Under the snow || Creek

Summary

Tweek cree que la vida es injusta con él y su esposo. Y, quizás, aquella parábola resultar estar bastante acertada. Sin embargo, Tweek olvida que nada es para siempre. Incluido la tristeza.

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Capítulo Único.

Bajo la Nieve.

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Los copos de nieve se pegaban en la ventana de la cocina, aquella que quedaba frente al patio trasero del hogar.

Tweek observaba, con tranquilidad, la figura de su perrita Stripe, quién desde afuera del hogar -Precisamente en el patio- jugaba e intentaba morder los diminutos copos qué descendián de las alturas.

Por dentro, el hogar erradiaba calor.

Un calor que dentro de sí no alcanzaba a sentir. Su cuerpo se giró por inercia hacia la figura del reloj que posaba encima del refrigerador.

7:29 pm.

Hoy era Navidad. Había pasado toda la tarde cocinando la cena para cuándo Craig regresará del Trabajo.

El sol ya había desaparecido.

Y él aún no llegaba.

Mordió su labio inferior, mientras observaba la pila de platillos y postres que se cernían sobre la mesa.

Todos desprendían un olor tan exquisito.

Y, aún así, su estómago no se sentía con el apetito suficiente cómo para siquiera darle una probada a sus creaciones.

Su omega chilló mientras desamarraba los hilos de su delantal. Podía comenzar a sentir aquellas cálidas gotas descender lentamente sobre sus pómulos. Cada una, más pesada que la anterior.

— Respira, Tweek. — Intentó alentarse. — Respira, Todo está bien.

Mentía.

Y era consciente de ello,

tanto que dolía.

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Todo comenzó hace dos años. Cuándo ambos cumplieron 27 años de edad y 4 de casados.

Su vida, tanto personal, cómo marital; se encontraba en su mejor momento.

Habían tenido muchos cambios luego de casarse, pero finalmente se encontraban en un ambiente cálido, estable, saludable para ambos hombres.

Todo fue así, hasta que un día al llegar del trabajo, encontró a su esposo sentado en el sofá, con una sonrisa tan radiante que nunca había visto en su rostro. Una que demostraba sinceridad, un deseo añorante.

— Quiero tener cachorros contigo, Tweek.

Soltó de repente el Alfa. En un susurro sereno, conscizo. Tan directo cómo solo él, Craig Tucker, sabía hacerlo.

El rubio había parpadeado repetidas veces, rió al creer que se trataba de una simple broma. Aunque, al observar la sonrisa cariñosa de su alfa, supó qué ese no era el caso.

— ¡Ack! ¿T-Tú, De v-verdad quieres, ya s-sabes? — Preguntó con nerviosismo

El alfa se levantó de su asiento, caminando con lentitud para no asustar al Omega, quién se mantenían confundido frente a la puerta.

— Sí, Cariño. — Susurró, amoroso. — De verdad, deseo tener cachorros contigo. — Tomó sus manos con delicadeza. Con amor. — Solo contigo.

Su omega saltaba de un lado a otro, extasiado al escuchar aquellas palabras provenir de su alfa.

Y, no podía negarlo.

Tanto su parte humana, cómo su parte Omega se encontraban totalmente pérdidas ante la explosión de sentimientos.

Craig quería un bebé con él, ¡Con él!

No pudo aguantar las lágrimas qué comenzaban a descender por sus mejillas. Aquellas que caían tan cálidas cómo la sensación que comenzaba a adueñarse de su corazón.

¡Craig quería tener un bebé con él!

La situación sonaba tan irreal, ¡tan fantaseosa!

Fue cuestión de segundos para qué el rubio Omega con olor a Caramelo se avalanzará encima del Alfa, feliz por escuchar sus palabras.

El pelinegro rió, llenando la habitación con ese olor a vino tinto qué tanto le caracterizaba. Levantó entre sus brazos la figura del Omega, quién se aprensó con ayuda de sus piernas al torso del Alfa.

— ¡Tomaré eso cómo un sí! — Exclamó Craig, tan contento cómo el Omega.

[...]

Así había iniciado todo.

Dos hombres con un sueño en común.

Formar una familia.

Lastimosamente, la vida no siempre nos da lo que pedimos. Y, muchas veces puede parecer injusta... cruel.

[...]

—Tweek, Corazón. — Susurró Craig, frente a la puerta del baño, en el exterior. — Y-Yo...

— ¡VETE! — Gritó el Omega del otro lado. — ¡Largo, Craig! ¡Quiero estar solo! — Su voz sonaba rota, quebrada.

12 pruebas.

Había pasado 5 meses intentando quedar en cinta y, cada una de las pruebas siempre arrobaja resultados negativos. Cada una de ellas.

Era tan humillante.

Demasiado.

Craig deseaba tener un cachorro tanto cómo él. Lo sabía.

Lo había escuchado hablar con su familia sobre lo feliz que le hacía la idea de tener una familia con Tweek. Lo había visto observar con tanto anhelo los trajesitos en miniatura qué adornaban el pasillo de cachorros cada que iban al supermercado. E incluso, Tolkien le había dicho que Craig hablaba en la empresa sobre lo emocionado que se sentía de estar a punto de formar una familia con él.

Él quería un bebé, Tweek igual.

La familia de ambos estaba emocionada, comenzaban a prepararse para cuándo la noticia se confirmará.

Al igual que Tweek, esperaban un "¡Estoy en cinta!"

¿Pero que había obtenido?

12 pruebas.

Cada una de ellas negativas.

— Cachorrito. — Sollozó, sentado contra la puerta del baño que impedía la entrada de Craig. — Cachorrito, si tú me escuchas. — Susurró una vez más, mientras se llevaba una de sus manos a su vientre vacío. — Sé que no sería un mal padre, tu papi te espera con tantas ansias, ¿Por qué no quieres venir?— Murmuró con una sonrisa dolida. — Tú, lindo C-Cachorrito, ¿qué mal he hecho para que tú no quieras estar aquí, conmigo?

Por unos instantes, el sonido de los sollozos cesó. A los pocos segundos se intensificó, ya no eran sollozos de enojo.

Eran gritos de impotencia, de dolor.

De aquellos que solo un Omega joven puede soltar al sentirse inservible.

El corazón de Craig se estrujo.

Sabía que el resultado de cada una de esas pruebas no eran culpa de su esposo, pero eso no lo hacía menos doloroso.

— Bebé. — Susurró Craig, su voz apenas en un hilo que intentaba no quebrarse. Porqué, sí lo hacía, sabía que no quedaría quién pudiera levantar a su Omega, a su solecito. — Corazoncito... no es tu culpa, ¿L-Lo sabes, no? — Dijo. — Podemos intentarlo otra vez, solo si quieres. S-si no, adoptamos un perrito, pero no de esos que caminan en dos patas. Me dan miedo. — Intentó bromear para aligerar el ambiente.

Tweek rió, leve. Sin embargo, aquella emoción en su rostro de desvaneció tan pronto cómo apareció. —Y...¿ Si no funciona? — Preguntó Tweek, dentro del baño de la habitación, temeroso. Mordía sus labios en un vano intento de aligerar su dolor. Sentado y hecho bolita con los pies contra su pecho.

Craig suspiró con pesadez. Temía de la realidad, pero intentaba mantener la esperanza. — Lo intentamos otra vez.. — El pelinegro hizo una pausa. — Y sí nuevamente no funciona, lo intentamos una vez más, y otra, hasta que lo logremos.

Está vez, Tweek no volvió a contestar.

Craig dejó caer su frente contra la puerta del baño.

Pesé a que siempre había sabido cómo mantener sus emociones a raya, ahora se sentía confundido.

Sentía todo y nada a la vez, las cosas eran tan confusas para él. Quizá era el estrés, quizá el dolor de ver a su pareja comenzar a desmoronarse frente a sus ojos y no poder hacer nada.

