Tratado de Versalles
La noche cae sobre el tejado de aquel bar que acaba de abrir.
De pronto, nos desorientamos.
¿Cuál era el camino? ¿Quién eres tú, y por qué me miras así?
Me miras, como si me hubieses estado esperando,
te miro como si fueras todo lo que quiero.
Vino tinto tiñó nuestras copas.
Un cartel es testigo de nuestro primer beso.
Tu mano toca la mía con tal dulzura
que me entrego al confiar.
Con una dulzura, que envuelve mi cuerpo.
Esa melodía acústica rasguea nuestro momento.
Un momento tan propio y presente,
que no quiero dejar de imaginar.
Con los ojos puestos en los otros,
y las manos entrelazadas…
Firmamos con tinta crédula un acuerdo de paz al aire.
Aire, que de pronto se hace menos.
Me ahogas en besos.