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La cárcel del dinero

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Summary

Ryan Taylor, la cara visible de la distinguida empresa inmobiliaria Terranova, a sus treinta y dos años tiene todo lo que cualquiera pudiera desear. Es el ejemplo perfecto que todos esperan que sea: responsable, inteligente y siempre correcto. Su futuro estuvo decidido desde que nació, así como su compromiso con la hija del socio más importante de su padre. Todo estaba planeado para ser como se esperaba, el único problema era que Ryan no era feliz. La vida comienza a cambiar cuando conoce a un joven chico en un evento de la empresa, una persona que no pertenecía a su mundo, alguien a quien no le interesaban los apellidos, ni los títulos. Y por primera vez en casi toda su existencia, Ryan comienza a replantearse si la vida que está viviendo realmente le pertenece... o si no es más que una cárcel de cristal que beneficia a todos pero no a él.

Genre
Lgbtq
Author
Hunterhaven
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 Terranova

Ryan caminaba por los familiares pasillos de Terranova de la misma forma en la que lo había estado haciendo durante toda su vida adulta. Aquel edificio, siempre tan impecable y frío, se sentía como su propio reflejo: todo mármol, cristales pulcros y luces tan blancas que no dejaban espacio alguno para lo que no fuera perfección. Todo en ese lugar estaba estratégicamente diseñado para que funcionara como estaba establecido, hecho para mantener el orden, para que no existieran fallos ni grietas.

Ryan siempre había formado parte de ese orden.

—Señor Taylor, buenos días. La reunión programada con los inversores está lista para comenzar en diez minutos. —Noel, su asistente, le avisó de forma solemne.

—Lo sé, gracias y buenos días.—respondió Ryan sin detenerse. No estaba del mejor humor y aunque normalmente no se involucraba de más con sus trabajadores, no era un maleducado.

Pero tampoco necesitaba ningún tipo de recordatorio. Su día ya estaba planeado antes de empezar. Todas las reuniones, llamadas, firmas y decisiones, estaban pensadas de manera fría y calculada con atención. Inclusive la cena de esa misma noche que tenía un propósito que no había elegido precisamente él y que su padre le había recordado por mensaje de texto.

“No olvides llegar puntual.”

Ryan no se tomó el trabajo de responderle, no lo encontraba necesario y para ser sinceros, tampoco tenía ganas de lidiar con John tan temprano. Dejó el teléfono sobre el escritorio en cuanto llegó a su despacho y recogió las carpetas que debía llevar al salón de reuniones para darse la vuelta y salir con rumbo a ese lugar. No demoró en llegar y cuando lo hizo ya estaban presentes todos aquellos que debían participar. Saludó con educación pero sin sonreir y dio inicio al meeting.

La reunión transcurrió de la misma forma que la mayoría de ellas. El tiempo pasó como siempre, con palabras elegidas cuidadosamente y sonrisas tan falsas y fingidas que removían el estómago. En Terranova todo estaba calculado, nadie se atrevía a decir lo que realmente pensaba porque corrían el riesgo de perder más que un trabajo. Así que esa mañana, como la mayoría, Ryan sintió que estaba cansado de seguir siendo un robot.

Al terminar la reunión, los inversores se despidieron entre apretones de manos y sonrisas forzadas que no decían nada real, todos estaban al tanto de que lo único importante era el dinero que se pudiera generar a partir de los contratos. Ryan se mantuvo sentado algunos minutos más después de quedarse solo mientras miraba los documentos que tenía frente a él. Todo se había aprobado, las cosas estaban en el orden correspondiente.

Todo menos él que seguía teniendo la misma sensación de vacío con la que vivía a diario.

—Señor Taylor —la voz de Noel, su asistente, lo sacó de sus pensamientos—. Su padre me pidió que le recordara que esta noche es la cena de Terranova para honrar a los socios.

Ryan cerró la carpeta con calma y se tomó su tiempo en responder.

—Lo sé.

