Cuervos y Rosas: Cantares de los cuervos

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Summary

Tras una catástrofe divina que redujo la humanidad casi a la extinción, el mundo que quedó atrás ya no se parece al que fue. Antiguos dioses, ahora más reales que los mitos que los nombraban, libraron una guerra que desgarró la Tierra y alteró para siempre a humanos, animales y naturaleza. Siglos después, el planeta es un lugar salvaje, mutado y peligroso, donde convivir significa sobrevivir. En este mundo vive Axel, un joven viajero solitario que recorre ruinas, bosques y llanuras en busca de algo más que refugio: respuestas, propósito y un lugar al que poder llamar hogar. Acompañado por cuervos que parecen observar más de lo que deberían y por criaturas nacidas de la radiación y la sangre divina, Axel avanza por un mundo donde los monstruos no siempre son bestias… y los humanos no siempre son aliados. La historia combina fantasía postapocalíptica, mitología y supervivencia, explorando temas como la pérdida, la memoria, la familia, la culpa de los dioses y la esperanza que aún persiste incluso en un mundo roto. Entre aldeas destruidas, híbridos extraordinarios y figuras divinas que aún influyen en el destino de la humanidad, Axel se verá envuelto en un viaje que pondrá a prueba no solo su fuerza, sino también su humanidad. “Cantares de los cuervos” es el inicio de una saga marcada por la melancolía, la aventura y la reconstrucción de un mundo donde cada paso puede ser el último… o el comienzo de algo nuevo.

Genre
Fantasy
Author
Gnesis_tt
Status
Excerpt
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cuervo sin famila

—¡Pásamela! — pidió el pequeño entre risas, corriendo por un lado del campo, provocando que su amigo que llevaba la pelota se la pasase. Después que hubo recibido el balón, lo chutó pasándosela a otro amigo.

Un ruido que provenía de un árbol cercano llamó su atención, causando así que parase de correr para mirar hacia el lugar de donde provenía el ruido. Pudo ver un cuervo blanco de ojos azules blanquecinos observándole. Que bonito expresó él.

—¡Axel, cariño! —escuchó una voz femenina, así que se dio la vuelta y pudo ver a su madre que se acercaba a él.

—Dime, mami —le respondió corriendo hacia ella. Al estar una vez juntos, esta le sujetó con los dedos la barbilla y lo besó en la frente con ternura.

—Perdón por llamarte mientras juegas con tus amigos —se disculpó ella con una sonrisa.

—No pasa nada —le quitó importancia el niño, devolviéndole la sonrisa—. ¿Querías que hiciese algo?

—Solo quería decirte una cosa.

—¿El qué, mami? —preguntó intrigado y ésta se acercó a su oído.

—Despierta —al escuchar esas palabras junto a un aleteo fuerte y un graznido de cuervo, el joven dio un bote en el lugar en el cual estaba recostado. Al mirar a su alrededor, pudo ver que estaba metido en un agujero de un árbol con la entrada tapada por unas ramas, las cuales dejaban pasar pequeños rayos de luz. Este se volvió a recostar en el lugar que estaba pensativo.

—Me hubiera gustado seguir en ese sueño —pensó en voz alta, tapando sus ojos color ámbar con el brazo. El joven se sorprendió al notar cómo una lágrima empezaba a recorrerle el rostro, lo cual hizo que soltara una pequeña risa. —Te has levantado tonto, ¿eh? —se dijo a sí mismo secándose la lágrima y salió del lugar en el que estaba para poder tumbarse de forma completa en la rama del árbol que había enfrente de su escondite.

Tardó bastante en levantarse, prefería estar ahí tumbado disfrutando aquel bonito amanecer. El sol empezaba a calentar el lugar, acompañado de una suave brisa primaveral y el canto de los pájaros.

“Debería levantarme ya”, pensó antes de levantarse. Una vez de pie, y se hubo recogido el pelo, cogió la mochila que había dejado al lado suyo para poder coger algo de comer y guardar la manta.

