capitulo 1: Sueño o Pesadilla
Oid mortales, presten mucha atención, toda historia comienza con un “había una vez” lo cual solía significar un final feliz o al menos prometedor. Este relato tiene de todo un poco. Hay días grises que prometen más de lo que uno espera y hay días soleados que acaban siendo… bueno ¡ya saben cómo termina eso! En una pequeña ciudad llamada Boster City, con no más de cinco mil habitantes apartada de otras grandes urbes, esta estaba rodeada de árboles y montañas. Sin embargo, en una gran parte de la ciudad, el vandalismo y la corrupción reinaban. Las autoridades eran sobornadas, por lo que nadie hacía nada por temor. Nuestro protagonista Noah L. Towers es un chico común y corriente o al menos eso creía él algo en su interior permanecía dormido. Desde hacía un año estaba teniendo sueños recurrentes y bastante particulares, para él eran solo eso sueños o aterradoras pesadillas que solía ignorar al transcurrir el día sin embargo esta última fue diferente…
CAPÍTULO 1: SUEÑO O PESADILLA
¡Era una noche, pero no cualquier noche! A las doce con cuatro minutos, Noah había cumplido catorce años. Esa madrugada tuvo el sueño que cambiaría su vida; en él escuchó una voz que le susurraba. Despertó exaltado y aún más asustado al no saber dónde se encontraba. Veía que todo estaba destruido: edificios en llamas, escombros por todas partes y cenizas que caían como si fueran copos de nieve. Noah se preguntó por qué la gente huía gritando sin un rumbo específico, hasta que escuchó nuevamente la voz.
—¡Ven a mí!—exclamó con voz gruesa y ronca. Parecía un hombre de mediana edad. Mientras Noah se levantaba, decidió acercarse lentamente hacia él creyendo que necesitaba ayuda.—¡Más cerca!—le gritó el hombre, cada vez más insistente, elevando su tono de voz. —Todo terminó… terminó —gritó el sujeto, levantando su mano de manera temblorosa y señalándolo. Noah, asustado, retrocedió un paso, pero la curiosidad lo detuvo. No podía evitar querer saber quién era ese hombre y si necesitaba ayuda.
—Disculpe, ¿qué… qué está pasando?—preguntó Noah, asustado y tartamudeando, pero fue interrumpido.
—¡TODO TERMINÓ!—exclamó el individuo desde el suelo.
Todo su cuerpo se veía estropeado y cubierto de fracturas. Su rostro demacrado mostraba más huesos que piel, y sus ojos rojizos daban la sensación de que la mismísima muerte le hablaba cara a cara. Noah lo miró a los ojos y presintió un sufrimiento profundo, quedando inmóvil. El martirio que experimentaba el hombre parecía provenir del interior de su ser: almas atrapadas pedían a gritos y entre lamentos salir. Noah retrocedió sin apartar la mirada, pero terminó tropezando con una roca. Estaba realmente asustado. Se arrastró hacia atrás mientras veía al sujeto intentar levantarse. Notó cómo su cuerpo comenzaba a contorsionarse hasta lograr ponerse de pie. Desesperado, Noah agarró piedras, tierra, lo primero que tuvo a mano, y se las arrojó. El hombre se balanceó hacia él, cayó al suelo y le agarró el pie. Con su otra mano tomó su rodilla. Noah, tumbado, intentó liberarse, pero sentía que las manos del sujeto eran como navajas. Trató de darle patadas, pero el hombre era persistente. Finalmente, el sujeto lo tomó de los hombros y le dijo:
—Diles que no va a ser como la última vez… cuatro años y reinaré. De mí no se van a esconder más. Uno a uno, sus almas tomaré. Me conocen… yo soy Ankou.
Noah se despertó gritando, sudando y sin poder respirar. Su cuerpo se erizó por completo, aún sentía que lo sujetaban de los brazos.
—¡Grito!—¿Pero qué? ¿Dónde estaba? ¡Suéltame! ¡Suéltame!—dijo Noah mientras aferraba los brazos con fuerza, todavía confundido.
