rostro con cariƱo. — Ā”Craig, me hace cosquillas! Ā”Craiiiiiig!

El pelinegro sonrió.

Hace mucho que no veía a su Omega sonreír se esa manera. Se sentó juntó a la figura del perro y el rubio, quiénes se encontraban ya recostados sobre el cÔlido piso alfombrado.

— Ella es Stripe. — Murmuró. — Es una cachorra de raza Bernese Mountain. — Explicó mientras acariciaba el pelaje del cachorrito, quiĆ©n se removĆ­a extasiado. — Clyde, Bebe, Tricia y yo, la compramos para tĆ­.

Tweek se enderezó. — ĀæPara mĆ­? — Sus ojitos se iluminaron con confusión.

— ĀæP-Por quĆ©? — Preguntó.

Craig no desvaneció la sonrisa en su rostro. Se estiró sobre el suelo alfombrado y empujo a Tweek hacía su pecho.

— PorquĆ© querĆ­amos darte un regalo que te trajera felicidad. — Respondió con simpleza.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

Con la llegada de la perrita Stripe a la familia, la vida de los Tucker-Tweak's finalmente comenzó a deshacerse de cualquier rastro de penumbra.

Ahora las noches estaban llenas de cÔlidez, de risas. De un Omega regañando a su esposo y a su perrita por alguna travesura cometida por la última, y siendo cubrida por el Alfa.

La vida finalmente comenzaba a parecerles mƔs justa. Un poquito mƔs llevadera.

El tema de cachorros habĆ­a quedado apartado por esos instantes. Y, Aunque sus familias habĆ­an quedado un poco decepcionadas, lo habĆ­an entendido.

Un día, mientras Tweek limpiaba las escaleras, no fue consciente del charco que había dejado por error en uno de los escalones y, al pisarlo, inevitablemente perdió el equilibrio, cayendo por las escaleras.

Fue mÔs el susto que el impacto del golpe. Sin embargo, todo eso cambió cuÔndo sintió un líquido cÔlido comenzar a descender de su entrepierna.

Por inercia sus manos de dirigieron a su vientre, el cuƔl comenzaba a latir de dolor.

— Ā”Tweeek! — Craig, quiĆ©n se encontraba en la planta baja y, quiĆ©n habĆ­a salido corriendo despavorido cuĆ”ndo escucho el estruendo, corrió hacĆ­a Ć©l. Agachandose al mismo tiempo en que tomaba su rostro y removĆ­a los mechones sobre su cara. — Ā”Corazón! ĀæTe encuentras bien? — Preguntó el Alfa, asustado al ver las lĆ”grimas caer del rostro del Rubio.

— Ā”Duele! — Gimió el Omega, mientras apretaba su vientre. — Ā”Craig, duele mucho! —

El pelinegro no dijo ninguna palabra. Fue cuestión de segundos para que pasara sus manos bajo las piernas del Omega y, al poner su cara en su pecho, lo cargarÔ con rÔpidez.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

— Entonces... — Murmuró Craig.

— Lo que nos temĆ­amos, seƱor. — Susurró el beta, con cautela. — Su omega tenĆ­a dos meses de gestación...El impacto de la caĆ­da provocó que el feto se desprendiera del saco. — Craig golpeó sus uƱas contra la mesa. — Lo que provocó un aborto espontĆ”neo en el paciente.

Craig mordió su labio. El cuÔl se encontraba tan seco, que no dudo en agrietarse y comenzar a sangrar.

— Intentamos quedar en cinta durante un aƱo. — Sinceró Craig, pĆ©rdido entre sus pensamientos. — Fue, fue un proceso muy difĆ­cil para nosotros. — Una sonrisa surcó su rostro, una totalmente incrĆ©dula. — Y-Y, ahora, ĀæMe dice que mi Omega acaba de p-perder un cachorro? Ā”QuĆ© maldita broma es estĆ”! — Gritó con molestia.

Nuevamente, la vida se empeƱaba por castigarlos con crueldad.

Era una completa ironĆ­a.

Una que no podĆ­an controlar, pero si llorar. Lamentar.

[...]

— Ā”CRAIG, BASTA!

— Ā”Hijo, entiendo tu dolor, pero por favor! Ā”CĆ”lmate!

Tweek podía escuchar los gritos que provenían fuera de la habitación del hospital, sin embargo, no le interesaban.

Observaba los pƔjaros saltar entre las ramas del gran Ɣrbol quƩ estaba en la Ɣrea de descanso fuera del hospital. Algo dentro de Ʃl se sentƭa vacƭo.

Cómo si le hubieran arrebatado una parte suya.

Le resultaba irónico la fuerza con la que el sol iluminaba el exterior. Tan potente, cómo si les estuviera gritando a todos allÔ afuera "Hey, soy yo! Hoy es un buen día para vivir!" O alguna mierda cómo esa.

— La vida sigue, seƱor Tweek. — Murmuró, con una sonrisa totalmente incredula, la misma frase que una de las enfermeras le habĆ­a dicho luego de enterarse quĆ© se encontraba en cinta, despuĆ©s de sufrir un aborto espontĆ”neo.

"La vida sigue, SeƱor Tweek"

Fue lo que una Jovencita de veintidós años y, una de las enfermeras del hospital, le había dicho al salir del proceso de limpieza.

Habƭa intentado, con todas sus fuerzas, quedar en cinta durante todo un aƱo. Formar una familia con Ʃl hombre que amaba, con su Alfa.

Con aquƩl que le cantaba por las noches a Ʃl y a su perrita, arrullandolos.

HabĆ­a intentado de todo para tener un cachorrito.

Y, cuÔndo finalmente lo había logrado, un descuido al limpiar provocó que cayera por las escaleras y perdiera al bebé.

¿Qué irónico, no?

HabĆ­a perdido algo que, ni siquiera sabĆ­a que tenĆ­a. Y, aĆŗn asĆ­, dolĆ­a.

Otra vez, la vida se empeñaba en ser injusta con ellos. Y, ¿Qué recibía?

Un pésame, y un estúpido "La vida sigue".

— Ā” Jódete, maldita perra! — Gritó, antes de tomar el jarrón de la mesa de noche y estamparlo contra la puerta.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

Al final, la jovencita tenía razón.

La vida seguĆ­a.

Sin importar si lo habƭas pƩrdido todo, el sol seguirƭa iluminando las calles con alegrƭa. Sin importar que tan mal te sintieras, las flores seguirƭan floreciendo bajo el cielo.

Sin importar quƩ, la vida seguirƭa avanzando.

Y ellos tambiƩn debƭan aprender a continuar avanzando, porque la vida no esperaba a nadie.

Sin importar que, la vida continuaba pasando allĆ” afuera.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

DespuƩs de su pƩrdida, el matrimonio ya no fue lo mismo.

Ambos eran dos almas encadenadas bajo el yugo de la culpa. Bajo la parÔbola del "Y sí...". Una qué, cómo bien sabemos, es totalmente inexistente, invalida.

