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—Señor Kim, lo lamento, usted sabe que solo podemos empezar una búsqueda oficial cuando se cumplan veinticuatro horas de su desaparición.
—Esto es una completa mierda. Vaya y haga una búsqueda extraoficial —Junmyeon exigió lanzando un enorme fajo de billetes sobre el escritorio del inspector Do.
El uniformado levantó su severa mirada, luego de echar un vistazo a la cantidad de dinero sobre su escritorio, y miró a los acompañantes del que ponía la denuncia; los dos tenían cara de pervertidos. A la izquierda tenía a un joven larguirucho de cabello rojizo y alborotado, que le estaba dando una sonrisa escalofriante. El oficial lo ignoró y posó su mirada en el otro joven, el de la derecha; era bastante alto —aunque no tanto como el guasón de la izquierda— y tenía la piel de un exquisito color canela, este le dio una sonrisa ladina acompañada de un guiño, lo que descolocó un poco al oficial.
—¿Está intentando sobornar a las autoridades señor Kim? —preguntó el oficial Do, dándole una mirada de advertencia—. Veinticuatro horas. En veinticuatro horas levantaremos una búsqueda, si es que el señorito Zhang no ha vuelto para ese entonces.
Junmyeon tomó sus billetes y se los guardó con frustración. Estúpidas autoridades que no servían para ni mierda. Estúpido gobierno, ¿para esto pagaba impuestos? Él iba a buscar a Yixing sin ayuda de nadie. ¿Qué se creía ese estúpido oficial?
Al salir de la estación, se dirigió al cibercafé más cercano, seguido de Jongin y Chanyeol. Imprimió doscientos afiches con la foto de su amado extraviado y salió con decisión del establecimiento.
—Creo que estás exagerando —Chanyeol señaló.
Junmyeon lo miró con incredulidad.
—Puedes irte si eres tan mala persona. Ojalá Baekhyun nunca desaparezca así, dejándote esta angustia en el pecho —espetó con cierto toque de dramatismo a su desconsiderado primo—. Pero tú no te vas o le digo a Kristal que estabas coqueteándole al oficial —amenazó a Jongin, quien lo miró temeroso.
—Claro que no te abandonaría, a mí también me preocupa nuestro querido Yixing —Jongin se apresuro a decir y le arrebató la mitad de los afiches para ayudarle a repartirlos.
Los tres mosqueteros empezaron a andar, de cualquier modo Chanyeol los acompañó.
—¿Ha visto a esta persona? —Junmyeon repitió con desesperación a la vigésima persona que pasaba por la congestionada acera sin prestarle mucha atención en realidad.
La verdad es que había una buena razón para que no muchos les prestaran atención: Yixing, mejor conocido como “Lay” era el reconocido modelo de la marca de celularesJagüei, por lo que los transeúntes asumían que se trataba solo de un truco de publicidad. Junmyeon bufó sintiéndose molesto por la falta de bondad de la humanidad.
—¿Cómo se perdió?—Junmyeon reconoció inmediatamente la voz de su otro primo: Kim Jongdae. Su molesto pariente con extraña sonrisa era uno de los amigos más cercanos de su extraviado novio.
—No lo sé, desperté esta mañana y no estaba.
—¿Y no será que salió por ahí? ¿O que simplemente se aburrió de ti y te abandonó? —preguntó Jongdae con las comisuras de sus labios alzándose en una juguetona sonrisa gatuna—. ¿Por qué piensas que se perdió?
—Porque todas sus pertenencias están en casa, no falta nada, ni siquiera discutimos, no había razones...
—Tal vez solo se aburrió de tus chistes sin gracia —Jongdae señaló.
—Si no vas a ayudar...
—¿Y ya llamaste a sus padres?
—Sí, pero no está con ellos. Aunque no les dije, no quise asustarlos.
—¿Y entonces vas a esperar a que te envíen un dedo suyo en un sobre pidiéndote una recompensa? ¿O vas a dejar que se congele bajo la nieve si no ha aparecido al anochecer?
