1
Alise Ozlos, volvía de visita a la casa de su abuela en Letonia, caminado tranquilamente contemplando la decoración navideña con ciervos, papá noel, hasta elfos y lo más típico pero lo que más le gustaba, era las lucecitas de colores algunas parpadeaban otras no, le parecían hermosas y dignas de ser contempladas además de que su brillo iluminaba su melena naranja, al punto de parecer que llevaba brillitos.
Ella amaba esa festividad, era de las personas qué a mediados de noviembre ya tenía el árbol cómo mínimo puesto, desde pequeña le encantaban los regalos, los villancicos, las reuniones familiares, para la de ojos marrones era la época más mágica y esperada del año para ella y para todos.
O al menos eso creía, al llegar a la casa de su abuela, vio que en la casa de al lado no había nada navideño, ni siquiera una corona decorativa en la puerta, aunque fuese siempre de hojas verdes acompañada de bayas rojas, no había ni una sola luz, ni dentro ni fuera, entró a la casa de su abuela, junto al olor de turrón casero de su abuela aun observando esa casa.
- Alise, ¡Qué alegría! - exclama su abuela abrazándola -.
- Abuela, vine de visita hace tres meses
- Eso fue hace mucho - dijo agarrandole la mano - ven te he hecho tu turrón favorito desde pequeña - continuó mientras la llevaba a la cocina -.
Le encantaba volver a su país de origen Letonia, pero más a casa de sus abuelos, su baja y regordeta abuela Emilija, que una de las actividades que más repetía era limpiarse con el delantal que siempre llevaba - porque ama la cocina - las pequeñas gafas de montilla que llevaba.
La cocina estaba igual de todas las navidad, el horno, la vitrocerámica y armarios, añadiendoles por la festividad los lazos de purpurina roja, junto a tiras de espumillón verde.
- Me hubierais esperado para decorar - habló la nieta sentándose en la mesa -.
- Yo se lo dije - contestó poniendo a su pequeña un trozo de turrón enfrente - pero ya sabes como es tú abuelo con estas fechas....
- No se puede esperar - terminaron las dos, soltando una pequeña risa -.
- No me cabe duda que sacaste de él tú amor por la navidad - continuó la anciana, sentándose enfrente la otra -.
- ¿Por cierto dónde está? - pregunto la pelirroja al terminarse el turrón -.
- Se fue a comprar dos estantes a la tienda de Jansons - habló la anciana de cabello blanco por las canas, recogiendo el plato vacío y llevándolo al lavadero - una se nos rompió ayer por mucho peso, así que fue a por dos
- Iré a verle, a él también lo he echado mucho de menos - respondió encaminado se a la puerta -.
- Volver pronto, la comida casi está
- Sí abuela - dijo saliendo por la puerta -.
Fue por las nevadas calles tarareando un villancico, mientras veía a los niños jugando con la nieve en batallas o armando muñecos de nieves, adultos decorando el exterior de sus casas o locales.
Hasta que llegó a Muebles Jasons, como aquella casa, no había ni una mísera canción, ni siquiera cuando se abrieron las puertas mecánicas y entró, fue recibida por la calefacción y una pequeña melodía cualquiera, en vez de un villancico, como en el resto de tiendas.
Igual estaba por dentro que por fuera, sin una sola decoracion, caminando hasta llegar al fondo a la caja registradoras, donde estaba su abuelo un hombre alto y flaco, de pelo naranja y zonas blanco por la edad y detrás de la caja había un chico muy alto, seguramente estará por el uno ochenta, pelinegro, con un brazo tatuado, debe ser Jansons.
- Abuelo, ¡Sorpresa! - exclamó acercándose a él -.
- Alise, mi niña - se sorprendió abrazándola - esto si que es un milagro navideño
La chica de respuesta soltó una pequeña risa, que fue seguida del sonido del cierre de la caja registradora.
- Señor Ozlos, su cambio - interrumpe extendiéndose unas monedas -.
- Así, gracias - dijo separándose de su nieta, guardándo se el dinero en la cartera -.
- A usted, vuelva pronto
- Adiós - le habló por primera vez al joven -.
Él la miró, dándose cuenta de los penetrantes ojos oscuros que poseía el chico, debería de ser de más o menos de su edad.
- Vuelva pronto - fue lo que respondió -.
Ella con su abuelo,salieron de la tienda, guardando los nuevos muebles, en la vieja camioneta granate de su abuelo, antes de subirse él de piloto, con ella de copiloto.
El hombre empezó a conducir, mientras su nieta se apoyaba en la ventana, mirando el paisaje decorado por la nieve y luces, pero perdida en sus pensamientos sobre aquel chico, la manera en que hablo, su tienda sin decoraciones ni dentro ni fuera. Es más se podría decir qué su decoración era el cartel de abierto y el mensaje de "Muebles Jansons - desde 1989".
