❥ Soju by Mayjin at Inkitt
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❥ Soju

Summary

••HyunMin Él dice que el soju lo pone mal Pero su novio lo pone peor Hace tiempo que no le hace el amor. Inspirada en la canción "Aguardiente de Christian Nodal"

Genre
Erotica
Author
Mayjin
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Soju

No es la primera vez que lo veo, suele frecuentar esta zona dos o tres veces por semana, a veces viene con amigos, con compañeros de trabajo, o con su novio, solo ellos como noche de pareja o algo parecido, suele cenar carne desde la más costosa hasta la más básica dependiendo de con quien está. Va de un clásico restaurante donde también puedes disfrutar de un poco de buen licor, a un bar con música lenta ideal para relajarse y conversar o un antro con ese fuerte ambiente cargado de euforia y más licor.

Pero casi siempre termina de la misma forma, sentado fuera del local con una expresión de cansancio y fastidio, o de pie llamando un taxi pero con los hombros caídos, exhausto del día a día.

Naturalmente no sé su nombre o que es eso que lo deprime tanto, pero siempre me ha parecido interesante verlo, es muy atractivo y un poco contradictorio que se vea como un simple oficinista de traje sastre cuando cena con gente del trabajo, pero cuando está con amigos o su novio se ve jodidamente caliente en ajustados jeans y camisas casuales.

No tenía planes de conocerlo, todos lo días veo hombres atractivos e interesantes, es mi trabajo atraerlos y hacer que beban mucho alcohol en el bar en el que trabajo, mi rostro y cuerpo funcionan bastante bien así que si, gano suficientes comisiones como para vivir bien y solo tener este trabajo. Pero no, él no era el más destacable entre los muchos tipos buenos que veo a diario, si me lo preguntan, me parecía más tentativo el roquero joven que suele venir con su banda al bar, siempre me mira como si quisiera arrodillarse delante de mí con mi polla en la boca, Jeongin se llama.

Tal vez si Jeongin hubiera venido al bar esa noche en lugar de él, me lo habría llevado a la silenciosa bodega del bar y no a ese oficinista aburrido y deprimido.

Su novio estaba en una mesa conversando con sus demás amigos, pero eso parecía no importarle cuando fue al baño y se quedó ahí casi media hora, yo regresaba de la bodega, una de mis mesas estaba muy emocionaba pidiendo botella tras botella, así que me tocaba reponer las neveras, lo vi de reojo cuando fui por las botellas y quise asegurarme de que no se había quedado dormido cuando termine de rellenar las neveras, no le vi salir, no sería raro que algún cliente se quedara dormido en el baño, la mezcla de alcohol y cansancio suele provocar esa reacción, y él ya había bebido varios tragos del soju más fuerte del bar.

Estaba recostado contra la pared, de pie a un costado de la barra de lavamanos, se veía bastante abrumado, abatido, casi pude ver rastros de lágrimas en la esquina de sus parpados.

—No, solo el soju que me pone mal, —dijo cuando le pregunté si necesitaba ayuda, —beber tan rápido nunca se me da bien, —mintió, porque yo lo he visto beber botellas completas en poco tiempo y no tener reacción alguna, pero no me pareció que fuera su intención mentir, parecía justificarse a sí mismo, —estoy bien, gracias por preguntar

—Si necesitas algo, estaré en la bodega, —él me miró con interés, sonreí leve, para darle un poco de confianza, —lo digo porque parece que no quieres volver a tu mesa, así que si necesitas un taxi sin que nadie te vea, puedo llevarte por la bodega.

No tenía doble intención, puedo jurarlo que no había pensando en nada más cuando le ofrecí mi ayuda, y él tampoco parecía interesado en mí.

Sin embargo, cuando aceptó mi ayuda y le extendí la mano, él la tomó como si necesitara que yo lo llevara, y lo rodeé con mi brazo, sujetandolo de la cintura, a cada paso que dimos dentro de la bodega, algo de tensión aumentaba, hasta que él se detuvo alejándose de mí un par de pasos.