La realidad era que, tanto él, cómo su Alfa se sentían decepcionados.

No de Tweek, no de su Omega.

Sino de ellos mismos.

Sentían que no funcionaban cómo Alfa, ¿Y, es qué cómo podrían decir lo contrario? Su Omega estaba sufriendo, y ellos no podían hacer nada.

Habían roto aquella promesa que hicieron en el altar. Aquella en la que juraron proteger a su otra mitad de todo lo malo que existiera, de la infelicidad, del miedo, de la decepción.

Justo de todo lo que los había envuelto en la actualidad.

—Craig, tengo miedo. — Dijo el Omega. Su voz en apenas un susurro, cómo esos que produce el frió viento de Invierno. — No quiero alejarte, pero temó decepcionarte si te tengo junto a mí.

Craig respiró, profundo.

No iba a dejar a su solecito solo, jamás.

El seguro de la puerta hizo 'Clic' en el momento en el que el Alfa giró la perilla.

Nadie tuvo que decir una palabra, antes de que Craig se metiera al baño con rápidez.

En algún punto de la conversación, Tweek había abandonado el lugar trás la puerta y se había sentado en la bañera. Ahora, allí estaba.

Recostado sobre la tina, hecho bolita y con las extremidades pegadas a su torso, cómo si con esa pequeña acción se cubriera de la maldad y crueldad de su mundo.

Y, Tal vez lo hacía.

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Después de esas 12 pruebas, vinieron otras 8.

Todas con el mismo resultado.

— Y, ¿Bien? — Preguntó Craig frente a la puerta del baño

El rubio lo miró a los ojos, y eso fue suficiente para que el Alfa comprendiera el resultado. Aún así, contestó.

— Negativo.

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Los intentos se extendieron durante otros 7 meses más. Casi un año había pasado desde que Tweek y Craig habían intentado tener un bebé.

Un maldito año y, los resultados simplemente parecían golpearlos en el rostro con una fuerte bofetada.

Una y otra, y otra vez.

Meses después de que se cumpliera el año, exactamente el día de su aniversario de boda, Craig trajo consigo una gran caja ázul al regresar de su trabajo.

— ¿Craig, Qué es eso? — Preguntó Tweek con curiosidad, mientras se asomaba por la entrada del Living.

— Un regalo. — Respondió con tranquilidad.

El Alfa observó a su Omega, quién aún se mantenía asomado por la entrada de la habitación. Se veía demacrado.

El estrés se había apoderado de su cuerpo. Bajos sus hermosos ojos se ceñian un par de ojeras rojizas, producto de todas las noches que se desveló llorando hasta la madrugada y, su pelo, cada vez se encontraba más largo y enredado, opaco.

Aún así, Craig Sonrió.

Él seguía siendo el Omega más lindo que había conocido en Universo.

Tomó la caja entre sus brazos, con delicadeza, y la levantó. Llevándola hasta los pies del rubio, quién parpadeaba confundido.

— Yo, te traje algo, Corazón. — Murmuró el Alfa, mientras se agachaba, sonriente. — Espero que te guste.

El Omega enarcó una ceja, curioso.

Su esposo le acercó la caja a sus pies, cuándo Tweek estuvo a punto de abrir los pliegues, se sorprendió al ver la caja moverse.

— ¿¡Q-Qué!? — Murmuró asustado. Craig no pudo evitar soltar una carcajada al ver la expresión en su rostro. Hace mucho no veía otra expresión en él que no fuera una de tristeza. — ¡Craigory!, ¿¡De qué demonios te ríes!?

El pelinegro continuó riendo.

— Anda, ábrelo. — Finalmente respondió, al ver el rostro de enfado en la cara del Rubio.

Tweek, un poco molesto, no tuvo otra opción que agacharse con cautela, ante la mirada de Craig, y remover los pliegues de la tapa de cartón.

— ¡Craig! — Exclamó con sorpresa al ver la cabezita de un perrito asomarse a través de la caja. — ¿Q-Qué? — El perrito saltó fuera de la caja, directo al rubio. — ¡Espera, Espera! — Chilló Tweek, desconcertado. Aunque, poco le importo a la mascota, quién lamio su rostro con cariño. — ¡Craig, me hace cosquillas! ¡Craiiiiiig!

El pelinegro sonrió.

Hace mucho que no veía a su Omega sonreír se esa manera. Se sentó juntó a la figura del perro y el rubio, quiénes se encontraban ya recostados sobre el cálido piso alfombrado.

— Ella es Stripe. — Murmuró. — Es una cachorra de raza Bernese Mountain. — Explicó mientras acariciaba el pelaje del cachorrito, quién se removía extasiado. — Clyde, Bebe, Tricia y yo, la compramos para tí.

Tweek se enderezó. — ¿Para mí? — Sus ojitos se iluminaron con confusión.

— ¿P-Por qué? — Preguntó.

Craig no desvaneció la sonrisa en su rostro. Se estiró sobre el suelo alfombrado y empujo a Tweek hacía su pecho.

— Porqué queríamos darte un regalo que te trajera felicidad. — Respondió con simpleza.

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Con la llegada de la perrita Stripe a la familia, la vida de los Tucker-Tweak's finalmente comenzó a deshacerse de cualquier rastro de penumbra.

Ahora las noches estaban llenas de cálidez, de risas. De un Omega regañando a su esposo y a su perrita por alguna travesura cometida por la última, y siendo cubrida por el Alfa.

La vida finalmente comenzaba a parecerles más justa. Un poquito más llevadera.

El tema de cachorros había quedado apartado por esos instantes. Y, Aunque sus familias habían quedado un poco decepcionadas, lo habían entendido.

Un día, mientras Tweek limpiaba las escaleras, no fue consciente del charco que había dejado por error en uno de los escalones y, al pisarlo, inevitablemente perdió el equilibrio, cayendo por las escaleras.

Fue más el susto que el impacto del golpe. Sin embargo, todo eso cambió cuándo sintió un líquido cálido comenzar a descender de su entrepierna.

Por inercia sus manos de dirigieron a su vientre, el cuál comenzaba a latir de dolor.

— ¡Tweeek! — Craig, quién se encontraba en la planta baja y, quién había salido corriendo despavorido cuándo escucho el estruendo, corrió hacía él. Agachandose al mismo tiempo en que tomaba su rostro y removía los mechones sobre su cara. — ¡Corazón! ¿Te encuentras bien? — Preguntó el Alfa, asustado al ver las lágrimas caer del rostro del Rubio.

— ¡Duele! — Gimió el Omega, mientras apretaba su vientre. — ¡Craig, duele mucho! —

El pelinegro no dijo ninguna palabra. Fue cuestión de segundos para que pasara sus manos bajo las piernas del Omega y, al poner su cara en su pecho, lo cargará con rápidez.

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— Entonces... — Murmuró Craig.

— Lo que nos temíamos, señor. — Susurró el beta, con cautela. — Su omega tenía dos meses de gestación...El impacto de la caída provocó que el feto se desprendiera del saco. — Craig golpeó sus uñas contra la mesa. — Lo que provocó un aborto espontáneo en el paciente.

Craig mordió su labio. El cuál se encontraba tan seco, que no dudo en agrietarse y comenzar a sangrar.

— Intentamos quedar en cinta durante un año. — Sinceró Craig, pérdido entre sus pensamientos. — Fue, fue un proceso muy difícil para nosotros. — Una sonrisa surcó su rostro, una totalmente incrédula. — Y-Y, ahora, ¿Me dice que mi Omega acaba de p-perder un cachorro? ¡Qué maldita broma es está! — Gritó con molestia.

Nuevamente, la vida se empeñaba por castigarlos con crueldad.

Era una completa ironía.

Una que no podían controlar, pero si llorar. Lamentar.

[...]

— ¡CRAIG, BASTA!

— ¡Hijo, entiendo tu dolor, pero por favor! ¡Cálmate!

