Paul's Oneshots

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Summary

Estos son un cúmulo de One-Shots que escribí en la uni. Quizá cuando salga del bloqueo, escriba más, pero aquí tienen mientras.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

La última hora de Liverpool/Buenas noches, Agatha

"Nuestro día a día no es más que la consecuencia de múltiples factores externos. Decisiones de las que ni siquiera somos conscientes, pero que influyen en la vida de muchos de manera trascendental. Nos aferramos a mantener nuestro alrededor de la mejor manera posible, pero, ¿hasta qué punto nuestras vidas dependen de nosotros?"

Paul Giroud


El mundo es un lugar en el que mil cosas suceden al mismo tiempo, estemos o no conscien,tes de los sucesos que pueden incluso afectarnos de manera directa. Entre tanto, mientras las decisiones son tomadas, vivimos en una pacifica ignorancia que de un momento al otro se puede estremecer. Así vivían las personas en la villa portuaria más importante del Reino Unido. Por las calles de Liverpool se veían incontables niños jugando, corriendo y recreándose. Se respiraba paz en el área, y eso era lo que importaba. Desde un ventanal en el piso superior de la casa de los Wellington, una joven veía a los niños jugar con cierta melancolía. De un lado a otro, observaba sus alrededores mientras pasaba su mano por el marco sobre el que estaba sentada. Suspiros amargos salían de ella mientras pensaba en lo que sería su destino. Ver el equipaje apilado al otro lado de la habitación le aterraba. Tenía miedo de irse, pero no tenía elección.

—Diciembre de 1865, eso era lo que estaba pautado —espetaba su padre desde las escaleras, con un volumen suficiente para ser escuchado por ella—. ¡Cómo me vas a decir en navidades que la entrega se va a retrasar hasta el año que viene!

Escuchar a alguien fuera de la habitación la asustaba. Sentía que en cualquier momento llegarían las personas que se la llevarían. En cualquier momento su vida daría un cambio, y no sería más que una nueva persona en el convento. Las horas pasaron mientras su habitación, y la muñeca de trapo que tenía a su lado era su única compañía. Sin embargo, un claxon empezó a escucharse a lo lejos. La joven se alteró y salió disparada del lugar, mientras su madre la llamaba.

—¡Agatha, ven aquí por favor! —escuchaba ella durante su huida.

Bajó azorada las escaleras, casi tropezándose, para salir por la puerta de atrás. Quería retrasar su partida lo máximo posible. Corrió hasta el patio trasero sin mirar hacia atrás, cuando se perdió en sus pensamientos hasta darse de bruces contra una persona. En el choque, Agatha cayó al suelo, y al levantar su mirada, se encontró con quien menos quería.

—Te estás haciendo esto más difícil, Agatha —dijo el hombre con uniforme militar frente a ella, limpiándose el polvo levantado.

Agatha no podía sentir más que odio hacia el soldado que le había traído tal desgracia a su hogar. Su hermano, quien había llegado desde la lejana Londres con el objetivo de obligar a sus padres a dar el paso y entregarla a la vida eclesiástica.

—Tú me estás haciendo la vida más difícil —respondió, negándose a verlo.

A ella le irritaba todo de su hermano James desde su llegada. Incluso su mirada fría, aunque opaca, por algo que no comprendía. Algo había pasado durante el servicio en la ciudad capital, mas la ira le impedía a Agatha siquiera saberlo. Él quería arrebatarle su juventud, y eso era todo lo que importaba.

—Ya envié a mis subalternos a recoger tus cosas, así que, por favor, date la vuelta y ve a recibir a la madre Willow —habló apacible, refiriéndose a la persona encargada de llevársela.

Agatha respondió a su petición tomando tierra del suelo para lanzarla en su uniforme. James se inmediato cubrió su rostro, indignado por el comportamiento de su hermana, para luego reclamarle con voz alzada.

—¡Esto era para lo que venías! —gritó Agatha de vuelta, mientras de sus ojos brotaban lágrimas— ¡Para qué viniste si solo querías separar a la familia!

—Las cosas son diferentes ahora. Has crecido y debes de comportarte a la altura. Es necesario que destaques en el convento para ser parte de los peregrinajes lo más pronto posible.

—¡Eso es lo único que has dicho desde volviste! No sé por qué estás tan obsesionado con salir de Inglaterra. Lo mismo con hacer a papá y mamá partícipes en las entregas marítimas. ¿Qué sucede contigo?

—¡Sucede que en cualquier momento puede que el bastardo de Lun...! —Sin embargo, detuvo su griterío en el último segundo.

James se dio cuenta de lo que estuvo a punto de revelar y prefirió contenerse. Se cubrió la cara con una mano para reformular lo que le decía a Agatha, pero esta aprovechó el momento para levantarse y tomar su muñeca antes de salir disparada de nuevo hacia la casa. Sin embargo, el sonido de un vehículo marchándose la detuvo en seco. En efecto, sus padres se alejaban hacia su viaje de negocios, sin despedida alguna. Ya no le quedaría nadie en casa además que su hermano. Y pronto ella tendría que marcharse también.

