CapĂtulo 1: ÂżUn estudiante?
Beta leĂda por Shigiya, Maglad y Kyugan
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-Fuyuki-
En medio de la vorĂĄgine de sus pensamientos, el Lancer conocido como Cu Chulainn se encontrĂł frente al molesto sacerdote, un hombre cuya mera presencia inspiraba sentimientos de tensiĂłn y disgusto dentro del Perro del Ulster.
En contraste con la tormenta de emociones dentro de su reticente Servant, Kotomine Kirei parecĂa tan tranquilo y sereno como siempre, aunque solo habĂa que mirarlo a los ojos para que el velo de la normalidad cayera, revelando el desprecio sin emociones que sentĂa por el mundo en general.
«Hah, ¿qué mala suerte puedo tener?», el descorazonado Niño de Lugh reflexionó mientras reflexionaba sobre las desafortunadas circunstancias que lo llevaron a este punto, incluso cuando la tensión en el aire entre ellos continuaba creciendo como una tormenta a punto de estallar.
âMe niego a matarla âCu declarĂł con determinaciĂłn mesurada, su voz resonando contra el tenso telĂłn de fondo mientras miraba al maldito sacerdote a los ojos, el choque de sus respectivas voluntades casi palpable en el repentino silencioâ. TendrĂĄs que usar un Sello de Comando para eso.
Esta no era la primera vez que los dos se habĂan enfrentado en el transcurso de la Guerra del Grial, cada conversaciĂłn entre ellos era una batalla de voluntades que Cu habrĂa estado muy dispuesto a terminar desde el principio si no fuera por esos tres veces malditos Geiss-Marks en la mano del Sacerdote.
Tal como estaban las cosas, habĂa tenido que resignarse a obligar al bastardo a agotar sus Sellos de Comando para lograr que hiciera algo, incluso si eso significaba que nunca podrĂa hacer todo lo posible en una batalla, ya que... tendrĂa que retirarse a la primera señal de que su oponente podrĂa sobrevivir a su Noble Phantasm.
Mientras esperaba la respuesta del Sacerdote, no pudo evitar reflexionar sobre la ironĂa de su situaciĂłn, ya que su tiempo como Servant casi parecĂa paralelo a su vida, en el sentido de que no fue socavada por sus propias acciones, sino por la voluntad de otros le impusieron.
En vida, sus enemigos, generalmente la reina Medb, se aprovecharon de los Geis que habĂa jurado para debilitarlo. Como Servant, tambiĂ©n estaba encadenado a los caprichos de su Master mediante Sellos de Comando, aunque afortunadamente su Clase Lancer le concedĂa cierto nivel de resistencia.
Era casi como si el destino mismo estuviera tejiendo un tapiz de desgracias a su alrededor, una amarga verdad que no tuvo mĂĄs remedio que reconocer a regañadientes, porque incluso como Servant, el camino maldito que recorrĂa como portador de la lanza parecĂa estar grabado en piedra, destinado a conducir al dolor y la tragedia.
Los recuerdos de una vida pasada inundaron su mente, arrojando sombras sobre su situaciĂłn actual. RecordĂł las advertencias de sus padres adoptivos el dĂa que eligiĂł convertirse en guerrero, los dĂas de entrenamiento que pasĂł con Ferdiad bajo su maestra, Scathatch.
RecordĂł su desesperaciĂłn por tener que derribar a su amigo con la misma Lanza por la que habĂan competido, la impotencia que habĂa sentido cuando mĂĄs tarde le hizo lo mismo a su propio hijo, Connla, todo por culpa de un Geiss que sin saberlo habĂa colocado sobre el muchacho y luego olvidado.
Y lo peor de todo, recordĂł la vergĂŒenza y la desesperaciĂłn que habĂa sentido al morir antes de poder cumplir el deseo de su Master, el peso de esa promesa incumplida que pesaba sobre sus hombros, una capa adicional de dolor que profundizĂł la gravedad de su circunstancias actuales.
âSi es asĂ, que asĂ sea ârespondiĂł Kirei finalmente, su voz profunda carecĂa de cualquier indicio de emociĂłn mientras levantaba su mano, su antebrazo brillaba bajo la manga de su sotana mientras sus Sellos de Comando se activaban en respuesta a su voluntad.