Tweek podía escuchar los gritos que provenían fuera de la habitación del hospital, sin embargo, no le interesaban.

Observaba los pájaros saltar entre las ramas del gran árbol qué estaba en la área de descanso fuera del hospital. Algo dentro de él se sentía vacío.

Cómo si le hubieran arrebatado una parte suya.

Le resultaba irónico la fuerza con la que el sol iluminaba el exterior. Tan potente, cómo si les estuviera gritando a todos allá afuera "Hey, soy yo! Hoy es un buen día para vivir!" O alguna mierda cómo esa.

— La vida sigue, señor Tweek. — Murmuró, con una sonrisa totalmente incredula, la misma frase que una de las enfermeras le había dicho luego de enterarse qué se encontraba en cinta, después de sufrir un aborto espontáneo.

"La vida sigue, Señor Tweek"

Fue lo que una Jovencita de veintidós años y, una de las enfermeras del hospital, le había dicho al salir del proceso de limpieza.

Había intentado, con todas sus fuerzas, quedar en cinta durante todo un año. Formar una familia con él hombre que amaba, con su Alfa.

Con aquél que le cantaba por las noches a él y a su perrita, arrullandolos.

Había intentado de todo para tener un cachorrito.

Y, cuándo finalmente lo había logrado, un descuido al limpiar provocó que cayera por las escaleras y perdiera al bebé.

¿Qué irónico, no?

Había perdido algo que, ni siquiera sabía que tenía. Y, aún así, dolía.

Otra vez, la vida se empeñaba en ser injusta con ellos. Y, ¿Qué recibía?

Un pésame, y un estúpido "La vida sigue".

— ¡ Jódete, maldita perra! — Gritó, antes de tomar el jarrón de la mesa de noche y estamparlo contra la puerta.

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Al final, la jovencita tenía razón.

La vida seguía.

Sin importar si lo habías pérdido todo, el sol seguiría iluminando las calles con alegría. Sin importar que tan mal te sintieras, las flores seguirían floreciendo bajo el cielo.

Sin importar qué, la vida seguiría avanzando.

Y ellos también debían aprender a continuar avanzando, porque la vida no esperaba a nadie.

Sin importar que, la vida continuaba pasando allá afuera.

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Después de su pérdida, el matrimonio ya no fue lo mismo.

Ambos eran dos almas encadenadas bajo el yugo de la culpa. Bajo la parábola del "Y sí...". Una qué, cómo bien sabemos, es totalmente inexistente, invalida.

Las noches de arrullos, se convirtieron una vez más en noches de desvelos llenos de sollozos.

Ambos se sentían culpables. Con la responsabilidad de algo que no habían podido manejar. Y, aunque en sus corazones no le hechaban la culpa al otro, sus propias mentes los tachaban de culpables.

Para Craig era, ¿Y, sí hubiera sido más atento? , ¿Y, sí hubiera sido un buen Alfa?,

Y, para él Omega era todo lo contrario. Para él todo se reducia a un simple, ¿Y, sí Craig hubiera escogido a un Omega en buen estado? ¿Porqué Dios me ha hecho defectuoso?

Muchas veces les dijeron "El tiempo se lo lleva todo"

Lo cuál, descubrieron era totalmente falso.

El tiempo no desaparecía sus penas. No alejaba su dolor, el ardor que se alojaba en sus corazones. Al contrario, con cada día que pasaban, sentían que sus vidas se estancaba en un abismo interminable.

Uno que los atormentaba día y noche.

Tweek no regresó a su trabajo después del incidente. Al contrario de Craig, quién debía tomar el cargo de su empresa tecnológica.

Con el tiempo, ellos también comenzarón a alejarse.

No habían dejado de amarse, pero en sus corazones la palabra "amor" pasaba a segundo plano gracias a las penas que acumulaban en lo más profundo de sus pechos.

Los días se habían vuelto vacíos.

Rutinarios.

Un bucle infinito entre despertar, desayunar, fingir una conversación que parecía un ensayo más que una conexión entre esposos, despedirse y, esperar a que uno de ellos llegará a casa para cenar. Después, ver algún programa al que realmente no le prestarían atención, acostarse, y finalmente, repetir el mismo bucle al día siguiente. Y al otro, y el que seguía después de ese.

No aprendieron a vivir en aquella rutina, sino que la rutina aprendió a vivir en ellos. Cómo una parásito qué se instalo dentro de un enfermo conejillo de indias indefenso.

Ahora, debían aprender a vivir así. A ignorar todo su dolor, aunque parecía una tarea imposible.

▬ ▭ ▬ ▭ ▬ ▭

Abrió sus ojos.

Otra vez se encontraba en la soledad de su hogar, en aquella realidad de la que no podía escapar. El silencio carcomía poco a poco su consciencia.

Desde qué tuvo aquél accidente que le arrebato a su cachorro, su Omega había entrado en un ciclo de silencio absoluto.

Aquél que siempre parloteaba en su consciencia, ahora solo se lamentaba.

Sobre sus manos sostenía el viejo celular que tenía desde sus 26 años. — Tweek, ¿Estás ahí? — Preguntó una voz estática. Tweek se sobresaltó ante la repentinidad. Había olvidado de la llamada que acaba de contestar.— ¡Feliz Navidad!

—¿Bebe?

— ¡Así es, precioso! — Respondió la rubia de manera efusiva, trás la línea. — ¿ Pudo ir a verte a tí y a Stripe? La familia de Clyde no vendrá, así que tenemos la noche libre.— Su voz se escuchaba fuerte, cómo si dentro de su hogar se encontrarán en medio de un ruidosa fiesta.

El rubio dudo por unos segundos, luego, simplemente giró su cuerpo hacía la mesa vacía. Y respondió — Esta bien, Bebe. Nos vemos luego. — Dijo.

— ¡Te amoooo! — Exclamó la chica, despidiéndose del Omega.

— ¡Te veo en dos horas, cuídate!

Tweek tarareó y luego, simplemente colgó la llamada. Mientras lo hacía, puedo ver la notificación de un mensaje.

"Acabo de salir. Llego en 40 minutos."

Era Craig. El Omega suspiró, contestó con un simple "Está bien, Cuídate." Y, luego, bloqueo el teléfono nuevamente, dejándolo sobre la meseta.

40 minutos.

Suspiró. 40 minutos era muy poco comparado a las 5 horas diarias que pasaba en la soledad de su hogar. Entonces, ¿Por qué ahora se sentían cómo una eternidad?, ¿Quizás, era porqué sabía que tendría visitas?

"Vamos a dar un paseo. "

Tweek parpadeó. ¿Su omega había hablado? Hace una eternidad que no lo hacía. No pudo evitar soltar un "¿Qué? " involuntario. Más por la sorpresa, que por no haber entendido el mensaje.

Creyó que el Omega está vez ya no diría nada más, pero pareció equivocarse.

"Afuera. Ahora."

Nuevamente, parpadeó. Había pasado tanto tiempo desde la última que su Omega se había comunicado con él, que ahora la conexión le resultaba extraña. Curiosa. Observó el reloj una vez más; 8:02, apenas habían pasado al rededor de media hora desde la última vez que vio el reloj, y se había sentido toda una eternidad. Ahora entendía porque hasta su Omega se había comunicado.

Sí, lo mejor era salir y dar un paseo.

— ¡Stripe! — Llamó. — ¡Vamos a dar un paseo!

[...]

La nieve crujía bajo sus pies. La noche era helada, pero al mismo tiempo cálida. Algo extraño, pero reconfortante.

Las calles se encontraban vacías, algo obvio gracias a la hora en la que se encontraba, bueno, especialmente débido al día en que estaban.

Stripe caminaba con suavidad, sus patas siendo cubiertas por uno calzado bastante chistoso a la vista de Tweek, pero esencial para el cuidado de la canina.