—Lo siento, —dijo apenado, —no sé en qué estaba pensando con esto, yo… no soy un infiel.

Su declaración abrió todas las puertas del infierno.

—Solo estoy borracho, el soju no me siente bien así-

—Así que es culpa del soju, —dije, cuando me miró a los ojos pensé que se reiria de mi estúpida frase o que me soltaría una sarta de maldiciones antes de patearme las bolas e irse con su novio, pero él sonrió.

No dijo nada, no hacía falta, se acercó a mí y me tomó del cuello para besarme, fue cauteloso, deslizando sus largos dedos por mi piel hasta enredarlos en mi oscuro cabello espeso, me miró con un deseo ardiente que me hizo pensar que hace mucho que nadie lo atiende como merece, que lo haga desbordar de excitación, y cada que suspiraba por los roces más sutiles lo confirmaba.

Ese imbécil que tiene por novio parece que solo puede presumir sus brazos grandes, por que no hay justificación para no tener bien cuidada a una criatura tan dulce como él.

No era exactamente mi tipo, soy un hombre de ideas sencillas y gustos bien definidos, a mi me gustan los chicos inocentes, lindos de cuerpos finos y delgados si hablamos de estar arriba, pero si probamos debajo, me van los tipos similares a mí, con cuerpo mediano, de mi estatura y rostro duramente atractivo, si se ven amables simplemente no me llaman.

Pero él era como el promedio, casi de mi altura, hombros regulares y nada de musculo sobresaliente, cintura de infarto, un hombre si podía tener una cintura atractiva y yo lo comprobé con él, en definitiva lo más exquisito de él es su rostro, elegante y apuesto, no exagerado, no exuberantemente llamativo, pero tampoco pasa desapercibido, cabello castaño claro casi rubio con seductoras olas sutiles, sonrisa de príncipe de cuento y una boquita dulce a la que me haría adicto y no lo sabía.

Tenía muchas ganas de empujarlo sobre sus rodillas y arruinar su lindo aspecto de dandy llenandole la boca de mi placer, sus suaves labios rosas estirados sobre mi eje, gemí a medio beso cuando su mano palmeo mi pene medio duro dentro de mi pantalón de vestir negro, el del uniforme del bar.

No perdía el tiempo, sabía bien lo que quería, la temperatura de su cuerpo subió tanto con tan poco, yo no estaba haciendo nada, él se movía a como quería, tocandome, sintiendo lo que era un amante de verdad y no un ausente que no podía darle los besos que necesitaba.

Su mano derecha que se mantenía en mi cuello, con sus dedos jugando mi cabello, descendió a mi hombro y después sobre mi pecho, me apartó empujandome ligeramente para encontrar un lugar oscuro que cubriera su travesura.

De nuevo no hubo palabras, su mirada lo decía todo, por un momento parecía culpable, pero me miraba y se le olvidaba.

Me desabrochó la camisa rojo vino del uniforme, y cuando mi piel estuvo a la vista fue por mi cuello, cerré los ojos disfrutando de sus flamantes toques, él se notaba tan complacido, saciando esa sed de caricias que tenía, de un momento a otro se detuvo respirando en mi cuello, entonces fue mi turno de hacer lo que quería, lo tomé de la cintura levantandole la camisa hasta descubrirle los pezones, lo giré presionadolo contra unas cajas de licor, un whisky de exportación que mi jefe amaba vender a un precio exorbitante a los extranjeros que nos visitaban.

Él sujetó mis hombros y exhaló tirando la cabeza contra las cajas de madera en cuanto mis labios estuvieron alrededor de su pezón izquierdo, mi mano izquierda bajó a su trasero apretado, mientras que mi diestra se deleitaba jugando obscenamente con su pezón derecho, lamí cada uno con un éxtasis que solo recordaba de un buen subidón de marihuana, su voz no era silenciosa y eso me encantaba, quería escucharlo por más tiempo, más fuerte, más excitado.

