Prólogo
Después de mucho tiempo por fin tuvieron noticias de la doctora Akiko, resulta que se encontraba ayudando a sanar al señor Taneda, aunque era mejor eso que estuviera muerta, los hubiera traicionado o algo mucho peor, y al mismo tiempo venía llegando Paul Verlaine, el hermanito querido de Chuuya ¿No es así?.
Sin embargo a pesar de que Verlaine venía a suplir a su querido hermano no vió venir una de las aberraciones de la rata anemica y fue atacada por esta, pobre de la doctora Akiko, a penas llegando y ya tiene más trabajo.
— Quien diría que los franceses son tan tercos — se quejó la doctora más joven joven mientras suspiraba resignada.
—Estamos en una crisis me necesitan en batalla— protestó el rubio tratando de levantarse de la camilla.
—Mi habilidad es asombrosa pero no hace milagros, parecías un saco de masa roja cuando te trajeron a mi— respondió a la protesta con cierta sorna en su voz mientras se acomodaba el broche de mariposa en su cabello — Así que debes guardar reposo si no quieres desmayarte en plena batalla, Paul Verlaine— sonrió adrede para hacer enojar al rubio.
Este ya con algo de enojo chasqueó la lengua —¿Y eso cuánto tiempo va a llevar?— pregunto ya algo exasperado.
— Depende de como reaccione tu cuerpo, cada cuerpo es diferente— informó la doctora mientras checaba que todo estuviera bien y al mismo tiempo mirando con fascinación la piel del contrario —tienes una piel perfecta — comentó genuinamente asombrada.
El contrario ladeo la cabeza algo confundido por el repentino halago —¿Gracias? — preguntó confundido — los japoneses son raros— pensó para sus adentros.
La doctora río levemente, divertida por la reacción de su paciente —Lo digo por mis años de experiencia en el área médica, es raro ver una piel tan perfecta, sin arrugas, sin estrías, varices o cicatrices, por eso me asombra— aclara con una suavidad sorprendente para el contrario.
—Uh ya así que era por eso— el rubio acaricio su barbilla pensativo — así que no era tan raro, era curiosidad médica, los humanos son fascinantes— pensó en su mente.
— ¿Algún malestar hasta ahora?— preguntó ya poniéndose seria mientras levantaba su portapapeles de la mesa y su lapicero— necesito que me digas los síntomas posteriores a usar mi habilidad— pidió con tono profesional dejando atrás todos los jugueteos.
— Aún me duele un poco el cuerpo, y tengo leves mareos pero del resto me siento perfectamente bien — admitió el rubio.
— Y aún así querías volver a la batalla — murmuró mientras anotaba en su portapapeles.
—¿Qué dijiste?— preguntó algo ofendido mientras le miraba con sospecha.
—Nada señor de la gravedad— respondió rápidamente tratando de ocultar su sonrisa divertida.
— !Señorita Akiko otro herido¡ — informó Atsushi algo agitado por venir corriendo.
— El trabajo nunca acabo— dijo con cansancio mientras resoplaba— Ni se te ocurra levantarte— regañó suavemente a Verlaine para luego seguir a Atsushi.








