La Voz by Samara Luviel at Inkitt
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La Voz

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Summary

Oriol ha pasado años soportando el acoso de Jonay. Jonay nunca se ha detenido a pensar en el daño que causa. Cuando una situación extrema los encierra en el mismo espacio, las posiciones empiezan a invertirse. El miedo cambia de dueño. El deseo se mezcla con la humillación. Y la línea entre consentimiento y manipulación se vuelve peligrosamente difusa. Esta no es una historia de redención. Es una historia sobre cómo el dolor puede disfrazarse de amor… y sobre lo fácil que es justificar la violencia cuando creemos que el otro la merece.

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La Voz

LA VOZ

Siempre que paso por esta callejuela me paro unos minutos, puedo estar sin moverme ni percatarme del paso del tiempo durante más de una hora. La callejuela es estrecha y peatonal, flanqueada por altos edificios que la bordean durante varios metros, serpenteando y provocando que la melodía se disperse.

No sé quién canta, parece como si acariciara las notas mientras salen de su garganta. El sonido, aterciopelado, las moldea despacio, permitiendo que vuelen libres. Al escucharla, el cuerpo se me afloja sin darme cuenta, como si por unos minutos no tuviera que sostener nada.

Pregunté a algunos vecinos si sabían quién era el dueño de esa hermosa voz, pero nadie sabe decirme. Tampoco están seguros de cuándo empezaron a escucharlo, aun así, a todos emociona y nadie se queja ni busca al cantante, por miedo a que algún día dejen de escuchar su voz.

Hoy cantó solo unos minutos. otras veces lo hace durante horas. No sé a qué se debe la duración, pero nunca es la misma. Al final, como siempre, corro para llegar al parque cercano y reunirme con los colegas. Antes de llegar, dejo atrás la callejuela y ese momento fuera del tiempo al que me transporta.

—Hoy llegas pronto, menos mal, Jonay. Qué raro en ti.

—¿Quieres una calada?

Acepto el porro sin pensarlo. Aspiro hondo, dejo que el humo me llene los pulmones y lo suelto despacio antes de pasarlo al siguiente.

—Toma, tenemos cervezas.

—Conseguí que un viejo acojonado nos “regalara” varias.

Cojo una lata, la noto fría en la mano y sonrío de lado. La abro con un chasquido seco y doy un trago largo.

—Joder, qué puntazo.

—Están frías, así se hace.

Levanto la lata a modo de brindis y bebo otra vez.

—Por cierto, dicen por ahí que te tiraste a la novia del Putas.

—Te está buscando.

Me encojo de hombros y sonrío, una sonrisa fácil, de las que no significan nada. Doy otro trago antes de contestar, como si el tema no me importara lo suficiente para apresurarme.

Me río con ellos sin decir nada. Por dentro pienso que no me importaría meterle unos cuantos golpes. No lo soporto, su ego me jode, pero no me follé a su novia. En verdad soy virgen. Si todos estos cabrones lo supieran, vendrían a meterme de leches por inocente. Pero como muchas chicas han dicho que han salido conmigo y yo nunca he negado nada, para todos soy un rompecorazones.


♪♫♪


Se me hizo tarde para ir al instituto y corro como si me fuera la vida en ello. Para colmo, está lloviendo, por lo que llevo las deportivas empapadas. Es poner un pie en el suelo de la entrada y me deslizo, perdiendo el equilibrio y chocando con otro alumno. Tardo un instante en reaccionar. Levanto la mirada, para disculparme… y me quiero morir al ver de quién se trata.

—¿Qué te pasa, mierdecilla? ¿No ves a través de tus empapadas gafas?

Me mira con asco, como si acabara de mancharle.

—¡Mierda! Has tocado mi ropa. Voy a vomitar. Haz algo con tu repulsivo aspecto.

—Lo siento, yo…

—¿Cuántas veces te he dicho que no quiero oír tu voz?

—Perdón, Jonay.

—Desaparece antes de que te meta.

No respondo. Me doy la vuelta y salgo corriendo hacia los baños, antes de que pase algo peor, como tantas otras veces.

Frente al espejo me miro sin verme del todo. El pelo castaño oscuro, demasiado largo para el gusto de todo el mundo, sigue empapado y pegado a mi piel pálida.