— ¡Cuidado! — Gritó una infante, mientras pasaba a su costado. Tweek se sobresaltó. Una bola de nieve había pasado a pocos centímetros de su rostro. — ¡Caleb, le pudiste pegar al señor! — Reprochó la pequeña.

Tweek apretó su mano sobre su pecho, acelerado por la cercanía del impacto.

— Lo sentimos tanto, sr. Tweek. — Murmuró el niño, aún más chico que la menor. — No quisimos asustarlo. —

Tweek observó a los niños, reconociendolos. Eran los hijos de los Stotchs , Michelle y Caleb. Se agachó a la altura de ambos y revolvió sus rubios cabellos.

— Está bien, no se preocupen. — Susurró. — Solo tengan cuidado.

Ambos niños asintieron y continuarón jugando fuera de la casa de su tío, Kevin McCormic. Stripe, quién se había mantenido al márgen de todo, sacudió su pelaje, quitándose los restos de nieve que caían sobre su cuerpo.

Continuarón su caminata por otros 20 minutos, hasta que Stripe se detuvo en uno de los callejones que conectaban a la parte trasera del Hospital.

Al principio, el rubio se tensó al pensar en si dentro de aquel callejón se encontra algún amante de lo ajeno, o peor, algún demente.

Tweek jaló la correa de la perrita, con desconfianza. — Stripe. — Llamó lo más consizo que pudo, sin embargo, la Bernese no pareció escucharle, y sí lo había hecho, lo había ignorado.

Sus manos se apretaban con fuerza alrededor de la correa. Stripe, generalmente relajada y tranquila, ahora se encontraba inquieta, gruñendo hacia la nada y con las orejas en punta. Cómo si hubiera algo dentro de aquél callejón qué le incomodará.

Y, sinceramente, Tweek también comenzaba a sentir aquella incomodidad.

— Hey, Stripe, Tienes que — Su pecho se detuvo por unos instantes cuándo un fuerte estruendo sonó a los alrededores. — ¡GHAA! — Gritó. Luego se dió cuenta que el ruido provenía de su bolsillo trasero. Era su celular.

Con toda la pena del mundo, y después de haber estado tan cerca de un paro cardíaco, contestó el teléfono.

— ¿Sí?

— Cariño. — Era Craig, quién le hablaba con un cariño que hace mucho no sentía. — Hay un tráfico terrible, estoy a 10 minutos de la casa, pero, a esté paso... — Su voz se escuchaba cansada. — Lo más probable es que tarde unos 20 a 30 minutos en llegar a la casa, de verdad lo lamento.

Tweek estuvo a punto de decirle que no se preocupara, sin embargo, antes de que su cerebro pudiera reaccionar, Stripe jaló la correa tan fuerte que lo jaló junto con ella.

Había olvidado que sus manos se encontraban envueltas en la correa.

— ¿Cariño? — Su teléfono había caído de sus manos, impactando en la acera. — ¿Tweek, estás ahí? — Preguntó una vez más.

Su familia, quiénes estaban junto a él en el automóvil, lo observaron con cautela.

— ¿Se molesto? — Preguntó Tricia. — Debiste haberle dicho que pasaríamos la Navidad aquí, con ustedes. —

Craig la observó a través del retrovisor.

— Desde, desde que sucedío todo lo de hace un año... Tweek se encerró en su propia burbuja. — Murmuró con dificultad, aún no podía hablar del tema sin que se le quebrará la voz. — Si le decía que todos irían a visitarlo, seguro huíria a casa de Bárbara.

Thomas, desde el asiento del conductor, observó a su hijo y luego a su esposa.

Era una verdadera pena el cómo había terminado el inicio de un sueño de una pareja joven y añorante.

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— ¡Espera! — Gritó el rubio, intentando separarse de la correa que lo jalaba. — ¡Stripe! — Gritó entre una mezcla entre enojo y miedo.

Stripe no se detuvo, al contrario, chillaba entre más se acercaba al final del pasillo, donde empezaban los contenedores.

A los segundos, el rostro de Tweek aterrizó contra el sucio asfalto enlodado.

Se quedó con la cara escondida entre el suelo, procesando qué había sucedido.

Stripe ladraba, cosa que aumentaba el desconcierto en su cabeza. Se reincorporo con dificultad, adolorido, cuándo un sonido repentino heló su cuerpo por completo.

Un llanto.

Su cabeza se envolvio en un inmenso sonido sordo que lo confundió. Un llanto. Había escuchado el llanto de un cachorro detrás suyo.

Quitó el polvo en su ropa, imaginando que algun indigente podría encontrarse por la zona junto a su cachorro. Sin embargo, a los segundos escucho el mismo llanto.

Giró su cuerpo con terror. El ruido provenía de los contenedores. Se quedó, ahí. Quieto.

Intentando ver si era su subconsciente jugandole una mala broma, o si se trataba de una secuela provocado por el impacto con el que choco contra el asfalto.

Pero, nuevamente, el sonido de un llanto se coló por sus oídos.

Un cachorro.

Exclamó su parte Omega. Aquél sonido era inconfundible, era el llanto de un cachorro pequeño. Tweek desvío su cara hacia la figura de Stripe, quién seguía ladrando hacia el contenedor.

Ahora lo entendía.

No había nada raro con ella, no había actuado por desobediencia.

Lo había guiado hasta ahí de manera voluntaria.

Le estaba dando una señal.

Una bastante agresiva, pero a final de cuentas, una señal.

Se levantó a cómo pudo, con su rostro magullado y una nariz ensangrentada. Sus cuerpos crujían por el impacto, pero poco le importo cuándo comenzó a caminar hacía el sucio contenedor.

Stripe, ahora más tranquila, pero aún alerta, camino detrás suyo. Cuidándolo.

— Oh, dios. — Murmuró Tweek, atónito. Sus manos se aferraban a los pliegues del contenedor, intentando ignorar la escena tan grotesca que veía frente a sus ojos.

Cómo lo supuso su Omega, un cachorrito se encontraba dentro del contenedor, podía suponer que tenía alrededor de unos meses, ya que su tamaño no afiguraba a un bebé recién nacido. Alrededor de él, docenas de deshechos y comida podrida se encontraba bajo su pequeño cuerpo.

Tweek sintió repulsión. No por el bebé, sino por el estado en que lo habían abandonado.

¿Por qué? Se preguntó.

¿Cómo habían sido capaces de hacer algo tan horrible con un cachorrito que incluso desconocía su propia existencia?

¿Cómo habían podido ser tan crueles?

— ¿Por qué? — Preguntó en un hilo de voz.

¿Por qué, él que tanto había deseado un cachorro, jamás pudo tener uno? ¿Por qué Dios le había dado un regalo cómo ese a alguién que lo había despreciado?

Se inclinó sobre el contenedor, tomando al cachorro entre sus magulladas manos.

El infante seguía llorando.

— ¿Estás asustado, pequeño? — Preguntó, su voz titubeante. — Debes estar tan confundido. — Murmuró, mientras con ayuda de una de sus manos se quitaba la chaqueta de lana y envolvía al cachorro con está misma. — Yo te cuidaré. Lo prometo.

El rubio envolvio entre sus brazos al cachorro, quién había disminuido la fuerza en su llanto, pero aún seguía inquieto. — Stripe. — Llamó en un susurro a la perrita, quién, ahora ya tranquila, acató el llamado.

Una ráfaga de viento hizo temblar todo sus sistemas, provocando que sus dientes tiritaran entre sí. Sin embargo, aún así continúo su camino hasta el hospital.

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— "En veinte minutos llegamos" — Dijo Tricia, molesta. — ¡Tardamos 40 minutos en el puto tráfico! ¡¿Cómo es eso posible?!

—¡Tricia, tu lenguaje, maldita mocosa! — Reprendio Laura.

