𝐃𝐔𝐋𝐂𝐄 𝐏𝐄𝐂𝐀𝐃𝐎

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Summary

Lim Hari ha pasado toda su vida mirando desde lejos. Observando en silencio, guardando sentimientos que nunca se atreve a nombrar. Para ella, amar es callar. Es bajar la mirada cuando él pasa, sentir el corazón acelerarse sin razón, preguntarse si algún día será vista. Hari cree que su amor es invisible, que su presencia no deja huella… que solo es una chica más admirando a alguien inalcanzable. Ella no sabe que su silencio lo ha dicho todo. No sabe que mientras ella lo mira con timidez, él la observa con una intensidad que asusta. No sabe que su inocencia es el centro de su obsesión. Hari solo desea una cosa, sencilla y peligrosa a la vez: ser elegida. Pero cuando descubre que no siempre fue invisible, su mundo empieza a romperse. Porque amar en silencio es seguro… pero ser deseada por alguien frío, distante y oscuro, puede cambiarlo todo.

Genre
Romance
Author
Jasi
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

001

La preparatoria Iche On despertaba con un nuevo ciclo escolar.


Los pasillos, impecables y amplios, se llenaban poco a poco de voces nerviosas, risas contenidas y miradas curiosas. Era el inicio de un año más… pero no uno cualquiera.


Porque en aquella institución había un nombre que no dejaba de repetirse.


—¿Ya la viste?


—Dicen que parece irreal


—¿Es modelo?


Lim Hari.


Su nombre flotaba en el aire como un susurro constante, como si incluso las paredes lo recordaran. Nadie parecía cansarse de mencionarlo. Nadie parecía indiferente.




Ella apareció.


Caminando entre los nuevos estudiantes, sin prisa, sin pretensión… como si no fuera consciente de la forma en que el mundo a su alrededor se detenía.


Su presencia era suave… casi como un cuento de princesas.


Su cabello, largo y sedoso, caía en delicadas ondas doradas que capturaban la luz de la mañana, formando destellos cálidos alrededor de su figura. Cada mechón parecía colocado por el viento con intención, como si la naturaleza misma la protegiera.


Su piel… pálida y perfecta, tenía la pureza de la porcelana fina. No había imperfecciones, ni marcas… solo una suavidad que parecía imposible de tocar sin romperla, acompañado de un rubor dulce

Sus ojos


Grandes, de un tono claro y profundo, como si guardaran una tristeza suave escondida tras su dulzura. Sus pestañas largas enmarcaban su mirada, dándole una expresión frágil, tierna,como si siempre estuviera viendo el mundo con inocencia.


Sus labios, pequeños y rosados, mantenían una sonrisa leve, dulce, sincera ,una de esas que no buscan atención, pero la roban sin esfuerzo.


Y su porte


Delicado. Ligero. Elegante naturalmente.


Cada paso suyo era silencioso, como si no quisiera perturbar el entorno… como si no perteneciera del todo a ese lugar.


—No… no puede ser real… —susurró alguien.


Pero lo más sorprendente


Era que ella no lo sabía.


No sabía que cada mirada estaba puesta en ella.


No sabía que los murmullos nacían a su paso.


No sabía que su sola existencia provocaba suspiros, admiración… e incluso envidia.


Lim Hari simplemente caminaba.


Sonriendo dulcemente.


Como siempre.






No había arrogancia en ella.


No había conciencia de su impacto.


Solo una dulzura infinita

Un ángel… que no sabía que había caído en medio de un mundo que jamás sería inocente con alguien como ella.





—¿Me podrías pasar tu número de celular?

—No, lo siento.



—E-eres muy bonita… ¿podrías pasar tu Instagram?

—No, lo siento.




—¿Podemos intercambiar números?

—No, lo siento.



—Solo… una oportunidad para conocerte mejor

—No, lo siento.



—¿Al menos tu contacto… cualquier red?

—No, lo siento.



Los rechazos eran suaves. Nunca bruscos. Nunca hirientes. Pero firmes.