Qué chico más extraño pero interesante.
- Abuelo, ¿Qué sabes de ese chico?
- ¿Jakob Jansons?
- Sí él de la tienda sí
Aleksandrs sonrió levemente, mirando de reojo a la chica, antes de volver rápidamente la vista a la carretera, suavizando un poco su agarre al volante.
- Todo el pueblo conoce al famoso Jakob Jansons, o mejor dicho el Grinch
- ¿El Grinch? - repite sentándose más correctamente, mirando al hombre, al mismo tiempo que le daba toda su atención - ¿El personaje?
- Sí nadie sabe porqué, pero desde hace tres años odia la navidad
- Eso es imposible, todo el mundo ama la navidad, la familia, los amigos, los regalos, las vacaciones, ¿Como alguien podría odiarlo?
- Este Grinch lo hace desde hace tres años no pone ni una sola luz, no sale de su casa para nada más de lo necesario, no va a nada navideño, hay hasta una leyenda
- ¿Una leyenda?, ¿Cuál? - pregunto al tiempo que internamente se imaginaba miles de escenarios, como que rompió decoraciones en público o como el personaje se robó los regalos -.
- Se dice que una persona le regaló un Panettone, envuelto en un lazo dorado y que lo tiro nada más recibirlo
- Es un sacrilegio a ser eso con un Panettone y no me lo creo
El hombre soltó una pequeña risa.
- Es nuestro vecino, si quieres puedes ir luego a comprobarlo
Comprobarlo, no suteba mala idea, dentro de todo, no estaría mal conocer a alguien de mi edad o un poco mayor, para pasar diciembre a parte de mis abuelos, que aunque los quiera mucho, no están para hacer snowboard, patinaje sobre hielo o las actividades de ese estilo que pone el ayuntamiento.
Así que después de ayudar a colocar los estantes y muy importante a decorarlos también, junto a mis abuelos hicimos una pizza casera de pepperoni y jamón york, que degustamos mientras veíamos solo en casa, la primera de Kevin McCallister.
Aun recuerdo que de pequeña era mi película favorita, al grado de intentar recrear sus trampas, que pusieron en un gran apuro a mis abuelos.
Y por fin fue el momento, cuando vi un coche negro aparcar en la calle y al famoso Grinch del pueblo entrar en la casa de al lado, no queria que parezca que lo estaba esperando como una acosadora - aunque en realidad si lo estaba esperando - así que me prepare, ademas de que las primeras impresiones osn importantes, no hay nunca una segunda.
Pudiendo hacer tiempo mientras me peinaba mi pelo hasta la cintura, me ponía el abrigo, bufanda, gorro y guantes, ya que aunque sea un momento ahí fuera había riesgo de congelarse y más a las nueve de la noche.
Con paso lento, pero decidido, ande por la nieve hasta llegar a su casa, dos toques a la puerta de madera y un minuto después fueron suficientes para tenerlo enfrente mía.
- ¿Qué quieres? - pregunto con el mismo tono serio, incluso un poco aburrido -.
- Hola, soy la chica de la tienda, de esta tarde Alise Ozlos, mi abuelo te compro unos estantes
- Lo recuerdo, ¿Y? - inquirió con ese tono nuevamente -.
- Esque estoy de visita y como más o menos somos de la misma edad me preguntabas si -dijo mientras le sonreía y ponía cara de niña nueva - Sí me enseñarias el pueblo y las actividades navideñas
- Pideselo a otro - respondió cogiendo el pomo de la puerta - y no se si se nota, pero no me gusta la navidad - siguió sarcástico antes de dar un portazo -.
Como si no hubiera sido suficiente humillación ese momento, el golpe de la puerta fue tan fuerte que provocó que parte de la nieve del tejado se le cayese encima.
Volviendo al mismo tiempo que como podía se iba quitando la nieve pensando en ese chico, es increíble que alguien odie la navidad, llegando a casa, poniendo su ropa congelada de la nieve en la lavadora, para luego tirarse derrotada en el sofá, ante la atenta mirada de sus abuelos, con la misma cara que tenían desde cuando era pequeña de "te lo dije", pero sin decirlo verbalmente.
- Ya hemos visto cómo te ha ido - empezó su abuela -.
Como no, la parte entrometida de los Ozlos es ancestral.
- Y no digas que no te avise de él - siguió su abuelo -.
- Sí, pero ya se a que voy a dedicarme estas navidades
- A disfrutar la navidad con tu abuela y conmigo
- También pero sobre todo - dije levantándome, apuntando a la estrella del árbol con decisión - hare que al amargado del vecino, le guste la navidad, tanto como a mi