Me sorprendió un poco que él mismo se quitara la camisa y la dejara sobre las cajas, me enderecé para estar a su altura, él volvió a tomarme del cuello con su mano izquierda mientras que la derecha regresó a mi polla, palpandola como si quisiera asegurarse de que me estaba poniendo duro.

¿Acaso ese imbécil te hizo sentir poco atractivo?

Cariño, eres una locura, una inyección de adrenalina ardiente a mi sangre fría.

—¿Qué te apetece, amor? —le dije al oído mientras me abría el cinturón y desabrochaba mi pantalón, —te voy a dar lo que quieras, prefieres arrodillarte, —lo tomé de la mandíbula con mi palma extendida, provocando que me mirara a los ojos, gimió ante mis palabras como si le excitará más escuchar mis propuestas, —porque a mi también me gustaría probarte, te puedo follar con mi lengua o con algo más grande, pero si te apetece más follarme, no me importaría darte la espalda. —Abrí un poco mis labios cuando su mano apretó mi pene, presionando con su pulgar la cabeza, pegué mi frente a la suya exhalando agitado de pura sensación

Su aliento daba en mis labios como el mío en los suyos.

—Follame, —susurró, tenía los ojos cerrados y movía su mano sobre mi pene ya desnudo, con vigor, pero su tono era bajo y cauteloso, como si le diera miedo o vergüenza decir lo que deseaba, —por favor, follame, duro. —Dijo aún más silencioso acariciando mis labios cuando hablaba.

Sonreí antes de besarle, le abrí la boca con mi lengua y probé el soju de sus labios, suspiraba por la nariz abrumado, perdiéndose cada vez más en el deseo, disfrutando de cada caricia, de pronto lo giré contra las cajas, me pegué a su espalda presionando mi enloquecida erección contra su culo vestido, mis manos fueron directo a su pantalón ajustado, se lo abrí mientras movía mi cadera de forma sutil frotándome contra él, lo escuché reír mientras suspiraba, metí mi mano en su ropa interior y un jadeo cortado se escuchó antes de un gimoteo urgente, se empujó hacia atrás para sentirme y yo moví mi mano sobre su extensión.

Le mordí el hombro un par de veces tratando de no perder la cabeza y enloquecer, él muy cabrón estaba gozando de tenerme al límite, podía escucharlo reír entre balbuceos y silenciosos “si, sí, hazlo así”. No quería darle más preliminares al encuentro, me sentía eufórico por complacerlo, no quedaba rastro del oficinista melancólico y aburrido de siempre, el hombre en mis brazos era un amante desenfrenado, sin vergüenza, deseando saciar esa hambre voraz por un poco emoción, adrenalina, flamante éxtasis.

Apoyé una de mis rodillas en el piso, con ambas manos le bajé el pantalón escuchándolo casi gritar de la sorpresa, apreté sus nalgas calientes con las palmas extendidas antes de abrirlas para dejar caer un buen tanto de mi saliva entre ellas.

—Dios… —él susurró con un hilo de voz, —no, —siguió cuando mi lengua dio la primer lamida a su anillo muscular, pegó los antebrazos contra las cajas para mantenerse estable después de la corriente que le recorrió cuando comencé a comerlo como se merece.

Negaba con voz ahogada y movía la cabeza contra las cajas, intentó apartarme con su mano derecha, y de mala gana deje de lamerlo, pero lo que encontré en su rostro sonrojado fue mucho mejor, estaba llorando, sin embargo, era un llanto cargado de verguenza de un sentimiento absurdo por querer esconder lo mucho que estaba gozando con mi boca en su culo, lo intenso que se sentía el placer que le desbordaba, parecía incluso asustado, no sé tal vez le daba miedo disfrutarlo tanto que el sexo con su frigido novio se vuelva rutinario y aburrido.