Craig apagó el auto, finalmente, luego de un cansado día -y 40 minutos de tráfico- por fin había conseguido llegar hasta su hogar. Suspiró con pesadez y observó la figura de su hogar.

— ¿Craig? — Preguntó Thomas al observar los dedos de su hijo mayor enterrarse en la piel del manubrio.

— ¿Pasa algo?

— Las luces están apagadas.

— ¿Qué?

— ¡La luces están apagadas, papá! — Exclamó Craig, mientras se quitaba el cinturón con rápidez. Apenas lo logró, no dudó de salir corriendo del Auto, hacia su hogar. — ¡Tweek! — Llamó con todas sus fuerzas al abrir la puerta del hogar. — ¡Tweek! — Pasaba por cada rincón de la casa, gritando su nombre sin recibir respuesta.

Tenía miedo.

No era la primera vez que Tweek había sufrido un episodio se Psicosis. Desde el incidente del aborto, había tenido tres episodios, tan horrorizantes que no le permitieron dormir de corrido por dos semanas, por miedo a que su Omega perdiera nuevamente el control y terminará lastimosamente.

Gracias a Dios, y a la ayuda del Hospital, Tweek había recibido ayuda profesional y medicación, lo que provocó que esos episodios no volvieran a suceder.

Sin embargo, siempre existía la posibilidad de que regresarán en el peor momento.

Y Craig temía que ese momento fuera ahora.

— ¡Tweek, hijo! — Llamó Laura de la misma forma, en la planta baja. — ¡No está, Craig! — Gritó al no recibir respuesta.

Los pasos sonaron con fuerza, Craig bajaba por las escaleras con rápidez.

— ¡PAPÁ, PRENDE EL AUTO! — Gritó con angustia. Debía ir al Hospital. Cualquier cosa, ahí podría encontrar al su Omega. Su padre gritó su nombre en respuest, asintiendo. — ¡Mamá, Tú y Tricia quédense aquí, por favor! ¡Les avisaré cualquier cosa!

— ¡Pero, Quiero ir! — Interrumpió la joven, preocupada por su cuñado. Ella había sido una de las 4 personas que habían visto a Tweek bajo el efecto de la psicosis y, al igual que Craig, había quedado horrorizada al ver lo que provocaba en su cuñado.

Craig la observó, dudando. Pero luego negó. — No. Necesito que te quedes con Mamá hasta que regresemos. Yo te avisaré todo lo que ocurra. — Dijo. — Ahora, quédate con mamá. — Ordenó.

Antes de que la menor pudiera reprochar, Craig abandono el hogar.

Se trepó en el asiento del copiloto y, antes de que su padre pusiera el auto en marcha, la figura de Bebe y Clyde apareció frente al parabrisas.

— ¡Craig! — Gritó la pareja al unísono. Sus rostros se veían preocupados, angustiantes.

— ¡Le marqué 20 veces a Tweek, pero no me contesto! — Exclamó Bebe, a tres días hábiles de un ataque de ansiedad. — ¿¡DONDE ESTÁ LA TIFFANY DE MI BRITANY!? — Sollozó.

Craig los observó desde en interior del automóvil, sin saber si debía ponerse a chillar por no encontrar a su Omega, o pegarse un tiró al ver a Clyde y a la rubia frente a él.

Finalmente, observó a su padre, quién esperaba alguna indicación del azabache. Suspiró antes de quitarle el seguro automático a los asientos traseros.

— Clyde, Bebé, ¡Suban sus mugrosos traseros! — Exclamó con desesperación. — ¡Ahora! — Gritó al ver el rostro indeciso de la pareja.

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— Shh, Stripe. — Murmuró Tweek. — Sino, nos van a correr.

Tweek se encontraba sentado en la sala de espera del Hospital, sí, del mismo en el que media hora atrás había encontrado un Bebé en los contenedores de basura. Se encontraba con varias curitas en su rostro y uno que otro vendaje pequeño para cubrir los rasguños ensangrentados de sus manos y piernas.

En general, se encontraba bien, los doctores le habían hechos algunas pruebas para verificar que no tuviera alguna contusión en la cabeza, cosa que milagrosamente había salido negativo.

Sin embargo, por ahora sus pensamientos se encontraban preocupados por otro ser. El bebé había sido ingresado a urgencias al presentar signos de desnutrición y un leve nivel de hipotermia qué, al descuidarse, podrían atentar con la salud del cachorro.

— ¿Qué crees que sea, Stripe? — Le pregunto con suavidad a la perrita que posaba su cabezita sobre uno de sus muslos. — Su pelito era un poco corto, pero a veces los cachorros tienden a tener el pelo corto, sea niño o niña. — La mascota únicamente se removió, disfrutando de las caricias. — ¿Crees que Craig y Bebe estén molestos conmigo? Ambos habían dicho que irían a la casa, pero yo me encuentro aquí. Y, no pude avisarles.

[...]

Bárbara abrió la puerta del hospital con rapidez, las personas en la sala de espera se asustaron ante la repentinidad, pero simplemente siguieron con lo suyo.

Craig, quién se encontraba detrás de Bárbara, sin perder el tiempo y se acercó rápidamente hasta el vestíbulo.

— ¡Disculpe! — Dijo, llamando la atención de la enfermeras trás el vestíbulo. — ¡M-Mi esposo, creo que el tuvo un episodios de Psicosis! ¿Se ha registrado algún paciente con ese, o algun padecimiento parecido? — Atinó a preguntar, tan rápido, que la pobre señorita apenas alcanzó a escuchar.

Leslie Myers, la enfermera en turno, observó al grupo frente a ella, y sin decir ninguna palabra comenzó a teclear en el monitor. — Lo lamento, señor. — Dijo. — No tenemos registro de algún paciente con ese historial. Quizá, ¿podría darme alguna característica? Eso podría ayudarnos a checar con los médicos en guardia.

—¡Muchas gracias! — Contestó Craig, de inmediato. — ¡Es un Omega, 31 años, tez blanca, pelo rubio ondulado! — Explicó sin mucha complicación. — Tiene los ojos bicolor, una mezcla de ázul y verde, y, su olor es cómo el caramelo.

Clyde y Bebe, detrás de él se observaron.

— Rayos, yo apenas y recuerdo el color de tu cabello. — Susurró Clyde. — ¡Auch, No me pegues! — Chilló al recibir un codazo por parte de la rubia.

La recepcionista se disculpó y salió hacia uno de los pasillos. Thomas sobo el hombro de su hijo en compañía, mientras el Alfa se limitaba a observar la figura de la mujer perderse entre los pasillos.

Después de varios minutos, que Craig y los demás sintieron cómo horas, un hombre de batalla se acercó a ellos. Detrás de él, la figura de la enfermera caminaba, sonriente.

— Buenas noches, señor...

— ¡Craig! — Contestó, estirando su mano.

— Buenas noches, señor. — Reítero el doctor. —Es un placer conocerlos, soy el doctor Harrison, pero pueden decirme simplemente Gary. — Se presentó. — Soy el encargado del área de pediatría en éste hospital.

Craig sintió su estómago revolverse.

Pediatría.

La última vez que había pisado aquél departamento, fue durante el accidente con su Omega y su cachorro. Un amargo ambiente se instalo a su alrededor.

Bebe, al igual que Craig, tragó saliva, sintiendo la incomodidad calando sus huesos. Ella había estado presente en todo el proceso por el que Tweek tuvo que pasar para superar aquél inofortuno evento. Y, sin duda, tampoco se sentía cómoda al recordarlo.

Un poco incómodo, Craig recibió el saludo. El blondo sonrió.

— La enfermera Leslie me mencionó que está buscando a un Omega.

—¡Sí, mi esposo! — Contestó Craig. — Me encontraba fuera del trabajo, cuándo regrese, él ya no estaba en nuestro hogar. — Explicó. — Vine aquí porque, hace un año tuvimos un incidente que nos dejó mal a ambos, especialmente a mi esposo. — Susurró. — Tuvo secuelas, y temía que hubieran regresado, por eso vengo a ver sí él se encuentra por aquí.