Empezó a desayunar sin darse demasiada prisa, contemplando el bonito paisaje que había a su alrededor. Para desgracia suya, aquella tranquilidad duraría más bien poco, pues a lo lejos se empezaron a escuchar unos rugidos que aterrarían a cualquiera.

“Les habrá atraído el olor que quedó anoche”, supuso el chico de pelo negro, cerrando la pequeña caja en la cual guardaba su comida, para posteriormente volver a guardarla en su mochila. Una vez listo, emprendió su viaje rumbo a la dirección contraria en la que sonaban aquellos rugidos.

Poco a poco fue abandonando el bosque en el cual estaba para comenzar a adentrarse en un extenso valle. Como hacía rato que no escuchaba ningún ruido extraño que denominase peligro, empezó a caminar lentamente, solo disfrutando de la tranquilidad que había en aquel lugar. El día parecía casi perfecto, no había nubes de tormenta, el viento soplaba suavemente y el sol calentaba lo justo para no tener frío.

Al rato subió una pequeña colina y pudo divisar no muy a lo lejos una aldea, la cual parecía estar destrozada, así que decidió ir a explorarla. No tardó demasiado en llegar, pues estaba más cerca aún de lo que parecía.

Una vez estuvo enfrente de las puertas del pueblo, las abrió como bien pudo para poder entrar a este. Al entrar vio un paisaje desolador: esqueletos de personas de distintos tamaños tirados por las calles. Muchas casas en ruinas, teñidas de un color negro ceniza. Pocas parecían estar aún en un estado aceptable, estas eran las que estaban hechas de piedra o ladrillos.

Un ardor empezó a recorrerle el cuerpo, causando que cerrara los puños del sentimiento que recorría su cuerpo. Aquel panorama le hacía enfurecer contra los que habían causado aquella destrucción, pues le traía recuerdos del pasado.

—¿Tan difícil es vivir en paz?— pensó en voz alta al ver que había sido una invasión por parte de humanos o semidioses; no había sido un ataque de monstruos. Enfurecido y decepcionado por lo que había pasado, comenzó a adentrarse en el pueblo, dispuesto a enterrar los cadáveres que encontrase antes de explorar el pueblo para recolectar lo que encontrase de utilidad, por respeto a los muertos.

Poco a poco, fue reuniendo los cuerpos a las afueras del pueblo, donde había un cementerio. Empezó a enterrarlos entrada ya la tarde, pues había estado mirando casa por casa si había más cuerpos para enterrar. Como quería acabar lo antes posible, no paró siquiera a comer.

Acabó una vez entrada la noche, por lo que decidió posponer su idea de registrar las casas para el día siguiente y descansar por hoy. Como ya sabía cuáles casas estaban aún habitables, se dirigió hacia una de ellas para poder cocinar algo y dormir. Cuando entró en la casa en la cual decidió quedarse, empezó a limpiar la cocina comedor para poder cocinar.

Mientras barría el suelo, encontró un portarretratos con una ilustración de la familia de la cual era la casa. El dibujo estaba compuesto por dos hermanos y sus padres. La hermana mayor tenía los rasgos idénticos de su madre, a excepción del pelo que lo tenía del color del padre. El hermano menor tenía una mezcla de rasgos de sus padres, lo que le hacía parecer de distinta familia. Lo que hacía que la gente pudiera reconocer que eran familia eran los ojos del niño, los cuales eran idénticos en color y rasgos a los de la madre.

Al ver la imagen no pudo contener una sonrisa tierna y a la vez apenada. Aun teniendo diecinueve años, habiendo estado años ya viviendo de aquí para allá, viendo todo tipo de situaciones, no podía entender por qué alguien querría arruinar vidas como esa.

—Descansar en paz —les deseó a los ilustrados mientras dejaba el marco encima de la mesita del comedor. Una vez estuvo la sala medianamente limpia, comenzó a prepararse la cena.

