Chapter 1
El arma pesaba más de lo normal en mis manos.
No porque no supiera usarla, sino porque sabía exactamente a quién estaba apuntando.
El almacén olía a pólvora y sangre fresca. Mis hombres yacían en el suelo, algunos aún respirando con dificultad, otros completamente inmóviles. Había sido una emboscada perfecta. Demasiado perfecta.
—Baja el arma —dijo él, con voz tranquila—. No vas a disparar.
Dante Moretti.
El demonio con traje caro. El hombre que, según yo, había ordenado la muerte de mi hermano. Estaba de pie frente a mí, impecable, como si no se encontrara en medio de una masacre.
Sonreía. No una sonrisa amable, sino una calculada, peligrosa.
—Te equivocas —respondí, apretando el gatillo con más fuerza—. Llevo años esperando este momento.
Mis manos no temblaban. Mi corazón sí.
Dante dio un solo paso al frente. Uno. Seguro de sí mismo, como si la bala no pudiera tocarlo.
—Si disparas —susurró—, mueres.
Reí, una risa cargada de rabia.
—¿Crees que me importa?
Sus ojos oscuros me recorrieron sin pudor, analizando cada movimiento, cada respiración. Como si ya hubiera ganado.
—No —dijo—. Pero sé que no eres estúpida.
Antes de que pudiera reaccionar, sentí manos fuertes sujetándome por detrás. Intenté girarme, disparar, hacer cualquier cosa, pero fue inútil. El arma cayó al suelo con un ruido seco.
—¡Suéltame! —grité, forcejeando.
Dante levantó una mano y todos se detuvieron.
Se acercó lentamente hasta quedar frente a mí. Demasiado cerca.
—Valentina Russo —pronunció mi nombre con calma, como si lo hubiera dicho mil veces antes—. Al fin nos conocemos.
Le escupí a los pies.
—Prefiero morir antes que obedecerte.
Su expresión no cambió. Solo ladeó la cabeza, observándome con un interés que me erizó la piel.
—Eso es lo que más me gusta de ti —respondió—. No suplicas.
Me tomó del mentón con dos dedos, obligándome a mirarlo. Su contacto quemaba.
—No me toques —espeté.
—Aprende algo desde ahora —dijo en voz baja—. Si quisiera hacerte daño, ya estarías muerta.
Me soltó.
—Llévenla —ordenó—. Con cuidado.
—¿A dónde crees que me llevas? —pregunté, desafiante.
Dante se giró una última vez antes de salir.
—A un lugar donde vas a entender que esta guerra… apenas comienza.
Mientras me arrastraban fuera del almacén, lo odié con cada parte de mi ser.
Y lo peor de todo… fue darme cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo.
Dante se giró una última vez antes de salir.
—A un lugar donde vas a entender que esta guerra… apenas comienza.
Mientras me arrastraban fuera del almacén, lo odié con cada parte de mi ser.
Y lo peor de todo… fue darme cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo.