Entrenamiento divino
Capítulo 1 –
El aire del Valle Carmesí se estremecía con cada golpe.
Las montañas cercanas se agrietaban por la fuerza de los impactos, y el cielo parecía rugir junto con ellos.
En medio del caos, una figura delgada y ágil se movía como un rayo.
Cabello blanco y largo con puntas violetas y ojos de un gris metálico que reflejaban calma mientras el ojo derecho era de un color celestes como el cielo…pero reflejaba algo más. Algo dormido.
Trinity.
Su ki chispeaba alrededor, mezcla de energía divina y algo más oscuro, más denso.
Golpeaba a un enemigo ilusorio creado por Black —una copia hecha de ki—, esquivando cada ataque, girando sobre un pie, lanzando ráfagas precisas que hacían vibrar el aire.
En una roca cercana, Zamasu la observaba con los brazos cruzados, su mirada serena pero exigente.
A su lado, Goku Black masticaba una manzana con una sonrisa de suficiencia.
—Tiene técnica —comentó Black—, pero le falta el toque letal.
—No necesita ser letal —respondió Zamasu sin apartar la vista—. Necesita control. Su poder no debe provenir del caos.
Black bufó. —Control, control, control… lo repites tanto que hasta yo empiezo a aburrirme.
—Eso explica por qué no aprendiste nada —replicó Zamasu con calma.
Black se rió y lanzó la manzana hacia arriba, partiéndola en dos con un simple movimiento de energía.
Mientras tanto, Trinity cayó de rodillas tras un impacto del clon. Jadeaba, pero su mirada seguía fija, desafiante.
Sus manos temblaban, pero no de miedo: de furia contenida.
Algo dentro de ella rugía, pidiendo salir.
Zamasu se levantó lentamente y se acercó.
—Detente, mortal. Siente tu respiración. Deja que el ki fluya, no lo obligues.
Ella cerró los ojos, respirando profundo. Su aura, antes violenta, comenzó a suavizarse.
Por un instante, se sintió en paz… hasta que una voz muy lejana, en lo profundo de su mente, susurró:
> “Déjame ayudarte.”
“Solo un poco de mi poder…”
Trinity abrió los ojos, sobresaltada.
La energía se descontroló, un anillo oscuro apareció a su alrededor y la tierra tembló.
Black sonrió con emoción.
—¡Ahí está! ¡Eso es lo que quería ver!
Zamasu extendió su mano con calma y detuvo la onda expansiva con un simple gesto.
—No —dijo con voz firme—. Aún no.
El aura oscura se disipó lentamente. Trinity cayó al suelo, exhausta, el sudor bajando por su frente.
—Lo… siento, maestro —murmuró.
Zamasu se inclinó un poco y colocó una mano sobre su hombro. Su energía divina la rodeó con un resplandor suave, sanando pequeñas heridas y estabilizando su ki.
—Solo sigue entrenando, no te rindas o acaso eres como los demás mortales?.
—Pero… no pude controlarlo.
—Precisamente por eso entrenas, tu poder no es una maldición. Es una prueba.
Black se acercó y le tendió una mano para levantarla.
—Y si fallas, siempre puedes destruir lo que quede —bromeó con una sonrisa torcida.
Zamasu lo miró con desaprobación.
—No la confundas con tus filosofías de caos.
—¿Qué? Solo intento motivarla.
Trinity soltó una pequeña risa, casi imperceptible.
Fue tan sutil que Black se detuvo un momento, sorprendido.
—¿Eso fue… una risa? —preguntó.
Zamasu con su clásica expresión serena.—Parece que tus emociones están regresando, Trinity.
Ella asintió, tocándose el pecho.
—A veces siento algo… pero no sé qué es exactamente.
—Es lo que te hace diferente —respondió Zamasu—. A pesar de tu poder, sigues siendo humana, una mortal.
—Tsk, humana y poderosa —añadió Black—.
El sol se puso lentamente detrás de las montañas, tiñendo el cielo de rojo.
Trinity levantó la vista, observando el horizonte.
Por alguna razón, esa luz le resultaba familiar.
Una sensación cálida y triste al mismo tiempo… como si la hubiera visto antes, en otro lugar.
Pero cuando intentó recordarlo, su mente se llenó de niebla.
Zamasu y Black intercambiaron una mirada silenciosa.
Habían sellado parte de sus recuerdos para protegerla.
Y aunque ella no lo sabía, dentro de su mente, algo oscuro sonrió.
> “No importa cuánto intentes olvidarme…”
“Yo siempre estaré aquí.”
El viento sopló fuerte, levantando polvo y hojas.
Trinity respiró profundo, cerró los ojos y volvió a su postura de combate.
—De nuevo —dijo con firmeza.
Black sonrió, encendiendo su aura rosada. —Eso quería oír.
Zamasu se colocó detrás, observando en silencio.
—Que empiece la segunda ronda.
Y el valle volvió a temblar.