Las noches de arrullos, se convirtieron una vez mƔs en noches de desvelos llenos de sollozos.

Ambos se sentĆ­an culpables. Con la responsabilidad de algo que no habĆ­an podido manejar. Y, aunque en sus corazones no le hechaban la culpa al otro, sus propias mentes los tachaban de culpables.

Para Craig era, ¿Y, sí hubiera sido mÔs atento? , ¿Y, sí hubiera sido un buen Alfa?,

Y, para él Omega era todo lo contrario. Para él todo se reducia a un simple, ¿Y, sí Craig hubiera escogido a un Omega en buen estado? ¿Porqué Dios me ha hecho defectuoso?

Muchas veces les dijeron "El tiempo se lo lleva todo"

Lo cuƔl, descubrieron era totalmente falso.

El tiempo no desaparecĆ­a sus penas. No alejaba su dolor, el ardor que se alojaba en sus corazones. Al contrario, con cada dĆ­a que pasaban, sentĆ­an que sus vidas se estancaba en un abismo interminable.

Uno que los atormentaba dĆ­a y noche.

Tweek no regresó a su trabajo después del incidente. Al contrario de Craig, quién debía tomar el cargo de su empresa tecnológica.

Con el tiempo, ellos también comenzarón a alejarse.

No habƭan dejado de amarse, pero en sus corazones la palabra "amor" pasaba a segundo plano gracias a las penas que acumulaban en lo mƔs profundo de sus pechos.

Los dĆ­as se habĆ­an vuelto vacĆ­os.

Rutinarios.

Un bucle infinito entre despertar, desayunar, fingir una conversación que parecía un ensayo mÔs que una conexión entre esposos, despedirse y, esperar a que uno de ellos llegarÔ a casa para cenar. Después, ver algún programa al que realmente no le prestarían atención, acostarse, y finalmente, repetir el mismo bucle al día siguiente. Y al otro, y el que seguía después de ese.

No aprendieron a vivir en aquella rutina, sino que la rutina aprendió a vivir en ellos. Cómo una parÔsito qué se instalo dentro de un enfermo conejillo de indias indefenso.

Ahora, debĆ­an aprender a vivir asĆ­. A ignorar todo su dolor, aunque parecĆ­a una tarea imposible.

ā–¬ ā–­ ā–¬ ā–­ ā–¬ ā–­

Abrió sus ojos.

Otra vez se encontraba en la soledad de su hogar, en aquella realidad de la que no podĆ­a escapar. El silencio carcomĆ­a poco a poco su consciencia.

Desde quƩ tuvo aquƩl accidente que le arrebato a su cachorro, su Omega habƭa entrado en un ciclo de silencio absoluto.

AquƩl que siempre parloteaba en su consciencia, ahora solo se lamentaba.

Sobre sus manos sostenĆ­a el viejo celular que tenĆ­a desde sus 26 aƱos. — Tweek, ĀæEstĆ”s ahĆ­? — Preguntó una voz estĆ”tica. Tweek se sobresaltó ante la repentinidad. HabĆ­a olvidado de la llamada que acaba de contestar.— Ā”Feliz Navidad!

—¿Bebe?

— Ā”AsĆ­ es, precioso! — Respondió la rubia de manera efusiva, trĆ”s la lĆ­nea. — Āæ Pudo ir a verte a tĆ­ y a Stripe? La familia de Clyde no vendrĆ”, asĆ­ que tenemos la noche libre.— Su voz se escuchaba fuerte, cómo si dentro de su hogar se encontrarĆ”n en medio de un ruidosa fiesta.

El rubio dudo por unos segundos, luego, simplemente giró su cuerpo hacĆ­a la mesa vacĆ­a. Y respondió — Esta bien, Bebe. Nos vemos luego. — Dijo.

— Ā”Te amoooo! — Exclamó la chica, despidiĆ©ndose del Omega.

— Ā”Te veo en dos horas, cuĆ­date!

Tweek tarareó y luego, simplemente colgó la llamada. Mientras lo hacía, puedo ver la notificación de un mensaje.

"Acabo de salir. Llego en 40 minutos."

Era Craig. El Omega suspiró, contestó con un simple "EstÔ bien, Cuídate." Y, luego, bloqueo el teléfono nuevamente, dejÔndolo sobre la meseta.

40 minutos.

Suspiró. 40 minutos era muy poco comparado a las 5 horas diarias que pasaba en la soledad de su hogar. Entonces, ¿Por qué ahora se sentían cómo una eternidad?, ¿QuizÔs, era porqué sabía que tendría visitas?

"Vamos a dar un paseo. "

Tweek parpadeó. ¿Su omega había hablado? Hace una eternidad que no lo hacía. No pudo evitar soltar un "¿Qué? " involuntario. MÔs por la sorpresa, que por no haber entendido el mensaje.

Creyó que el Omega estÔ vez ya no diría nada mÔs, pero pareció equivocarse.

"Afuera. Ahora."

Nuevamente, parpadeó. Había pasado tanto tiempo desde la última que su Omega se había comunicado con él, que ahora la conexión le resultaba extraña. Curiosa. Observó el reloj una vez mÔs; 8:02, apenas habían pasado al rededor de media hora desde la última vez que vio el reloj, y se había sentido toda una eternidad. Ahora entendía porque hasta su Omega se había comunicado.

SĆ­, lo mejor era salir y dar un paseo.

— Ā”Stripe! — Llamó. — Ā”Vamos a dar un paseo!

[...]

La nieve crujƭa bajo sus pies. La noche era helada, pero al mismo tiempo cƔlida. Algo extraƱo, pero reconfortante.

Las calles se encontraban vacƭas, algo obvio gracias a la hora en la que se encontraba, bueno, especialmente dƩbido al dƭa en que estaban.

Stripe caminaba con suavidad, sus patas siendo cubiertas por uno calzado bastante chistoso a la vista de Tweek, pero esencial para el cuidado de la canina.

— Ā”Cuidado! — Gritó una infante, mientras pasaba a su costado. Tweek se sobresaltó. Una bola de nieve habĆ­a pasado a pocos centĆ­metros de su rostro. — Ā”Caleb, le pudiste pegar al seƱor! — Reprochó la pequeƱa.

Tweek apretó su mano sobre su pecho, acelerado por la cercanía del impacto.

— Lo sentimos tanto, sr. Tweek. — Murmuró el niƱo, aĆŗn mĆ”s chico que la menor. — No quisimos asustarlo. —

Tweek observó a los niños, reconociendolos. Eran los hijos de los Stotchs , Michelle y Caleb. Se agachó a la altura de ambos y revolvió sus rubios cabellos.

— EstĆ” bien, no se preocupen. — Susurró. — Solo tengan cuidado.

Ambos niños asintieron y continuarón jugando fuera de la casa de su tío, Kevin McCormic. Stripe, quién se había mantenido al mÔrgen de todo, sacudió su pelaje, quitÔndose los restos de nieve que caían sobre su cuerpo.

Continuarón su caminata por otros 20 minutos, hasta que Stripe se detuvo en uno de los callejones que conectaban a la parte trasera del Hospital.

