Capítulo 1
Decir que Ewan estaba deseando dejar Barcelona sería extraño, sus lazos con Derrel, con Pablo, con Gisela y Alba, Marcel y los chicos eran tan profundos que siempre estarían allí. Sin embargo si tras milenios tuvieses la posibilidad de vivir en libertad, de ser tu mismo, no más el viejo vampiro, no más el chico con sus lazos, poder comenzar de nuevo de verdad ¿que sentirías?.
Aunque Marcel estaba un poco confuso con la situación, no por nada ahora tenía a varias versiones de su mejor amigo, fue de gran ayuda. Establecieron un presupuesto base de dos millones y medio, con eso Ewan debería tener de sobras para sus planes.
Pese a que Pablo había tenido suerte al conseguir su camper de concesionario, Ewan realmente no quería esperar otras dos semanas, además que necesitaba algo más grande, no un sitio donde viajar sino un sitio donde poder vivir una buena temporada.
Al final encontraron una Benivan, una camperización de una buena marca, que llevaba un motor y carrocería Ford de base, era grande con casí 6,36 metros, Marcel y Ewan bajaron hasta valencia con la ducato para recogerla.
“¿no es demasiado grande?”
“Tio, voy a tener que vivir allí hasta que consiga una masía... y ya has visto lo que hay, la mayoría están destrozadas, al menos un mes o dos para dejar alguna medio decente... “
“Porque no usas al clan del nid...”
“Ni lo pienses, aunque sean rápidos, el pirineo no es Barcelona, si cualquier viejo metiche del pueblo ve una masía restaurada en dos semanas comenzarán las habladurías... Me instalaré con la camper y despues... bueno después me conseguiré un todo terreno de segunda mano o una moto para moverme...”
“No vas a pasar a despedirte, sigues siendo Pablo aunque ahora tengas otro aspecto...”
“No, no soy Pablo, no soy Derrel, soy Ewan, no tiene caso retrasarlo todo más tiempo... “
El trato lo cerraron allí mismo, Marcel se encargaría de acabar de tramitar los papeles del cambio de nombre, pero con las llaves en la mano, solo quedaba ahora echarle un ojo por dentro”
Con una longitud de seis por dos metros, esa furgoneta era en realidad más grande que algunas caravanas, y tenía una cama gigante detrás, además de una cocina pequeña y un baño. Los dos muchachos metieron en la camper todo lo que habían estado preparando, guardaron las armas en armarios que normalmente ningún visitante ocasional de la furgoneta pudiera abrir por error y el resto de cosas que había pedido Ewan.
Se despidieron con un abrazo.
“Ten cuidado, te llamaré cuando tengamos el primer objetivo, pero siempre puedes venir a vernos...”
“No cuentes con ello ja, ja, cuidate marcel y cuida de las chicas...”
Los dos amigos se separarón, aunque la sensación para Marcel era confusa, Ewan era un clon, en teoría, pero actuaba como un ser completamente independiente y con sus propios planes en la cabeza, sin embargo en Barcelona aun se tendría que despedir del otro Pablo el que se marcharía a Cádiz. Todo era muy raro.
Ewan por fin solo en la gran furgoneta se sentó por fin a los mandos, le quedaban varias horas por delante para llegar a los pirineos. Aunque con un buen motor, con ese tamaño y peso no era un vehiculo para viajar rápido, sino para disfrutar, para sentir la carretera mientras ibas a cien o ciento veinte como mucho. Moverse con ese monstruo por calles estrechas no iba a ser una opción.
El rubio muchacho puso algo de música, metállica, uno de los discos antiguos, y así con ese ánimo distinto los kilómetros hasta tarragona fueron siendo deborados por el vehículo, allí paro, repostó y tras comprar un bocata siguió su viaje.
No fue hasta que llegó a Berga que el paisaje salvaje de los pirineos se abrió paso invadiendo el alma y el espíritu de Ewan, abrió la ventana para respirar el aire fresco y puro. La música rock y heavy seguía sonando en la radio, y el chico se puso a cantar.
Era libertad libertad en su máxima expresión.
La elección del pueblo de la abuela de Laia no había sido una casualidad, pero si una reminiscencia de su viejo yo, pero era un sitio tan bueno como cualquier otro, cerca del Pedraforca, de Oliana, y en ese paraje natural incomparable podía ser un lugar perfecto para tener una base de operaciones.
Cuando llegó al pueblo tuvo que dejar la furgoneta a las afueras en un Parking, no cabría en las estrechas calles del centro más antiguo de la población.
Con sus dos metros diez, sus vaqueros cortados, sus deportivas, y una sudadera para el fresco de la tarde el rubio se dirigió andando hasta el local donde había quedado.