Gary arrugó su nariz al sentir el aroma desesperado qué emanaba el Alfa, conti más pasaba el tiempo, éste se intensificaba aún más, prueba de la preocupación de un Alfa por su Omega.

— No se preocupe, señor. Su omega se encuentra aquí, seguro. — Dijo Gary. — Llegó con unas heridas, pero nada que pudiera atentar con su salud.

Craig lo escuchó, atento. Sus aroma comenzó a regularizarse, ahora sabía que su Omega se encontraba seguro. Al igual que él, su padre suspiró con alivio, posó su mano sobre el pecho y sacó su celular para avisarles a su hija y esposa sobre el estado de Tweek.

Por otro lado, Bárbara y Clyde vitorearon con felicidad, alegres de la seguridad de uno de sus más grandes amigos.

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— ¿Cuánto tiempo crees que tenga, Stripe? — Preguntó Tweek, quién nuevamente se encontraba charlando con el perro, cómo si está fuera capaz de comprender sus palabras. — Yo le cálculo unos 2 o 3 meses, ¿sabes?

El rubio recargó su cabeza contra la pared trás su asiento. Por primera vez, se sentía feliz.

No se sentía un Superhéroe, ni el 'salvador' de aquél cachorro. Sin embargo, su corazón se sentía en paz al saber que había tenido la dicha de encontrarse con el y ayudarle. Acarició el pelaje de Stripe, quién se mantenían descansando sobre sus muslos.

— Yo creo que es... — No pudo terminar la frase, cuándo un fuerte estruendo se escuchó en una de las puertas. — ¿Qué?, ¿Craig? — Preguntó, sorprendido al ver la figura de su esposo en el umbral de la puerta.

El Alfa respiraba agitado. Al ver a su omega con el rostro todo magullado no pudo evitar sollozar. Junto a él se encontraba su perrita, Stripe, quién saltó del regazo del Omega al verlo.

— ¡Craig! — Exclamó el rubio.

El Alfa corrió hacía él Omega, su corazón latía con efusividad. Aún con la sensación de desesperación brotando de su interior.

— ¡Mierda, Tweek! — Reprochó el Alfa, comenzando a sollozar. — ¡Me tenías tan preocupado! ¡A mí, a todos!

El rubio mordió su labio, con culpa.

— Lo siento mucho, Craig. — Murmuró. — T-Te juró que no fue mi intención preocuparlos. — Tartamudeo, comenzado a llorar. — Perdón, Perdón. — Repitió una vez, luego otra.

Craig, cómo una cachorro indefenso, se aprensó del regazo ajeno. Sosteniendolo en un fuerte agarre, cómo si temiera qué esté se levantara en cualquier momento y desapareciera una vez más frente a sus ojos.

[...]

Tweek observaba con una sonrisa la figura trás el enorme cristal que dividía la habitación con el pasillo.

Trás el, la figura del cachorro que había rescatado se encontraba descansando en una pequeña camilla de pediatría.

A su lado, Craig observa a Tweek y al cachorro de manera simultánea. Después del emotivo reencuentro, y de qué Tweek pidiera disculpas a Bárbara, Clyde y su suegro, de manera voluntaria, les había explicado toda la situación.

Desde el incidente en donde perdió el teléfono, hasta el momento en qué encontró al cachorro.

Ahora, ambos esposos se encontraban fuera del cuarto del cachorro, esperando los resultados de las distintas pruebas a las que había sido sometido el bebé.

Trás unos cortos minutos, Gary salió de la habitación, una vez terminadas las pruebas y se acercó a la pareja.

— ¡Hola de nuevo! — Exclamó con alegría. Ambos hombres respondieron al saludo del joven. — La mayoría de las pruebas ya tuvieron resultado. El menor se encuentra con una desnutrición delicada, sin embargo, con cuidados, podría recuperarse sin mantener secuelas o desarrollar nuevos problemas.

Ambos asintieron. Gary sonrió. Tomó su libreta y la hojeo hasta dar con la hoja qué buscaba.

— Muy bien. — Dijo antes de aclarar su garganta. — El cachorro, es una linda bebé. — Dijo con una sonrisa. Tweek hizo un ruido de sorpresa, mientras sus ojitos brillaban con curiosidad. No había esperado que fuera el, no, la bebé fuera una niña. — Tiene aproximadamente 4 meses de nacimiento y, estimamos que nació entre la fechas de Agosto a septiembre. — Tweek asintió, prestando total atención a los datos. — Ahora, lo único preocupante de la infante es su peso, cuenta con 4.8 kilogramos de peso, muy por debajo del promedio, que deberías se de entre 5 a 8 kilogramos. Sin embargo, no parece presenter un mayor riesgo para su desarrollo.

— ¿Hay algún tratamiento para ello? — Preguntó Craig, El doctor asintió.

— Sí, podemos recetarme suplementos y algunas vitaminas. Sin embargo, con una dieta balanceada y los cuidados adecuados, podríamos deshacernos del problema.

Craig asintió, comprendiendo. Agradeció al doctor, quién continuó dando el pronóstico.

[...]

Después de unos minutos, Gary había terminado de informar a la pareja. Craig sentía lástima por la forma en la que se habían deshecho de la cachorrita, pero agradecía que su esposo la hubiera encontrado y rescatado de haber terminado cómo un vil deshecho.

Estuvo a punto de preguntar algo más al Doctor, cuándo el Omega se le adelanto y preguntó;

—Disculpe, Señor Gary. — Murmuró. — ¿Qué pasará con los padres de la cachorra? — Preguntó titubeante.

Gary sonrió con tristeza. — No se el motivo ni la razón por la que cometieron un acto tan atroz cómo el de abandonar a su propio cachorro. Sin embargo, intentaron deshacerse de la bebé de una manera horrorizante, y eso es considerado un délito grave en cual país del mundo. — Respondió. — El departamento de maltrato infantil abrirá una investigación para descubrir quiénes fueron los culpables de abandonar a la menor, y de ponerlos bajo arresto. — Explicó.

Tweek agradeció, y luego de que el Dr. Harrison se despidiera de ambos esposos. Los dos se mantuvieron observando el reflejo de la pequeña. Quién, aún y con un rostro demacrado descansaba con la tranquilidad tan pura que solo un ser inocente podía tener.

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Después de aquél incidente, Liz, cómo fue bautizada la pequeña cachorra por parte del Hospital, se encontró siendo atendida por el personal médico. Quiénes se encargaba de regular el estado deplorable de la infante.

Durante todas esas semanas, Tweek y Craig visitaban a la cachorrita. Muchas veces jugaban con ella, y le llevaban ropa o juguetes para que los disfrutará. Otras, simplemente Tweek se encargaba de arrullarla. Con los días, aquello se volvió una rutina que traía, nuevamente, la alegría que tanto se había escondido en su matrimonio.

A los dos meses, Liz finalmente fue dada de alta. Lista para ir a un lugar de acogida y ser adoptada.

Tweek se encontraba feliz. Contento de ver a la cachorrita tan viva y alegre. Una parte de él lamentaba el ya no tener que verla más, pues Gary le había comentado sobre una pareja joven había quedado encantada con la cachorra. Y, quiénes pensaban adoptarla una vez saliera del Hospital. Aún así, todo eso pasaba a segundo plano cuándo imaginaba una vida llena de alegría para la pequeña Liz.

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— ¡Hola, bebé! — Exclamó el Omega, alegré. Hoy era el último día de la pequeña en el hospital, pronto sería llevaba al hogar de acogida, para esperar por sus nuevos padres. — ¿Estás contenta? — Preguntó Tweek, mientras abrazaba a la bebé, quién reía ante los mimos. — ¡Estás tan grande, no lo puedo creer! — Sollozó con cariño.

