My strange adiction

Summary

Jamie era, en su totalidad, el ser más risueño y divertido que Cheryl podría conocer, por algo su amistad había perdurado ocho largos años, en los que aprendieron cosas maravillosas uno del otro. Pero también todos aquellos defectos que poseían. Jamie, Cheryl y Evan, su hermano, se habían convertido en un trío inseparable desde que se conocieron, aunque los primeros tres años trataban de hacerla a un lado por la diferencia de edad, y según ellos, la edad de cheryl era un inconveniente. Finalmente cedieron cuando ella creció y sus ideas encajaron a la perfección. Lo que nadie se imagina, es que desde hace tantos años, ella oculta un enorme secreto, uno que explica porqué nunca se había llevado bien con las novias de su mejor amigo, y porqué repentinamente se alejaba de él sin explicación. Ella misma quiere convencerse de que no es cierto, de que su corazón es un loco por latirle tan desenfrenadamente cuando está con Jamie…

Genre
Romance
Author
Ross
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Agosto 2

Capitulo 1

–¿Cuándo vendrás de visita? –Pregunté viendo a través de la pantalla de mi celular. Mi hermano se encontraba del otro lado.

–No lo sé aún.

–¿No quieres venir? –Elevé una ceja con reproche

–No es eso, debo pedir mis vacaciones con anticipación en el trabajo –. Explicó –Talvez vaya hasta las fiestas navideñas.

–Estamos en pleno agosto –Recriminé. Pero no insistí con el tema

–¿Y mamá?

–Tiene turno en el hospital

Llevaba una media hora hablando por videollamada con mi hermano, llamaba de vez en cuando para ver cómo estábamos mamá y yo. Se había mudado a florida desde hace tres años. Había encontrado un trabajo estable como gerente en una compañía de Microsoft, era todo un cerebrito en la tecnología.

–¿Tú como vas en la Universidad?– Quiso saber.

–Muy bien– le sonreí– Lo he llevado bastante bien, cada día estoy más enamorada de los idiomas y de las diferentes culturas– Expuse con entusiasmo.

Desde niña fui muy fanática de los vocabularios extranjeros, me encantaba explorar otras culturas y conocer países, aunque mi economía no me permitía visitar todos los que hubiese querido. Cuando tuve que elegir una carrera en la Universidad no dudé ni por un momento optar por los idiomas.

–Sabes que si necesitas ayuda en algo me lo puedes decir– Evan me dedicó una mirada lánguida. –Si necesitas dinero…

–No lo necesito– le afirmé. –El sueldo que recibo en la cafetería no es el mejor del mundo, pero es suficiente para cubrir mis gastos – Aclaré. No quería ser una responsabilidad para él. Aún así todos los meses enviaba dinero para mi y para mamá, dinero que utilizábamos para cubrir los gastos del hogar.

–Espero que no te estés desgastando en horas extras.

–Por supuesto que no–. Lo tranquilicé– Entro en las tardes después de clases, y los sábados hago doble turno así que el domingo es un día totalmente libre.

–¿Segura? –Preguntó entrecerrando los ojos. Dudoso.

–¡Que sí!

–Te creeré por esta vez. –Me señaló a través del celular– Bueno. Me alegra que todo esté bien en casa. Debo irme ya– Dijo mientras se levantaba del sofá en el que había estado desde el principio de la conversación– Tengo que ir al supermercado.

–Claro, ve con cuidado. Hablamos otro día.

Presioné el botón para finalizar la llamada. Subí a mi habitación para recoger mi bolso, se me hacía tarde para mi turno en la cafetería. Hace un año que había empezado a laborar allí. Mi primer empleo formal. Antes de eso solo conseguía trabajos temporales dando clases privadas de francés a los hijos de algunos amigos de mi madre, y con lo que ganaba apenas me alcanzaba para pagar la Universidad, Y no quería ser una molestia para mi madre, bastante había hecho pagándome el colegio.

Hoy es sábado por lo que debo doblar turno. Será un día agotador, pero las propinas lo recompensaban. Vi la hora en mi teléfono, marcaban las siete de la mañana con cuarenta y dos minutos. Eso no sería un problema si no tuviera que atravesar la ciudad para llegar. Le agradecí internamente a Evan por ser un maravilloso hermano, el cual me había regalado una camioneta en mi cumpleaños del año pasado.

Conduje a una velocidad poco decente. En cuanto entré la campana resonó por todo el lugar, haciendo aviso de mi llegada. Unas cejas enarcadas me recibieron, Erica se encontraba con una cara poco amigable. Unas cuantas personas hacían fila para hacer su pedido.

–ocho quince– bramó. Señaló el enorme reloj que colgaba en la pared.

–Lo sé, lo siento. El traficó de la ciudad es aterrorizante– Traté de excusarme.

–Menos pretextos y más trabajo señorita Cheryl.

–Si señora –. Susurré apenada.

La señora Erica era una buena persona sin duda alguna, pero cuando se trataba de trabajo era muy exigente y estricta. A veces un poco irritante. El resto del día estuvo bastante agitado, a decir verdad. Estuve rodando sobre mis talones más veces de las que pude llegar a contar. Había demasiados clientes. Me concentré en entregar las ordenes.