Mientras cenaba, no pudo evitar recordar los tiempos en los que vivía con su familia. Como a la hora de la cena, su hermana mayor los iba a buscar a él y sus hermanos. Vivía en un orfanato en una pequeña aldea situada en una llanura entre montañas. Aunque los únicos familiares de sangre en aquel orfanato de unos trece niños y niñas fueran su madre, hermana y hermano mayores, aunque a este no lo recordase del todo bien, todos se querían como una verdadera familia.

Cuando acabó de cenar se dirigió a una de las habitaciones para poder descansar, así que cuando llegó a su destino arregló un poco la cama que había y se acostó a dormir.

Como era ya costumbre desde hace mucho, Axel se despertó con el ruido de un aleteo y un graznido de cuervo. No sabía por qué le sucedía eso, aunque tampoco es que se hubiese parado a meditar en ello.

No tardó demasiado en levantarse y comenzar a hacer lo que había planeado hacer ayer. Antes de salir de la casa, se cambió de ropa y desayunó para coger fuerzas.

Toda aquella mañana la dedicó a recolectar recursos útiles y llevarlos a la casa en la que se había quedado a dormir, para así posteriormente por la tarde seleccionar lo que se iba a llevar. En aquel proceso debía ser lo más selecto posible, pues solo llevaba una mochila de tamaño mediano. No podía llevar mucho más porque le retrasaría el paso, y serviría de estorbo en momentos de vital importancia, como cuando le persiguía algún depredador, cuando se encontraba bandidos, a la hora de escalar a los árboles para acampar, etc.

Cuando acabó de reunir todo lo que pensaba que le iba a servir, vació su mochila para poder reorganizarla. Lo que decidió llevarse para su camino fue una prenda de cada para cambiarse, material de primeros auxilios por si fuese necesario, una manta para pasar las noches, una cuerda bastante larga, unos cuantos cuchillos, dos hachas de mano nuevas que había encontrado, pues hace unas semanas se le habían roto las suyas, algo de cuerda para arco por si en alguna ocasión se le rompía la cuerda, flechas, una manta impermeable, dos botellas llenas de agua y algo de alimento.

—Con esto creo que voy bien —pensó en voz alta terminando de colocar las cosas en la mochila.

Como ya se estaba haciendo bastante tarde, decidió quedarse en aquella aldea un día más, por lo que aprovechó a lavar bien la ropa que llevaba puesta y ducharse de nuevo. No muy a menudo tenía la oportunidad de hacer estas cosas, pues encontrar alguna aldea ya fuese habitada o deshabitada era muy raro. Tampoco podía hacerlo cuando encontraba algún estanque, lago o río, pues en aquellas zonas abundaban peligros, ya fueran terrestres o acuáticos. A lo único que le daba tiempo era a rellenar las botellas de agua en el caso de que lo necesitase. Pocas eran las veces que se quedase a lavar su ropa o ducharse, pues siempre aparecían depredadores por la zona o herbívoros territoriales que le obligaban a irse rápido de aquellas zonas. Para ducharse solía aprovechar los días lluviosos.

Antes de empezar a lavar su ropa, se puso a rellenar un mapa que había creado en la primera aldea que encontró. Lo hizo con la idea de poder registrar todas las aldeas que se encontrase, para así, si algún día encontrase gente con la que estar, poder fundar su propia aldea sobre las ruinas de las que se encontró. Aunque, siendo sincero con el mismo, creía que ese día estaba más lejano que cerca. Muy pocas eran las personas que vivían solas o fuera de una aldea. A veces pensaba que era la única persona que vivía así.

A veces pensaba en unirse a alguna aldea en vez de formar una él mismo, pero aquel plan era aún más difícil por la hostilidad de las personas. Sin contar con que tenía una misión primero antes de poder cumplir ese deseo. Él no culpaba ese comportamiento, pues era el resultado de la existencia de los semidioses puros e impuros.

Normalmente los semidioses eran malvados; solían invadir aldeas, someterlas o destruirlas, tan solo para intentar crear una aldea más fuerte que ninguna. Muy pocos eran los que se dedicaban a proteger a su aldea, a la mayoría se les solían subir los aires de poder a la cabeza y se les olvidaba que ellos anteriormente también eran simples humanos.