Craig los observaba desde el umbral de la puerta. No podía creer lo rápido que se habían encariñado de la pequeña, pero lo entendía a la perfección.

Ella, al igual de ellos, había quedado bajo la ilusión de una familia. Una que se les fue negada.

— ¿Estás lista para salir de aquí? — Le preguntó Tweek de manera juguetona. — ¡Y ahora, ¿A quién voy a atacar?! — Exclamó mientras mordía con delicadeza los cachetes del cachorro.

Craig se acercó a ellos, disfrutando de la comida del ambiente el dulce aroma de su Omega.

Debían disfrutar el último día en que Liz estaría en el Hospital.

[...]

Tweek y Craig caminaban por el vecindario. Ambos observando el sol comenzar a esconderse en la lejanía.

Cada uno sostenía un cono de helado entre sus manos.

Cómo siempre, Stripe se encontraba junto a ellos, vestida con un gorrito chistoso qué la cubría del sol, un collar azulado qué conectaba con su cadena, y una pequeña mochila en forma de cobayo sobre su espalda. Por supuesto, la última, cortesía especial de su 'papá'.

— ¿Puedes crees que han pasado dos meses desde que Liz llegó a nuestras vidas? — Dijo Tweek, más cómo una confirmación que una pregunta. — Y, ahora debemos despedirnos de ella. — Soltó una risa delicada. — La vida es increíble. — Murmuró sin un rastro de ironía. Más bien con absoluta felicidad. — Me alegra pensar que, el día de mañana, Liz estará jugando en una bonita casa, rodeada de juguetes coloridos y un guardarropas increíble. ¡Ayy, cómo me gustaría volver a ser niño!

Craig únicamente se limitaba a sonreír mientras lo observaba y comía su helado de menta de manera simultánea.

— ¡Oh, no! — Exclamó Craig, mientras hacía un ademán de encontrarse recordando algún evento importante.

— ¡¿Qué paso?! — Preguntó Tweek, intentando recordar si alguna fecha importante se le había pasado por alto.

Craig sonrió de manera indiscreta. — ¡No, me he olvidado de darte tu regalo! — Murmuró con fingido lamento.

Tweek ladeo la cabeza, confundido.

— ¿Un regalo? — Preguntó curioso. Craig asintió, aún manteniendo ese rostro afligido.

— ¡Sí, me he olvidado de entregarte el gran regalo que te tengo guardado!

— ¿Cuál?

— ¡Es una sorpresa!

Tweek parpadeó. — ¿Una sorpresa? — Reítero con una sonrisa. Craig asintió nuevamente. — Y, ¿Qué es esa, tan aclamada sorpresa que tienes para darme? — Preguntó en un tono burlón.

— ¡Es una sorpresa que trae Stripe en su mochila de cobayo!

—Sí no lleváramos 7 años de casado, pensaría que me propondrías matrimonio ahora mismos.

— ¿Quién sabe? — Respondió Craig en tono coqueto. — ¿Quizás, y sí? — Tweek soltó una carcajada.

Tweek se acercó hacia Stripe, quién se detuvo juntó a ellos al ver que su correa ya no avanzaba más. Craig sonreía, contento por la sorpresa que estaba a punto de darle a su esposo.

— Ja, Ja, ¿Un papel, Craig? — Cuestionó Tweek al sacar un sobre ázul de la mochila de Stripe. — ¿Qué es? ¿Un viaje? — Preguntó, emocionado.

— No lo sé, cariño. — Respondió Craig, con ironía. — ¿Por qué no lo abres?

Tweek reviró los ojos, divertido.

Abrió el sobre con lentitud, admirando cada detalle del papel.

Aclaró si garganta y comenzó a leer con un tono exagerado.

— "Querido, Tweek. Al principio, no te sorportaba." — Hizo una pausa y observó a su esposo con incredulidad.

—¿Qué? — Dijo Craig, luchando con la risa que amenazaba con salir de sus sistema.

Tweek reviró los ojos, aún así continúo.

— "Pero, luego de conocernos - y que me rompieras el trasero- me enamoré pérdidamente de tí." — Tweek rió. — "Siempre supe que debía pasar mi vida con un Omega, pero jamás imagine que el Omega con quién querría pasar toda mi vida entera sería alguién tan maravilloso cómo tú." — Hizo una pausa, comenzando a sentir la pesadez en su pecho. — "Desde aquél primer día en que supe que te amaba, hasta ahora, 17 años después, mi amor por tí nunca ha cambiado..."

" Te ví crecer, tanto física, como emocionalmente. Te ví reír, llorar, volverte rebelde y comenzar a romper reglas.

Pero eso nunca me asustó. Al contrario, me animó a amarte cada día más. A comprender tu mente, tus motivos.

Sería mentira decir que el día más feliz, fue aquel en el que nos casamos porque, la realidad es, que todos los días que paso junto a tí son los más felices de mi vida. Sin importar lo que suceda.

Podría decirte que eres mi estrella, pero tu eres algo mucho más único que ellas. Tampoco podría nombrarte "mi Luna" porque, aunque nosotros solo tenemos una, allá afuera, Jupiter tiene como 30. Y, aunque tu rubio pelo combina perfectamente con el sol, algún día ese se extinguirá, a diferencia del amor que siento por tí.

Por eso, y mucho más, para mí tu eres el Universo entero.

Mí Universo.

Porqué tú, al igual que él, estás lleno de secretos, de maravillas, de cosas tan enigmáticas y sorprendentes, de las cuáles cada día quiero aprender más y más.

Te he visto sacrificarte por mí, por los demás. Y, es eso, lo que hace que todos los que estamos a tu alrededor te amemos.

Sin embargo, en tu corazón aún queda mucho amor para dar. Y, aunque me gustaría ser lo suficientemente egoísta para adueñarme de todo ello, comprendo que el compartir nunca ha estado de más.

Te amo.

Te amo cómo no tienes idea, Tweek Tweak.

Atte: Tu esposo,

Craig Tucker. "

Sus dedos se apretaron en los bordes de la carta. Giró su cuerpo hacia la figura de su esposo, quién lo observaba con una tranquilidad natural.

— Craig.... — Sollozo. Sin embargo, Craig negó con una sonrisa, cosa que confundió al Omega.

—Esa no es la sorpresa, Cariño. — Susurró, antes de ladear su cabeza hacia la figura de su hogar. Tweek lo observó, confundido. — Anda, tu regalo te está esperando. — Craig tomó su mano, después deposito un suave y casto beso sobre su pómulo derecho. — Vamos.

Ambos caminaron, tomado de la mano.

Cuándo llegaron frente a la puerta del hogar, Tweek pudo escuchar unos suaves murmullos dentro de la misma. Observó a Craig en busca de respuestas, pero éste únicamente respondió con un asentimiento de cabeza.

Finalmente, tomó la perilla de la puerta y la giró.

Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver un montón de regalos de colores sobre la sala. En medio de todos ellos, Liz, la cachorrita se encontraba sentada en la alfombra, alzando los brazos hacia Tweek al reconocerlo. Alrededor de ella, la familia Tweek, la familia Tucker, y sus amigos más cercanos se encontraban frente a él.

— P-Pero... — Murmuró confundió. Giró su rostro hacia Craig. — ¿P-Por qué?

Craig abrazó por detrás al Omega, liberando sus feromonas en un intento de regular sus emociones.

— Porqué eres un gran Omega, Tweek. — Susurró. — Porqué te amamos. Por que te lo mereces. — Enumeró el Alfa.

Entre ellos, también se encontraba el doctor Harrison, quién sostenía unos papeles entre sus manos.

— Tweek. — Dijo sonriente. — Tú esposo hizo todos los trámites para poder adoptar al cachorro. — Explicó. — Los papeles fueron aprobados, él ya firmo... Ahora, solo falta tu firma para que puedan adoptar a Sirius.