—¡Te odio, y no te lo perdonaré jamás! —lanzó entre llantos.

Su hermano, empatizando con su desesperación, intentó acercarse, pero no recibió más que una embestida de Agatha, quien siguió corriendo para intentar llegar al sótano que su padre usaba como cobertizo. De pronto, el suelo comenzó a temblar con fuerza. James entró en crisis, pues sabía lo que podía estar pasando. Entonces disparó con su arma de fuego al aire para alertar a todos alrededor. Agatha se sobresaltó por el disparo, haciéndola resbalar y que cayese por las escaleras hasta el fondo. James corrió hacia las puertas del sótano para buscar a su hermana, pero la luz que vio acercarse desde el horizonte mientras los temblores se hacían más fuertes, le hizo ver que todo estaba perdido.

—¡James, ayúdame! —escuchó de Agatha abajo.

Pero, como si no hubiese escuchado nada, solo se limitó a ver el avance incesante de aquella luz desoladora, antes de decir sus últimas palabras.

—El maldito lo hizo...

Y en un último esfuerzo, James cerró las puertas del sótano para proteger a su hermana. Lo último que Agatha vio fue a su hermano dejarla adentro antes de que una luz cegadora pasara por debajo de la puerta, y un estruendo inmenso la hiciera perder la consciencia. La luz cubrió no solo la casa de los Wellington, sino que siguió más allá de Liverpool. Inglaterra cayó sumida ante una luz aniquiladora que barrió con todo. Y todo se perdió.



—¿James...?

Agatha quedó helada ante la nada. Su hogar ya no estaba, y sobre ella solo estaba un cielo grisáceo, producto del desastre ocurrido. Árboles caídos, madera por todos lados, y aquel amplio ventanal yacía en el suelo frente a ella. Todo a su alrededor eran escombros de lo que alguna vez fue su casa. Tampoco había nadie que pudiese darle una respuesta. Estaba sola ante una nada sin explicación, y no sabía cómo reaccionar. De un momento al otro, perdió todo lo que conocía, pero su mente pedía ver a una persona.

—¡James, James! —Comenzó a llamarlo como nunca antes lo había hecho.

Si algún ápice de cordura quedaba en ella, estaba totalmente volcada en la esperanza de ver a la última persona que le quedaba. Una vez su cuerpo pudo reaccionar, empezó a correr lejos de la casa. Su andar era débil, pues ya no sentía gran parte de su cuerpo, y la caída por las escaleras había malogrado sus piernas. Sin embargo, iba hacia delante sin mirar atrás. Quizás porque ya no había algo detrás, o más porque quería ver algo enfrente. Ya no había ningún niño jugando por allí, no se escuchaba a lo lejos ningún navío. Liverpool se había apagado totalmente, si es que Liverpool aún podía llamarse así. Agatha siguió corriendo entre la desolación, hasta que sus piernas cedieron. Un tropiezo con una rueda tirada en el camino la hizo caer en el suelo. Intentó levantarse, pero su cuerpo dejó de responder. La debilidad la dejó en el suelo, con una extraña sensación interna. El cielo se hacía más oscuro. La noche caía sobre lo que fue una vez una villa, pero Agatha no quería rendirse. No quería que todo terminase así, no podía terminar así.

—Agatha, todo está bien... —escuchó a lo lejos.

Ella reconoció aquella voz, inconfundible tras todo lo sucedido. Aunque apacible y calmada, no podía tratarse de alguien más sino de James. Al verlo arrodillado, se arrastró como pudo hasta lograr posar su cabeza en las piernas de su hermano.

—James... ¿qué está pasando? —preguntó ella con dificultad incluso para respirar.

—Ya no hace falta pensar en eso. Lo que iba a pasar, ya pasó. Quédate tranquila.

No entendía lo que sucedía, pero a ella le bastaba tener a James a su lado. Le bastaba la compañía de su hermano entre tanta destrucción. Esa pequeña señal de que algo de su vida aún estaba bien, si es que aún podía llamarse vida. Los ojos de Agatha se fueron cerrando poco a poco, mientras más consciente se hacía de la presencia de James.

—¿Todo va a estar bien con nosotros? —preguntó por última vez.

—Todo estará bien, hermana. Es hora de descansar...

Una vez Agatha cerró sus ojos, cedió ante todo. La sensación sobre su cuerpo de un momento a otro desapareció. Todo a su alrededor dejó de tener importancia. Todo estaría bien, su hermano estaría con ella, y no tendría que pensar en nada más. Sus males se habían disipado, pues no tendría que irse al convento. Solo necesitaba quedarse allí, y todo estaría bien. El viento comenzó a soplar, y la muñeca de trapo que quedó sobre la rueda cayó al suelo. Nada más permaneció allí, una vez el polvo que había alrededor fue barrido por la brisa. Y así el viento se llevó la última vida en el Reino Unido.

—Buenas noches, Agatha.