Al principio, el rubio se tensó al pensar en si dentro de aquel callejón se encontra algún amante de lo ajeno, o peor, algún demente.

Tweek jaló la correa de la perrita, con desconfianza. — Stripe. — Llamó lo mĆ”s consizo que pudo, sin embargo, la Bernese no pareció escucharle, y sĆ­ lo habĆ­a hecho, lo habĆ­a ignorado.

Sus manos se apretaban con fuerza alrededor de la correa. Stripe, generalmente relajada y tranquila, ahora se encontraba inquieta, gruñendo hacia la nada y con las orejas en punta. Cómo si hubiera algo dentro de aquél callejón qué le incomodarÔ.

Y, sinceramente, Tweek tambiƩn comenzaba a sentir aquella incomodidad.

— Hey, Stripe, Tienes que — Su pecho se detuvo por unos instantes cuĆ”ndo un fuerte estruendo sonó a los alrededores. — Ā”GHAA! — Gritó. Luego se dió cuenta que el ruido provenĆ­a de su bolsillo trasero. Era su celular.

Con toda la pena del mundo, y después de haber estado tan cerca de un paro cardíaco, contestó el teléfono.

— ĀæSĆ­?

— CariƱo. — Era Craig, quiĆ©n le hablaba con un cariƱo que hace mucho no sentĆ­a. — Hay un trĆ”fico terrible, estoy a 10 minutos de la casa, pero, a estĆ© paso... — Su voz se escuchaba cansada. — Lo mĆ”s probable es que tarde unos 20 a 30 minutos en llegar a la casa, de verdad lo lamento.

Tweek estuvo a punto de decirle que no se preocupara, sin embargo, antes de que su cerebro pudiera reaccionar, Stripe jaló la correa tan fuerte que lo jaló junto con ella.

HabĆ­a olvidado que sus manos se encontraban envueltas en la correa.

— ĀæCariƱo? — Su telĆ©fono habĆ­a caĆ­do de sus manos, impactando en la acera. — ĀæTweek, estĆ”s ahĆ­? — Preguntó una vez mĆ”s.

Su familia, quiénes estaban junto a él en el automóvil, lo observaron con cautela.

— ĀæSe molesto? — Preguntó Tricia. — Debiste haberle dicho que pasarĆ­amos la Navidad aquĆ­, con ustedes. —

Craig la observó a través del retrovisor.

— Desde, desde que sucedĆ­o todo lo de hace un aƱo... Tweek se encerró en su propia burbuja. — Murmuró con dificultad, aĆŗn no podĆ­a hablar del tema sin que se le quebrarĆ” la voz. — Si le decĆ­a que todos irĆ­an a visitarlo, seguro huĆ­ria a casa de BĆ”rbara.

Thomas, desde el asiento del conductor, observó a su hijo y luego a su esposa.

Era una verdadera pena el cómo había terminado el inicio de un sueño de una pareja joven y añorante.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

— Ā”Espera! — Gritó el rubio, intentando separarse de la correa que lo jalaba. — Ā”Stripe! — Gritó entre una mezcla entre enojo y miedo.

Stripe no se detuvo, al contrario, chillaba entre mƔs se acercaba al final del pasillo, donde empezaban los contenedores.

A los segundos, el rostro de Tweek aterrizó contra el sucio asfalto enlodado.

Se quedó con la cara escondida entre el suelo, procesando qué había sucedido.

Stripe ladraba, cosa que aumentaba el desconcierto en su cabeza. Se reincorporo con dificultad, adolorido, cuÔndo un sonido repentino heló su cuerpo por completo.

Un llanto.

Su cabeza se envolvio en un inmenso sonido sordo que lo confundió. Un llanto. Había escuchado el llanto de un cachorro detrÔs suyo.

Quitó el polvo en su ropa, imaginando que algun indigente podría encontrarse por la zona junto a su cachorro. Sin embargo, a los segundos escucho el mismo llanto.

Giró su cuerpo con terror. El ruido provenía de los contenedores. Se quedó, ahí. Quieto.

Intentando ver si era su subconsciente jugandole una mala broma, o si se trataba de una secuela provocado por el impacto con el que choco contra el asfalto.

Pero, nuevamente, el sonido de un llanto se coló por sus oídos.

Un cachorro.

Exclamó su parte Omega. Aquél sonido era inconfundible, era el llanto de un cachorro pequeño. Tweek desvío su cara hacia la figura de Stripe, quién seguía ladrando hacia el contenedor.

Ahora lo entendĆ­a.

No habĆ­a nada raro con ella, no habĆ­a actuado por desobediencia.

Lo habĆ­a guiado hasta ahĆ­ de manera voluntaria.

Le estaba dando una seƱal.

Una bastante agresiva, pero a final de cuentas, una seƱal.

Se levantó a cómo pudo, con su rostro magullado y una nariz ensangrentada. Sus cuerpos crujían por el impacto, pero poco le importo cuÔndo comenzó a caminar hacía el sucio contenedor.

Stripe, ahora mÔs tranquila, pero aún alerta, camino detrÔs suyo. CuidÔndolo.

— Oh, dios. — Murmuró Tweek, atónito. Sus manos se aferraban a los pliegues del contenedor, intentando ignorar la escena tan grotesca que veĆ­a frente a sus ojos.

Cómo lo supuso su Omega, un cachorrito se encontraba dentro del contenedor, podía suponer que tenía alrededor de unos meses, ya que su tamaño no afiguraba a un bebé recién nacido. Alrededor de él, docenas de deshechos y comida podrida se encontraba bajo su pequeño cuerpo.

Tweek sintió repulsión. No por el bebé, sino por el estado en que lo habían abandonado.

¿Por qué? Se preguntó.

¿Cómo habían sido capaces de hacer algo tan horrible con un cachorrito que incluso desconocía su propia existencia?

¿Cómo habían podido ser tan crueles?

— ĀæPor quĆ©? — Preguntó en un hilo de voz.

¿Por qué, él que tanto había deseado un cachorro, jamÔs pudo tener uno? ¿Por qué Dios le había dado un regalo cómo ese a alguién que lo había despreciado?

Se inclinó sobre el contenedor, tomando al cachorro entre sus magulladas manos.

El infante seguĆ­a llorando.

— ĀæEstĆ”s asustado, pequeƱo? — Preguntó, su voz titubeante. — Debes estar tan confundido. — Murmuró, mientras con ayuda de una de sus manos se quitaba la chaqueta de lana y envolvĆ­a al cachorro con estĆ” misma. — Yo te cuidarĆ©. Lo prometo.

El rubio envolvio entre sus brazos al cachorro, quiĆ©n habĆ­a disminuido la fuerza en su llanto, pero aĆŗn seguĆ­a inquieto. — Stripe. — Llamó en un susurro a la perrita, quiĆ©n, ahora ya tranquila, acató el llamado.