«Siempre son los imbĂ©ciles los que obtienen las cosas buenas», reflexionĂł Cu con ironĂa, plenamente consciente de la hipocresĂa de sus propias palabras, ya que no era como si sus manos hubieran estado enteramente sin sangre en vida, y ciertamente habĂa obtenido su manos sucias corriendo alrededor de Fuyuki.
«No llores por los muertos, estarĂĄs allĂ todo el dĂa», se reprendiĂł a sĂ mismo, recordando las sabias palabras de su maestro mientras esperaba la orden de atacar, mirando por encima del hombro a la forma atada de la antigua Master de Archer mientras la pequeña muchacha miraba al sacerdote con todo el odio que podĂa reunir.
Con toda honestidad, desearĂa poder hacer mĂĄs por ella, ya que en el poco tiempo que la conociĂł, la Master de Archer habĂa demostrado ser muy superior al Sacerdote, tanto en tĂ©rminos de habilidad como de la pura diversiĂłn que ella obtenĂa viĂ©ndola intentar actĂșa tĂmidamente con el Master de Saber.
«En otra vida, no me habrĂa importado ser su Servant», se confesĂł a sĂ mismo, ofreciĂ©ndole a la chica una pĂĄlida sonrisa en lugar de disculparse, ya que las palabras le importarĂan poco cuando se viera obligado a atravesarla con su lanza.
No podĂa culparla si lo odiaba, ya que para ella, esta serĂa la segunda vez que habĂa sido traicionada por un Servant, el recuerdo de las acciones de Archer agriĂł instantĂĄneamente el humor de Cu, su sangre hervĂa ante el recuerdo de sus batallas en el escuela y fuera de la guarida de Medea.
«Ese bastardo no es un verdadero hĂ©roe», gruñó, recordando el aire desdeñoso con el que Archer habĂa dejado a un lado sus armas, la falta de orgullo que podĂa sentir en cada uno de sus enfrentamientos, como si realmente no le importara si vivĂa o morĂa.
Fue por esa razĂłn que cumpliĂł voluntariamente con la orden del Sacerdote de proteger a la niña despuĂ©s de la traiciĂłn de Archer. El hecho de que tambiĂ©n estuviera ayudando al Master de Saber era simplemente la guinda del pastel, ya que estaba claro que el bastardo vestido de rojo tenĂa una erecciĂłn asesina por el muchacho.
Dicho esto, por mucho que odiara admitirlo, el bastardo engreĂdo le habĂa dado la mejor pelea de todos los Servants en la Guerra del Grial ademĂĄs de Saber, aunque incluso esa victoria menor se vio empañada por las Ăłrdenes del maldito Sacerdote que le impidieron terminar el bastardo fuera.
«Todo esto sĂłlo para matar al Master de Saber», reflexionĂł, frunciendo el ceño mientras una vez mĂĄs intentaba determinar la razĂłn detrĂĄs de la fijaciĂłn de Archer con el pelirrojo. Claro, el niño tenĂa agallas que a veces rayaban en el suicidio, pero aparte de un impresionante factor de recuperaciĂłn, no era nada especial.
âLancer âgritĂł Kirei, su tono monĂłtono e indiferente sacĂł a Cu de sus pensamientos despuĂ©s de lo que pareciĂł una eternidad, el Perro se preparĂł para hacer que la muerte de la niña fuera lo mĂĄs rĂĄpida e indolora posibleâ, por el poder de este Sello de Comando, puedo ordenarte que... te mates.
Mientras la orden flotaba en el aire como una nube pesada, la mente de Cu se apresurĂł a procesar el peso de esas palabras, sus pensamientos eran una vorĂĄgine de conflicto y rabia mientras sentĂa que sus brazos se movĂan por su propia voluntad a pesar de que soportaba su considerable voluntad de resistir el curso.
Pero como en la vida, el Perro se vio incapaz de resistir el trĂĄgico resultado que el destino le habĂa preparado, y apretĂł los dientes con rabia cuando, a pesar de sus intentos de resistencia, se vio obligado a atravesar su propio corazĂłn con la siniestra punta de Gae Bolg.