Como quería salir lo más temprano posible al día siguiente, intentó no tardar demasiado en hacer lo que tenía planeado y acostarse a dormir para comenzar el viaje a primera hora de la mañana.

Esa mañana no le despertaron los cuervos que escuchaba en sueños, si no que fueron unos pasos fuertes en el tejado de la casa. Así que se levantó intentando hacer el mínimo ruido posible y miró con cuidado por la ventana. Para su mala suerte no le agradó lo que vio. Una manada de unas de las especies que habían surgido por culpa de la radiación había entrado a la aldea, los cuales no tenían un nombre específico, por lo cual él los había llamado por letras y números. El nombre que el joven de pelo negro les puso fue RC-013, una mezcla entre una cobra y un felino. Tenían cuerpo como de felino con cabeza de una cobra con colmillos bien afilados, y su piel tenía un pelaje medianamente largo, completamente negro.

(Fórmula de Axel de nombrado de criaturas= Los nombres que Axel ponía a las especies que iba encontrando estaban formados por una, dos o incluso tres letras seguido de tres números. Las letras eran las iniciales de la especie o especies con la que tienen similitud y los números son para identificar la raza del animal. Un ejemplo es el de los RC-013. RC hace adulación a las iniciales de reptil y cuadrúpedo, mientras que los números 013 señalan la raza de reptil con la que lo identifica)

“Debe de haber un bosque cerca”, pensó al ver a aquellas criaturas, las cuales solían vivir en bosques o selvas. “Si me quedo aquí, pronto me encontrarán. Tengo que encontrar la forma de salir”, pensó y empezó a prepararse lo más rápido que pudo sin hacer ruido. Se puso su ropa de viaje y aquella que había utilizado esa noche la dejó, pues no la iba a volver a usar, ya que tenía recambio en la mochila.

Una vez listo, buscó por la casa alguna ventana o puerta trasera que pudiera usar para evitar a los RC-013. Cuando encontró lo que estaba buscando, miró con cuidado por la ventana para asegurarse de que no hubiera ningún reptil por la zona. Al ver que era seguro, se lanzó por la ventana con arco y flecha en mano, listo para cualquier improvisto.

Para poder decidir su camino sacó una brújula y miró hacia donde quedaba el oeste. Para desgracia suya, tenía que atravesar el pueblo para poder empezar el viaje. “Tenía que coger la casa que más en el centro está”, se quejó de su decisión y mala suerte.

Poco a poco fue atravesando las calles de aquel pequeño poblado, intentando no encontrarse con ninguna de las criaturas que habían aparecido, siempre preparado por si alguna le sorprendía y tuviera que matarla, o por lo menos intentarlo.

Al mirar por un callejón que llevaba a la calle principal, pudo ver el motivo por el cual habían decidido alejarse de su zona natural adentrándose en una pradera; estaban anidando.

“No sabía que para anidar se alejaban de los bosques; tendré que anotarlo esta noche”, pensó observando cómo hacían un agujero en el suelo para poder poner sus huevos. “Aunque también tendré que poner en el mapa que es un nido de RC-013”, añadió en su cabeza prosiguiendo su camino hacia las afueras del pueblo.

Varios minutos de tensión después, logró salir del poblado sin ningún altercado, por lo que cruzó los pequeños muros de la aldea y se dio prisa en alejarse de aquella zona. Para suerte suya, el viento soplaba a su favor, lo cual provocaba que no dejase un rastro de olor y le diera un pequeño empujón.

Pasaron las horas sin ninguna complicación para el joven de ojos ámbar, tan solo una suave brisa y una tranquilidad que gobernaba el pequeño monte que había empezado a subir para tener una perspectiva mayor del terreno. Cuando estuvo en la cima, observó el terreno en busca de alguna otra construcción para poder ir a explorarla o si encontraba su destino que tanto tiempo había estado buscando.

Lo único que pudo ver fue una extensa llanura en la cual había una manada de lo que parecían caballos, junto a un bosque de árboles gigantes, como del que había salido días atrás.