Una rÔfaga de viento hizo temblar todo sus sistemas, provocando que sus dientes tiritaran entre sí. Sin embargo, aún así continúo su camino hasta el hospital.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

— "En veinte minutos llegamos" — Dijo Tricia, molesta. — Ā”Tardamos 40 minutos en el puto trĆ”fico! ”¿Cómo es eso posible?!

—”Tricia, tu lenguaje, maldita mocosa! — Reprendio Laura.

Craig apagó el auto, finalmente, luego de un cansado día -y 40 minutos de trÔfico- por fin había conseguido llegar hasta su hogar. Suspiró con pesadez y observó la figura de su hogar.

— ĀæCraig? — Preguntó Thomas al observar los dedos de su hijo mayor enterrarse en la piel del manubrio.

— ĀæPasa algo?

— Las luces estĆ”n apagadas.

— ĀæQuĆ©?

— Ā”La luces estĆ”n apagadas, papĆ”! — Exclamó Craig, mientras se quitaba el cinturón con rĆ”pidez. Apenas lo logró, no dudó de salir corriendo del Auto, hacia su hogar. — Ā”Tweek! — Llamó con todas sus fuerzas al abrir la puerta del hogar. — Ā”Tweek! — Pasaba por cada rincón de la casa, gritando su nombre sin recibir respuesta.

TenĆ­a miedo.

No era la primera vez que Tweek habĆ­a sufrido un episodio se Psicosis. Desde el incidente del aborto, habĆ­a tenido tres episodios, tan horrorizantes que no le permitieron dormir de corrido por dos semanas, por miedo a que su Omega perdiera nuevamente el control y terminarĆ” lastimosamente.

Gracias a Dios, y a la ayuda del Hospital, Tweek había recibido ayuda profesional y medicación, lo que provocó que esos episodios no volvieran a suceder.

Sin embargo, siempre existƭa la posibilidad de que regresarƔn en el peor momento.

Y Craig temĆ­a que ese momento fuera ahora.

— Ā”Tweek, hijo! — Llamó Laura de la misma forma, en la planta baja. — Ā”No estĆ”, Craig! — Gritó al no recibir respuesta.

Los pasos sonaron con fuerza, Craig bajaba por las escaleras con rƔpidez.

— Ā”PAPƁ, PRENDE EL AUTO! — Gritó con angustia. DebĆ­a ir al Hospital. Cualquier cosa, ahĆ­ podrĆ­a encontrar al su Omega. Su padre gritó su nombre en respuest, asintiendo. — Ā”MamĆ”, TĆŗ y Tricia quĆ©dense aquĆ­, por favor! Ā”Les avisarĆ© cualquier cosa!

— Ā”Pero, Quiero ir! — Interrumpió la joven, preocupada por su cuƱado. Ella habĆ­a sido una de las 4 personas que habĆ­an visto a Tweek bajo el efecto de la psicosis y, al igual que Craig, habĆ­a quedado horrorizada al ver lo que provocaba en su cuƱado.

Craig la observó, dudando. Pero luego negó. — No. Necesito que te quedes con MamĆ” hasta que regresemos. Yo te avisarĆ© todo lo que ocurra. — Dijo. — Ahora, quĆ©date con mamĆ”. — Ordenó.

Antes de que la menor pudiera reprochar, Craig abandono el hogar.

Se trepó en el asiento del copiloto y, antes de que su padre pusiera el auto en marcha, la figura de Bebe y Clyde apareció frente al parabrisas.

— Ā”Craig! — Gritó la pareja al unĆ­sono. Sus rostros se veĆ­an preocupados, angustiantes.

— Ā”Le marquĆ© 20 veces a Tweek, pero no me contesto! — Exclamó Bebe, a tres dĆ­as hĆ”biles de un ataque de ansiedad. — ¿”DONDE ESTƁ LA TIFFANY DE MI BRITANY!? — Sollozó.

Craig los observó desde en interior del automóvil, sin saber si debía ponerse a chillar por no encontrar a su Omega, o pegarse un tiró al ver a Clyde y a la rubia frente a él.

Finalmente, observó a su padre, quién esperaba alguna indicación del azabache. Suspiró antes de quitarle el seguro automÔtico a los asientos traseros.

— Clyde, BebĆ©, Ā”Suban sus mugrosos traseros! — Exclamó con desesperación. — Ā”Ahora! — Gritó al ver el rostro indeciso de la pareja.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

— Shh, Stripe. — Murmuró Tweek. — Sino, nos van a correr.

Tweek se encontraba sentado en la sala de espera del Hospital, sƭ, del mismo en el que media hora atrƔs habƭa encontrado un BebƩ en los contenedores de basura. Se encontraba con varias curitas en su rostro y uno que otro vendaje pequeƱo para cubrir los rasguƱos ensangrentados de sus manos y piernas.

En general, se encontraba bien, los doctores le habían hechos algunas pruebas para verificar que no tuviera alguna contusión en la cabeza, cosa que milagrosamente había salido negativo.

Sin embargo, por ahora sus pensamientos se encontraban preocupados por otro ser. El bebé había sido ingresado a urgencias al presentar signos de desnutrición y un leve nivel de hipotermia qué, al descuidarse, podrían atentar con la salud del cachorro.

— ĀæQuĆ© crees que sea, Stripe? — Le pregunto con suavidad a la perrita que posaba su cabezita sobre uno de sus muslos. — Su pelito era un poco corto, pero a veces los cachorros tienden a tener el pelo corto, sea niƱo o niƱa. — La mascota Ćŗnicamente se removió, disfrutando de las caricias. — ĀæCrees que Craig y Bebe estĆ©n molestos conmigo? Ambos habĆ­an dicho que irĆ­an a la casa, pero yo me encuentro aquĆ­. Y, no pude avisarles.

[...]

BÔrbara abrió la puerta del hospital con rapidez, las personas en la sala de espera se asustaron ante la repentinidad, pero simplemente siguieron con lo suyo.

Craig, quién se encontraba detrÔs de BÔrbara, sin perder el tiempo y se acercó rÔpidamente hasta el vestíbulo.

— Ā”Disculpe! — Dijo, llamando la atención de la enfermeras trĆ”s el vestĆ­bulo. — Ā”M-Mi esposo, creo que el tuvo un episodios de Psicosis! ĀæSe ha registrado algĆŗn paciente con ese, o algun padecimiento parecido? — Atinó a preguntar, tan rĆ”pido, que la pobre seƱorita apenas alcanzó a escuchar.

Leslie Myers, la enfermera en turno, observó al grupo frente a ella, y sin decir ninguna palabra comenzó a teclear en el monitor. — Lo lamento, seƱor. — Dijo. — No tenemos registro de algĆŗn paciente con ese historial. QuizĆ”, ĀæpodrĆ­a darme alguna caracterĆ­stica? Eso podrĆ­a ayudarnos a checar con los mĆ©dicos en guardia.

—”Muchas gracias! — Contestó Craig, de inmediato. — Ā”Es un Omega, 31 aƱos, tez blanca, pelo rubio ondulado! — Explicó sin mucha complicación. — Tiene los ojos bicolor, una mezcla de Ć”zul y verde, y, su olor es cómo el caramelo.