El shock fue inmediato y abrumador, una sensaciĂłn similar a la de un rĂo embravecido que recorrĂa cada centĂmetro de su ser. La sangre subiĂł por su garganta, constriñéndola, mientras un torrente similar emergĂa de su nariz, como si la maldiciĂłn misma buscara reclamar su cuerpo mediante la expulsiĂłn.
Su cuerpo se doblĂł y cayĂł, desplomĂĄndose con un ruido sordo en el suelo. La habitaciĂłn temblĂł cuando una nube de polvo bailĂł en el aire, y sus ojos muy abiertos y sin parpadear fueron atraĂdos hacia el techo.
Mientras un charco de sangre se expandĂa debajo de Ă©l, su visiĂłn comenzĂł a nublarse, fusionando los contornos de la habitaciĂłn en una neblina. El intercambio que siguiĂł entre Kotomine y la chica, Rin, se redujo a ecos distantes que apenas se registraron en medio del ritmo irregular de los latidos del corazĂłn de Cu.
Karma, al parecer, era una perra. El peso de su inminente perdiciĂłn era ineludible. Con su vida decayendo, sus pensamientos vagaron, su conciencia se volviĂł confusa mientras suspiraba, una mezcla de resignaciĂłn y admiraciĂłn.
â...Admiro eso âconfesĂł Kotomine, su voz era una aguja que pinchaba los todavĂa agudos sentidos de Cu, y una oleada de irritaciĂłn recorriĂł su debilitado cuerpoâ. Esa contradicciĂłn es extraordinariamente exquisita.
«Este tipo estĂĄ empezando a enojarme seriamente âCu gruñó, sus ojos carmesĂ recuperaron su enfoque mientras una sonrisa irĂłnica se formaba en sus labios ensangrentadosâ. Hah, quĂ© estoy diciendo, ya me estaba enojandome desde el principio.»
En cierto modo, no era un error suponer que la fuente principal de todas las desgracias que Cu habĂa sufrido en Fuyuki procedĂa de este sacerdote anterior a Ă©l. El mismo sacerdote que incluso ahora estaba tratando de estrangular a la indefensa Master de Archer con una expresiĂłn casi aburrida.
«TodavĂa no... âgruñó Cu, apretando los dientes mientras lentamente sacaba la cabeza de Gae Bolg de su pecho, los ojos del Perro se fijaban en la espalda de Kotomine mientras usaba la lanza para levantarse lentamente del sueloâ. ÂĄNo mientras todavĂa me quede algo de mordisco!»
ContinuaciĂłn de batalla, una habilidad que encarnaba el espĂritu guerrero de Cu y su obstinada negativa a caer sin luchar, permitiĂ©ndole luchar sin importar las heridas que sufriera, incluso aquellas que fueron autoinfligidas.
Oh, no te equivoques, no serĂa suficiente para evitar que muriera, Ă©l sabĂa mejor que nadie cuĂĄn mortal era la maldiciĂłn de Gae Bolg despuĂ©s de todo, pero al menos lo mantendrĂa con vida el tiempo suficiente para arrastrar a ese bastardo con Ă©l.
Y asĂ, a pesar de que su fuerza menguaba con cada segundo, a pesar de que la sangre en su garganta amenazaba con asfixiarlo, Lancer lentamente se impulsĂł hacia arriba, cada movimiento era un ejercicio desafiando lo inevitable mientras se obligaba a ponerse de pie una vez mĂĄs.
Una exclamación de sorpresa del eunuco de cabello azul que intentó atacar a Rin casi delató el juego, pero incluso con esa advertencia Kotomine solo pudo gruñir de sorpresa cuando Cu golpeó como un rayo escarlata, lanzåndose hacia adelante para empalar al bastardo contra la pared del fondo.
âL-Lancer... âescupiĂł Kotomine, mirando a Cu con incredulidad incluso cuando los malĂ©volos zarcillos de la maldiciĂłn comenzaron su lento e implacable avance, manchando la piel del bastardo con su toque oscuroâ. Bastardo... ÂĄÂżcĂłmo...?!
âEs desafortunado para ti, Kotomine âCu dijo con voz ronca, sonriendo con sombrĂa satisfacciĂłn a pesar de la sangre en sus labios y el cansancio que podĂa sentir minando su fuerzaâ. Pero serĂa un pobre EspĂritu Heroico si un mordisco de amor como este fuera suficiente para derribarme.