La dichosa cena no era una simple reunión, no, era una de aquellas noches en las que la empresa pasaba a convertirse en un espectáculo. Una noche para que las familias más influyentes e importantes se reunieran a fingir que se agradaban. Era un evento donde se buscaba marcar las posiciones y rangos y además, para recalcar que él era el futuro de Terranova.

“Esa noche es demasiado importante, así que compórtate a la altura.”

Le dijo John dos días atrás y Ryan se había tragado el veneno que quería responderle. Como siempre.

El resto del día pasó de la misma forma que todos los demás, ahogado entre papeles y correos electrónicos. Ryan ni siquiera se tomó la hora de almuerzo debido al cúmulo de trabajo que tenía, solo bebió un jugo de frambuesa que Noel le llevó al percatarse de que no había comido nada. Eran casi las cinco y media cuando finalmente apagó la computadora, la dichosa cena estaba prevista para las siete, así que no le quedó más remedio que marcharse a su apartamento. Debía ducharse y prepararse para no llegar tarde.

El viaje a casa fue bastante tranquilo y en menos de veinte minutos ya estaba saludando al conserje del edificio donde vivía. Subió al ascensor y marcó el número de su piso con cansancio, sabía lo que tenía que enfrentar esa tarde y a pesar de estar mentalmente preparado para ello, su interior le pedía a gritos quedarse tumbado en su cama y olvidarse del resto del mundo.

Una vez entró a su apartamento, fue directo a la ducha donde pasó largos minutos limpiando su cuerpo. Dejó que el agua tibia bañara su piel y tratara de llevarse consigo la amargura que le recorría el alma. No era feliz, tal vez nunca lo había sido pero últimamente todo parecía afectarlo más. Salió del baño envuelto en una toalla y se dispuso a prepararse. Un traje recién comprado colgaba en su funda dentro del closet. Ryan no demoró en vestirse y una vez que estuvo perfectamente peinado con su perfume puesto se miró al espejo.

La imagen frente a él era engañosa. Su cabello rubio arreglado elegantemente se veía bien y la barba bien cortada le daba un toque más interesante. Los ojos azules y grandes siempre eran un plus, sabía que llamaban la atención por el tono particular que tenían y por aquellas pestañas rizadas que lucían irreales. Ryan sabía que se veía bien, medía un metro ochenta y ocho y tenía un excelente cuerpo trabajado con consistencia en el gimnasio. Era sin dudas, la figura perfecta, el ejemplo de hombre saludable y sexy.

Pero detrás de todo aquello que brillaba en el exterior, vivía una sombra que amenazaba con consumir aquel brillo.

No se consideraba una persona superficial, tampoco era de aquellos que saltaban de cama en cama solo porque podía permitírselo. Ryan llamaba la atención donde quiera que iba y sabía reconocer cuando alguna mujer e inclusive hombre, deseaba pertenecerle aunque fuera por una noche. Sin embargo no lo aprovechaba, no encontraba satisfacción en ser deseado constantemente por personas que solo veían la superficie.

No era santo tampoco, obviamente tenía sexo cuando lo necesitaba pero para ello debía primero sentir atracción por la persona. Sus encuentros no eran más que físicos, casi arreglados y con normas claras. Sin sentimientos ni complicaciones, a fin de cuentas tenía una prometida y aunque jamás la había amado ni pensaba hacerlo, estaba obligado a respetarla.

Condujo su auto por las calles de la ciudad hasta llegar al hotel donde se presentaba el evento. Entregó las llaves al valet parking y suspiró tratando de soltar toda la presión y ansiedad que llevaba por dentro. Caminó tratando de pasar desapercibido, no estaba interesado en hacerse fotos ni dar entrevistas a los medios que se apilaban a las afueras del salón. Aunque tuvo que fingir que no escuchaba los llamados de los periodistas que querían lograr atraerlo, logró finalmente entrar a aquel lugar en el que tendría que usar la máscara de hielo que llevaba mostrando toda su vida.