Clyde y Bebe, detrƔs de Ʃl se observaron.

— Rayos, yo apenas y recuerdo el color de tu cabello. — Susurró Clyde. — Ā”Auch, No me pegues! — Chilló al recibir un codazo por parte de la rubia.

La recepcionista se disculpó y salió hacia uno de los pasillos. Thomas sobo el hombro de su hijo en compañía, mientras el Alfa se limitaba a observar la figura de la mujer perderse entre los pasillos.

Después de varios minutos, que Craig y los demÔs sintieron cómo horas, un hombre de batalla se acercó a ellos. DetrÔs de él, la figura de la enfermera caminaba, sonriente.

— Buenas noches, seƱor...

— Ā”Craig! — Contestó, estirando su mano.

— Buenas noches, seƱor. — ReĆ­tero el doctor. —Es un placer conocerlos, soy el doctor Harrison, pero pueden decirme simplemente Gary. — Se presentó. — Soy el encargado del Ć”rea de pediatrĆ­a en Ć©ste hospital.

Craig sintió su estómago revolverse.

PediatrĆ­a.

La última vez que había pisado aquél departamento, fue durante el accidente con su Omega y su cachorro. Un amargo ambiente se instalo a su alrededor.

Bebe, al igual que Craig, tragó saliva, sintiendo la incomodidad calando sus huesos. Ella había estado presente en todo el proceso por el que Tweek tuvo que pasar para superar aquél inofortuno evento. Y, sin duda, tampoco se sentía cómoda al recordarlo.

Un poco incómodo, Craig recibió el saludo. El blondo sonrió.

— La enfermera Leslie me mencionó que estĆ” buscando a un Omega.

—”SĆ­, mi esposo! — Contestó Craig. — Me encontraba fuera del trabajo, cuĆ”ndo regrese, Ć©l ya no estaba en nuestro hogar. — Explicó. — Vine aquĆ­ porque, hace un aƱo tuvimos un incidente que nos dejó mal a ambos, especialmente a mi esposo. — Susurró. — Tuvo secuelas, y temĆ­a que hubieran regresado, por eso vengo a ver sĆ­ Ć©l se encuentra por aquĆ­.

Gary arrugó su nariz al sentir el aroma desesperado qué emanaba el Alfa, conti mÔs pasaba el tiempo, éste se intensificaba aún mÔs, prueba de la preocupación de un Alfa por su Omega.

— No se preocupe, seƱor. Su omega se encuentra aquĆ­, seguro. — Dijo Gary. — Llegó con unas heridas, pero nada que pudiera atentar con su salud.

Craig lo escuchó, atento. Sus aroma comenzó a regularizarse, ahora sabía que su Omega se encontraba seguro. Al igual que él, su padre suspiró con alivio, posó su mano sobre el pecho y sacó su celular para avisarles a su hija y esposa sobre el estado de Tweek.

Por otro lado, BƔrbara y Clyde vitorearon con felicidad, alegres de la seguridad de uno de sus mƔs grandes amigos.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

— ĀæCuĆ”nto tiempo crees que tenga, Stripe? — Preguntó Tweek, quiĆ©n nuevamente se encontraba charlando con el perro, cómo si estĆ” fuera capaz de comprender sus palabras. — Yo le cĆ”lculo unos 2 o 3 meses, Āæsabes?

El rubio recargó su cabeza contra la pared trÔs su asiento. Por primera vez, se sentía feliz.

No se sentía un Superhéroe, ni el 'salvador' de aquél cachorro. Sin embargo, su corazón se sentía en paz al saber que había tenido la dicha de encontrarse con el y ayudarle. Acarició el pelaje de Stripe, quién se mantenían descansando sobre sus muslos.

— Yo creo que es... — No pudo terminar la frase, cuĆ”ndo un fuerte estruendo se escuchó en una de las puertas. — ĀæQuĆ©?, ĀæCraig? — Preguntó, sorprendido al ver la figura de su esposo en el umbral de la puerta.

El Alfa respiraba agitado. Al ver a su omega con el rostro todo magullado no pudo evitar sollozar. Junto a él se encontraba su perrita, Stripe, quién saltó del regazo del Omega al verlo.

— Ā”Craig! — Exclamó el rubio.

El Alfa corrió hacía él Omega, su corazón latía con efusividad. Aún con la sensación de desesperación brotando de su interior.

— Ā”Mierda, Tweek! — Reprochó el Alfa, comenzando a sollozar. — Ā”Me tenĆ­as tan preocupado! Ā”A mĆ­, a todos!

El rubio mordió su labio, con culpa.

— Lo siento mucho, Craig. — Murmuró. — T-Te juró que no fue mi intención preocuparlos. — Tartamudeo, comenzado a llorar. — Perdón, Perdón. — Repitió una vez, luego otra.

Craig, cómo una cachorro indefenso, se aprensó del regazo ajeno. Sosteniendolo en un fuerte agarre, cómo si temiera qué esté se levantara en cualquier momento y desapareciera una vez mÔs frente a sus ojos.

[...]

Tweek observaba con una sonrisa la figura trÔs el enorme cristal que dividía la habitación con el pasillo.

TrƔs el, la figura del cachorro que habƭa rescatado se encontraba descansando en una pequeƱa camilla de pediatrƭa.

A su lado, Craig observa a Tweek y al cachorro de manera simultÔnea. Después del emotivo reencuentro, y de qué Tweek pidiera disculpas a BÔrbara, Clyde y su suegro, de manera voluntaria, les había explicado toda la situación.

Desde el incidente en donde perdió el teléfono, hasta el momento en qué encontró al cachorro.

Ahora, ambos esposos se encontraban fuera del cuarto del cachorro, esperando los resultados de las distintas pruebas a las que habƭa sido sometido el bebƩ.

TrÔs unos cortos minutos, Gary salió de la habitación, una vez terminadas las pruebas y se acercó a la pareja.

— Ā”Hola de nuevo! — Exclamó con alegrĆ­a. Ambos hombres respondieron al saludo del joven. — La mayorĆ­a de las pruebas ya tuvieron resultado. El menor se encuentra con una desnutrición delicada, sin embargo, con cuidados, podrĆ­a recuperarse sin mantener secuelas o desarrollar nuevos problemas.

Ambos asintieron. Gary sonrió. Tomó su libreta y la hojeo hasta dar con la hoja qué buscaba.

— Muy bien. — Dijo antes de aclarar su garganta. — El cachorro, es una linda bebĆ©. — Dijo con una sonrisa. Tweek hizo un ruido de sorpresa, mientras sus ojitos brillaban con curiosidad. No habĆ­a esperado que fuera el, no, la bebĆ© fuera una niƱa. — Tiene aproximadamente 4 meses de nacimiento y, estimamos que nació entre la fechas de Agosto a septiembre. — Tweek asintió, prestando total atención a los datos. — Ahora, lo Ćŗnico preocupante de la infante es su peso, cuenta con 4.8 kilogramos de peso, muy por debajo del promedio, que deberĆ­as se de entre 5 a 8 kilogramos. Sin embargo, no parece presenter un mayor riesgo para su desarrollo.