Con eso, sacĂł la lanza de Kotomine, la fuerza del movimiento hizo que el cadĂĄver del Sacerdote cayera deshuesado por el suelo, Cu cayĂł al suelo con un gruñido mientras observaba la luz atenuarse de los ojos del hombre mientras yacĂa en un charco de su propia sangre.
âMaldita sea... âmaldijo mientras sentĂa que la fuerza abandonaba sus extremidades, la sensaciĂłn reveladora de la oscuridad invasora acercĂĄndose cada vez mĂĄs mientras la implacable maldiciĂłn que habĂa torcido su existencia se extendĂa por su cuerpoâ. AsĂ que asĂ es como termina Âżeh? QuĂ© maldita farsa...
Era vagamente consciente de la risa burlona del eunuco en el fondo, la pequeña mierda llorona aparentemente habĂa reunido el coraje necesario para patear el cadĂĄver de Kotomine antes de lanzar una perorata que Cu habrĂa considerado patĂ©tica si tuviera la fuerza para importarle una mierda.
Sin embargo, lo Ășnico que logrĂł el lloriqueo del pequeño bastardo fue darle a Cu su tercer aliento, y el Perro se obligĂł a ponerse de pie una vez mĂĄs para agarrar al pequeño bastardo por su cabeza de cabello color alga y arrojarlo a travĂ©s del ĂĄtico para aterrizar en algo casi tan sucio como Ă©l.
âMantĂ©n tus manos quietas, mocoso estĂșpido âCu gruñó como su tocayo, mirando imperiosamente al pequeño idiota aterrorizado que se atreviĂł a suponer que podĂa agredir a una mujer frente a Ă©lâ. No eres digno de ponerle una mano encima a esta mujer.
âÂĄBastardo...! âla mancha de mierda siseĂł mientras luchaba por ponerse de pie, sus extremidades temblaban como un cervatillo reciĂ©n nacido mientras miraba con petulancia a Cuâ. ÂĄNo te darĂ© una muerte fĂĄcil! âgritĂł, echando la cabeza hacia atrĂĄsâ. Oye, esa es tu señal, Gilgamesh, ÂĄdale a este imbĂ©cil una muerte de hĂ©roe!
«Idiota», Cu se burló, mirando impasible mientras convocaba su lanza a su mano, sabiendo muy bien que el Bastardo Dorado no estaba cerca, ya que era poco probable que hubiera podido derribar a Kotomine de otra manera, dado cómo estaban los tres, aparentemente trabajando juntos.
âÂĄÂżQ-QuĂ© diablos estĂĄs esperando, Gilgamesh?! âexigiĂł la mancha de mierda, su bravuconerĂa anterior se evaporĂł rĂĄpidamente una vez que se hizo evidente que el bastardo dorado no vendrĂa a limpiarle el traseroâ. ÂĄMĂĄtalo por mĂ ahora mismo! ÂĄVamos, esto no es una broma!
âCĂĄllate âordenĂł Cu, con expresiĂłn de desprecio mientras se elevaba sobre el gusano con piel humana que de alguna manera se habĂa engañado a sĂ mismo al creer que podĂa comandar al Rey de los HĂ©roes como si fuera una especie de perro rata entrenado.
âNi siquiera vale la pena matarte âdeclarĂł, mirando fijamente a los ojos aterrorizados del pequeño gusano incluso mientras apuñalaba la punta de GĂĄe Bolg en su pecho, lo suficientemente profundo como para rozar una arteria importante cerca del corazĂłnâ. Vete ahora antes de que me arrepienta de mi decisiĂłn.
El gusano no necesitĂł que se lo dijeran dos veces, sus gritos angustiados cortaron el aire mientras se alejaba como un cerdo atrapado del amenazante espectro de muerte que era Cu, sin saber que nunca escaparĂa del todo, ya que la maldiciĂłn de Gae Bolg asegurarĂa que la herida nunca sanara.
Al quedarse solo con Rin, sus siguientes acciones fueron un corte råpido de las cuerdas con su lanza. Liberando finalmente a la niña del desagradable futuro que le esperaba antes.
