Capítulo 1. Desenmascarada.
Aún recuerdo ese día… todos los días reviví ese día. Era una mañana cualquiera, el aire se sentía tan pesado, mi vida ya no parecía mi vida… quién diría que ese día dejaría de ser Ana y daría inicio a un futuro diagnóstico.
Mi nombre es Ana, y recuerdo mi vida a mis dieciocho años más que la mayoría de las personas, pues fue el día que comencé con pensamientos que antes no pasaban por mi mente, había estado teniendo días no tan buenos pero dije “¡Qué va! Pasará, es un día más”. No me encontraba muy activa con mis vínculos familiares ni de ningún tipo, algo me incomodaba pero no sabía qué, solo sabía que no me sentía bien anímicamente y a pesar de estar acompañada por mis seres queridos no me sentía incluida, estaba fuera de mí, fuera de lugar. Como es de esperarse, me aísle, aunque en el fondo no quería estar sola.
Todo se trasladó a cosas tan vanas como los alimentos, pero es normal cuando te sientes mal ¿Cierto? Ese día la comida me pareció tener otro aspecto, no estaba vencida ni nada, pero algo había cambiado ya que mi mente comenzó a verla diferente. Me convencí de que ese día quizá sería mejor comer diferente, tal vez mi cuerpo me pedía otro tipo de alimentación. Además, las redes sociales, los programas de televisión y cada conversación en ese momento te convencían para conseguir “tu mejor versión” mediante la alimentación y el ejercicio, el cuerpo parecía ser el medidor de la auto realización. Ese pensamiento se impregnó en mí, quizá sería un nuevo reto en mi vida… pero de repente me invadió una sensación de un “huésped”, lo cual me sorprendió demasiado porque aún aislada parecía que mi mente me había traído una parte de mí que no conocía, era como ser Ana dividida, y aunque estaba segura de ser solo una persona en la cocina, tenía esta Ana que me acompañaba, era como esa voz que tenemos en el interior pero esta vez sonaba más fuerte que cualquier pensamiento. Cuando llegó la otra Ana yo solo pensaba en que había encontrado mi lugar seguro. Se sembró en mí de forma lenta, tan suave que en ese momento no temí, era mi voz interior ¿Qué podría salir mal?
Mi vida continuaba, mis padres trabajan, mi hermana hacía cosas de chicas a sus veintes y yo solo seguía buscando obtener un nuevo logro, el cual llegó a mí en la cocina, ese día, a mis dieciocho años a través de los medios de comunicación y además con esta “huésped”, todo parecía encajar para bien.
Siempre me han considerado alguien perfeccionista y dedicada, la hija que no da problemas y era cierto. De hecho recién me habían admitido en la universidad de mis sueños, me sentía tan bien pero mi segunda Ana, el “huésped”, comenzaba a susurrar otras metas, así es, las metas que salieron inconscientemente esa mañana en la cocina. Me conocía bastante bien que sabía que era ambiciosa cuando me proponía algo, era determinada, así que esa Ana me motivó a comenzar a hacer más ejercicio, a comer “mejor”, a tener cierto “control” y alcanzar el “cuerpo digno de una ganadora”. Me sentí entendida por esa Ana que emanaba de mí, así que la dejé entrar más en mí. Se volvió mi mejor amiga, la más íntima, yo guardaría sus secretos y ella los míos, después de todo habitábamos el mismo cuerpo y mente, el objetivo era el mismo y nadie podría ver más por mi bienestar que la otra Ana y yo, la Ana principal. Era la compañía perfecta para ese salto que daría a la nueva etapa de mi vida donde en poco tiempo cumpliría diecinueve años y en un abrir y cerrar de ojos veinte años.
Y al final, lo que empezó como un día con una sensación pesada tuvo una explicación, había otra Ana, ella necesitaba espacio y que la aceptara, así que lo hice y por un momento se fue la sensación de pesadez… tristemente esa sensación de alivio duró solo un momento. Porque ese peso, era el más ligero que cargaría en mucho tiempo desde ese día que conocí a Ana.
Por: Joliana OR