“Otra vez al bosque” pensó sentándose en el mismo sitio en el que estaba. —Primero a comer y después sigo el camino —se dijo a sí mismo, dejando la mochila al lado suyo. Un estruendo fuerte llamó su atención; detrás suya, una tormenta se estaba acercando lentamente desde el Este. —Tendré que buscar algún sitio para refugiarme hoy —pensó en voz alta sacando lo que iba a comer.

Por culpa de la presión por parte de las nubes que amenazaban con lentitud con caer sobre el joven, le obligaron a darse prisa en acabar de comer y reanudar la marcha. Bajó la montaña dándose prisa y a la vez con cuidado, no quería que por casualidad se cayese y se rompiese algo.

Una vez que estuvo en el pie de la montaña, empezó a dirigirse hacia el bosque para poder encontrar algún refugio. Para poder llegar a su destino tuvo que pasar por en medio de la manada de criaturas que había visto desde la montaña, las cuales resultaron ser CF-007.

Este tipo de criaturas eran una mezcla de una raza de caballos llamada Ardenner y de algún felino. Esta raza era de proporciones robustas y altas. Un adulto promedio podía llegar a pesar entre los doscientos cincuenta y trescientos kilos, y medir entre un metro ochenta y dos metros diez de alto. Su aspecto era casi al completo el de un Ardenner a excepción de las patas; estas eran las de un felino al igual que sus dientes.

A Axel siempre le gustaron estas criaturas por su gran belleza a su parecer. Eran animales fuertes que podían llevar bastante carga en caso de necesitarlo, a la vez que muy veloces y ágiles. Otras dos cosas que los distinguían eran su increíble inteligencia y su mansedumbre. Aunque eran animales omnívoros, eran muy pasivos a lo que se refiere a convivir con otras especies y con los humanos, pues no cazaban, si no que eran carroñeros. Estos animales no tenían un depredador natural por su tremenda fuerza. Pocas eran las especies que se atrevían a intentar cazarlos.

El joven de pelo negro no estuvo entre aquellas majestuosas criaturas mucho tiempo, pues la tormenta seguía amenazándole con caer sobre él. Mientras pasaba por en medio de los CF-007 algo le sorprendió, lo cual hizo que le agradasen más. La manada al completo empezó a escoltarle hasta el bosque.

Cuando estuvieron en el bosque, este les agradeció el haberle acompañado, pero estos no se fueron.

—Ya podéis iros, a partir de aquí puedo seguir solo —les intentó despedir, pero estos no se fueron. —Tranquilos, voy a estar bien —dijo acariciando el cuello de uno de la manada y se dio la vuelta al notar que algo le tocaba la espalda. Al mirar detrás, vio cómo el alfa de la manada, el cual dedujo que era así por su tamaño y respeto que parecían tenerle, empezaba a agacharse frente a él, como si diese a entender que quisiera que se subiera. —¿Quieres que me suba? —le preguntó y este asintió con la cabeza, lo cual se sorprendió aún más, así que hizo lo que el hibrido le indicaba y cuando se montó en él, este se levantó y comenzó a caminar.

Axel siempre escuchó que los caballos tenían una inteligencia muy elevada comparado con otros animales y que eran muy amistosos con los humanos, pero que incluso le pudieran entender fue algo que le sorprendió en gran manera.

Pasaron como unos treinta minutos y llegaron al lugar al cual los híbridos querían llevar al joven. Un gran árbol en el cual aquellos animales habían formado su hogar haciendo una pequeña entrada en una parte a mediana altura en el árbol.

Cuando entraron por la pequeña entrada, se sorprendió aún más al ver una gran cavidad dentro del árbol, con un suelo hecho de ramas y hojas que se habían ido formando naturalmente desde dentro, las cuales estaban completamente limpias.

—Impresionante— expresó su asombro mientras bajaba del lomo del cuadrúpedo. Los mamíferos no paraban de sorprenderle. Esta vez vio como empujaban unas ramas hacia la entrada, evitando así que cuando empezara a llover el agua entrase en aquel refugio.