— ĀæHay algĆŗn tratamiento para ello? — Preguntó Craig, El doctor asintió.

— SĆ­, podemos recetarme suplementos y algunas vitaminas. Sin embargo, con una dieta balanceada y los cuidados adecuados, podrĆ­amos deshacernos del problema.

Craig asintió, comprendiendo. Agradeció al doctor, quién continuó dando el pronóstico.

[...]

Después de unos minutos, Gary había terminado de informar a la pareja. Craig sentía lÔstima por la forma en la que se habían deshecho de la cachorrita, pero agradecía que su esposo la hubiera encontrado y rescatado de haber terminado cómo un vil deshecho.

Estuvo a punto de preguntar algo mÔs al Doctor, cuÔndo el Omega se le adelanto y preguntó;

—Disculpe, SeƱor Gary. — Murmuró. — ĀæQuĆ© pasarĆ” con los padres de la cachorra? — Preguntó titubeante.

Gary sonrió con tristeza. — No se el motivo ni la razón por la que cometieron un acto tan atroz cómo el de abandonar a su propio cachorro. Sin embargo, intentaron deshacerse de la bebĆ© de una manera horrorizante, y eso es considerado un dĆ©lito grave en cual paĆ­s del mundo. — Respondió. — El departamento de maltrato infantil abrirĆ” una investigación para descubrir quiĆ©nes fueron los culpables de abandonar a la menor, y de ponerlos bajo arresto. — Explicó.

Tweek agradeció, y luego de que el Dr. Harrison se despidiera de ambos esposos. Los dos se mantuvieron observando el reflejo de la pequeña. Quién, aún y con un rostro demacrado descansaba con la tranquilidad tan pura que solo un ser inocente podía tener.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

Después de aquél incidente, Liz, cómo fue bautizada la pequeña cachorra por parte del Hospital, se encontró siendo atendida por el personal médico. Quiénes se encargaba de regular el estado deplorable de la infante.

Durante todas esas semanas, Tweek y Craig visitaban a la cachorrita. Muchas veces jugaban con ella, y le llevaban ropa o juguetes para que los disfrutarÔ. Otras, simplemente Tweek se encargaba de arrullarla. Con los días, aquello se volvió una rutina que traía, nuevamente, la alegría que tanto se había escondido en su matrimonio.

A los dos meses, Liz finalmente fue dada de alta. Lista para ir a un lugar de acogida y ser adoptada.

Tweek se encontraba feliz. Contento de ver a la cachorrita tan viva y alegre. Una parte de él lamentaba el ya no tener que verla mÔs, pues Gary le había comentado sobre una pareja joven había quedado encantada con la cachorra. Y, quiénes pensaban adoptarla una vez saliera del Hospital. Aún así, todo eso pasaba a segundo plano cuÔndo imaginaba una vida llena de alegría para la pequeña Liz.

ā–¬ ā–­ ā–¬ ā–­ ā–¬ ā–­

— Ā”Hola, bebĆ©! — Exclamó el Omega, alegrĆ©. Hoy era el Ćŗltimo dĆ­a de la pequeƱa en el hospital, pronto serĆ­a llevaba al hogar de acogida, para esperar por sus nuevos padres. — ĀæEstĆ”s contenta? — Preguntó Tweek, mientras abrazaba a la bebĆ©, quiĆ©n reĆ­a ante los mimos. — Ā”EstĆ”s tan grande, no lo puedo creer! — Sollozó con cariƱo.

Craig los observaba desde el umbral de la puerta. No podía creer lo rÔpido que se habían encariñado de la pequeña, pero lo entendía a la perfección.

Ella, al igual de ellos, había quedado bajo la ilusión de una familia. Una que se les fue negada.

— ĀæEstĆ”s lista para salir de aquĆ­? — Le preguntó Tweek de manera juguetona. — Ā”Y ahora, ĀæA quiĆ©n voy a atacar?! — Exclamó mientras mordĆ­a con delicadeza los cachetes del cachorro.

Craig se acercó a ellos, disfrutando de la comida del ambiente el dulce aroma de su Omega.

DebĆ­an disfrutar el Ćŗltimo dĆ­a en que Liz estarĆ­a en el Hospital.

[...]

Tweek y Craig caminaban por el vecindario. Ambos observando el sol comenzar a esconderse en la lejanĆ­a.

Cada uno sostenĆ­a un cono de helado entre sus manos.

Cómo siempre, Stripe se encontraba junto a ellos, vestida con un gorrito chistoso qué la cubría del sol, un collar azulado qué conectaba con su cadena, y una pequeña mochila en forma de cobayo sobre su espalda. Por supuesto, la última, cortesía especial de su 'papÔ'.

— ĀæPuedes crees que han pasado dos meses desde que Liz llegó a nuestras vidas? — Dijo Tweek, mĆ”s cómo una confirmación que una pregunta. — Y, ahora debemos despedirnos de ella. — Soltó una risa delicada. — La vida es increĆ­ble. — Murmuró sin un rastro de ironĆ­a. MĆ”s bien con absoluta felicidad. — Me alegra pensar que, el dĆ­a de maƱana, Liz estarĆ” jugando en una bonita casa, rodeada de juguetes coloridos y un guardarropas increĆ­ble. Ā”Ayy, cómo me gustarĆ­a volver a ser niƱo!

Craig únicamente se limitaba a sonreír mientras lo observaba y comía su helado de menta de manera simultÔnea.

— Ā”Oh, no! — Exclamó Craig, mientras hacĆ­a un ademĆ”n de encontrarse recordando algĆŗn evento importante.

— ”¿QuĆ© paso?! — Preguntó Tweek, intentando recordar si alguna fecha importante se le habĆ­a pasado por alto.

Craig sonrió de manera indiscreta. — Ā”No, me he olvidado de darte tu regalo! — Murmuró con fingido lamento.

Tweek ladeo la cabeza, confundido.

— ĀæUn regalo? — Preguntó curioso. Craig asintió, aĆŗn manteniendo ese rostro afligido.

— Ā”SĆ­, me he olvidado de entregarte el gran regalo que te tengo guardado!

— ĀæCuĆ”l?

— Ā”Es una sorpresa!

Tweek parpadeó. — ĀæUna sorpresa? — ReĆ­tero con una sonrisa. Craig asintió nuevamente. — Y, ĀæQuĆ© es esa, tan aclamada sorpresa que tienes para darme? — Preguntó en un tono burlón.

— Ā”Es una sorpresa que trae Stripe en su mochila de cobayo!

—SĆ­ no llevĆ”ramos 7 aƱos de casado, pensarĆ­a que me propondrĆ­as matrimonio ahora mismos.

— ĀæQuiĆ©n sabe? — Respondió Craig en tono coqueto. — ĀæQuizĆ”s, y sĆ­? — Tweek soltó una carcajada.