Me quito las gafas y me lavo la cara y las manos casi sin pensar, dejando que el aire caliente del secador me dé de lleno. Limpio las gafas con cuidado antes de volver a ponérmelas. Luego me quito el chubasquero, que al menos mantuvo la ropa seca y lo dejo unos segundos bajo el secador para que se seque un poco.

No puedo hacer nada más para mejorar mi aspecto. Tomo la mochila y me dirijo al aula.

Nada más entrar, lo primero que veo es a Jonay. Es alto, más que yo, y aunque es delgado se le ve fuerte. A su lado me siento desgarbado, como si siempre ocupara mal el espacio. Rubio, de ojos verde claro, lleno de piercings y tatuajes, encaja a la perfección en el papel del chico malo que todas las chicas aman.

Tenemos dieciocho años y nos quedan pocos meses para acabar el instituto, pero Jonay sigue siendo el mismo de siempre, solo ha cambiado la manera en que decide joderme el día. Por eso intento pasar desapercibido. No quiero más problemas con él. Solo espero que el profesor llegue rápido.


♪♫♪


Mientras las niñas coquetean conmigo, veo acercarse a Oriol, con la cabeza baja, tratando de hacerse invisible. Me hace gracia. No hay nada que pueda hacer para pasar desapercibido. Llevo molestándolo desde hace años, para su desgracia, hemos estado en la misma clase desde segundo de primaria y, a pocos meses de acabar el instituto, no ha conseguido librarse de mí.

Hoy da más pena que otras veces, porque aunque ya no parece una sucia rata empapada sigue siendo patético. Me encantó ver su mirada de terror cuando vio que se había tropezado conmigo.

Se sienta en su sitio y sacar los libros, aferrándose a la idea de que el profesor llegará en cualquier momento y lo mantendrá a salvo, sin siquiera imaginar que no tenemos clase a primera hora.

Me acerco con lentitud a su mesa y disfruto de cómo se va tensando poco a poco esperando mi golpe, aunque ya no le pego. Durante años lo hice, entre las otras mil maneras en las que lo acosaba. Ahora me entretengo con otra forma de tortura, disfruto más al romperlo una y otra vez. Sus reacciones y el terror en sus ojos me dan la vida.


♪♫♪


Mierda, Jonay se acerca a mi mesa. Ya sonó el timbre y el profesor no llega. ¿Dónde coño anda? No podré librarme de lo que esté pensando hacer para divertirse. No puedo soportarlo. Son nueve largos años de este infierno. Entre los abusos de él y los problemas que hay en mi casa, mi vida es una auténtica mierda. Menos mal que pronto entraré a la universidad y huiré de todo esto.

—No te secaste bien. Esas algas que llamas pelo siguen mojadas —me dice en cuanto se acerca—. ¿No te pondrás enfermo?

—No hay problema.

—Lo digo por si quieres ir a secarte mejor. No tenemos clase a primera hora.

No lo puedo creer, está siendo amable.

—Gracias, pues iré a secarme mejor.

Salgo corriendo al baño. Tendré tiempo para secar los calcetines y las deportivas. Pongo los calcetines bajo el secador de manos cuando una de las mujeres de la limpieza me ve. La acompaño y me deja unas zapatillas antes de dejar mi calzado cerca del radiador para que se seque.

Tras agradecerle la ayuda, no pierdo más tiempo y bajo las escaleras hacia la cafetería. Al pasar por una puerta cerrada de un aula, escucho unos ruidos raros. Al asomarme, tardo un segundo en entender lo que estoy viendo.


♪♫♪


Cuando Oriol corre hacia el baño, no pierdo el tiempo y lo sigo mientras se me ocurren diversas formas de divertirme con mi juguete favorito. Para mi tristeza, una de las señoras de la limpieza se lo lleva para ayudarlo. El cabrón tiene suerte a veces.

Regreso a la clase para buscar algo de dinero y bajar a comprar algo a la cafetería. Mis colegas me quieren acompañar, pero me apetece estar un rato solo. La verdad es que los tipos con los que me rodeo no me caen nada bien. Pero para no andar solo me junto con ellos, aunque son unos ineptos, sus notas son una mierda y no tienen maldito futuro.