—¿Qué? Y-yo no...
—Vamos, hay que descartar posibilidades —Jongdae tironeó del brazo de Junmyeon y lo arrastró por las calles, dejando a Jongin y a Chanyeol solos con la mitad de los afiches.
—¿Has visto a Yixing? —Junmyeon preguntó apoyándose sobre el mostrador y entrecerrando sus ojos para detectar cualquier posible mentira por parte del sospechoso.
—No —Luhan respondió con extrañeza —¿Por qué estás...? ¡OH NO! ¿SE PERDIÓ? —exclamó acusadoramente al reparar en los afiches que Junmyeon cargaba—. ¿Qué pasó? Sabes que él no conoce bien la ciudad.
—No lo sé, cuando desperté esta mañana él ya no estaba. No habían razones para que saliera y tampoco discutimos.
—¿Ya llamaste a sus padres? —Luhan preguntó.
Junmyeon asintió. En ese momento muchas latas con frituras cayeron al piso en uno de los pasillos y Luhan hizo un gesto de exasperación.
—¡Sehun! ¿Qué no sabes hacer nada bien? —Luhan exclamó—. Recoge eso si no quieres que lo descuente de tu paga.
El joven empleado asintió fervientemente, muy asustado, y se puso manos a la obra. Los ojos ojos de ciervo pervertido de Luhan se clavaron en el redondo y atractivo trasero de su empleado.
—Y tú —Luhan por fin despegó su mirada de los grandes atributos de Sehun y se dirigió a Junmyeon—, encuéntralo pronto, o voy a golpearte.
El timbre sonó y Kris maldijo ¿Quién osaba interrumpir su sexo matutino? Decidió ignorar que había alguien en su puerta y continuó embistiendo a su novio con fuerza... hasta que la persona de afuera empezó a tocar el timbre sin descanso.
—Quien sea que esté afuera no va a irse —Zitao señaló con molestia, deteniendo a Kris.
Toda la virilidad de Kris se volvió un fideo remojado mientras se enrollaba una toalla alrededor de la cintura.
Jongdae dejó de tocar el molesto timbre cuando Wu abrió la puerta.
—¿Qué quieren? —preguntó sin ninguna cortesía el dueño del hogar.
—¿Qué estabas haciendo? —Jongdae preguntó con los ojos entrecerrados.
—Nada que les importe —Kris respondió bruscamente.
—¿Con quién estás?—Junmyeon preguntó frunciendo su ceño.
—¿Por qué? ¿Se quieren unir? —Zitao preguntó, saliendo de la habitación con una toalla sobre su cintura como única vestimenta.
—¿Y este quién es? —Junmyeon preguntó, dándole una mirada poco amistosa a Zitao.
—Su novio—el tal Zitao respondió.
—Bueno —Jongdae se rascó una oreja con incomodidad—, creo que Yixing no está aquí, oeso espero. Si viene o te llama avísanos, ¿si? —le pidió a Kris y empujó a su primo fuera de la casa.
—¿En dónde lo tienes? —exigió Junmyeon.
—¿De qué jodidos estás hablando? —Minseok respondió con molestia, ¿qué hacía ese idiota en su cafetería?
—Resulta que Yixing ha desaparecido sin dejar rastro —Junmyeon informó con tono acusador.
—Tal vez por fin se cansó de ti —respondió el dueño de la cafetería, dándole una mirada de suficiencia.
—¿Estás confesando, bonito? —intervino Jongdae.
—¿Y tú eres...? —preguntó Minseok, claramente irritado por la presencia de Jongdae.
—Kim Jongdae, próximamente el amor de tu vida, en las carteleras de tu motel más cercano —Jongdae respondió, tomando una mano de Minseok y poniendo un beso tronado ahí.
Minseok sacó su mano con una gesto de asco, aunque un leve sonrojo cubría sus mejillas.
—Si quieres, primo —Jongdae anunció—, yo puedo quedarme a vigilar al sospechoso número dos.
—¿Número dos? —preguntó Minseok.
