Prólogo.
Siempre había creído que mi vida era miserable y sin sentido. Las historias de héroes siempre empiezan así, hasta que llega alguien a mostrarles que son más de lo que realmente creen, pero eso no paso conmigo...
Nunca alguien me dijo que mi potencial era inigualable, yo misma tuve que descubrirlo. Yo misma tuve que entender que mi vida valía lo mismo que las demás solo por ser yo misma.
Aún así... Los demonios siempre quieren arrebatarlo todo. Son destructores y asesinos. Verdugos de la alegría.
—¡Ah! —grité cayendo sobre la nieve helada. Mis manos, que antes sostenían la madera, ahora se quemaban con el frío del hielo.
¿Qué era esa cosa tan horrible? Los rumores sobre las criaturas que se llevaban a las personas... ¿Por qué? ¿Por qué ahora? Apenas estoy aprendiendo a amar mi vida, ¿Y así va a terminar?
—¿Estás bien...?