Aunque no fuera demasiado tarde, los animales empezaron a acostarse para dormir. Al ver esto, Axel fue y se sentó en una esquina de la cavidad y dejó su mochila al lado suyo. Como tenía hambre, sacó una cajita en la que tenía comida y empezó a comer. Al poco de sentarse a comer, una joven de la manada se recostó al lado suyo. Esta era una joven blanca con manchas negras y con el pelo de las patas negro, como si de un leopardo de las nieves se tratase. Esta media un metro y ochenta de altura sin contar la cabeza, y dedujo que era la hija del líder por su aspecto, aunque el alfa era de color rojizo con las manchas negras.

—¿Quieres un poco? —ofreció el joven al mamífero poniéndole un trozo de carne seca delante y esta lo aceptó. Algo le sorprendió al lado contrario suyo, así que vio qué era. El líder de la manada se había acostado junto a él también. Axel no pudo resistirse y empezó a acariciar a los dos mamíferos.

Cuando terminó de comer guardó la caja en la mochila; sacó su manta y libreta para empezar a dibujar, pues aún era algo temprano para él para irse a dormir.

A la mañana siguiente Axel se despertó temprano para poder seguir con su viaje. Al mirar a su alrededor, vio que no estaban los que le habían escoltado la tarde anterior y la entrada estaba destapada, por lo que decidió recoger sus cosas para irse y salir del lugar en el que estaba refugiado.

Al salir vio algo que le pareció bastante curioso, estaba la manada entera formando un círculo con el alfa, una hembra y la hija del alfa en medio. Los tres animales estaban frotando sus cabezas entre sí, como si de un abrazo se tratase. Cuando bajó de árbol, captó sin él quererlo la atención de los cuadrúpedos, causando así que los tres que estaban en el centro se acercasen a él.

La menor empezó a restregar su cabeza contra el cuerpo del joven y se agachó al lado suyo. Axel se quedó extrañado por aquel comportamiento de los mamíferos. Una vez estuvieron el alfa y la hembra enfrente del chico, el alfa le indicaba con la cabeza a su hija, como si quisiera que se montase en ella.

—¿Deja la manada? —preguntó extrañado y el contrario asintió con la cabeza. —¿Es para acompañarme? —formuló otra pregunta a lo que el animal volvió a asentir. —No tiene que hacerlo, voy a estar bien, de verdad —les aseguró, pero estos no parecían aceptar lo que Axel les decía. Al final acabó aceptando el hecho de que iba a tener nueva compañera de viaje y les dijo a los que tenía delante. —Prometo que voy a cuidarla —acariciando los cuellos de ambos.

Cuando se despidió del alfa, se montó en su nueva compañera y volvió a iniciar su viaje. La joven yegua empezó a galopar en la dirección que le había indicado su jinete y a los pocos segundos de salir, la manada empezó a galopar al lado de ambos para acompañarlos un rato a modo de despedida. Esto conmovió al joven, pues mostraba la naturaleza familiar de aquella manada.

Unos minutos después de salir, los que los acompañaban se frenaron en seco, dejando así a Axel y la recién salida de la manda cabalgando solos.

—Siento que tengas que abandonar tu manada —le dijo acariciando la crin de su compañera— y gracias por acompañarme —le agradeció, a lo que ésta respondió pegando su cabeza a la mano de éste.

Pasaron las horas y a Axel le empezó a dar hambre, pues no había desayunado. Así que pararon un rato para comer y continuaron su camino hasta entrada ya la tarde. En el camino vio un pequeño arroyo cerca, por lo que le pidió a su montura que se parase allí. Al tener esta vez alguien que pudiera ayudarle a defenderse, decidió quedarse allí un rato y pescar algo para cenar algo antes de ir a buscar algún refugio para pasar la noche; así que se puso manos a la obra mientras su compañera comía algo de pasto.

Cuando capturó unos cuantos peces recogió algo de leña e hico una fogata para así poder cocinar lo capturado. Antes de encender el fuego, preparó el lugar para evitar provocar un incendio involuntariamente. Una vez listo, se puso a cocinar los peces que había capturado.

