Chapter 1
Mientras tomaba café y fumaba un cigarrillo frente la ventana, veía jugar a los niños, es domingo por la tarde y los pequeños jugando sin problemas ni preocupaciones me daban una extraña, pero reconfortante paz y alegría que no podía explicar. Ahora vivía demasiado bien en comparación de los años de mi niñez. Mi casa estaba ahora en un buen vecindario, tranquilo, dónde los niños podían disfrutar en las calles tranquilamente y regocijarse en su imperturbable inocencia. Eso me llenaba enormemente de una paz y tranquilidad. Volteo hacia atrás y observo el televisor encendido, están transmitiendo la última película de Superman. No sé porque, pero de un momento a otro mi mente comienza a jugarme sucio, y viejos recuerdos de mi infancia perturban la paz y tranquilidad en la que me encontraba con severa rudeza.
Recuerdo la tarde de un lunes cuando tenía alrededor de once años era en año de 1999, veía las caricaturas he imaginándome como sería yo si fuera un súper héroe como los de la televisión y que poderes me gustaría tener, boberías de los niños; también me imaginaba como sería, si lo que veía en televisión fuera real, los súper héroes que atrapan a los tipos malos y todo termina bien como la caricatura de Batman que acababa de ver; la familia perfecta de las series que pasaban a diario, la que tenía autos de lujos con casa grande y bonita, los viajes de vacaciones en familia y que a pesar de las discusiones entre los padres y los hijos, y los enredos que eran parte de la sátira, todo terminaba bien, riendo por todo el desastre que eran parte del show. A la vez me preguntaba si alguien de verdad vivía así como en la tele; siendo el súper héroe de alguna historia, el padre o la madre modelo de la tele. Un mundo como en la televisión donde todo es risas y alegría, dónde todo sale bien, un lugar en el cual el bueno siempre gana sobre el malo. La verdad no había visto nada así en la vida real y me preguntaba si existía algo así en el mundo y que yo no conocía aún. Pero al ver por la ventana, la realidad era algo muy distinto a lo que veía en aquel viejo televisor. Ver cómo el vecino coquetea muy sonriente con la vecina tras salir de su casa después de darle una golpiza a su mujer; porque hace más de dos meses que no tenía empleo y estaba todo el tiempo molesto, desquitando su furia con la pobre mujer y los pequeños vástagos. Aquella que aguantaba callada tal martirio porque no sabía dónde más ir con los niños, ni podía sustentar a aquel trío de infantes; no tenía quien le tendiera aunque sea un poco ayuda; los padres de la pobre desdichada habían fallecido ya hace mucho tiempo sin siquiera dejar un techo que heredar a su desventurada descendencia, eran personas muy pobres que a duras penas podían conseguir para comer y pagar el alquiler al final de cada mes, de la pequeña pieza en la que habitaron hasta el día de su partida; ella era la menor de dos hijos que tuvieron sus padres, su hermano mayor quien laboraba como ayudante de albañil en una obra del estado, había desaparecido sin dejar rastro alguno un sábado por la tarde después del cobro de la semana e irse a tomar un par de cervezas con unos amigos del trabajo, habrían pasado un par de años de aquel evento; un par de sus familiares más cercanos vivían muy lejos y rara vez la llegaron a visitar, eran también personas humildes que trabajan solo por el sustento del día, aunque hubiesen deseado ayudar a aquella pobre madre, tampoco hubiesen podido con tal carga. Aguantaba aquellas bestiales palizas que le daba aquel pobre desgraciado cada vez que le daba la gana porque según, pensaba ella, no le quedaba de otra; sus hijos llorando, mientras consuelan a su madre que llora desconsolada y se preguntaban porque estaba molesto papá está vez. No sé parecía en nada a lo que veía en la tele.
