Entre la Vida y la Muerte Alte Terminus Haerens

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Summary

Hace mucho tiempo atrás solo existía la nada, un vacío inmenso; antes de que existieran los seres vivos de hoy en día, pasaron cosas sin precedentes. Pero ahora no nos centremos en eso, porque solo seguiremos la historia de Kaelen Jemens, un chico que se podría considerar “nada especial”, aunque, claro, no estaríamos narrando esta historia si aquello fuera cierto. ​Lo único que alguien como él tiene en cuenta es morir; y, sin embargo, no es tan sencillo como luce esa idea. Así que, acompañemos a Kaelen Jemens en esta aventura (en sus propias palabras, tortura).

Genre
Scifi
Author
Astra_Nihil
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

El Umbral

¿Cuál es la muerte legítima?

La apatía al vivir del ayer y del morir del mañana, que no solo nos consume en un escepticismo sin necesidad de palabras—compuesto por el simple hecho de existir—, o aquella que se lleva nuestro último suspiro, dejando atrás solo un cuerpo usado, sin una pizca de lo que lo hacía humano.


¿Se necesita realmente una introducción a este dilema para empezar este capítulo o simplemente la mente de alguien excéntrico (o loco, según la perspectiva de algunos) como Kaelen Jemens es una red entretejida de dudas existenciales filosóficas que podrían volver histéricos a ciertos tipos de personas, al que él llama de manera orgullosa idiotas presuntuosos y abusones típicos de películas.

—En definitiva, ya me volví loco, si es que no lo estaba ya—dijo Kaelen, aunque las palabras apenas lograron escapar de su garganta. Se sentía atrapado en un bucle, sobre pensando cada pequeño detalle hasta que la realidad misma comenzó a distorsionarse, como si alguien lo observará atrás de una cuarta pared invisible igual que quien ve su programa favorito empezar.

Intentó inhalar, pero el propio aire se sentía pesado, insuficiente. Sus pulmones trabajaban a mil por hora a un ritmo frenético, oxígeno entrando y saliendo en ráfagas cortas que no lograban calmar el fuego en su maldito pecho. El corazón, descarado, golpeaba contra su tórax con una violencia tal que parecía querer romper sus costillas para escapar de este desgraciado cuerpo.

Por si alguien está presenciando este espectáculo patético—una imitación barata de un albino con ojos color cielo tras eliminar mil maldiciones—Déjenme contarles el contexto real. No es heroísmo; es lo que la psicología llama un ataque de pánico. Es esa presión aplastante que te convence, por un bendito segundo, que tú corazón va a estallar y que, al final, lo único que tendrás será una tumba esperando por ti.

Desgraciadamente para mí, luego de una eternidad, mi corazón entendió que ese golpeteo constante contra mi tórax—producido por el intentó de salirse de mi pecho—solo me llevaría a conocer a Dios más pronto de lo esperado; así que se calmó lo suficiente para que yo pudiera tomar una gran bocanada de aire (y, claro, respirar como un humano normal... qué ridículas palabras).

En caso de que se lo pregunten, en este instante me encuentro en mi habitación; ya saben, intentando sobrevivir a mi propio cerebro martillando mi cráneo (pueden imaginarselo). Antes de que ocurriera mi crisis—nada común en mi vida—, tuve las infames pesadillas sobre un apocalipsis. Solamente espero no convertirme en el protagonista y mejor guerrero de cualquier anime promedió.

Se preguntarán qué es lo que vi. Podría decirse que no lo sé... Galaxias chocando las unas contra otras estallando en una onda expansiva y, claro, unas criaturas sacadas del universo de Lovecraft—ya saben, con ojos grandes que observan fijamente tu alma en lo que parecen tentáculos fabricados con jirones de carne y restos de lo que alguna vez fue humano—De su piel escapaba un líquido de aspecto gelatinoso y fétido (ni en mis sueños más originales creí haber visto tanto horror).