Me mordí el labio demasiado divertido, el recatado y amable oficinista es en realidad una sucia puta que solo necesitaba que la comieran bien para volverse un vulgar adicto, con esa expresión obscena de satisfacción. Me miraba atento, le di un beso suave a su nalga derecha y con delicadeza le acaricié la muñeca antes de sujetarlo con fuerza, poniendo su brazo derecho contra su espalda, con mi mano izquierda sostuve su culo frente a mí para lamerlo de nuevo, mejor, más húmedo, forzando mi lengua contra su apretado agujero.

—N-no, —exhaló sin aire, gemía, tan bajo como podía, pero yo seguía moviendo mi lengua con énfasis que no pudo ser silencioso, estaba jadeando alto, ido, como si estuviera drogado, aunque todavía alcanzaba a decir, —no… no más, por– favor- ah…

Trataba de soltarse, pero mi excelente trabajo bucal lo dejaba sin fuerza, me sentí en la cima del orgullo que me daba, tendría todo para regodearme con el simplón de su novio, apuesto mi vida a que nunca lo tendrá tan caliente y sin aliento como yo.

Me dolía un poco la mandíbula y su entrada ya estaba dilatada, si seguía lamiendo, podría correrse así que me detuve, no solté su mano, incluso reafirmé mi agarre sobre su muñeca y contra su espalda, fui por su cuello, mordí de nuevo empujando mis dedos anular y medio dentro, él se mordió el labio, respirando estrepitosamente por la nariz antes de exhalar por la boca.

Me miró de reojo mientras lo follaba con mis dedos, duro, exigente, algo me decía que él no era un inocente al que debía tratar con delicadeza y cuidado, él había pedido una follada agresiva y yo le daría lo que él quisiera.

Cuando mis dedos entraban y salían con facilidad sentí una corriente electrizante de anticipación, me parte solo lo suficiente para acariciar mi erección empapada de líquido seminal, presioné la punta contra su agujero suelto, restregando la viscosidad húmeda, no empujé dentro, podría estar muy ansioso por follarlo, pero no sería un completo irresponsable, así que con el cuerpo tenso y cargado necesidad, busque en el bolsillo de mi pantalón un condón.

Lo acababa de poner ahí hacía una hora apenas, era sábado, el roquero Jeongin siempre llegaba los sábados y estaba decidido a llevarlo a casa o al callejón a un costado del bar, así que si, estaba preparado para una situación así.

Él no se inmutó, al contrario movio sus caderas levemente para decirme en silencio que me quería dentro, abrí el empaque con la boca para no soltarlo, rodé el condón sobre mi polla y entonces lo alinee a su entrada, él respiró lento y profundo cuando presioné un poco y su anillo muscular cedió dejándome entrar. Me deslicé suave por ser la primera vez, él pegó su frente contra las cajas mientras temblaba, la sensación placentera recorriendole el cuerpo. Mi cadera inició un movimiento paciente, nada urgente, quería joderlo violento contra las cajas de madera, y lo haría, pero todo a su tiempo.

Me sentí desfallecer, su calidez apretada me sofocaba dentro, fue delirante ir lento que no pude mantenerlo por demasiado tiempo, no pude contener un estocada dura con la que penetré hasta el fondo, él gritó, sorpresa y placer, su voz me incitó a ejercer más fuerza sobre él, dentro y fuerte, comencé golpeando a buen ritmo hasta que él también se empujaba hacia atrás deseando más.

Ahí se acabó el control, enloquecí, pero no fuí el único, el recatado oficinista, soltó maldiciones, palabras irracionales cargadas de satisfacción, él estaba gimiendo alto cuando golpeó las cajas con su puño cerrado, le solté la muñeca para tomarlo por la cadera con ambas manos, todo descontrol, lo follé como tanto quería, golpeando en él duro y exigente sujetándolo agresivo que juro mis dedos quedaron en su piel como tatuajes.