Al salir a la puerta de la casa el embrollo era algo aún peor, recuerdo que ví pasar al Jonathan quien ya había cumplido sus dieciséis. Este había dejado el colegio hace mucho tiempo ya, era un vago sin ningún beneficio. Su padre estaba encarcelado desde que aquel ser tenía alrededor de nueve años, según escuche una vez, fue porque había matado a un hombre cuando este no permitió que lo asaltaran al salir del trabajo. Por otro lado estaba su madre a quien le daba igual lo que hiciera en joven siempre y cuando le consiguiera aguardiente y comida, no importaba de dónde provenía en dinero. Al muchacho lo único que le encantaba era el vicio, andar de fiesta en fiesta y enamorar a las chicas del barrio, y el dinero que se gastaba era gracias a la mercancía que le vendía a su amigo “El mata puerco” el más recio del barrio. Una Glock diecinueve con treinta y dos balas eran como su rosario, no salía sin ella, paseaba el vecindario sin temor a nada; temerle a que? O a quien? Si es a él a quien todos temían; a su corta edad ya tenía a seis difuntos encima que pensaban que “Tiro loco”, como lo habían apodado ya en aquel entonces, todavía jugaba con carritos; las ínfulas de grandeza con las que paseaba el barrio no se las quitaba nadie, o eso pensaba él; lo que no sabía, ni veía venir, era que al doblar la esquina estaba “El pedrito” quien era el hermano menor de uno de los que “Tiro loco” le dio de baja, desde hace rato que lo tenía en la mira por obvias razones. Antes de que Jonathan llegara a la esquina recuerdo que salió Pedro y le descargo seis balazos desde un 38 Smith & Wesson que brillaba desde lejos; a pesar de que todo fue tan rápido al “Tiro loco” le dió oportunidad de soltar tres cañonazos también, con la mala suerte que no atinó ni uno solo de los tres disparos; o bueno… no a quien debía, al otro lado de la acera se encontraba Javier quien se dirigía hacia el colegio, iba un poco tarde porque como era costumbre debía hacer el almuerzo de sus dos hermanitos menores ya que era él quien cuidaba de sus hermanos mientras sus padres trabajaban. Al parecer iba distraído y no se percató lo que estaba sucediendo. El no tuvo la misma suerte que “El pedrito”; una de las balas alcanzó a darle en medio de las dos cejas. Murió en el acto. Yo fui a esconderme; recuerdo que lloré mucho aquel día, el era un buen amigo; había tenido una vida muy dura la verdad, me dio mucha tristeza que su vida terminara de aquella manera tan trágica. Javier era el mayor de tres hermanos, su madre trabaja recuerdo, como señora de limpieza en la casa de una familia adinerada, siempre trabajando para darle lo mejor que podía a sus hijos, era una buena madre, a pesar de que ella y su esposo trabajaban, las carencias del hogar nunca faltaban, más porque la mayor parte del dinero que ganaba su padre, siempre lo malgastaba en alcohol y mujeres, el trabajaba como albañil y a pesar de que en ocasiones ganaba buen dinero la mayor parte lo invertía en cervezas, no había fin de semana que no llegase ebrio y muchas veces sin dinero a su hogar. Llegó a mi mente una vez en la que Javier tuvo que faltar una semana al colegio porque su padre lo golpeó con tal brutalidad que casi no podía caminar, la razón de su acción fue porque, según me contó Javier en una ocasión, fue no poderle conseguirle un par de cervezas que este le había encargado un domingo por la noche, porque todo había cerrado. Javier había tenido una vida caótica; a pesar de ello, siempre podías observar una sonrisa en el rostro de aquel joven, siempre estaba sonriendo a pesar de la ruda adversidad. (Ay pobre muchacho, bueno… Por lo menos no sufrió) Comentó la vecina que se sabía la vida de todos en el barrio. Me dió mucha tristeza e impotencia aquel hecho la verdad, era un buen muchacho. Siempre que tenía tiempo jugaba con nosotros los más pequeños; ya casi terminaba el bachillerato recuerdo. Tres meses antes mientras conversamos una tarde me había comentado que quería ser doctor, y yo le había preguntado: pa’ que?; me dijo que quería ser un doctor como el señor al que le trabajaba su mamá limpiando la casa, siempre escuchaba a su madre decir lo bonita que era la casa del Doctor Hernán, del carro nuevo que había comprado, el videojuego nuevo que le habían comprado a los niños y lo bonita que estaba la señora Francisca, la esposa del doctor; lejos de envidiarle creo que lo admiraba. El al igual que yo soñaba con un mundo lejos de tanto caos, una vida como en la tele. Me había contado que ya prácticamente estaba dentro de la escuela de médicos gracias a sus buenas calificaciones. El casi siempre estaba estudiando. En parte no lo entendía, tampoco sabía porque me contaba eso a mí que a los once años no sabía ni porque había que estudiar tanto. El he era quizás porque no tenía amigos de su edad, siempre lo molestaban porque era un ratón de biblioteca como lo llamaban. Me contaba aquella vez que quería comprarle una casa grande y bonita a su mamá y a sus hermanitos para que no tuvieran que pagar más renta , también me decía que quería tener mucha plata para que su madre no tuviera que trabajar nunca más. Me dijo sonriendo: Tienes que estudiar mucho, yo lo hago porque quiero vivir como los Doctores de la tele.
Pero aquel día frente la puerta de su hogar, todo había terminado. Esa historia no era como en la tele.
Aunque trágico aquel momento, no era de extrañarse ese tipo de situaciones en el barrio, era algo cotidiano, una semana antes habían asesinado a otro vecino para robarle un par de zapatos nuevos cuando esté se dirigía a su trabajo a las cuatro de la mañana. Se comentaba que pudo haber sido “Tiro loco” el responsable, pero la verdad nunca se supo quien había sido el verdadero responsable de aquel acto.