Un macchiato.

Wafles con jarabe

Matcha

Espresso

–Disculpa. –Dijo una voz chillona– He pedido mis wafles con mantequilla, no+ jarabe.

Posé mis ojos en aquella figura que reposaba sus brazos sobre la mesa con la espalda firme y erguida. Era una chica de cabello castaño y lacio, no pude evitar reprimir una risa cuando comparé su cabellera con la de Willy Wonka.

–Enseguida te lo cambio. –respondí

Me dirigí rápidamente a la cocina para cambiar el botecillo de jarabe por unos trozos de mantequilla. Mientras me acercaba a la mesa me di cuenta de que no había notado la presencia de otros dos chicos quese encontraban frente a ella, tan sumida en mis pensamientos estaba que solo entregué sus ordenessin atención.

–Aquí tienes– coloque el platillo con la mantequilla a un costado de sus wafles.

Los tres me observaron atentos, pero había que ser muy tonta para no darse cuenta que soltaban pequeñas risillas, no entendía el porqué, hasta que me di la vuelta para seguir trabajando y la voz de la chica detuvo abruptamente mis pasos.

–Mis wafles están fríos –. demandó

–Es imposible, recién salen de la cocina–. dije en cuanto me giré a verla. Tratando de sonar amable. Sosteniendo una paciencia increíble.

–Te tardaste mucho en ir por la mantequilla. Ya se enfriaron –su voz se tornó afilada, insoportable.

–¿Es una broma? –Mi ceño estaba ligeramente fruncido por la molestia.

–¿Me ves cara de payaso? –Su respuesta me confirmó que, aquella era una de esas chicas ricas y mimadas, que se entretenía molestando a las personas. Las risitas de sus acompañantes aumentaron, según ellos lo disimulaban. Aquello hizo desaparecer cualquier atisbo de paciencia que corría entre mis venas.

–Solo te falta la nariz –curvé mis labios en una sonrisa burlona, cruzándome de brazos.

No voy a dejar que esta tipa pase por encima de mí. No me importa cuanto dinero tiene o si es capaz de hacer que me despidan. Pero mi padre me educó para que no me deje pisotear por una niñata que se creesuperior. Su mirada se tornó furiosa, pareciera que humo salía de sus fosas nasales. Se levantó de su asiento a una velocidad impresionante y antes de poder reaccionar ya la tenía frente a mí, de inmediato de di cuenta de la diferencia de altura. Sin duda era más alta, pero eso no me intimidaba.

–Repite eso. –bramó

–Payasa.

Siendo sincera, no me esperaba lo que pasó a continuación. Me había equivocado cuando creí que ella era de las que ladraba y no mordía. Un golpe seco resonó por todo el lugar. Me había abofeteado. La atención de todos los presentes llegó tan rápido como un rayo. Mi mano fue hacia mi mejilla en donde no tardaría en aparecer una marca roja. Me tomo dos segundos salir del trance para abalanzarme sobre ella. Por desgracia unos brazos rodearon mi cintura para detenerme.

–¡cálmate! –reconocí la voz de Edmund, mi compañero de trabajo.

–¡Suéltame! –vociferé –¡voy a matarla!

–No te atreverás a tocarme. –dijo la tipa con superioridad.

Los dos chicos que se encontraban con ella observaban la escena ahora con una expresión seria.

–Rachel basta. No tenías que llegar tan lejos– uno de ellos habló en su dirección. Tenía el cabello negro casi cubriéndole los ojos y las orejas. Así que su nombre era Rachel.

Yo seguía forcejeando con Edmund, pero se negaba a soltarme. Erica apareció con cara enfurecida en mi dirección.

–¿Qué está pasando? –Quiso saber.

–Su empleada es una salvaje – acusó Rachel

–¿Salvaje yo? ¡ME ABOFETEASTE!

–Basta Cheryl – Espetó Erica. –Llévatela –ordenó a Edmund. Pero antes de que el hiciera algo me solté bruscamente de su agarre para salir de ahí.

Lo último que oí a mis espaldas fue a mi jefa disculpándose con la tipa. Qué ridiculez. Ella empezó todo. La sangre en mis venas estaba hirviendo, mi respiración pesaba y un dolor punzante en mi cabeza me hacía enfurecer aún más.

Sentí unos pasos detrás de mi. No era necesario voltear para saber que se trataba de Edmund.

–¿Qué fue eso?

–Ella empezó.

–Eso ya lo dijiste. Dime que fue lo que pasó exactamente.

–Es solo una niña caprichosa, no tiene nada mejor que hacer con su miserable vida– Espeté.

Edmund me tomó de mi hombro para girarme y quedar cara a cara.

–Tranquilízate. No vale la pena – Animó –Y es irónico que le digas niña, cuando parece ser unos años mayorque nosotros.

Nos encontrábamos ahora en la parte trasera de la cafetería. Al lado de los contenedores de basura, sentados sobre un pequeño muro. Le expliqué detalladamente la pelea que tuve con la tipa Willy Wonka.

