Lior - Capítulo 1
No recordaba lo que pasó, tenía los ojos cerrados, cada vez que intentaba abrirlos veía luces de colores, oía risas de gente ebria.
Ahora entiendo algo: algunas historias narran las hazañas de los héroes, otras, las tragedias de los villanos, la mía, narra cuando no puedes contar con ninguno de los dos.
Por primera vez en mucho tiempo pude abrir los ojos, el techo era blanco, el cuarto pequeño, para nada era mi cuarto. Por alguna razón no podía moverme, me dolía... todo. Tenía el pelo más largo de lo que recordaba, estaba ondulado, cepillado, hasta tratado, y yo nunca me trataba el pelo.
La ropa que llevaba puesta no era mía, traté de sentarme, pero de inmediato sentí que algo andaba mal. La puerta se abrió; una mujer, de cabello rubio con ondas y un vestido elegante entró. No la conocía, estaba seguro, pero por alguna razón se me hizo muy familiar.
—Hola —se sentó a la orilla de la cama —¿Cómo te sientes? —mis ojos se llenaron de lagrimas, miré al rededor, parecía un hospital, traté de buscar algo mío, algún rastro de mi familia, pero solo había un armario, una mesita hueca, como un baúl y unos cajones arriba.
—Mi —me quedé callado. Mi voz había cambiado mucho, ¿Cuánto tiempo llevaba dormido? —¿mi familia vino? ¿saben que estoy bien? —me limpié las lagrimas.
—Tranquilo —se sentó a mi lado —sí, son algunos efectos, después de lo que pasó...
—¿Lo que pasó? ¿¡Qué pasó?! —no hizo falta que hablara, tan pronto como cerré la boca, los recuerdos llegaron.
En este mundo, existen los poderes, y, entre ellos, existen los héroes; gente entrenada para proteger a los que no pueden defenderse, para luchar por la justicia. Mi Papá, es SunStorm, uno de los héroes más reconocidos del mundo, y yo, soy su hijo mayor.
Estaba en el bosque, practicando con mi poder, un fuego tan fuerte como el de mi padre. Estaba entrenando para entrar al Instituto de héroes, una escuela para entrenar superpoderes. Pero me excedí; había descubierto una nueva versión de mi fuego, más caliente, más perfecto, pero no medí la cantidad que usaba. De repente mi visión se oscureció.
Y ahora...
—¿Te gusta? —preguntó ella —Sé que falta que lo personalices, pero, dormiste un largo rato, ¿sabes? y no sabíamos qué te gusta —sacó un juguete, un peluche de su padre, con su traje rojo y fuego por todas partes y un moño rojo en el cuello —Feliz cumpleaños.
—Hay muchas cosas que tienes que saber, para empezar, mi nombre es Ariadne Rhaevor, aunque creo que me conoces mejor como Ventisca.
Mi cara se debió iluminar, porque pareció un poco más relajada.
—Ah, ¡claro! —grité —¡Es muy descortés de mi parte! ¡Yo soy Lior Valen, soy el hijo mayor de SunStorm! lamento mucho la confusión, es que, sin su traje y máscara no la reconocí. --sentía la cara roja, era una de las mejores heroínas, compañera de mi padre, probablemente me había presentado en una de sus reuniones --Perdone por no haberla reconocido.
—No te preocupes —sonrió otra vez —Te vez bonito así —rozó sus dedos en mi mejilla.
alejé mi cara un poco, no de golpe, aunque sentí el instinto de saltar cuando me rozó.
—Sabes, tus padres...
—¿Pasó algo con ellos? ¿Cuánto tiempo me dormí? ¿ya vienen en camino? —Ventisca tomó la mano con la que la había apartado
—Lior, después de tu accidente en la montaña, quedaste en coma, has estado dormido por tres años. —miré otra vez a mi alrededor, toqué mi estomago, comencé a sentir que mi cuerpo despertaba, completamente alerta. Me entregó un espejo, mis manos temblaban, pero lo tomé aún así.
Había algo en mi cuello. Marcas de dientes. Mi piel estaba suave y brillante, como las muñecas de porcelana de mi hermana, mis manos, mi cara, todo se sentía tan... ajeno.
—Sí, supongo que te debo una explicación. Pero antes, necesitas saber, el mundo en el que te encerraron tus padres, es una mentira. Este mundo, no siempre trae justicia, los héroes tampoco. Así como yo, hay otros, y así como tú hay más, unos más valiosos que otros, por eso te guardé para mí. Este mundo es cruel con lo valioso ¿entiendes eso?
Estaba en blanco, era como ver una pantalla, solo que no había salida.
—No. No, eso no es cierto ¡NO ES CIERTO! ¡Quiero a mi papá! ¡Mi mamá! ¡¿Dónde están todos?! —traté de levantarme, pero me tambaleé hacia un lado, pero no soltó mi mano.
—Hay más. Tu... padre, me dijo que no podrían venir a visitarte, están demasiado lejos para ir y venir, y con la escuela de tus hermanos
—Es por mi fuego, ¿verdad? No es lo suficientemente fuerte —dije, apreté las sabanas con mis manos —¿Puede decirle que venga? solo una vez, si entreno en unos días verá que no soy un fracaso
—Lior, no puedes volver... tu padre decidió internarte aquí
—Inter-¿internarme?
—Según tus registros, no es la primera vez que te quemas usando tu poder, tu padre nos dijo que te rogaron que dejaras de hacerlo, no podían dejar que siguieras lastimándote. —no pude evitarlo, levanté mi mano libre y lancé una llamarada a su cara.
Pero el fuego no salió, entonces lo noté: una pulsera de contención, contenía cualquier poder, los desactivaba. Bajé mi mano, tratando de soltar su agarre, pero solo cambió de mano.
—Tú eres mío, si no vas a cooperar, tendré que hacerlo por las malas —sacó una jeringa.
—¡Espera! —alcancé a detenerla. —Te escucho. —susurré, esperando que no peleara, apenas sentía fuerza para levantar los brazos. Por suerte, ella también se detuvo, volvió a guardar la jeringa y se levantó. Se acercó al baúl y sacó algo envuelto en una manta.
Apenas me lo enseñó, sentí que se me bajó la presión. Un bebé, idéntico... idéntico a mí. Tenía el pelo blanco y los ojos azules, piel rosa, era un recién nacido. Toqué mi estomago, algo se revolvió.
—Ella es tu hija, nuestra hija. Llámala como quieras, y, sé que es un cambio muy rápido, pero, lo mejor de lo valioso, es que aprende a vivir con las crueldades del pasado. —las palabras lo dejaron en nada, ni siquiera podía pensarlo. Ya no le importaba ser amable, me mostró a la niña, había cruzado una línea al intentar atacarla. Ahora, sus ojos me decían que la tomara, o algo malo pasaría.
La cargué, era demasiado ligera, ella me miró con atención, yo no podía dejar de temblar me encogí sobre la niña, casi abrazándola, pero solo no quería ver a su madre.
—¿Y bien? ¿Cuál será su nombre?
—Yo... —la miré, no aguanté mi llanto —No lo sé. No lo sé, déjame pensarlo —por más que me limpiara, no paraba de llorar
—Mis papás ¿ellos de verdad dijeron eso? —se detuvo antes de salir.
—Para ellos estás muerto.
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¡Hola, chicos! Espero que este capítulo haya sido de su agrado.
Dejo este mensaje para decir que no voy a poder publicar tan rápido como querría. Acabo de entrar a la escuela y los proyectos son muchos, así que estaré publicando un capítulo cada semana o cada dos.
¡Muchas gracias por leer! Nos vemos el siguiente capítulo.