Me pegué a su espalda, respirando contra su cuello, él sonreía, jadeando y gimiendo, todavía decía cosas sin sentido y soltaba rítmicos, “ah, ah, ah” con énfasis cada que mi cadera chocaba contra su culo sudado, llevé mi mano a su pene erecto, estaba tan duro y necesitado que su cuerpo se deshizo en quejidos saciados contra mí.

—Vamos cariño, —susurré contra su oído, mi voz sin aliento, baja y agitada, —correte para mí, —pedí deseando realmente hacerlo correr, —te di lo que querías, dame esto a cambio, —gimió por lo bajo empujándose más contra mí, —te follaré cuanto quieras si te portas bien. —Le lamí el cuello y un suspiró cortado resonó.

Él se corrió, dejándose caer contra las cajas de licor, exhaló con un quejido grave, mientras su corrida me empapa las manos, lo masturbe un poco más, provocandole un temblor que parecía casi una convulsión, el respiraba rápido y yo seguí penetrando con fuerza, me miró de reojo, ojos drogados con ese rostro sonrojado, mejillas calientes, lágrimas de placer, y labios hinchados de mordidas me llevaron a la gloria, penetré violento en él pegándome a su espalda, le mordí el hombro solo un poco mientras gozaba de la exquisita liberación.

El mejor polvo de mi vida.

Me quedé dentro de su calidez un par de minutos mientras recuperamos el aliento, flotando en las nubes de éxtasis a las que llegamos juntos, él se quejó un poco cuando me retiré, me quité el condón usado, y lo tiré en un cubo de basura que había por ahí, me guardé la polla en mis pantalones y terminé de quitarme la camisa, estaba toda sudada, así que tendría que cambiarme. Él seguía recostado contra las cajas, pensé que tal vez podría estar sintiendo culpa, así que traté de no acercarme.

Traté siendo la palabra clave, pero que su posición encorvada y frágil me empujó hacia él, lo abracé por la cintura pegandome a su espalda de nuevo, él jadeo con sorpresa, pero no me apartó, saque un pañuelo del bolsillo trasero de mi pantalón limpie los restos de su semen de su pene flácido, él respiraba pausado, todavía abrazandolo por la espalda le acomodé los jeans, no, no limpié su entrada, le subí la ropa interior y le dije al oído.

—Recuerda tu travesura cuando te duches más tarde.

Él negó avergonzado, y se cubrió la cara con las manos, —¿qué hice? —se preguntó a sí mismo, pero yo respondí.

—No eras tú, era el soju, —le di un beso sobre las marcas de chupetones en su cuello.

Él sonrió y pareció recuperar el ánimo, buscó su camisa que lanzó sobre las cajas de madera y se vistió, se pasó la mano por el cabello cuando dio la vuelta hacia mí, y por Dios que es un tipo atractivo, el roquero Jeongin me parecía aburrido ahora.

—Seungmin, —dijo, —mi nombre.

Sonreí, —Hyunjin, pero para ti Soju.

Seungmin sonrió y apartó la mirada un segundo, dio un paso hacia mí y deslizó sus manos suaves sobre mis hombros desnudos, me dio un beso sencillo en los labios y sonrió al alejarse.

No dijo más, salió de la bodega como si yo no acabara de hacerlo gritar eufórico, volvió a la mesa con su novio donde nadie pareció extrañarlo, me cambié la camisa y tuve que limpiar las cajas de licor de su corrida, pero lo hice con mi pañuelo y lo regresé a mi bolsillo.

La noche continuó como si nada, como si Seungmin hubiera detenido el tiempo para estar conmigo y después seguir su vida. Jisoo mi compañera de trabajo me reclamó por desaparecer y se calmó cuando le dije que le daría la mitad de mis comisiones por el favor de haber atendido mis mesas.

Esa noche el recatado, y deprimido oficinista Seungmin salió del bar con una sonrisa, no se fue con su novio, tomó un taxi y se fue solo, no sin antes dejarme su número telefónico en un servilleta bajó la botella de soju a la que le dio un último trago antes de salir.

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