Tweek se acercó hacia Stripe, quién se detuvo juntó a ellos al ver que su correa ya no avanzaba mÔs. Craig sonreía, contento por la sorpresa que estaba a punto de darle a su esposo.

— Ja, Ja, ĀæUn papel, Craig? — Cuestionó Tweek al sacar un sobre Ć”zul de la mochila de Stripe. — ĀæQuĆ© es? ĀæUn viaje? — Preguntó, emocionado.

— No lo sĆ©, cariƱo. — Respondió Craig, con ironĆ­a. — ĀæPor quĆ© no lo abres?

Tweek reviró los ojos, divertido.

Abrió el sobre con lentitud, admirando cada detalle del papel.

Aclaró si garganta y comenzó a leer con un tono exagerado.

— "Querido, Tweek. Al principio, no te sorportaba." — Hizo una pausa y observó a su esposo con incredulidad.

—¿QuĆ©? — Dijo Craig, luchando con la risa que amenazaba con salir de sus sistema.

Tweek reviró los ojos, aún así continúo.

— "Pero, luego de conocernos - y que me rompieras el trasero- me enamorĆ© pĆ©rdidamente de tĆ­." — Tweek rió. — "Siempre supe que debĆ­a pasar mi vida con un Omega, pero jamĆ”s imagine que el Omega con quiĆ©n querrĆ­a pasar toda mi vida entera serĆ­a alguiĆ©n tan maravilloso cómo tĆŗ." — Hizo una pausa, comenzando a sentir la pesadez en su pecho. — "Desde aquĆ©l primer dĆ­a en que supe que te amaba, hasta ahora, 17 aƱos despuĆ©s, mi amor por tĆ­ nunca ha cambiado..."

" Te vĆ­ crecer, tanto fĆ­sica, como emocionalmente. Te vĆ­ reĆ­r, llorar, volverte rebelde y comenzar a romper reglas.

Pero eso nunca me asustó. Al contrario, me animó a amarte cada día mÔs. A comprender tu mente, tus motivos.

Serƭa mentira decir que el dƭa mƔs feliz, fue aquel en el que nos casamos porque, la realidad es, que todos los dƭas que paso junto a tƭ son los mƔs felices de mi vida. Sin importar lo que suceda.

Podría decirte que eres mi estrella, pero tu eres algo mucho mÔs único que ellas. Tampoco podría nombrarte "mi Luna" porque, aunque nosotros solo tenemos una, allÔ afuera, Jupiter tiene como 30. Y, aunque tu rubio pelo combina perfectamente con el sol, algún día ese se extinguirÔ, a diferencia del amor que siento por tí.

Por eso, y mucho mƔs, para mƭ tu eres el Universo entero.

MĆ­ Universo.

Porqué tú, al igual que él, estÔs lleno de secretos, de maravillas, de cosas tan enigmÔticas y sorprendentes, de las cuÔles cada día quiero aprender mÔs y mÔs.

Te he visto sacrificarte por mƭ, por los demƔs. Y, es eso, lo que hace que todos los que estamos a tu alrededor te amemos.

Sin embargo, en tu corazón aún queda mucho amor para dar. Y, aunque me gustaría ser lo suficientemente egoísta para adueñarme de todo ello, comprendo que el compartir nunca ha estado de mÔs.

Te amo.

Te amo cómo no tienes idea, Tweek Tweak.

Atte: Tu esposo,

Craig Tucker. "

Sus dedos se apretaron en los bordes de la carta. Giró su cuerpo hacia la figura de su esposo, quién lo observaba con una tranquilidad natural.

— Craig.... — Sollozo. Sin embargo, Craig negó con una sonrisa, cosa que confundió al Omega.

—Esa no es la sorpresa, CariƱo. — Susurró, antes de ladear su cabeza hacia la figura de su hogar. Tweek lo observó, confundido. — Anda, tu regalo te estĆ” esperando. — Craig tomó su mano, despuĆ©s deposito un suave y casto beso sobre su pómulo derecho. — Vamos.

Ambos caminaron, tomado de la mano.

CuÔndo llegaron frente a la puerta del hogar, Tweek pudo escuchar unos suaves murmullos dentro de la misma. Observó a Craig en busca de respuestas, pero éste únicamente respondió con un asentimiento de cabeza.

Finalmente, tomó la perilla de la puerta y la giró.

Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver un montón de regalos de colores sobre la sala. En medio de todos ellos, Liz, la cachorrita se encontraba sentada en la alfombra, alzando los brazos hacia Tweek al reconocerlo. Alrededor de ella, la familia Tweek, la familia Tucker, y sus amigos mÔs cercanos se encontraban frente a él.

— P-Pero... — Murmuró confundió. Giró su rostro hacia Craig. — ĀæP-Por quĆ©?

Craig abrazó por detrÔs al Omega, liberando sus feromonas en un intento de regular sus emociones.

— PorquĆ© eres un gran Omega, Tweek. — Susurró. — PorquĆ© te amamos. Por que te lo mereces. — Enumeró el Alfa.

Entre ellos, tambiƩn se encontraba el doctor Harrison, quiƩn sostenƭa unos papeles entre sus manos.

— Tweek. — Dijo sonriente. — TĆŗ esposo hizo todos los trĆ”mites para poder adoptar al cachorro. — Explicó. — Los papeles fueron aprobados, Ć©l ya firmo... Ahora, solo falta tu firma para que puedan adoptar a Sirius.

Tweek, aĆŗn en lĆ”grimas, ladeo su cabeza. — ĀæS-Sirius? — Preguntó.

Craig, quiĆ©n no se habĆ­a separado de Ć©l, beso su cuello. — SĆ­, Sirius. — Susurró. — Porque, al igual que en nuestro Universo, Sirius es la estrella que mĆ”s brilla entre el cielo y el espacio. Aquella que sin importar la distancia, siempre llega a nuestros ojos.

Tweek no puedo evitarlo, y se avalanzó hacia Sirius, lloró. Lloró de felicidad, tanto cómo lo hizo la noche en que Craig le pidió matrimonio.

Sus llantos ya no eran de lamento, de impotencia o de dolor. Sino de genuida felicidad. De saber que su vida estaba a punto de cambiar.

Que finalmente Ʃl y Craig conseguirƭa aquello que tanto anhlearon, formar una familia. Tener un pequeƱo ser a quien pudieran cuidar y proteger.

Aquél día, Tweek lloró y rió cómo nunca, cómo solo alguien que sabe que ha pasado por mucho lo hace.

Y se dió cuenta que, aunque jamÔs pudo engendrar su propio cachorro, una pequeña niña de pelo castaño había aparecido en su vida.

Su pequeƱo estrellita de esperanza, Sirius Tucker. Su primogƩnita.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

— Ā”PapĆ”, Sirius no quiere devolverme al sr. Huuy! Ā”Dile algo! — Llamó el pequeƱo rubio, desde la puerta que conectaba con el jardĆ­n del hogar.