Cada vez que esa imagen pasa por mi cabeza me provoca unos escalofríos de esos que te calan hasta los huesos. Mi cerebro no deja de recordar los ojos infernales de lo que sea que fuese esa repugnante aberración; cuanto más lo pienso, siento que más me hundo ante la misera idea de que eso, por alguna razón, exista de verdad. Y, si es el caso, que por alguna razón en particular me esté buscando, esperando el momento en que baje la guardia.

—Estoy sobre pensando de nuevo, la verdad es que no sé qué pensar sobre todo esto. No es la primera vez que lo sueño, pero siento que me están mirando por un microscopio y, no siendo yo el científico, sino la célula observada—expresó hacia la nada Kaelen, en un intento de reemplazará la idea de miedo por ironía.

Claro que no funcionó como el esperaba, porque empezó a sonar una música escalofriante, salida del Inframundo (era el despertador diseñado especialmente para su insomnio paranoico, hecho por él mismo).

La canción escalofriante en realidad es una que habla sobre no preocuparse y ser feliz. ¡Qué ironía que justo empiece cuando estoy teniendo una crisis! La verdad “Don't Worry, Be Happy” me provoca unas ganas inmensas de morir de una absurda preocupación.

Sabes, a medida que pasa el tiempo y me hago uno con la cama—que en este momento se siente como mi mayor aliada contra esta realidad deformada—, lo primero que pienso es en estirar la bandera blanca. Me gustaría rendirme ante quien sea que haya decidido que era buena idea intentar hacerme un intento de héroe legendario; a mí, que solo tengo deseos suicidas por cumplir.

Porque ahora mismo, en vez de estar luchando contra monstruos, lo estoy haciendo contra las ganas de seguir acostado todo el día, cuestionando por qué mi cama es tan cómoda, como si fuera una trampa letal diseñada con una dinámica invencible. Aunque no puedo durar todo el día de este modo, desgraciadamente, ya que me acaba de dar un calambre y, en el intento de salir de mi cama, me enrede con las estúpidas sábanas.

—¡Maldigo a cualquiera que se esté riendo!—exclamó colérico Kaelen.

El impacto vino de golpe en un instante estaba maldiciendo y al otro, mirando las telarañas debajo de mi cama. En definitiva, yo no seré la persona más cuerda por estos rumbos, pero quien confió en mí está ciego o está loco de remate. ¿Es tan siquiera posible que alguien que acaba de perder una batalla contra unas sábanas derroté a monstruos o vaya a salvar el mundo del que se quiere escapar?

Me quedé ahí tirado, sintiendo el frío del suelo contra mi mejilla roja por el golpe, esperando que el narrador de esta historia se apiade de mí y me dé por lo menos un "power-up" de esos que de la nada soy hijo de un dios y controló los mares o que tengo una bestia encerrada dentro de mí. Pero lo único que recibí fue el polvo en mi nariz que me provocó un estornudo tan fuerte que casi me golpeo el dedo pequeño del pie con la pata de la cama. Si este es el inicio de mi camino como héroe, exijo hablar con el gerente del destino ahora mismo tengo unas palabras (insultos) que decirle.

Me tomó una eternidad reconfigurar mi cerebro para que hiciera el favor de enviar corrientes a cada músculo de este cuerpo, el cual carece de un peso ideal de modelo. Cuando me dispuse a levantarme, recordé mi compleja condición física y lo hice de manera lenta y pausada para evitar lesiones.

Finalmente me levanté del suelo poniéndome de pie y sacudiendo el polvo que, al parecer, se había impregnado en mi desdichada alma (y, de paso, también se llevó un poco de mi dignidad). Pero, como nada me sale bien, al estirar la mano para alcanzar mi celular algo falló, como siempre. No fue un calambre esta vez, sino que por un momento vi mi brazo traslúcido proyectando una sombra espectral que salía de mi propio cuerpo. Era como si el propio espacio se abriera ante mis ojos, modificándose en contra de mi voluntad.

Mi alma recordaba el estar en dos lugares a la vez, aunque mi cerebro adolescente insistía en que era una ilusión causada por la falta de comida. Recordé por un instante que en mi sueño aparecían dos figuras inhumanas borrosas; una que irradiaba luz, como si fuera la propia luz, y otra con una presencia inquietante, una sombra que permitía que la luz fuera visible.


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