Era uno de los bares de la plaza del pueblo, cerca del que hacía ya un tiempo Pablo y Laia se tomaron algo.
El camarero se lo quedó mirando, en un pueblo con menos de mil habitantes un tipo nuevo era como un farolillo encendido. Un hombre que estaba tomando una cerveza le miró y sonrió.
Era moreno, desaliñado y con la cara con cicatrices del sol.
“¿Eres Ewan, el escoces?”
“Ahhh tu debes ser Josep, un placer”
“Coño pues si que hablas bien el Catalán, pensaba que era coña o que habías usado a algún amigo para hablar conmigo...”
“Bahh... llevo más de ocho años en Catalunya...”
“Eso es bueno, en fin tengo las llaves de las dos masías, la primera la podemos ver hoy, era la de mi cuñada, la de mi hermano mayor... está en buenas condiciones, ya te lo dije aunque hay que arreglar muchas cosas, pero es grande, tiene terreno y el precio lo podemos arreglar si te interesa, la otra la tendríamos que ver mañana, esta más arriba en la Pobla, pero mi primo no podía estar hoy...”
“Tranquilo Josep con ver una hoy ya está bien...”
“¿Has traido coche?”
“Vengo con la furgo, vamos en el tuyo sino te importa...”
“Nada, nada, espero que quepas, joder eres muy alto.”
Los dos hombres se fueron a una calle lateral, allí un viejo R4 con más de cuarenta años les esperaba. Josep se notaba que era un auténtico Catalán, seguramente ese buen hombre, ese pages tuviese más de un millón bajo el colchón, pero todo era acosta de ahorrar al máximo, si el coche no se quemaba no lo cambiaría, total para Josep era una herramienta no un símbolo de estatus.
Subieron por la carretera, del lado opuesto a donde estaba la Masia de los Ferrer, del otro lado del rio, sin embargo comparativamente estaba más cerca del pueblo que la casa de los Ferrer.
Josep Paró el coche y abrió el portón de la cancela de entrada y metió el coche.
La casa que se veía era grande, más de lo que Ewan se esperaba, pero rapidamente de las dos alas en L que hacía la masia se podía ver como el tejado de la parte de atrás se había caido.
“Es lo que te digo, una pena esta casa, mira la finca ahora tiene solo una hectarea que es poco para agricola y diez de bosque, antes habían otras cuarenta agricolas pero los idiotas de mis sobrinos han ido vendiendo la tierra por partes, y desde que ingresaron a mi hermana en la residencia han dejado la casa morir... y claro ahora que ha muerto vienen las prisas y las penas, esos niños son tontos... en fin vamos a verla y te cuento...”
Para llegar a la puerta de la casa había que rodearla en parte subiendo a la vez una pequeña cuesta, en la parte más cercana a la entrada desde la carretera había unas viejas y grandes puertas destartaladas.
“Aquí en las masias grandes, la primera planta se usaba muchas veces para el ganado, sobre todo el de tiro, pero no te veo yo a ti pinta de querer cuidar animales, así que bueno puedes reformar esa parte que sea un Garaje, una almacen o coño una tienda según a lo que quieras dedicarte, es grande, pero seguro que ahora esta llena de mierda, trastos, arañas y ratas, yo no he querido ni bajar...”
Llegaron a lo que sería la fachada principal y Ewan le gustó lo que vio, la puerta no parecía en mal estado y esa parte frontal con una pequeña mesa de piedra y un banco le pareció bastante encantadora, con una barbacoa y algunos detalles se podría estar bien alli.
“Vamos, que aun nos queda luz para verla...”
“¿No hay electricidad?”
El rubio señaló un cable de tendido que llegaba desde la carretera, pero Josep suspiró.
“La había, pero era a 110, la última subida de tensión quemó la instalación, y los contadores, cuadro eléctrico y demás...”
En la primera planta había un salón pequeño con una chimenea y unos sillones viejos, pero con un poco de mimo esa estancia con techos de madera podía quedar muy acogedora. Mas allá había lo que debía haber sido un viejo comedor, en el que solo habían dejado unos muebles, y a su derecha bajando unos pequeños escalones había lo que debió ser un salón más grande y familiar con otra chimenea, la cocina estaba vieja, desastrosa y desactualizada pero era muy grande.
“En esta planta hay dos habitaciones grandes, la de mi cuñada y la de sus suegros, hay dos baños pero yo los dejaría en un grande más moderno, como ves aquí son cosas más estéticas que arreglar, además de la luz y las tuberías de agua, el problema lo tenemos arriba, te diría de subir pero el tejado del desvan ha tirado las vigas sobre la tercera planta, hay es donde tenemos el problema, sino fuera por eso podrías entrar a vivir y arreglarla con tiempo... tienes siete más habitaciones más el desvan...”
