La Magia De No Saber (Jugando con la libertad)

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Summary

Elisa aprendió a vivir planeando cada paso. A controlar lo que sentía, a guardarse las ganas, a seguir reglas que la mantenían a salvo. Pero hay pensamientos que no saben quedarse quietos. E ideas que se cuelan en la noche. Deseos que piden ser tocados, no pensados. La universidad abre una puerta que Elisa nunca se permitió cruzar del todo. Decisiones pequeñas comienzan a sentirse peligrosas, las miradas duran un poco más y el cuerpo empieza a pedir lo que la mente siempre negó. No busca perderse, busca probar. Probar el placer de hacer algo mal conscientemente, de improvisar sin pensar en las consecuencias, de abandonarse a ese segundo en el que todo tiembla. Y en medio de esa tensión deliciosa aparece él, con una presencia que desarma y una cercanía que quema lento y arde: Tomás. Este libro es la historia de una conexión que arde en silencio, se construye entre miradas y cercanías peligrosas, y de una tentación constante que promete dejar de ser solo insinuación. De un casi que roza la piel. Porque, a veces, lo que más atrae no es lo que pasa... sino sus consecuencias.

Genre
Romance
Author
Mariad14
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

ELISA Y TOMÁS

20/Enero/2024

La rutina siempre fue la misma.

Despertarme, bañarme, arreglarme, desayunar y salir directo a la universidad.

Crecí con el pensamiento de que tener un orden específico para realizar las cosas era algo sumamente importante. Creía firmemente que, si dejaba algo al azar, todo saldría mal, por lo que siempre tenía un plan para todo.

Sin embargo, ese orden mental no se reflejaba en mi entorno. Mi habitación, a pesar de ser amplia y cómoda, se encontraba revuelta: las paredes llenas de moho, ropa tirada por todos lados, hojas y lápices por todo el piso, maquillaje y pelos rubios regados por todo el cuarto. En resumen, mi cuarto era un desastre. De igual forma, de alguna manera lograba verme presentable.

—Qué asco..., tengo que arreglar todo esto... —me dije a mí misma al salir de bañarme.

Como era de imaginarse, ese comentario no afectó mi rutina.

Empecé a arreglarme entre todos los tanates mientras escuchaba un pódcast random que encontré en YouTube. Entre toda mi ropa, decidí ponerme un vestido rojo, tacones negros estilo princesa y una diadema roja que combinaba con el vestido. Agarré mis anillos, los collares y mis aretes en forma de cruz, todos ellos de oro.

—¡ELISAA, ya está el desayuno, baja a comer! —gritó mi tía desde el primer nivel.

—Ya voy, tía, solo me termino de maquillar... —contesté con pereza.

Cuando terminé de desayunar, me fui directo a la universidad. Sorpresivamente, esta vez había salido temprano, por lo que tenía que esperar a que llegaran todos mis compañeros y la licenciada comenzara la clase. Al ver que todavía me faltaba esperar media hora, sentí hambre, así que decidí ir a la cafetería a ahogar mis penas en un delicioso cheesecake de frambuesa.

—¡Elisa! —me saludaron de lejos mis amigas.

—¡Holaa! ¿Cómo están? Hace tiempo no las veo —(solo habían pasado 3 días contando el fin de semana)— contesté gritando con emoción.

Mientras mis amigas me contaban qué habían hecho el fin de semana, no podía evitar dejar de pensar en mis notas. Me resultaba increíblemente difícil prestarles atención o simplemente estar quieta mientras me hablaban. A pesar de eso, comencé a responderles de manera que consideraba adecuada, aun sin saber de qué me hablaban. La conversación terminó casualmente y todas nos fuimos a nuestras clases separadas.

Ya en clase, me encontraba sentada hasta adelante. No podía evitar pensar que era la niña que daba cringe y hacía preguntas tontas a la catedrática. Sin embargo, si no lo hacía, no entendía, por lo que no me quedaba otra opción.

—¿Necesitas ayuda? —me dijo Tomás.

No pude evitar sonreír al escuchar esas palabras. —No, para nada —dije sarcásticamente, dándole a entender que sí quería que me ayudara.

Tomás era ese tipo de chico guapo sin esfuerzo: inteligente y dedicado, disciplinado y lleno de ego, lo cual le daba su toque. Era alto, bronceado, con pecas apenas visibles, pelo negro, lentes y unos músculos que resaltaban por debajo de esa ropa casual.

Nos habíamos conocido casualmente en una fiesta de fin de año. Yo, a pesar de ser un poco reservada, no podía negar que me encantaba socializar y salir de fiesta con mis amigas.

Había sido invitada por mi mejor amiga, Anahí, quien siempre había sido dulce y llena de vida. Mientras que él había sido invitado por el que organizó la fiesta, un amigo de infancia con el cual no tenía una relación tan cercana, ya que se habían distanciado porque él estudió bachiller en otro país, dejando atrás a todos sus amigos.

Continué “estudiando” junto a Tomás y me quedé hasta tarde con él dentro de una de las clases de la universidad.

Eran ya eso de las 8 pm cuando Tomás recibió una llamada y fue regañado por su madre, quien se encontraba preocupada por saber dónde estaba él.

Después de eso, Tomás ya nunca tuvo permiso de quedarse tan tarde dentro de la universidad o donde fuera.

...

25/marzo/2023

Me encontraba cenando cuando, de repente, me llegó ese mensaje que decía: “A qué hora nos podemos ver? Quiero contarte algo jajaja”.

