Prólogo
Astrael, un lugar que aún se deshacía de algunos estragos de la guerra mágica; la destrucción de algunos pueblos. Y sin olvidar el portal que los une con el reino vecino: el reino de las sombras.
Un grupo de amigos algo peculiar, un grupo de criaturas inmortales; una elfo, una guerrera, una criatura de la noche y un ser de sol. Ciertamente, con el fin de la guerra se pensaría que ya todo estaba resuelto, seguías con tu grupo de amigos intacto después de todo, ¿verdad?
Althea había perdido a Helior gracias a la guerra mágica, pues las criaturas del sol no eran totalmente inmortales como ella y los demás. Ella se dio cuenta de que lo extrañaba un poco, pero jamás lo admitirá delante de ningún ser vivo; no necesitaba parecer débil y herida y, después de todo, Helior jamás habría querido verla triste. Siendo sinceros, Althea jamás se dio cuenta de las claras señales que dejó Helior frente a ella y ahora solo era capaz de observar el colgante que él en su momento le regaló.
Todo cambia cuando,vagando en busca de aventuras con los suyos, alguien cuenta la historia de que si el alma no quería irse, dejaba una parte de ella en el plano terrenal para que, cuando un ser querido la encontrara, poder volver. Althea, en medio del caos entre la historia, se da cuenta que ese simple cariño de amigos realmente ers algo más y se dispone a encontrar esa parte de el alma de Helior que ella siente que deambula por el plano terrenal con el objetivo de traerlo de vuelta.
Todo es más facil si estás junto a tus amigos, ¿no? Pero a Althea , igual de despistada que siempre, se le olvidaba algo; que las aventuras además de batallas ganadas, traen problemas, consecuencias, dolor y pérdidas. Esta aventura sería mucho más difícil que todas las anteriores pues en Astrael es tan facil como parece y, para su pesar, el reino de las sombras se estaba rebelando en busca de algo que ellos mismos le habían arrebatado; el poder absoluto.