— Ā”Sirius! — Llamó el Alfa. — Ā”DevuĆ©lvele al Sr. Huuy a tu hermano!

Craig acomodaba las luces del exterior para la cena que tendrĆ­an aquella noches, por Navidad.

Cinco años habían pasado desde que adoptaron a Sirius. Al principio fue todo un caos adaptarse al cuidado de la pequeña, sin embargo rÔpido agarraron el ritmo, y a los dos años, adoptaron a Miltón, su segundo hijo, quién acaba de cumplir los 3 años en Septiembre.

— Ā”No le devolverĆ© al sr. Huuy, hasta que me devuelva a mi Cuy! — Dijo la pequeƱa mientras removĆ­a el peluche de Mono-Astronauta en el aire.

— Tonta, sĆ­ no me lo devuelves... Ā”Se lo darĆ© de comer a Stripe! — Contraatacó el infante, sacandole la lengua.

Craig suspiró, agotado por el enfrentamiento tan temprano entre sus hijos. Ignoró los gritos de ataque entre ambos y continuó con su trabajo. La cena ya había sido preparada por Tweek, así que él debía encargarse de lo demÔs.

Era lo justo.

[...]

— Sirius, Miltón. — Llamó Craig. — Acomoden sus juguetes que la familia va a venir a visitarnos. — Ordenó, los niƱos suspirar con molestia, pero aĆŗn asĆ­ recogieron su desmadre, sĆ­, desmadre, Craig habĆ­a visto el desorden, lo habĆ­a conocido con Tweek, sin embargo, el desastre que hacĆ­an esos dos pequeƱos era , sin duda, abismal.

Dejó a los niños en la planta baja, tranquilo al saber que no había nada con lo que se pudieran lastimar, y luego de ponerles el televisor al finalizar su limpieza, subió a la planta de arriba y tomó una ducha.

Después de unos largos 20 minutos, que se sintieron cómo la gloria para el cansado Alfa, salió del baño, cubriendo su desnudez con una toalla alrededor de su cadera.

Al entrar al cuarto, lo primero que vió fue la cabeza de su Omega, quién se encontraba descansando de espaldas a él. Se acercó con una sonrisa hacia el límite de la cama.

Durmiendo, con tanta tranquilidad, se encontraban Tweek y su hijo menor, Nova, quiƩn se removƭa contra el pecho del Omega en busca de una fuente de alimento.

Porque si, después de tantos meses de intentos fallidos, y de un nuevo comienzo. Tweek se embarazó cuÔndo menos lo esperaban.

Habían aceptado las dificultades, y lo tomaron cómo una ventaja para reducir los gastos en condones. Así que eso terminó provocando el embarazó de Tweek y él nacimiento de su hijo mÔs pequeño, Nova Tucker. De tan solo 5 meses de nacido.

Craig no pudo evitar sonreír ante la tranquilidad que emitía el rostro de Tweek, la cuÔl contrastada con la figura de su cachorro, quién se removía incómodo ante la falta de una fuente de alimento.

Podía asegurar que no había pasado ni 30 minutos desde la última vez que había comido, pero Nova era muy glotón.

— ĀæAlguiĆ©n tiene hambre otra vez? — Preguntó con ternura. — Ven, deja descansar un rato mĆ”s a tu mamĆ”, Ā”Y vamos por comida para tĆ­ y tus hermanos! — El Alfa cargó al cachorro, y con lentitud lo sacó de la habitación.

[...]

Tweek se levantó a media tarde, el sol apenas era una suave mante en el cielo, y la temperatura en los grados comenzaba a descender con rÔpidez. Tomó un baño con agua tibia, y se arregló para la cena que tendrían en la noche.

Al bajar las escaleras pudo observar la figura de Miltón, quién sollozaba con fuerza. RÔpidamente el rubio se apresuró a llegar hasta a él, confundido por la reacción de su pequeño.

— ĀæQuĆ© sucede, mi niƱo? — Preguntó con ese tono maternal que habĆ­a adoptado hace ya mucho. El pequeƱo se avalanzó a los brazos de su madre, quiĆ©n gustosa lo abrazó, llenĆ”ndolo de su aroma.

— Ā”Papi quiere mĆ”s a Nova y a Sirius! — Sollozó el pequeƱo. — Ā”Papi, no me quiere porque soy adoptado! — Tweek no supo responder, sin embargo antes de que pudiera pensar en algo una nueva voz se sumo a la conversación.

— Yo tambiĆ©n soy adoptada, burrĆ­n. — Reprochó Sirius. — AdemĆ”s, solo lo dice porque papĆ” lo regaƱo por tirar el ponche. — A su lado se encontraba Craig con una cara completamente llena de incredulidad por las palabras de su hijo.

— Ā”Pero tu llegaste primero, y Nova es su bebĆ©! — Reprochó el menor en defensa. Tweek, a quiĆ©n no le agrado lo que dijo su hijo, lo tomó del mentón.

— Amor, escĆŗchame. — Llamó Tweek. — TĆŗ eres nuestro hijo. Y, al igual que Nova, y al igual que Sirius, eres nuestro bebĆ©, y eso siempre serĆ” asĆ­. — Susurró. — SĆ­, tanto tĆŗ, cómo Sirius fueron adoptados, pero eso no significa que los queramos menos que a Nova. JamĆ”s serĆ” asĆ­.

El niño dejó de sollozar, y asintió. Tweek lo abrazó, brindÔndole del calor de su propio cuerpo.

— Ahora, ve y discĆŗlpate con tu papĆ” y tu hermana por las cosas que dijiste. — Ordenó Tweek, aĆŗn con suavidad.

El niño acató la orden, se disculpó con Sirius por lo que había dicho, y se disculpó con Craig por haber dicho aquellas cosas, y también por no hacerle caso y tirar el ponche.

Su momento familiar fue interrumpido cuÔndo el timbre comenzó a sonar.

Ya habĆ­a llegado el momento.

La fiesta debĆ­a continuar, y su familia debĆ­a disfrutar.

[...]

Craig y Tweek observaban todo, agradecidos con Dios y la vida por todo lo que tenĆ­an hasta ahora.

Su familia se encontraba disfrutando de la velada, compartiendo risas y chistes entre ellos, sus pequeños jugaban con Christy y con Evan , los hijos de BÔrbara y Clyde, y Tricia y el hermano de Broflovski. Nova se encontraba siendo mimado por sus abuelos, y sus amigos disfrutaban de acabarse cómo pirañas lo postres que Tweek había preparado.

Craig abrazaba el cuerpo de su Omega, quiƩn se encontraba recostado sobre su cuerpo en uno de los sillones flotantes del patio.

Ambos apreciaban cada momento de la noches, disfrutando de la compaƱƭa de su familia e hijos.

Y sƭ, quizƔ sus vidas no eran perfectas. QuizƔs ya eran un poco viejos para tener una familia tan joven, sin embargo, aquello era suyo.

Eran sus pequeƱas estrellitas. O mejor dicho, sus Universos.

Y no habƭa nada que pudiera hacerlos mƔs felices quƩ eso.