No pude evitar sonrojarme, pues ya llevaba tiempo hablando con este chico, a quien había conocido en esa fiesta y que resultó ser mi compañero de clase. Contesté solo con un: “Mañana me contás en la U, o si querés vení a verme jajaj, yo no pienso salir tan tarde”.

Pasó una hora, dos horas, tres horas, hasta que ya eran las once y media de la noche. La respuesta que tuve fue: “Seguí soñando, linda. Te veo mañana en la universidad”.

Me quedé viendo fijamente el chat mientras giraba los ojos hacia atrás, preguntándome cómo alguien podía ser tan coqueto y, a la vez, tan amigable conmigo, sin sobrepasar el límite de una simple amistad.

Esa pequeña, pero divertida conversación no hizo más que despertar aquel recuerdo del 31 de diciembre de 2022. Eran por ahí de las cinco de la tarde cuando llegué a la fiesta.

Empecé a tomar unos traguitos con mis amigas, asquerosos, cabe recalcar. No supe diferenciar quién, entre tanta gente, había creado aquella horrible mezcla de licor con gaseosa y Dios sabrá qué otras cosas más. Sin embargo, quería sentir la emoción de llegar a final de año y graduarme de bachillerato, como tanto lo había deseado durante tanto tiempo, solo para alejarme de ciertos compañeros.

—¡ELISAAAA, venite conmigo, capaz así se me logra un “dos pa’ dos” con ese canche de la esquina! —gritó Anahí, insinuándome que me uniera a su pícaro plan.

—Estás loca, solo el tuyo está guapo. Aparte ni los conocemos, capaz y nos pegan algo o tienen novia, babosa —contesté con descaro.

Anahí no le hizo caso a mi comentario y fue a traer a otra de nuestras amigas para que la ayudara. Mientras tanto, yo me puse a grabarlas, ya que no podía evitar reírme de las ocurrencias de mis amigas.

—¿Qué onda? —dijo Tomás, a quien no conocía en ese entonces.

A partir de ahí empezó una conversación con él. Platicamos sobre nuestros amigos, quienes eran los que se estaban agarrando en ese “dos pa’ dos” que Anahí había planeado.

Le pregunté si a él también se lo habían propuesto, a lo que contestó que sí, pero que no conocía a ninguna de las chicas, por lo que no tenía ganas de hacer nada de eso.

En ese momento pensé un millón de cosas. Desde el primer instante lo había considerado guapo y no pude evitar pensar que debía ser de ese tipo de chicos que se besan a una y al día siguiente actúan como si nada hubiera pasado, cosa que yo detestaba.

—¿Qué te pasa? ¿Ya te pegó el trago o qué onda? —exclamó Tomás.

—Nada que ver, solo andaba pensando en unas cosas —contesté.

—¿En unas cosas o en que te va a tocar irte sola porque tu amiga fijo se va con Emiliano? —dijo Tomás. (Emiliano era su amigo, el rubio del “dos pa’ dos” de Anahí).

—Pues podría no irme sola... tal vez se me cruce un alma noble que me quiera llevar de regreso a mi casa —contesté, haciéndole ojitos para que me diera un ride.

—Ala, ni me conocés y ya querés que te lleve a tu casa. Qué confiada. ¿Qué te dice que no soy un asesino que te va a vender? —contestó jugando.

—Mmm, tal vez que ya sé que a vos también te dejaron abandonado tus amigos por irse a besar con alguien más.

—Aprovechada, pero va, yo te llevo. ¿Dónde vivís? —contestó molestándome.

—Por la farmacia que queda al lado de la universidad, en Andalucía —respondí, haciéndome la tierna pero pícara.

—¿De verdad? —contestó sorprendido—. Tenés suerte, yo también vivo ahí.

Ambos, sorprendidos pero felices, continuamos pasándola bien un rato más en la fiesta, hasta que me di cuenta de que me había quedado más tiempo del que me habían permitido. Se lo indiqué a Tomás, quien también ya estaba cerca de su hora de irse. Entonces, juntos, nos fuimos directo a Andalucía, el condominio donde ambos vivíamos.

Ya ahí, notamos que había solo dos cuadras de distancia entre su casa y la mía, lo cual era poco, ya que el condominio no era tan grande.

—Mmm, como que ya me tocó irme, pero gracias por el Uber —dije jugando.

—Ala, si me volvés a decir Uber, en mi vida te doy un ride de nuevo —contestó, haciéndose el ofendido.

Nos despedimos entre risas y miradas un tanto pícaras, hasta que se me ocurrió decir:

—Hey, pero si no tengo tu número, ¿cómo voy a poder pedirte otro ride?

Tomás no pudo evitar reírse y, como yo le había caído bien, decidió darme su número.

Después de esa interacción, cuando ya me encontraba en mi casa, pasé repitiendo cada recuerdo, como si el momento no hubiera terminado. Jamás me había divertido tanto como esa noche. Y Tomás... wow. Quedé fascinada con él. Me encantó su carisma y su forma de ser; sentí que era fácil tener un tema de conversación, que la charla fluía y que había esa conexión que despertaba curiosidad en mí.

No pude pegar el ojo esa noche. Pasé cada minuto preguntándome y diciendo: “Dios, me encantó, hoy sí me la pasé bien”. Sin embargo, había un sentimiento a la distancia, muy en el fondo de mí, que no me dejaba ser completamente feliz. Sentía ese remordimiento porque sabía que, a partir de ahí, podía comenzar a tomar malas decisiones con tal de divertirme, cosa que no era común en mí.

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