PREFACIO
Pasé unos segundos intentando convencerme de que el azul semiopaco que veía a través de la ventana era una pantalla LCD, supongo que queriendo engañar a mis ojos para que ellos engañaran, a su vez, a mi cerebro y sintiera que estaba en una simulación, como esos programas de ciencia ficción.
Pasé unos segundos intentando convencerme de que el azul semiopaco que veía a través de la ventana era una pantalla LCD, porque, por alguna razón, aunque las tardes suelen teñir el cielo de anaranjado casi cobrizo, esta tarde el cielo era totalmente azul, pero un azul semiopaco.
Pasé unos segundos intentando convencerme de que el azul semiopaco que veía a través de la ventana era una pantalla LCD, porque, a pesar de que el cielo estaba lleno de esas tan conocidas cumulonimbos, la pequeña rendija que abrí para curiosear el exterior era lo suficientemente pequeña como para solo dejar pasar el azul semiopaco que no se mezclaba con el grisáceo de las nubes cargadas de lluvia.
Pasé unos segundos intentando convencerme de que el azul semiopaco que veía a través de la ventana era una pantalla LCD, porque no me gusta enterarme demasiado del exterior. Por eso fueron solo unos segundos, por eso no fue más de un minuto, porque nadie vendrá a quitarme la envidia si veo cualquier atisbo de una realidad menos miserable que esto. Pero, de todos modos, no es posible, porque lo que veo a través de la ventana es solo una pantalla LCD.