Prologo
—¿Sabes? Cuando te vi por primera vez, pensé que no podías ser tan perfecta... y que eras capaz de desafiar la lógica con una sola mirada —Thyole me volteó a ver y rió.
—¿Yo, perfecta? Qué risa. Creo que la cerveza ya empezó a afectarte un poco —solté una risa nasal y le respondí:
—Puede que sea la cerveza, o el frío, o que estamos en el parque a medianoche... pero verte con tus blusas de bandas de rock, tu cabello rizado perfectamente desordenado y esos audífonos colgando... creo que me gustaste.
Ella solo me miró con un brillo en los ojos y depositó un beso en mi mejilla.
—Hablamos mañana, Matheo. Y con tu razonamiento lógico intacto —dijo antes de alejarse.
Yo solo la vi desaparecer bajo la luz de la luna, mientras pensaba por qué podía ser tan perfecta... y tan problemática a la vez.