—Sí, preciosura —Jongdae se explicó—. Sucede que Luhan encabeza la lista.
—¿Por qué iba a querer Luhan secuestrar a su propio primo?
—Por dinero, tal vez —Junmyeon respondió, acercando su rostro al de Minseok—. O puede que ustedes dos sean cómplices —sugirió entrecerrando un solo ojo.
—Eres un idiota —Minseok dijo sin alterarse, casi con aburrimiento. Hacía años había intentado robar a Yixing de Junmyeon, pero en la actualidad ya lo había superado, tenía sus ojos gatunos puestos enalguienmás.
—Tienes antecedentes —Junmyeon recalcó.
—¿No vas a olvidarlo?
—Probablemente no.
—Bien por ti. ¿Puedes irte ya y llevarte a esteadefesio? —Minseok pidió señalando a Jongdae—. Espantan a mi clientela.
—Jongdae, tú te quedarás aquí para vigilar cada uno de los movimientos de está ardilla criminal —Junmyeon le dijo a su primo.
—Ya lo escuchaste, seré tu sombra, te vigilaré, te acosaré, estaré ahí cada que voltees y cada cosa que digas puede y será usada en tu contra —dijo Jongdae invadiendo el espacio personal de Minseok quien lo empujó con un gesto de repulsión.
—Aléjate, shuuu. Vete de aquí —intentó espantarlo con un trapo como si fuera una mosca.
Un cliente pasó al lado de Minseok y este saludó con una enorme sonrisa que dejó a Jongdae sin aliento y ligeramente —o muy— celoso.
—Si vas a quedarte, procura no llamar la atención —advirtió cuando el cliente se hubo acomodado en una de las mesas del local—. Si espantas a mis clientes voy a golpearte hasta que no recuerdes tu nombre.
—No te preocupes bebé, seré tan silencioso, que no notarás que estoy aquí y tan sigiloso que cuando estés gritando mi nombre, no sabrás ni como fue que te desnudé.
—Compórtate, Kim —Minseok lo amenazó apuntándole con un dedo.
—¿Ha visto a esta persona? —preguntó Junmyeon, por lo que podría ser la milésima vez en el día. Ya eran las once de la mañana, el sol se alzaba justo sobre sus cabezas y la gente parecía prestar cada vez menos atención.
—Jun, esto no está funcionando —Jongin murmuró con preocupación—. ¿Y si lo buscamos?
—Fui con Jongdae a todos los lugares a los que podría haber ido, no sé en dónde más buscar —Junmyeon desvió su mirada, estaba tan preocupado por la seguridad de Yixing.
—¿Estás seguro de que no discutieron? ¿No dijiste algo que pudiera... haberlo hecho sentir mal? —insistió Chanyeol.
—No. ¿Por qué habría de haberle dicho algo malo?
—Tal vez sin intención, sabes que él es muy sensible. ¿Recuerdas la vez que...? —Jongin no tenía que terminar su pregunta, Junmyeon sabía a qué se refería.
Hacía algunos meses, Junmyeon había criticado los hábitos alimenticios de Yixing y este súbitamente había tomado todas sus pertenencias poniéndolas al centro de una cobija, luego había enrollado dicha cobija creando así unamaleta casera, como él mismo la había llamado. Yixing se había echado su morral al hombro y se había marchado sin mirar atrás, Junmyeon lo había dejado ir, seguro de que volvería en un par de horas. Cuando se dieron las diez de la noche, Junmyeon ya estaba desesperado; Yixing no había vuelto y se había marchado hacía seis horas. Su pareja no conocía la ciudad y todavía luchaba con el idioma, como para hacerse entender correctamente, además Junmyeon se había percatado de que no se había llevado dinero ni su teléfono celular, por lo que decidió armar un comité de búsqueda con los mismos conocidos que el día de hoy le acompañaban. Después de tres horas de búsqueda y una infructuosa denuncia, terminaron encontrándolo en una banca de un parque en el centro de la ciudad, muerto de miedo, hambre y frío. Y no es que Yixing fuera una persona incapaz o con alguna discapacidad que necesitara de un cuidado especial. Yixing era simplemente Yixing, tan único en su especie como solo él mismo podía ser; fuerte de espíritu, trabajador, apasionado, listo, sensible, amoroso, tierno, inocente, guapo —y no solo guapo, era hermoso y sexy, no por nada era modelo— y si Junmyeon tuviera que describirlo en unas pocas palabras diría: “Yixing es lo mejor que me ha pasado en la vida”
—¿Por qué no vas a casa un rato? No has comido, no te has bañado y puede que Yixing regrese —Chanyeol le pidió amablemente y Junmyeon asintió derrotado—. Nosotros terminaremos de pegar todos estos afiches y repartir estos volantes.