Siempre iguales.

Siempre con esa misma voz delicada que no dejaba espacio para insistencias.

Una risa ligera, casi musical, rompió la escena.

—Ja… esto ya es costumbre.

La chica de cabello oscuro observaba con diversión a otro estudiante retirarse derrotado, rascándose la nuca, claramente avergonzado.

Se acercó a la rubia, cruzándose de brazos con una sonrisa ladina.

—¿Hari, cómo es que no te cansas?

Lim Hari levantó la mirada con una expresión confundida, sus ojos claros parpadeando suavemente.

—¿Hm…?

La chica soltó una pequeña carcajada, inclinándose un poco hacia ella.

—Si yo fuera tú, me pondría un letrero en la frente diciendo “No, lo siento” y me ahorraría hablar.

Por un segundo…

Hari se lo imaginó.

Un pequeño cartel colgando de su frente, balanceándose cada vez que caminaba… con esas palabras escritas en grande.

Una sonrisa dulce y casi infantil apareció en sus labios.

—No digas eso, Wonn…

Su voz era suave, casi como un susurro.

Pero su amiga no parecía convencida.

—Hablo en serio —continuó, señalando con el pulgar hacia atrás—. Llevamos apenas un año en esta escuela, y desde que entramos, cada semana como menos doce estudiantes te piden tu número.

Hizo una pausa dramática.

—Si sumamos eso en un año… prácticamente es más de toda a escuela.

Hari bajó la mirada, ligeramente avergonzada, entrelazando sus dedos con delicadeza.

—Y nunca le das oportunidad a nadie —añadió Wonn, arqueando una ceja—. A nadie.

Un pequeño silencio se formó entre ambas.

El viento movió suavemente el cabello dorado de Hari, haciendo que algunos mechones acariciaran sus mejillas.

Ella sonrió… pero esta vez, su sonrisa era distinta.

Más íntima.

Más reservada.

—Solo me interesa una persona

Desde hace tiempo…


Wonn la miró fijamente, su expresión cambiando de burla a curiosidad.

—¿Por qué le eres tan fiel si no son nada?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Hari no respondió de inmediato.

Sus dedos se aferraron suavemente a la tela de su corta falda y su mirada, por un instante, se perdió.

Wonn no necesitó preguntar.

Sus ojos se entrecerraron apenas

—Otra vez él… —murmuró, ladeando la cabeza.

Hari no respondió de inmediato.

Su mirada se desvió ligeramente hacia el suelo, mientras una brisa suave movía su cabello dorado, envolviéndola en esa aura tranquila que parecía seguirla a donde fuera.

Wonn suspiró, cruzándose de brazos.

—Hari… —su tono cambió, más serio—. Ya sabes que eso no tiene sentido.

La rubia levantó la vista, parpadeando con inocencia.

—¿Qué cosa…?

—Eso de quedarte esperando.

Un pequeño silencio.

—Me dijiste quién es —continuó Wonn—. Lo ves todos los días… está literalmente en la misma escuela que tú… y aun así no haces nada.

Hari entrelazó sus dedos con suavidad, llevándolos cerca de su pecho.

—Yo… no puedo…

—¿Por qué no?

La pregunta fue directa.

Pero Hari no se sintió atacada… solo dudó.

Sus labios se entreabrieron ligeramente antes de responder, con esa voz dulce que parecía temer romper algo invisible.

—Mi papá siempre dice que… una mujer no tiene que dar el primer paso.

Wonn rodó los ojos con dramatismo.

—Claro… típico.

Hari bajó la mirada, pero continuó, como si repitiera algo que había guardado durante mucho tiempo.

—Que una mujer no debe perseguir… ni esperar a ser elegida…

Sus palabras eran suaves, pero firmes.

Era algo que creía.

O al menos… algo que había aprendido a creer.

Wonn la observó en silencio unos segundos… y luego soltó una risa corta, incrédula.

—Hari…

Se acercó un poco más, inclinándose frente a ella para obligarla a mirarla a los ojos.