Ewan miró las habitaciones, realmente se podían también unificar las dos para hacer una más grande, incluso por sus cálculos el tiro de una de las chimeneas pasaba por una de las paredes.
Realmente era una casa grande, más quizás que las necesidades inmediatas de Ewan, pero tenía mucho encanto, y por algún motivo le daba buenas vibraciones al muchacho, era lo malo del don de la profecía, que te ponía cosas ante la vista que de otro modo descartarías directamente.
“Digamos que me gusta la casa, pero estaba bastante jodida y necesita mucho trabajo, ¿de cuanto hablamos Josep?”
El hombre se rascó la cabeza.
“Si la compras y vas a traer a idiotas de fuera para arreglarla serían 550, pero si la quieres y me dejas traerte a gente de la comarca para que curre en ella puedo convencer a mis sobrinos para que la dejen en 490...”
Ewan sonrió, no era una mala opción y le gustaba que ese hombre cuidase de la gente de la zona, más allá de que seguro que se sacaba algún dinero por las gestiones.
“Hecho, ¿cuando podrían venir?”
“Bah, tardaremos una semana en el papeleo, pero si me das un diez por ciento de señal, mañana mismo tendrás aquí a gente limpiando y despejando la casa”
“Si añades que me dejas las llaves para aparcar la furgo en la entrada te hago la transferencia de cincuentamil ahora... ¿por cierto aquí llega el internet?”
“Ja, ja, ja, si, tranquilo, no es que llega mucha velocidad pero mi casa esta más arriba por la carretera y me llega, ya es cosa tuya hablar con la compañía, volvamos al pueblo y celebremos el negocio...”
Josep era sencillo, práctico, y sabía que los negocios bien cerrados eran los que no necesitaban de muchos pensamientos.
Volvieron al pueblo en el R4 y se instalaron en el mismo bar de la plaza. El chico se pidió un bocadillo, realmente tenía hambre mientras acababa de cerrar detalles con Josep.
“Oye, ¿conoces a alguien que venda un todoterreno por aquí? Nada lujoso, solo algo que sea fiable, no puedo ir con mi furgo a todos lados...”
“Ostia, ahora que lo dices un primo mio me dijo algo de que quería cambiar el coche, deja que le pregunte y mañana te digo”
Josep se despidió después de dos cervezas más, según él su mujer lo mataría sino volvía a casa para contarle que había cerrado la venta de la vieja masia.
Para cuando salió del bar y llegó al aparcamiento a la entrada del pueblo, había una policía local inspeccionando la furgoneta por fuera. Era alta, con buen cuerpo, pero tenía un gesto de mala leche en la cara, como si no estuviese satisfecha con su vida.
“¿algún problema?”
“Aquí no se puede acampar, no puedes dormir en una de estas dentro del municipio...”
La agente había comenzado hablar antes ni siquiera de ver que pinta tenía el dueño de ese vehiculo prohibido. Logicamente ver a un tipo rubio de más de dos metros le llamó la atención.
“No pensaba quedarme aquí no se preocupe...”
“¿y donde piensas dormir? No soy idiota, es tarde, y no encontrarás ningún camping a estas horas que te deje instalarte...”
“No pensaba ir a un camping”
“Mira, no se quien eres pero no me gustan los que se hacen los listos, ¿llevas documentación?”
Era una petición estúpida, chulesca, más por joder que por otra cosa, pero Ewan sacó su pasaporte y tarjeta de residencia. Aunque la agente de policía no pudo detectar que los documentos eran falsos había algo en la actitud segura de ese tipo que no le gustaba, que no encajaba.
“Así que Ewan, ¿donde vas a dormir?¿tienes plaza en el hotel?”
“No, pensaba llevarla a la entrada de la masía de la cuñada de Josep el Ferreter, le voy a comprar la casa, me ha dejado las llaves para quedarme allí mientras la arreglan...”
“Lo comprobaré, pero puedes marcharte...”
La mujer no se disculpó y estaba apunto de darse la vuelta para subirse en su todoterreno y dejar allí al “nuevo”. Pero Ewan sonrió.
“¿como se llama agente? Si voy a ser un nuevo vecino me gustaría ir conociendo a la gente del Pueblo."
La chica se giró, ahora un poco más relajada.
“Joana Senyer, y soy sargento no agente, por si te interesa...”
Ewan sonrió, ese primer día de su vida había sido largo. Llegó en unos minutos a su nueva masía, aparcó la gran furgoneta en la parte de la entrada y descorrió el toldo, sacó una mesa y una silla y se dispuso a quedarse allí mirando a las estrellas. Le esperaban días distraidos mientras se acostumbraba a su nueva vida.