Mientras Chanyeol y Jongin pegaban los afiches por todos los muros sin tener mucho cuidado en si los dejaban rectos o no, una patrulla se estacionó a su lado.
—Oh, mierda. ¿Es ilegal pegar papeles en la pared? —Chanyeol preguntó y, antes de que Jongin pudiera responder, lanzó todos los afiches al aire y corrió como alma que persigue el diablo para evitar ser arrestado.
El oficial Do se bajó de la patrulla y evaluó a Jongin de pies a cabeza con una penetrante mirada.
...En cuestión de cinco minutos Jongin se encontraba esposado, sentado en la parte trasera de la patrulla, gracias a una estúpida y poco creíble ley de no pegar afiches sin permiso en lugares públicos.
—Déjame pasar, ¿no sabes quién soy? —Jongdae se sentía sumamente indignado.
—La cocina es un área restringida, señor —dijo el mesero sin mucho tacto, perdiendo la paciencia que le quedaba.
—No para mí. Muévete niño.
Baekhyun, el nuevo mesero, se cruzó de brazos frente a Jongdae, no pensaba dejarlo pasar, pero en ese momento Minseok salió de la cocina cargando un enorme recipiente y los miró con recelo.
—¡Cariño!—dijo, bueno gritó, Jongdae al verlo—. Tu empleado no me deja pasar a saludarte.
Los clientes más cercanos se voltearon para verlos con curiosidad y Minseok se sonrojó como tomate, puso el recipiente sobre el mostrador, apartó a Baekhyun y tomó a Jongdae de una muñeca para llevarlo a la cocina, fuera de la vista pública.
—Auch —Jongdae se quejó al sentir como Minseok le clavaba las uñas en la piel.
—¿Qué demonios te pasa? ¿Tienes algún problema mental?
—Estaba aburrido de estar allá afuera —Jongdae dijo con un puchero.
—¿Por qué no te vas?
—Porque estoy vigilándote.
—¡Por dios, Jongdae! Tú mejor que nadie sabes que eso es ridículo, yo no he secuestrado a Yixing, no me importa su relación con Junmyeon y, aunque lo hiciera, no soy un criminal.
—Eres demasiado hermoso como para ser legal. Seguro escondes algo, tal vez lo tienes prisionero por aquí, esta cocina es enorme —Jongdae dijo, echando un vistazo alrededor.
Minseok suspiró pesadamente.
—Escucha, esta es la hora pico y uno de mis empleados no vino hoy, estoy demasiado ocupado para tus estupideces. Vete o no estorbes.
—Puedo ayudarte mientras te vigilo, si quieres.
Minseok se lo pensó por un momento, aceptó a regañadientes, solo esperaba que Jongdae no incendiara su cocina.
Junmyeon entró a su departamento y puso las llaves en un cuelgallaves que Yixing había hecho con sus propias manos. Se quitó su abrigo marrón y caminó por toda la casa, esperando encontrar a su despistado unicornio.
No lo encontró.
Suspiró con preocupación y cansancio y se dejó caer pesadamente en su cama. Como era su costumbre cuando estaba solo, se hizo bolita sobre las sábanas. Al cabo de un rato escuchó un sonido en el armario, joder, seguro había ratones en casa... y ahora que Yixing no estaba ¿quien podría defenderlo?