—Eso funcionaría… si tú fueras invisible.

Hari parpadeó.

Confundida.

—Pero no lo eres —añadió Wonn, señalándola ligeramente—. Es imposible que alguien no te note.

Y era verdad.

No importaba dónde estuviera.

No importaba si hablaba o no.

Lim Hari siempre era vista.

Siempre era observada.

Siempre… recordada.

—Así que eso de “no ser elegida”… —Wonn negó con la cabeza—. Por favor.

Hari se quedó en silencio.

Sus dedos se apretaron un poco más entre sí.

Entonces… ¿por qué…?

Su corazón dio un pequeño vuelco.

¿Por qué él…?

Porque entre todas esas miradas…

Entre todos esos suspiros…

Entre todas esas personas que la buscaban sin descanso…

Había alguien…

Que no.

Y eso…

Era lo único que importaba.

—Además —continuó Wonn, con una media sonrisa—, tú no lo estás persiguiendo por desesperación.

Hari levantó la mirada lentamente.

—Te gusta.

Así de simple.

Así de claro.

El leve rubor en las mejillas de Hari fue suficiente respuesta.

—Y cuando te gusta alguien… haces algo —añadió Wonn—. No te quedas esperando a que el destino haga todo.

Hari guardó silencio.

Su corazón latía más fuerte de lo normal.

¿Hablarle…?

La idea la ponía nerviosa.

¿Y si… me rechaza…?

Sus labios se presionaron suavemente.

¿Y si ni siquiera… me mira…?

Hari bajó ligeramente la mirada, como si observara sus propias dudas reflejadas en el suelo.

—No puedo decir que me guste… —murmuró con suavidad— porque no sé realmente cómo es como persona

Hizo una pequeña pausa, sus dedos entrelazándose con timidez.

—Tal vez… solo me llame la atención físicamente.

Wonn se quedó en silencio.

Un silencio extraño.

Largo.

Luego parpadeó.

Una vez.

Dos.

Y finalmente la miró como si acabara de escuchar la cosa más absurda del mundo.

—…¿Perdón?

Hari levantó la vista, ligeramente confundida por su reacción.

—¿Qué…?

Wonn llevó una mano a su frente, soltando una risa incrédula.

—No, no, no… espera —dijo, negando varias veces—. ¿Tú? ¿Diciendo eso?

Se acercó un poco más, señalándola con énfasis.

—TÚ eres la más bonita de toda esta escuela.

Hari abrió un poco los ojos.

—Wonn…

—No, déjame terminar —la interrumpió—. Eres literalmente el centro de todo. La gente suspira cuando pasas, se tropieza, se queda viendo como si hubiera visto un milagro y razón tienen

Se cruzó de brazos.

—Eres como… la reina de este lugar.

Hari bajó la mirada, avergonzada, sus mejillas tomando un leve tono rosado.

—No es para tanto…

—Sí es para tanto.

Wonn se inclinó un poco hacia ella, entrecerrando los ojos con sospecha.

—Por eso no entiendo.

Hari volvió a mirarla.

—¿Qué cosa…?

—¿Por qué él no se acerca a ti?

La pregunta cayó directa.

Sin suavizar.

Sin rodeos.

Hari se quedó en silencio.

Porque esa era la misma pregunta que, en el fondo… ella también se hacía.

Wonn llevó un dedo a su barbilla, pensativa.

—O sea… opciones hay.

Comenzó a enumerar con los dedos.

—Uno: está ciego.

Hari no pudo evitar parpadear, sorprendida.

—Dos: es un completo idiota.

—Wonn… —susurró Hari, intentando contenerla.

—Tres… —continuó, ignorándola—. Está evitando a propósito.

Eso hizo que Hari se quedara completamente quieta.

Su corazón dio un pequeño vuelco.

—O cuatro…

Wonn entrecerró los ojos aún más, inclinando ligeramente la cabeza.

—¿Será gay?

Hari abrió los ojos con sorpresa inmediata.

—¡Wonn!

