"𝐌𝐢 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐚𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚𝐥" Novela Creppypasta

Summary

Elizabeth es una chica de 21 años que empezó su vida como una verdadera adulta. Sin embargo, tras el extraño asesinato de su familia a sangre fría, eso le impidió iniciar su nueva vida. Ella fue internada dos años en un centro psiquiátrico, donde la trataron de loca por sus tontas historias y leyendas de asesinos. Ella sabía que todo estaba relacionado con ellos, pero al salir, no tomaba mucha consciencia. Claro que lo era, se había metido en algo que nadie sabía.

Genre
Mystery
Author
Moonlight
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Desde que era una adolescente me había llenado de ideas en la cabeza, ideas extrañas y poco creíbles, claro que lo eran, ¿quién creería que Jeff the killer o Slenderman se llevarían a una niña tonta a una casa llena de asesinos?

Todas mis creencias se habían derrumbado cuando mis padres murieron, yo... yo me había vuelto loca, eso decían los doctores. Cuando mi tía vio lo mal que me había puesto y al escuchar mis supuestas historias, no dudó en meterme a un psiquiátrico.

Tal vez debería agradecerle, pero no era así, los doctores me enpastillaban tanto que... yo sólo podía ver el techo con el cuerpo todo adormecido, lo único que recordaba era sólo el clima nublado al ver la ventana y solamente recuerdos borrosos.

No entendía porqué estaba mal, ellos no me creían en nada cuando daba mis conexiones, obviamente esto estaba conectado con ellos... esto era mi culpa, todo era mi culpa. Pero, ¿por qué ellos harían esto... a alguien como yo?

Pero todo era en vano, había perdido todo esos recuerdos por completo debido a la gran cantidad de medicamentos que me habían dado, me habían tratado de esquizofrénica o lo que sea que ellos pensaban de mí. Dos años allí me provocaron una pérdida de memoria, y ahora, sólo debía sobrevivir a mi nueva vida como una verdadera adulta.

Había conseguido un trabajo de medio tiempo en una tienda de antigüedades, no pagaban mucho, pero era lo suficiente para que pueda salir adelante luego de que... todos se allan alejado de mí al escuchar que yo estaba supuestamente mal mentalmente


Era una tarde como cualquier otra, era viernes y estaba feliz de que pronto llegue el fin de semana. Era bastante aburrido trabajar en una tienda de antigüedades, ya que casi nadie entraba a ver algo o a preguntar si había un baño, pero no debería quejarme, al menos tengo un trabajo.

Me encontraba detrás del mostrador esperando a un cliente, claro que no iba a ser el caso, el clima estaba diluvio y helado, la lluvia opresiva me quitaba la idea de recibir al menos un pago de fin de semana.

Inesperadamente, la puerta se abre de golpe, había entrado un hombre con una mirada muy... extraña, como si hubiera escondido un cuerpo o algo así

—¿Puedo ayudarle? —pregunté con amabilidad y algo de sospecha, no quería que este sea mi último momento de vida en un lugar tan aburrido como este.

El hombre se acercó con pasos secos y me miró de reojo, llevaba un buzo amarillo un poco desgastado con cierta manchas.

—¿tiene de casualidad... una cámara? —comentó con una voz baja, ciertamente murmurando con la mirada baja.

—¿una cámara? Están un poco dañadas, por lo que... —el hombre me interrumpió con prisa.

—sí, no es problema, sólo quiero una cámara.

Fruncí el ceño con extrañesa, se estaba comportando bastante raro.

—de acuerdo... —divagé un poco y luego me dirigí al sótano, allí habían cosas más antiguas de las que ya vendían, pero como a él no le importaba la antigüedad.

Bajé las escaleras directo al sótano, siempre me molestó la madera vieja que piso al bajar, siento que en cualquier momento podría caerme.

Ya abajo, busqué entre los estantes, habían varias cajas sin etiquetas, por lo que mi búsqueda iba a ser un poco tardía. Luego de unos varios minutos, pude salir de ese encierro.

Subí las escaleras rápidamente para ya no tardarme más, puse la caja en el mostrador con un golpe seco.

—aquí está... —suspiré con exasperación. —tienen un poco de polvo, pero era la única caja que encontré.

El hombre asintió con lentitud, abrió la caja y buscó entre todas las cámaras que habían, unas más viejas que las otras hasta tomar una en especial.