—¿Quieres un poco? —le ofreció un pez a su nueva compañera. Esta aceptó y se lo comió. Tras un breve silencio, Axel le preguntó. —Tendré que ponerte nombre para llamarte ¿no? ¿Te gusta el nombre de Aria? —esta asintió con la cabeza —Era el nombre de mi hermana, espero que te guste.

Un fuerte rugido llamó la atención de ambos, provocando que ambos se levantasen y Axel se puso en posición defensiva con el arco y una flecha ya en la mano. El joven se quedó pálido al ver lo que se estaba acercando. Una criatura que nunca había visto con forma humanoide de unos seis u ocho metros de altura se acercaba con un tronco de árbol en forma de garrote directo hacia ellos.

—¡Vámonos! —se asustó, apagando rápido el fuego y cogiendo su mochila para montarse en Aria. Una vez encima de su compañera, ella empezó a galopar lo más rápido que pudo.

La criatura empezó a correr para intentar atraparlos. Mientras Aria iba esquivando los árboles, Axel se puso de espaldas para lanzarle flechas a su perseguidor. Al ser mucho más grande, cada vez se acercaba más y más con cada paso que daba.

—Tú puedes despistarlo, bonita —animó a su compañera mientras seguía disparando a su enemigo. Esta respondió de forma positiva y aceleró el paso considerablemente. La alegría de haberle ganado terreno a la criatura no duró mucho tiempo, pues esta volvió a pisarles los talones. —Tengo que arriesgarme —pensó en voz alta y sacó una flecha en la cual tenía enganchada una cuerda. —Mantente lejos de él, si me pasa algo, vuelve con tu manada —le ordenó antes de sacar dos cuchillos y lanzar con todas sus fuerzas la flecha, la cual tenía la punta en forma de gancho para que al clavarse no se pudiera sacar tirando de ella.

El objeto se clavó en el pecho de su perseguidor sin que este le diese mucha importancia. Parecía como si no notase dolor alguno cuando se le clavaban las flechas. Cuando la flecha estuvo clavada, Axel se abalanzó contra aquella criatura, pasando colgado por su costado para poder clavarle los cuchillos en la espalda.

“Si consigo clavárselo en la columna podremos librarnos de él”, pensó. Una vez clavó sus cuchillos en la espalda del gigante y soltó la cuerda. Poco a poco fue escalando la espalda de este, clavando los cuchillos para poder agarrarse bien.

Para mala fortuna del joven, el contrario se paró y comenzó a intentar quitárselo de la espalda. Aunque Axel hizo todo lo posible para no caerse y a la vez llegar a su columna, uno de los cuchillos se partió con los tambaleos de monstruo, provocando así que el otro cuchillo se saliera también y el joven se cayese.

Antes de tocar el suelo, el joven recibió un fuerte golpe por parte del que los había estado persiguiendo, causando así que se estampase contra un árbol y quedara inconsciente. Al ver la compañera del joven lo que había sucedido, fue rápido a defender a su amigo, colocándose entre el atacante y Axel, el cual estaba inconsciente.

Al monstruo esto no le intimidó en lo más mínimo y empezó a caminar hacia donde estaban ellos. Justo antes de que el enemigo pudiera causarle algún tipo de daño al animal, una flecha de un tamaño considerable atravesó la cabeza de este. Aunque el animal quedó desconcertado por lo que había sucedido con su enemigo, no perdió el tiempo y montó como pudo a su compañero encima suya para irse rápido de aquel lugar.

El plan que tenía el animal fue interrumpido a los pocos segundos de empezar a galopar por una figura masculina bastante alta. Al ser sorprendida por el joven, esta se puso a la defensiva, protegiendo a su compañero.

—Tranquila, no voy a haceros daño— dijo el chico intentando calmar al animal, lo que hizo que este se calmase, pues no percibió maldad en él. —Tú amigo está herido, si quieres salvarlo, sígueme— le dijo a la hembra. Esta, como vio que no tenía malas intenciones, empezó a seguirle.