El salón estaba perfectamente decorado, como era de esperarse, como todo lo relacionado con Terranova. Se distinguían las luces cálidas iluminando todo el espacio, las mesas impecablemente puestas y decoradas. Las copas de cristal reflejaban todo el lujo esperado sin tener la necesidad de exagerarlo. Todo era sofisticado, elegante y como siempre, controlado.

Saludó a varias personas que conocía de memoria, algunas que llevaba años viendo pero con las que no compartía absolutamente nada real. Habían socios e inversionistas, los más importantes, por supuesto que llevaban a sus familias como acompañantes. Todos sabían perfectamente que aquella era una ocasión para hacerse notar, para intentar sacar provecho de algo, para fingir que eran buenas personas.

No tardó mucho en tener la desdicha de ser visto por su prometida y ella, por supuesto, fue directamente a su encuentro. Ryan no la soportaba, era guapa, si, casi parecía una modelo con sus piernas largas y su cabello castaño por la cintura pero aquello no era más que una pantalla. Detrás de la belleza física de Amy, se escondía un alma horrible y un carácter insoportable.

Y esa era una de las cosas que más le incomodaban a Ryan, el hecho de estar obligado a pasar el resto de su vida junto a una persona tan vacía y arrogante como ella.

—Tu padre estará muy satisfecho de saber que llegaste a tiempo.—comentó Amy con aquel tono meloso que utilizaba con él y que tanto le molestaba.

—Me alegra escucharlo —respondió Ryan con educación pero no con sinceridad.

La verdad era que no le importaba lo que opinara esa mujer, mucho menos lo que pensara John pero sabía que debía mantener la cordura y proyectar la imagen que se esperaba de él.

Amy siguió hablándole sobre cosas que no le interesaban para nada y Ryan no tuvo más remedio que fingir que la atendía. Su mente daba vueltas sin parar, deseando que se acabara la noche para largarse de ese sitio donde todo era falso. Necesitaba alejarse de ella, lo asfixiaba, la rechazaba con todas las fuerzas de su corazón.

Intentando concentrarse el cualquier cosa que no fuera la voz chillona de Amy, divisó el movimiento del servicio entre las mesas. Era su oportunidad para alejarse de ella y así lo hizo. Interrumpió con fingida amabilidad lo que estaba diciendo con la excusa de buscar una copa y se marchó. Al principio no prestó mucha atención al entorno, solo caminó hacia uno de los meseros en su intento de huida pero antes de llegar a él una voz desconocida lo hizo detenerse.

—Disculpe, señor.

Ryan levantó la vista.

Frente a él se encontraba un joven de cabello platinado con una bandeja llena de copas. Vestía el uniforme del evento, como el resto del servicio pero había algo en él que lo diferenciaba del resto del personal.

No mostraba la sonrisa automática ni el fingido entusiasmo que esperaba encontrar en alguien cuya tarea era servir a millonarios.

—¿Le apetece una copa? —el chico preguntó sin mirarlo directamente y Ryan tal vez demoró un segundo de más en reaccionar.

—Gracias —respondió finalmente y tomó una de las finas copas que se posaban sobre la bandeja, sintió el ligero impulso de decir algo más pero el mesero simplemente asintió y siguió su camino.

Como si no le interesara agradar, como si no supiera quien era él o si no le interesara.

Y eso, por alguna razón, le quedó dando vueltas en la cabeza.

Bebió de su copa copa tratando de controlar las sensaciones que se acumulaban en su interior y agradeció en silencio el sabor del líquido bajando por su garganta. Apenas comenzaba la noche y ya se sentía completamente saturado. Entregó la copa vacía a una joven mesera que que la recibió con una sonrisa y decidió que era momento de regresar a cumplir su papel y seguir saludando a los invitados.