Estoy deseando acabar el instituto para escapar de esta mierda y comenzar una nueva vida. Con mis notas, ir a la universidad no será ningún problema. Podré abandonar esa casa de mierda, donde todo es un puto asco.

Cuando estoy por llegar a la cafetería, unas manos me arrastran a un aula vacía. Frente a mí está el Putas.


♪♫♪


—A ti te estaba buscando. No me gusta que toquen lo que es mío. Mereces un castigo.

—No seas niño. Esto le pasa a todo el mundo. Nos pegamos después, a la salida de clase, y arreglado.

—Estás equivocado. Te haré a ti lo que le hiciste a ella. Te robaré tu virginidad.

—Por si no has oído los rumores, vienes tarde.

—No entiendes. Qué niño eres.

Un sudor frío me baja por la espalda cuando hablan de mi virginidad y me observan con esos ojos depredadores.

Soy virgen, sí, pero nadie lo sabe.

Nadie debería saberlo.

No llego a reaccionar. Tres de los que están con él me agarran. Me quitan el jersey y la camiseta a tirones y me atan a la estufa apagada, contra la pared del aula. El metal está frío en la espalda. No puedo moverme.

Me acercan una botella a la boca. Intento girar la cara, cerrar los labios, pero me tapan la nariz. El aire me falta. Abro la boca por puro instinto y vierten el contenido. Toso, me ahogo. Ellos se ríen.

—Como soy amable y no quiero que te duela, te hemos dado un afrodisíaco fuerte. No te preocupes, en unos minutos hará efecto.

—También hemos traído condones y lubricante.

Los despliegan frente a mí.

—Te convertiremos en nuestro puto. Comencemos.

Intento gritar, pero me colocan una mordaza y las manos empiezan a recorrerme el cuerpo. Me muevo, me retuerzo, intento soltarme, pero solo consigo que me quiten la ropa más rápido.

Las lágrimas me nublan la vista. Sus bocas me muerden, me chupan, me marcan. El líquido que me hicieron tragar empieza a arder por dentro, a subir como un fuego que no reconozco. Mi cuerpo reacciona aunque yo no quiero. Me traiciona.

Uno de ellos se saca la polla y la acerca a mi cara. Otro estira la mano hacia la mordaza.

Entonces la puerta se abre.

—Les estoy grabando ahora mismo y los reportaré. Mi amigo está llamando ahora mismo al director.

Los cuatro salen corriendo a toda prisa. Me quedo mirando al pequeño Oriol, que cierra la puerta con pestillo y se deja caer al suelo, temblando y muy blanco. ¡No me jodas! Parece que va a vomitar.


♪♫♪


No lo puedo creer. Llegué a tiempo. El móvil realmente no estaba grabando y estoy solo, nadie fue a llamar al director. El alivio me afloja el cuerpo y me dejo caer, respirando hondo para calmarme antes de levantar la vista. Jonay me devuelve la mirada desde el suelo, amarrado a la estufa apagada. Tiembla. Está desnudo. Tiene la cara empapada en lágrimas y la droga aún no ha dejado de hacer efecto en su cuerpo.

Me acerco despacio y empiezo a quitarle la mordaza.

—No te preocupes, ya te suelto. Se han ido —le digo mientras empiezo a desatarlo—. En verdad no los grabé, lo siento. No tienes pruebas para denunciarlos a la policía.


♪♫♪


Oriol habla y habla mientras se mueve a mi alrededor para soltarme. No sé qué dice; no lo escucho. Las palabras pasan por encima de mí sin quedarse. Solo siento el cuerpo ardiendo, un calor espeso. Necesito algo… no sé qué, pero lo necesito ya. Le necesito a él.

Cuando me roza sin querer, gimo. El sonido me sorprende. Ese leve contacto me provoca un placer que mi cuerpo busca sin poder detenerme. Sus manos heladas tiemblan al tirar de las cuerdas tratando de soltar mis manos. Con el brazo se seca el sudor que corre por su rostro.

—Déjalas, solo tócame. Lo importante es que me toques. Me duele el cuerpo.

El roce de su cuerpo con el mío fue tan bueno que necesito más.