—esa es una cámara digital, son un poco más caras que las comunes, pero podría vendertela más barato ya que nadie hasta ahora vino a comprar una —exclamé con una sonrisa vaga.

Nadie venía a comprar cámaras digitales o unas comunes, era un poco extraño, pero no podía evitar cobrarle tan caro sólo por algo antiguo.

El hombre dudó en silencio, pero luego asintió con una pequeña sonrisa, formándose en la comisura de sus labios.

—está bien —tomó la cámara y buscó entre su billetera. —¿cuántos sería entonces?

—veinticinto dólares, ¿sería sólo eso — pregunté mientras cerraba la caja y la dejaba a un lado. —tengo también memorias si lo necesitas.

—no... ya estoy bien.

Asentí y recibí su dinero, estaba... un poco dañado, pero sólo superficialmente, por lo que lo acepté.

El hombre se dio la vuelta y se despidió con un murmuro. Suspiré profundamente, de verdad que sólo a mí me tocan los clientes más extraños...



A la mañana siguiente

...

..

.

Era de mediodía y los pájaros ya molestaban con su canto repetitivo, me levanté de la cama con un suspiro frustrante. Abrí las cortinas y la lluvia aún percibía de ayer.

Tomé el teléfono que se encontraba en la mesita de luz y había recibido varios mensajes de mi tía, realmente la odiaba, pero no era su culpa haberme visto de esa manera.

—¿estás despierta?

—lamento no haberte acompañado al cementerio el miércoles, los profesores de Max me llamaron.

—deberías hacer más cosas que trabajar, usa la bicicleta de Samuel.

—tomas tus pastillas.

Suspiré denuevo, esta vez con rabia. ¿Cómo le daba la cara de decirme eso...? Usar la bicicleta de Samuel...

Si no podía ver ni una maldita foto de mis padres, claro que no iba a poder usar la bicicleta de mi hermano... Ella nunca entenderá la rabia que me da no poder haber hecho nada.

Aún no podía recordar mucho del psiquiátrico, pero sí de esa noche. El grito de mis padres en su habitación y ver a mi hermano... en el suelo desangrandose con el puto estómago abierto. Mi cuerpo recibió un escalofrío de parte de mi espalda, recordar estas cosas me daban náuseas y puro horror...

Me retiré de mi habitación, entrando al salón y ver la televisión prendida. Yo... yo no recordaba haberla dejado prendida.

Tomé el control y la apagué con indiferencia. Me di la vuelta para dirigirme a la cocina por un poco de agua, hasta escuchar la televisión encenderse de repente.

Solté un pequeño grito de sorpresa al escuchar la interferencia de la televisión, la pantalla estaba fallando y haciendo un sonido bastante irritante. Traté de apagarla lo más rápido posible con el control remoto, pero nada funcionaba.

—¡por dios!, ¡sólo apagate, maldita sea! —grité con molestia. Nada funcionaba y ese sonido me daba un terrible dolor de cabeza.

De pronto, la pantalla se apagó y el sonido desapareció. Tiré el control al suelo, para luego tropezarme contra el sofá.

—joder... que no puedo empezar ni un maldito día en paz.

Nunca había sucedido eso con la televisión, menos con ese sonido tan aturdiente.

Traté de levantarme del suelo y fui a la cocina por un poco de agua, al estar allí, busqué entre mis bolsillos las pastillas que debía tomar. Según recordaba las dejaba en mis bolsillos porque sino, las perdía denuevo.

Lo sé, soy un caso perdido, pero trato de cuidarme a mí misma como si fuera mi propia madre. Eso suena tan raro... supongo que mejor debería callarme.

Tomé un par de esas pastillas y me las puse en mi lengua, para después beber un vaso de agua. Tosí deliberadamente, nunca supe tragar pastillas, pero era peor cuando los doctores sostenían mi cara con fuerza para que lo tragase.

Traté de respirar con calma, tenía que cambiar esto, no podía despertarme siempre con un problema en la cabeza. Tomé mi teléfono con verdaderos nervios y entré al contacto de mi tía.

¿Estoy siendo mala...? Yo no podía seguir viendo sus mensajes tan agobiantes, sólo me hacían sentir culpa y más culpa por el pasado, necesitaba estar al menos unos minutos en paz...

Endurecí mi rostro y la borré de mis contactos, en ese momento, sentí un gran alivio. ¿Ahora sí podría empezar mejor mis días?