Tweek, aún en lágrimas, ladeo su cabeza. — ¿S-Sirius? — Preguntó.

Craig, quién no se había separado de él, beso su cuello. — Sí, Sirius. — Susurró. — Porque, al igual que en nuestro Universo, Sirius es la estrella que más brilla entre el cielo y el espacio. Aquella que sin importar la distancia, siempre llega a nuestros ojos.

Tweek no puedo evitarlo, y se avalanzó hacia Sirius, lloró. Lloró de felicidad, tanto cómo lo hizo la noche en que Craig le pidió matrimonio.

Sus llantos ya no eran de lamento, de impotencia o de dolor. Sino de genuida felicidad. De saber que su vida estaba a punto de cambiar.

Que finalmente él y Craig conseguiría aquello que tanto anhlearon, formar una familia. Tener un pequeño ser a quien pudieran cuidar y proteger.

Aquél día, Tweek lloró y rió cómo nunca, cómo solo alguien que sabe que ha pasado por mucho lo hace.

Y se dió cuenta que, aunque jamás pudo engendrar su propio cachorro, una pequeña niña de pelo castaño había aparecido en su vida.

Su pequeño estrellita de esperanza, Sirius Tucker. Su primogénita.

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— ¡Papá, Sirius no quiere devolverme al sr. Huuy! ¡Dile algo! — Llamó el pequeño rubio, desde la puerta que conectaba con el jardín del hogar.

— ¡Sirius! — Llamó el Alfa. — ¡Devuélvele al Sr. Huuy a tu hermano!

Craig acomodaba las luces del exterior para la cena que tendrían aquella noches, por Navidad.

Cinco años habían pasado desde que adoptaron a Sirius. Al principio fue todo un caos adaptarse al cuidado de la pequeña, sin embargo rápido agarraron el ritmo, y a los dos años, adoptaron a Miltón, su segundo hijo, quién acaba de cumplir los 3 años en Septiembre.

— ¡No le devolveré al sr. Huuy, hasta que me devuelva a mi Cuy! — Dijo la pequeña mientras removía el peluche de Mono-Astronauta en el aire.

— Tonta, sí no me lo devuelves... ¡Se lo daré de comer a Stripe! — Contraatacó el infante, sacandole la lengua.

Craig suspiró, agotado por el enfrentamiento tan temprano entre sus hijos. Ignoró los gritos de ataque entre ambos y continuó con su trabajo. La cena ya había sido preparada por Tweek, así que él debía encargarse de lo demás.

Era lo justo.

[...]

— Sirius, Miltón. — Llamó Craig. — Acomoden sus juguetes que la familia va a venir a visitarnos. — Ordenó, los niños suspirar con molestia, pero aún así recogieron su desmadre, sí, desmadre, Craig había visto el desorden, lo había conocido con Tweek, sin embargo, el desastre que hacían esos dos pequeños era , sin duda, abismal.

Dejó a los niños en la planta baja, tranquilo al saber que no había nada con lo que se pudieran lastimar, y luego de ponerles el televisor al finalizar su limpieza, subió a la planta de arriba y tomó una ducha.

Después de unos largos 20 minutos, que se sintieron cómo la gloria para el cansado Alfa, salió del baño, cubriendo su desnudez con una toalla alrededor de su cadera.

Al entrar al cuarto, lo primero que vió fue la cabeza de su Omega, quién se encontraba descansando de espaldas a él. Se acercó con una sonrisa hacia el límite de la cama.

Durmiendo, con tanta tranquilidad, se encontraban Tweek y su hijo menor, Nova, quién se removía contra el pecho del Omega en busca de una fuente de alimento.

Porque si, después de tantos meses de intentos fallidos, y de un nuevo comienzo. Tweek se embarazó cuándo menos lo esperaban.

Habían aceptado las dificultades, y lo tomaron cómo una ventaja para reducir los gastos en condones. Así que eso terminó provocando el embarazó de Tweek y él nacimiento de su hijo más pequeño, Nova Tucker. De tan solo 5 meses de nacido.

Craig no pudo evitar sonreír ante la tranquilidad que emitía el rostro de Tweek, la cuál contrastada con la figura de su cachorro, quién se removía incómodo ante la falta de una fuente de alimento.

Podía asegurar que no había pasado ni 30 minutos desde la última vez que había comido, pero Nova era muy glotón.

— ¿Alguién tiene hambre otra vez? — Preguntó con ternura. — Ven, deja descansar un rato más a tu mamá, ¡Y vamos por comida para tí y tus hermanos! — El Alfa cargó al cachorro, y con lentitud lo sacó de la habitación.

[...]

Tweek se levantó a media tarde, el sol apenas era una suave mante en el cielo, y la temperatura en los grados comenzaba a descender con rápidez. Tomó un baño con agua tibia, y se arregló para la cena que tendrían en la noche.

Al bajar las escaleras pudo observar la figura de Miltón, quién sollozaba con fuerza. Rápidamente el rubio se apresuró a llegar hasta a él, confundido por la reacción de su pequeño.

— ¿Qué sucede, mi niño? — Preguntó con ese tono maternal que había adoptado hace ya mucho. El pequeño se avalanzó a los brazos de su madre, quién gustosa lo abrazó, llenándolo de su aroma.

— ¡Papi quiere más a Nova y a Sirius! — Sollozó el pequeño. — ¡Papi, no me quiere porque soy adoptado! — Tweek no supo responder, sin embargo antes de que pudiera pensar en algo una nueva voz se sumo a la conversación.

— Yo también soy adoptada, burrín. — Reprochó Sirius. — Además, solo lo dice porque papá lo regaño por tirar el ponche. — A su lado se encontraba Craig con una cara completamente llena de incredulidad por las palabras de su hijo.

— ¡Pero tu llegaste primero, y Nova es su bebé! — Reprochó el menor en defensa. Tweek, a quién no le agrado lo que dijo su hijo, lo tomó del mentón.

— Amor, escúchame. — Llamó Tweek. — Tú eres nuestro hijo. Y, al igual que Nova, y al igual que Sirius, eres nuestro bebé, y eso siempre será así. — Susurró. — Sí, tanto tú, cómo Sirius fueron adoptados, pero eso no significa que los queramos menos que a Nova. Jamás será así.

El niño dejó de sollozar, y asintió. Tweek lo abrazó, brindándole del calor de su propio cuerpo.

— Ahora, ve y discúlpate con tu papá y tu hermana por las cosas que dijiste. — Ordenó Tweek, aún con suavidad.

El niño acató la orden, se disculpó con Sirius por lo que había dicho, y se disculpó con Craig por haber dicho aquellas cosas, y también por no hacerle caso y tirar el ponche.

Su momento familiar fue interrumpido cuándo el timbre comenzó a sonar.

Ya había llegado el momento.

La fiesta debía continuar, y su familia debía disfrutar.

[...]

Craig y Tweek observaban todo, agradecidos con Dios y la vida por todo lo que tenían hasta ahora.

Su familia se encontraba disfrutando de la velada, compartiendo risas y chistes entre ellos, sus pequeños jugaban con Christy y con Evan , los hijos de Bárbara y Clyde, y Tricia y el hermano de Broflovski. Nova se encontraba siendo mimado por sus abuelos, y sus amigos disfrutaban de acabarse cómo pirañas lo postres que Tweek había preparado.

Craig abrazaba el cuerpo de su Omega, quién se encontraba recostado sobre su cuerpo en uno de los sillones flotantes del patio.

Ambos apreciaban cada momento de la noches, disfrutando de la compañía de su familia e hijos.

Y sí, quizá sus vidas no eran perfectas. Quizás ya eran un poco viejos para tener una familia tan joven, sin embargo, aquello era suyo.

Eran sus pequeñas estrellitas. O mejor dicho, sus Universos.

Y no había nada que pudiera hacerlos más felices qué eso.