—¿Qué te pasa?

—Me dieron algo de beber. Te necesito… tócame. Me duele la polla, haz algo.

—No, ni de broma. Te suelto y te alivias por tu cuenta.

—Por favor, Oriol. Sé bueno. Haré lo que sea… seré tu esclavo. Haz que me corra.

—Si te doy alivio, ¿no volverás a molestarme?

—No. No te volveré a hacer ningún mal.

—¿Serás mi esclavo?

—Seré lo que quieras.


Oriol se acerca y roza mis labios con los suyos. Con suavidad hace que entreabra los labios para dar paso a su lengua. No sé qué hacer con la boca, con la lengua, con la respiración que se me desordena.

—¿Este es tu primer beso?

—¿Qué… qué dices?

—No sabes besar. ¿Nunca lo has hecho?

—Es cierto. Eres mi primer beso. —La vergüenza me atraviesa, pero estoy demasiado excitado para mentir—. ¿Es el tuyo también?

—No. Tuve novia. Sé cómo ayudarte.

Me besa de nuevo, marcando el ritmo. Mi cuerpo responde al instante, me muevo buscándolo, como si llevara mucho tiempo esperando esto sin saberlo. Baja por mi cuello, juega con mis pezones. Gimo. No puedo evitarlo. El sonido me humilla y me calma al mismo tiempo. El brillo de sus ojos, la media sonrisa que se le escapa me enfurece y avergüenza. El cabrón está tan seguro de si mismo.

Entonces ve las tijeras.

Corta las cuerdas.

Libre, me lanzo contra él y me abrazo a su cuerpo, suplicando más sin palabras. Todo me arde.

—Más… tócame.

—Dime dónde.

—La polla —le ruego.

Su mano me rodea y el mundo se estrecha hasta ese punto. No tardo en correrme, temblando, sin poder controlar nada. No hay placer limpio, solo una descarga que me deja vacío y expuesto.

—Ya está. Vístete. Nos vamos.

—No… no fue suficiente. Necesito más.

Sigo duro. El cuerpo no se ha apagado. Al contrario, parece exigir más.

—Ahí hay lubricante y condones. Podemos intentar otra cosa.

Asiento sin pensar.

Me abre con cuidado. El contacto me sacude entero. Tiemblo, gimo. Me corro de nuevo al sentirlo dentro de mí. No es suficiente. Nada lo es. El alivio dura demasiado poco.

—Necesito más.

—Mis dedos no pueden…

—Por favor. Fóllame.

—¿Puedes follarte a alguien que odias?

—Haré lo que quieras.

Me hace ponerme a cuatro. Lo noto entrar poco a poco. Me duele, el cuerpo se resiste, pero el dolor se mezcla con algo que me arrastra. Gimo, le ruego que se mueva. Cuando lo hace, empuja con más fuerza. Me muerde, me marca, me usa.

Cuando se corre, se aparta para quitarse el condón.

—Espera. No me dejes.

—No tengo más condones.

—No importa.

Vuelve a entrar en mí. Más fuerte. Me llena. Su carne me atraviesa hasta que ya no sé dónde estoy ni cuánto tiempo ha pasado.

—¿Puedes seguir?

—Sí… más…

No recuerdo cuándo fue la última vez que me corrí. No sé cuántas veces han sido. Solo sé que mi cuerpo cede del todo, como si ya no pudiera sostener nada más.

Todo se apaga.

Me desmayo.


♪♫♪


Me despierto con el cuerpo pesado. Estoy acostado y tengo la cabeza apoyada en las piernas de Oriol. Estoy vestido. Ese detalle me llega antes que cualquier otro. Me da la impresión de que me limpió.

Los efectos de lo que me dieron han ido desapareciendo.

Me siento como una mierda. No puedo creer cómo rogué y supliqué a este imbécil. Joder, hasta juré que sería su esclavo. Me duele el cuerpo, pero más me duele recordar. Tengo que pensar una manera de humillarlo, de vengarme por haber conseguido que fuera su puto.

Aún no se da cuenta de que desperté. Está aburrido, tarareando sin darse cuenta. En seguida empieza a cantar.

Su voz.

Esa voz.

