Mi lugar a tu lado [tohru x oc]

Summary

No me vi el anime solo se algo por un amigo que si la vio y directamente lo hago a siegas sin haber visto el anime así que puede que la personalidad de los personajes no coincidan con los originales

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Piloto

Verox era un estudiante universitario común y corriente. Veintidós años, carrera de ingeniería informática, apartamento pequeño en las afueras de la ciudad, y una vida que giraba entre clases, trabajos parciales y salidas ocasionales con amigos. Nada destacable. No era especialmente guapo, ni rico, ni tenía algún talento secreto. Solo era… Verox.

Una noche de viernes, después de un examen particularmente brutal, sus compañeros de facultad lo arrastraron a celebrar (o ahogar las penas) en un bar izakaya del centro. Bebieron más de la cuenta: cervezas, sake caliente, shōchū con limón. Verox no solía excederse, pero esa vez dejó que el alcohol lo llevara. Cuando el local cerró, sus amigos ya se habían ido en taxi o con parejas, y él decidió caminar un poco para despejarse antes de tomar el último tren.

Las calles estaban vacías, lloviznaba apenas. Verox subió por una cuesta hacia un parque pequeño que servía de atajo hacia la estación. Fue entonces cuando lo oyó: un rugido bajo, casi animal, seguido de un estruendo metálico. Se acercó con cautela y vio, en medio del claro, una figura enorme: un dragón herido, con una espada gigantesca clavada en el costado. Sangre oscura goteaba sobre la hierba.

El dragón levantó la cabeza y lo miró. Sus ojos dorados brillaban con una mezcla de dolor y furia. Verox debería haber huido. Cualquier persona normal habría huido. Pero el alcohol le quitó el miedo y le dio una estúpida valentía.

—Oye… eso tiene que doler mucho —dijo en voz alta, acercándose tambaleante.

El dragón gruñó, pero no atacó. Verox se arrodilló junto a la herida, vio la empuñadura de la espada y, sin pensarlo dos veces, la tomó con ambas manos.

—Si te la saco de golpe va a sangrar más, ¿verdad? —murmuró, más para sí mismo—. Pero si la dejo ahí tampoco vas a curarte…

Con un tirón fuerte (y ayudado por la adrenalina del sake), arrancó la espada. El dragón soltó un rugido que hizo temblar los árboles, pero en lugar de atacarlo, su cuerpo comenzó a brillar. La figura enorme se encogió, las escamas se desvanecieron, y ante Verox apareció una chica de cabello castaño rojizo, cuernos, cola y ojos dorados que lo miraban fijamente.

Ella llevaba un vestido de maid improvisado con lo que parecía ser parte de su propia magia. Estaba herida aún, pero ya no mortalmente.

—¿Por qué… me salvaste, humano? —preguntó con voz ronca, pero curiosamente educada.

Verox se quedó mirándola, procesando lentamente lo que acababa de pasar.

—Eh… porque… ¿parecías sufrir? No sé, me dio pena —respondió, rascándose la nuca—. Además, esa espada parecía de un videojuego muy hardcore.

La chica dragón parpadeó, luego soltó una risa baja.

—Eres extraño. Los humanos normalmente huyen o intentan matarme.

—Soy un humano borracho, eso cuenta como excusa —dijo Verox encogiéndose de hombros.

Ella se levantó con dificultad. Verox, sin saber muy bien por qué, le ofreció su hombro para apoyarse. Caminaron (o más bien tropezaron) hasta un banco cercano. Allí, la dragón sacó de la nada una botella de sake que parecía infinita y se la ofreció.

—Bebe conmigo, humano que me salvó la vida.

Y bebieron. Mucho. Más de lo que Verox creía posible. Hablaron de todo y de nada: de batallas entre dragones, de exámenes de cálculo, de cómo el sake de este mundo era mejor que el del suyo, de que los maids son geniales. Verox no recordaba haber reído tanto nunca.

Cuando el cielo empezó a aclarar, la dragón (que se presentó como Tohru) lo miró con ojos brillantes.

—Tú me salvaste. En mi mundo, eso crea una deuda de vida. Yo, Tohru, te serviré desde hoy como tu maid. ¡Cocinaré, limpiaré, protegeré tu hogar y te seré leal hasta el fin!

Verox, con la cabeza dando vueltas y apenas consciente, soltó una carcajada.

—¿Maid? ¿En serio? Tengo un apartamento de 30 metros cuadrados y como ramen instantáneo cinco días a la semana…

—¡Exactamente por eso necesitas una maid dragón! —respondió Tohru con total seriedad, la cola moviéndose emocionada.

Verox se levantó tambaleante, miró el cielo rosado y suspiró.

—Está bien… pero nada de quemar el edificio si te enfadas, ¿vale?

Tohru sonrió mostrando colmillos.

—¡Prometido, amo Verox!

Y así, sin saber muy bien cómo, Verox regresó a su pequeño apartamento al amanecer… con una dragón maid siguiéndolo, cargando la espada gigante que casi la mata como si fuera un souvenir.

Su vida normal había terminado para siempre. Y, curiosamente, no le molestaba en absoluto.