—¡Deja de gritar! ¡Nadie te estaba agarrando! Deja dormir a los demás, hazme un favor ¿quieres? Tengo que levantarme temprano—exclamó su hermano Eliseo, quien era un año menor que él.
Noah, sin palabras, se recostó y se quedó mirando al techo mientras Eliseo seguía rezongando hasta que se quedó dormido otra vez, él no podía quitarse el rostro de aquel hombre de la cabeza ni las palabras que le había dicho antes de despertar.
—¿Qué habrá sido eso?—se preguntó en voz baja—. Se sintió tan real... Yo... yo estuve en ese lugar, sentí la tierra en mis manos, el calor del fuego... ¿Por qué no dejaba de temblar? ¡Esto no fue una pesadilla! ¿O sí?
Al día siguiente Noah se levantó con mucha pereza debido a lo poco que había dormido durante la noche, se dirigió al baño y comenzó a cepillarse los dientes para luego ir al colegio, sin embargo en el reflejo del espejo vio la silueta de un hombre que se desvanecía lentamente. El susto lo hizo escupir la pasta de dientes directamente al espejo, se giró pero no había nadie detrás de él. Por un momento pensó que su mente le estaba jugando una mala pasada debido al sueño de la noche. Se dirigió hacia su cuarto, se puso el uniforme y tomó la mochila. Cuando estaba a punto de salir, su madre le habló desde la cocina.
—¡Buenos días, mi cielo! Feliz cumpleaños, amor... eh, Noah, espera un segundo.
—¿Qué?—preguntó Noah, pensativo—. ¿Pasa algo, mamá? —Te estoy felicitando por tu cumpleaños y no me escuchas... Además, te ibas sin saludar. ¿Te sucede algo?
—Lo siento, mamá—la abrazó—. Gracias, es que estaba pensando en unas cosas de... ya sabes, el cole.
—¿Seguro? Está bien, escucha, probablemente hoy tú seas el primero en llegar a casa. Tu padre trabajaría hasta tarde, tu hermano tenía su torneo y yo iría de compras con tu hermana Rima.
—¡Sí, está bien!—dijo Noah mientras ajustaba su mochila—. ¡Voy algo tarde! Cuando estaba por salir, se detuvo y miró a su madre. —Ah, mamá, de casualidad... ¿tú sabías algo de alguien llamado Kou? Bueno, no estaba seguro del nombre, pero lo había visto en un sueño. Decía que quería reinar y que no iba a ser como la última vez. Su madre lo miró con el ceño fruncido, intrigada.
—¿Reinar? ¿La última vez? ¿Kou?—repitió en voz baja, pensativa. Noah agitó una mano como queriendo restarle importancia.
—Olvídalo, mamá, es una tontería. Tengo que irme...
—De acuerdo, pero... ¿creías poder quedarte solo unas horas, Noah? ¡Espera, hijo, no te vayas todavía!
—¡Sí, mamá, está bien!—gritó mientras se alejaba hacia la puerta—. ¡Nos vemos luego, te amo! ¡Adiós! —Grandioso, es mi cumpleaños y estaría solo en casa, uno empieza a crecer y se olvidaban de él—exclamó Noah con tristeza. Mientras tanto, su madre, aún pensativa, murmuró en voz baja:
—¿Reinar? ¿Acaso Noah no…?—dudó un momento, inquieta—. Kou… Kou… Espero que no sea lo que pienso. No, claro que no puede ser eso.
La noticia de que estaría solo en su cumpleaños lo angustió más de lo que quería admitir. Fragmentos de su sueño comenzaron a invadir su mente y recordó con claridad el mensaje que aquel hombre le había dejado.
—Diles que no va a ser como la última vez… cuatro años y reinaré. De mí no se van a esconder más. Uno a uno sus almas tomaré. Me conocen, yo soy Ankou.
—Ankou…—repitió Noah en voz baja, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo.
Cuando salió de casa y cerró la puerta, algo lo hizo retroceder bruscamente. Su corazón dio un vuelco; se giró rápidamente solo para darse cuenta de que una de las tiras de su mochila había quedado atorada en la puerta. Suspiró aliviado y murmuró para sí mismo:
—Estas perdiendo la cabeza por un maldito sueño. ¿Qué me esta sucediendo? Yo no suelo ser así… Abrió la puerta para liberar la mochila y continuó su camino hacia la escuela. Sin embargo, la sensación de intranquilidad no lo abandonaba. Al llegar al colegio, Maia, su mejor amiga desde los once años, lo vio caminar cabizbajo. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia él, decidida a animarlo.