Es la voz. Es la persona que llevo años buscando. Siempre fue Oriol.

Me incorporo con rapidez y el movimiento me devuelve al cuerpo de la peor manera posible. Para mi horror, siento cómo algo pastoso se desliza de mis entrañas y baja por mis piernas. Joder, estoy desbordado de su esencia.

Oriol se mueve y me levanto de sus piernas con un gruñido ahogado. Me mira sonrojado, con asombro.

—Eres tú. Siempre fuiste tú.

—¿Perdona?

—Llevo años escuchándote cantar. Eres el que canta en la calle Esperanza.

—Sí… ¿cómo lo sabes?

—Te amo. Te amo desde hace tanto tiempo. Tienes que salir conmigo.

—¿Qué dices?


♪♫♪


Entonces me cuenta lo que mi voz le hace sentir. Que se enamoró de ella antes incluso de saber quién era yo. Que escucharme le calma algo que no sabe nombrar. Que no puede vivir sin oírme cantar. Después me pregunta por qué a veces canto durante horas y otras solo unos minutos.

—La vez que canté más fue cuando mi novia se marchó —le digo—. Se me rompió el corazón. Canto para sanar mis heridas. Y los días que canto más es porque me has jodido mucho… necesitaba sacar todo ese dolor.

—Perdóname. No volveré a hacer que cantes por dolor. Lo harás por felicidad. Sé mi novio.

—Jonay, las clases acaban en dos meses. Yo me voy a la universidad. Ya tengo dónde quedarme y hasta trabajo para estar allí a partir de julio. Solo tengo que sacar una buena nota en el examen de acceso.

—¿A qué universidad irás?

—A la UCAI.

—Joder, como yo. No me digas… espera. ¿Mario te consiguió el trabajo y la vivienda?

Lo miro asombrado. Mario fue compañero nuestro durante años. Pensé que solo yo seguía en contacto con él.

—¿A ti también te ayuda?

—Sí. Me dijo que tendría que compartir el piso. Supongo que será contigo. —Me mira satisfecho—. ¿Serás mi novio? Te haré feliz.

—¿Dejarás que te folle como hoy?

—Te dije antes que sería tu esclavo —responde—. Ahora más aún, sabiendo quién eres.

—De acuerdo —digo al final—. Intentemos ser pareja.


♪♫♪


Salgo corriendo del instituto. Al final solo asistimos a la última hora y en cuanto suena el timbre guardo mis cosas y me despido de Jonay en la puerta, quedando en vernos más tarde.

Hemos quedado en llamar a Mario, para confirmar si nos consiguió el mismo trabajo y la misma casa y explicarle la nueva situación.

Después daremos un paseo e iremos conociéndonos, será nuestra primera cita.


—¿Dónde estás? Te llevo el dinero… Sí, vale. Ya llego. Te veo.

Cuelgo y camino hasta donde me esperan los cuatro.

—Gracias por todo —les digo—. Salió perfecto. No sospecha nada. ¿Tuvieron problemas para salir del instituto?

—No. Todo fue como dijiste —responde uno—. Ningún problema. ¿Ha dicho algo de denunciarnos?

—No —contesto—. No tiene nada para demostrarlo y, además, está demasiado avergonzado. No querrá veros nunca más. En tres meses ya no vivirá aquí.

—Bien. Páganos.

—Espera —digo—. Antes dame tu móvil. Quiero borrar toda la información que tengas de mí. También los mensajes.

Me lo entrega sin discutir. El último mensaje aún está en pantalla:

“Ya hizo efecto, entra ya al aula, es todo tuyo.”

Lo borro todo con calma y le devuelvo el teléfono.

—Tenían razón cuando decían que el Putas es el mejor para estas cosas —le digo estrechado su mano—. Muy agradecido.

Le doy el sobre con el dinero. Hay más de lo acordado, pero valió la pena.

Me follé a mi maltratador.

Y no quiero que sepa lo que hice para vengarme de él.

Mientras me alejo camino a casa, solo pienso en el futuro que nos espera. Cierro la puerta a todo el sufrimiento que me causó Jonay… y también a lo que yo le hice, aunque no lo sabe.

Lo compensaré.

Le daré toda la felicidad que pueda.


FIN

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