Tuvo que soportar conversaciones falsas que no le interesaban para nada y de alguna forma Amy volvió a acercarse a él, así que debió escucharla hablar con aquella voz chillona durante casi media hora. Imaginó que hablaba de su compromiso y de los preparativos de una boda impuesta que si dependía de él, nunca iba a ocurrir pero lo cierto era que no le prestó verdadera atención.

La cena como tal aún no se había servido y no es que tuviera deseos de sentarse a la mesa con su padre y aquella mujer pero al menos podía utilizar la comida como justificación para no tener que hablar constantemente. Cada segundo que pasaba, lo hacía sentir más agotado que el anterior.

Así que cuando no pudo soportar más el sonido constante de las voces del salón, sobre todo la de Amy, se excusó otra vez y se alejó con la intención de lograr unos minutos de paz. Caminó sin rumbo fijo y terminó su viaje cuando se percató de que había llegado a uno de los amplios baños privados del hotel.

El sitio estaba vacío.

O eso pensó.

En cuanto cruzó la puerta, escuchó el sonido del agua corriendo en uno de los lavamanos. Suspiró, no tenía deseos de lidiar con nadie y en caso de que fuera uno de los inversores, lo más probable era que tuviera que aceptar una conversación. Avanzó un par de pasos para dirigirse directamente a los lavamanos solo para encontrarse con la sorpresa de que era nuevamente aquel mesero de cabello platinado.

Estaba solo.

Tenía las mangas de la camisa de uniforme remangadas para no mojarlas y Ryan pudo notar una expresión de evidente cansancio en su joven rostro. Se detuvo en seco cuando se percató de que el chico había notado su presencia, el joven había girado en su dirección con cautela y fue ahí, por primera vez, que sus miradas se encontraron.

El mayor necesitó un segundo adicional para reaccionar, los ojos de aquel mesero eran sin duda alguna, los más extraños e increibles que había visto en su vida.

Uno era azul.

El otro... verde.

Llamaba tanto la atención que era imposible despegarle la mirada y se encontró a si mismo perdido en aquellos colores que le devolvían el gesto sin decir nada. Por algunos tensos y largos segundos, mantuvieron el silencio hasta que finalmente fue el chico quien rompió el contacto. Cerró la llave del agua y se secó las manos con una toalla de papel antes de habar.

—Lo siento.

Ryan frunció ligeramente el ceño ante aquellas palabras. No comprendía por que se disculpaba.

—¿Por qué?

—Creí que no había nadie.

La respuesta fue tan simple como inesperada y Ryan sintió como sus labios formaban una muy ligera sonrisa. En eventos como este, la mayoría de las personas aprovecharían hasta la mínima ocasión para hablarle, impresionarlo o intentar acercarse de cualquier manera.

Pero él no.

La verdad es que parecía estar incómodo.

—No te preocupes, al final es un baño público.

—Gracias.

El muchacho asintió con un leve gesto de su cabeza y pasó por su lado con intención de marcharse cuando Ryan lo detuvo.

—Tus ojos...

—¿Qué pasa con mis ojos?

La rápida pregunta tomó a Ryan desprevenido. No sentía que el chico proyectara incomodidad, tampoco orgullo, parecía preguntar de forma sincera.

—Son... diferentes.

Habló finalmente y quiso golpearse en cuanto se dio cuenta de que no había hecho más que decir algo obvio.

—Lo sé.

El chico respondó con tranquilidad y Ryan observó sorprendido como aparecía en las comisuras de los labios del muchacho, una muy pequeña sonrisa.

—Buenas noches, señor, con permiso.

El mesero abandonó la estancia si darle tiempo a decir algo más y Ryan no pudo hacer otra cosa que permanecer en silencio mientras se quedaba solo en aquel baño lujoso.

Era por lejos, la conversación más corta y sin sentido que había tenido en toda la noche.

Perso sin lugar a dudas, también había sido la única auténtica.

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Strong Dialog

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Bueno esto promete y no es aburrimiento
Dime por favor que tendremos actualizaciones frecuentes 😜🙏🙏

2 months
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