—¿Pero qué le pasa? ¡Noah, espera!—le gritó mientras trataba de alcanzarlo—. ¿Qué mosca le pico? —Maia, siempre enérgica y un poco traviesa, murmuró para sí misma con una sonrisa picarona—¿Y si lo asusto un poco para sacarlo de su burbuja?
Mientras Maia se acercaba hacia él con sigilo, Noah comenzó a escuchar pasos detrás de él.
—Eh… ¿Quién me esta siguiendo?—pensó, nervioso.
Cuando volteó, Maia estaba justo detrás de él y lo asustó con un grito repentino. Noah, sobresaltado, pegó un grito y cayó al suelo, llamando la atención de todos sus compañeros. Las risas no se hicieron esperar, resonando a su alrededor.
—¿Estás bien? No era mi intención asustarte tanto—dijo Maia con una mezcla de culpa y risa contenida.
Al notar que los demás no dejaban de reírse, Maia frunció el ceño y les gritó:
—¿De qué se ríen? ¿Nunca habían visto a alguien caer? Noah, aún en el suelo, sonrió apenado mientras se ponía de pie.
—Eres tú, Maia… Me agarraste de sorpresa. Sí, estoy bien, ¿por qué lo preguntas?—Maia lo miró divertida y respondió:
—¿Te has visto en un espejo? Noah la miró confundido, recordando de inmediato lo que había visto esa mañana.
—¿Por qué? ¿Tú también viste una silueta en tu espejo?
—¿De qué hablas? ¿Una silueta?—preguntó Maia, desconcertada.
Noah negó rápidamente con la cabeza y suspiró. —Olvídalo… Anoche tuve un sueño que no me dejó dormir bien, y lo peor es que sentía que ya lo había soñado antes, como si fueran fragmentos de algo que viví… No lo sé, es raro. Maia lo observó con curiosidad, pero Noah evitó sostenerle la mirada. Temía que se burlara de él si le contaba exactamente lo que había soñado. Ella cruzó los brazos, inclinándose un poco hacia él.
—¿Fragmentos? ¿De algo que viviste? Ahora me tienes intrigada, Noah. ¿Qué soñaste?
—No me hagas caso, parecía que me estaba volviendo loco. Mejor cambiemos de tema, ¿no?—dijo Noah, intentando desviar la conversación. Maia alzó una ceja y sonrió con picardía.
—Ahora sí me dejaste con la duda. ¡Vamos, dime! O te prometo que no te dejaría en paz hasta la hora de irnos, y tú sabes que hablo bastante en serio. Por cierto… ¡¡feliz cumpleaños!!
—¡No te olvidaste!—respondió Noah, sonriendo con alivio. Se abrazaron brevemente y, en ese momento, Noah sintió que su mente se despejaba, como si el peso de su sueño desapareciera por un instante. Desafortunadamente, el sonido del timbre interrumpió el momento, llamándolos a entrar a clase.
—Te lo cuento dentro del aula—dijo Noah mientras caminaban juntos. Una vez allí, el profesor Marcelo Zeco se paró frente al pizarrón y anunció con seriedad:
—Hoy tendrían un examen sorpresa. Pasen estas hojas, una para cada uno, y escuchen los temas que se evaluaran.
Sin embargo, Noah no prestaba atención; estaba más enfocado en contarle a Maia cada detalle de su sueño.
—Y ahí fue cuando me dijo que no iba a ser como la última vez, y sentí la tierra en mis manos, el calor del fuego… era tan real, Maia. Mientras Noah hablaba en susurros, Maia trataba de mantener la compostura, pero finalmente no pudo contenerse y estalló en carcajadas. Se llevó una mano a la boca intentando ahogar el sonido, pero era evidente que estaba a punto de llamar la atención.
—¡Cálmate un poco!—dijo Noah, también riéndose por lo bajo—.