–Deja de llamarla así– Se rió

–No puedes negar que se parece. Solo que Wonka es más guapo en comparación.

–¡Cheryl! –Erica atravesaba la puerta enfurecida. Nos pusimos de pie de inmediato.

–Tenemos que hablar.

–Jefa, debe escucharla, la chica…

–A solas. –Exigió Erica

Le dedique una mirada confortable a Edmund que fue suficiente para que se retirara.

–Sabes que no puedo pasar por alto una actitud como la de hoy.

–No fue mi culpa.

–Lo sé. –Afirmó. Se llevó ambas manos a su cintura– Llevas un año con nosotros, y te conozco. Si fueras problemática te habría despedido hace mucho.

–¿Me vas a despedir? –me crucé de brazos. –Deja de darle tantas vueltas al asunto y sé directa. –Me impacienté.

–No he dicho que voy a despedirte.

–¿Entonces?

–No tengo razón para despedirte. Es cierto que armaste un pequeño espectáculo, pero ni siquiera agrediste a nadie. Aunque si yo fuera tú, no me habría contenido… –Una sonrisa divertida dibujó sus labios, y su expresión era más suave. –Simplemente he venido a advertirte. Si esa chica vuelve, y ten por seguro que lo hará. Evítala. Ignórala y que alguien más la atienda.

–¿cómo estás segura de que volverá?

–Lo sé porque llevo años trabajando aquí, hay más personas como ella de las que te puedes imaginar.Regresará a molestarte cada que tenga oportunidad para hacerte perder la paciencia.

En las horas siguientes estuve tan entretenida trabajando que me olvidé por completo de lo ocurrido en la mañana. Cuando vi por la ventana de la cafetería lo único que vislumbré del otro lado era el cielo oscuro y las luces encendidas de la ciudad. Ya era de noche, así que no faltaba mucho para acabar mi turno. La aguja del reloj marcaba las 7:15 de la noche. Y mi turno terminaba a las ocho.

Cuando llegué a casa lo primero que vi fue a mi madre en el sofá viendo la televisión. Normalmente una madre le pregunta a su hija cómo le fue en el trabajo y si ocurrió algo nuevo. Pero esa, no era mi madre. Nunca lográbamos entablar una conversación decente o tranquila. Solo vagas frases a medias para comunicarnos en lo posible. A veces sentía que me odiaba. Pero era tan indiferente que no creí que fuera capaz de tener si quiera un sentimiento hacia mí, por más negativo que fuera éste.

Subí directo a mi habitación. Lo primero que hice fue ducharme. No entendía a aquellas personas que se tiraban en su cama al llegar de su trabajo, es decir. ¡La cantidad de microbios que había! Estar todo el día con un montón de personas. Tocando diferentes objetos, dinero. El sudor… Qué desagradable.

En cuanto salí del baño, el tono de llamada de mi teléfono resonó en la habitación. El nombre de Jamie se iluminó en la pantalla, respondí.

–¡Mini! –mi rostro se arrugó al oír aquel apodo infantil.

–¡Basta ya con eso! ¡ya no tengo 13 años!

Pude oír la carcajada que resonó del otro lado de la línea. Gire los ojos en respuesta.

–Ya sé, pero es divertida la manera en que te enojas.

–Vete el diablo.

–Mejor dime, ¿qué harás mañana? Es tu día libre.

–Tengo tareas de la Universidad.

–¿Todo el día? – Protestó. Identifiqué de inmediatoque estaba empezando a molestarse.

–Bueno… No lo sé con exactitud… –Susurré con inseguridad. Me senté en el borde de la cama mientras quitaba la toalla que llevaba envuelta en mi cabello húmedo.

–Cheryl – Bufó. Ya no quedaba rastro de diversión en sus palabras. –¿Que está pasando contigo? Y no me mientas. Sé que trabajas y estudias mucho, pero hace unos meses eso no era impedimento, siempre salíamos los domingos y cada sábado por la noche veíamos películas hasta medianoche.

Desde que Evan se fue, Jamie y yo acordamos que seguiríamos viendo películas los sábados. Era una de nuestras actividades favoritas. Jamie llevaba la pizza, yo hacía las palomitas y Evan se encargaba de limpiar el desastre. Fue así por muchos años. El trío implacable. Hasta que mi hermano se fue, pero prometimos seguir con nuestra rutina.

–Jamie… –mi voz se apagó. El tenía toda la razón. Nos estábamos distanciando. –Lo siento– susurré.

–Sabes que pueden contarme lo que sea.

–Lo sé. –Afirmé.

El silencio invadió el momento por unos segundos, hasta que volví a hablar.

–Salgamos mañana. Por la tarde. –Traté de sonar segura de mi petición

–No voy a obligarte si ya no quieres salir conmigo. Talvez ya te aburriste.

Y colgó.

¿Qué? ¿¡Aburrirme de él!? ¿Cómo podía siquiera pensar algo así? El es la última persona de la que me aburriría. No quiero que el se imagine cosas que no son, pero, a este punto no sé si sea peor que seenterara de la verdadera razón por la cual lo había estado evitando…