Su voz salió más aguda de lo normal, claramente avergonzada.

Pero Wonn solo se encogió de hombros.

—Oye, es una posibilidad válida.

Hari negó suavemente, bajando la mirada.

—No digas eso…

¿Será…?

El pensamiento cruzó su mente por un segundo… y la hizo sentir extrañamente inquieta.

No.

No quería pensar en eso.

Sus dedos se apretaron ligeramente.

Entonces… ¿por qué…?

Porque no era solo que él no se acercara.

Era peor.

No la miraba como los demás.

No se detenía.

No reaccionaba.

Como si ella…

No tuviera nada especial.

Y eso

Dolía más de lo que quería admitir.

Wonn la observó en silencio por un momento.

Y su expresión, poco a poco, cambió.

Menos burla.

Más atención.

—Hari…

La rubia levantó la mirada.

—¿Y si simplemente… no le interesas?

La frase fue suave.

Pero directa.

Hari sintió algo apretarse en su pecho.

…no le interesas.

Sus labios temblaron apenas, pero mantuvo su sonrisa.

Esa sonrisa dulce que siempre la protegía.

—Está bien… —susurró.



Wonn llevó ambas manos detrás de la cabeza, entrelazando los dedos con despreocupación mientras caminaba lentamente junto a Hari por el pasillo. Su expresión se tornó pensativa aunque en ella siempre había un matiz juguetón, como si cualquier idea, por absurda que fuera, pudiera convertirse en una teoría completamente válida en su mente.

Giró ligeramente el rostro hacia su amiga, entrecerrando los ojos con sospecha exagerada.

—Te imaginas… —comenzó, alargando las palabras con dramatismo— que por andar de espía me encuentre que es gay.

Hari se detuvo apenas un segundo.

Parpadeó.

Y luego giró suavemente hacia ella, claramente sorprendida.

—Wonn…

Pero la otra no se detuvo.

Al contrario, su expresión se volvió aún más teatral. Se llevó una mano al pecho, fingiendo una herida invisible.

—Sería un golpe duro… muy duro —añadió, sacudiendo la cabeza con solemnidad fingida—. Una pérdida irreparable para la humanidad.

Hari bajó la mirada, intentando contener una risa que amenazaba con escaparse.

—No digas eso…

—¿Cómo que no? —replicó ella de inmediato, llevándose ahora la mano a la frente como si estuviera a punto de desmayarse—. Estaríamos hablando de una tragedia histórica.

Se detuvo frente a Hari, alzando una mano como si anunciara algo importante.

—Perdimos a un guerrero —declaró con voz grave, imitando el tono de un narrador épico.

Hari no pudo evitarlo.

Una risa suave y cristalina brotó de sus labios, y rápidamente llevó una mano a su boca, intentando disimularla.

—Eres exagerada…

—No, soy realista —respondió Wonn sin perder la compostura, aunque sus ojos brillaban con diversión—. Ese nivel de atractivo no puede simplemente… salirse del mercado así como así.

Hari negó con la cabeza, aún sonriendo, pero su mirada reflejaba una mezcla de vergüenza y ternura.

Wonn, al notar su reacción, volvió a caminar a su lado, balanceándose ligeramente sobre sus pasos.

—Pero bueno… —continuó, encogiéndose de hombros—. Supongamos que no es gay.

Hizo una pausa.

Una pausa peligrosa.

Hari la miró de reojo, como si ya supiera que lo siguiente no iba a ser precisamente normal.

—Entonces… —Wonn entrecerró los ojos, inclinando apenas la cabeza— tiene autismo.

Hari se detuvo de golpe.

—¡Wonn!

Su voz salió con más firmeza esta vez, claramente alarmada.

La chica de cabello oscuro levantó ambas manos en señal de rendición, aunque una sonrisa traviesa seguía dibujándose en sus labios.

—¿Qué? ¡Estoy analizando posibilidades!

Hari negó varias veces, frunciendo ligeramente el ceño, aunque su expresión seguía siendo suave.

—No puedes decir eso