âMaldita sea... haciĂ©ndome desperdiciar mi energĂa en nada ârefunfuñó Cu mientras dirigĂa su atenciĂłn a Rin, usando su lanza para cortar las ataduras que la mantenĂan en su lugar, ofreciĂ©ndole a la chica una sonrisa cansada mientras lo hacĂaâ. Bueno... no es que me quedara mucho en primer lugar.
âGracias por salvarme, Lancer âofreciĂł Rin, sus ojos se llenaron de preocupaciĂłn mientras observaba su expresiĂłn demacrada, notando las lĂneas oscuras que estropeaban su piel ahora pĂĄlida mientras la maldiciĂłn de GĂĄe Bolg lentamente se abrĂa camino a travĂ©s de su cuerpo.
âSimplemente resultĂł asĂ, no tienes que agradecerme âCu le asegurĂł, sus labios se curvaron en una leve y cansada sonrisa incluso cuando sintiĂł el creciente peso de su lanza en su mano, su visiĂłn vacilĂł mientras el mundo a su alrededor parecĂa inclinarse en respuesta a su pulso debilitado.
Sin previo aviso, sus traicioneras rodillas se doblaron y sucumbiĂł a la voluntad de la gravedad, su ContinuaciĂłn de Batalla finalmente alcanzĂł sus lĂmites, lo que fue tanto un testimonio de su resistencia natural como de la letalidad de la maldiciĂłn de Gae Bolg.
En vida, Cu se habĂa enfrentado valientemente a ejĂ©rcitos enteros sin ayuda de nadie e incluso en la muerte, debilitado con las tripas desparramadas por el suelo, habĂa muerto de pie, pero esta confrontaciĂłn final con la maldiciĂłn fue un tipo de prueba diferente. Su cuerpo, que alguna vez fue su mayor activo, ahora era su traidor.
âNo te preocupes por mĂ muchacha... âle asegurĂł a Rin mientras ella gritaba angustiada, empujando su espalda contra un fardo de heno para sostenerse con la poca fuerza que le quedaba incluso cuando Gae Bolg se desvanecĂa nuevamente en el Ă©terâ. Me he acostumbrado bastante a esto.
La luz de la ventana detrĂĄs de Ă©l iluminaba la expresiĂłn de preocupaciĂłn en su lindo rostro mientras ofrecĂa amables palabras en sus momentos finales, un gesto tranquilizador de alguien que se habĂa convertido en un compañero inesperado en este tramo final de su viaje.
âMorir por una orden tonta viene con ser un EspĂritu Heroico âreflexionĂł Cu en un intento de desviar sus preocupaciones, ya que realmente no tenĂa sentido que la muchacha derramara lĂĄgrimas por un hombre que muriĂł siglos antes de su nacimientoâ. Hombre, ambos nos quedamos atrapados con socios de mierda, Âżeh?
âTienes razĂłn âRin admitiĂł, su expresiĂłn dividida entre tristeza y diversiĂłn irĂłnica mientras le ofrecĂa una sonrisa amableâ. Aunque yo dirĂa que la mĂa era mĂĄs inmanejable que horrible.
âEso es seguro âse riĂł entre dientes, su mente una vez mĂĄs se dirigiĂł espontĂĄneamente al rostro exasperantemente engreĂdo del enigmĂĄtico Archer Rojoâ. La mayorĂa de los humanos son un dolor en el trasero. Pero ese tipo se lleva la palma âsonriĂł con tristezaâ. ÂżEntonces fue demasiado incluso para ti?
âSĂ, pero eso es lo que me hizo esforzarme tanto âRin confesĂł, su frustraciĂłn era evidente incluso mientras le sonreĂa al hĂ©roe moribundo-â Mientras Archer fuera mi Servant, me jurĂ© a mĂ misma que solo harĂa lo que creo, incluso si eso significara ir en contra de las normas de lo que se espera de un Mago,
«¿Eh, llegarĂa tan lejos por un hombre muerto?», reflexionĂł Cu, el perro se sintiĂł conmovido por el peso de su resoluciĂłn.
âEse maldito Archer... a pesar de haber tenido suerte y atrapar al mejor maestro en esta guerra de mierda, de alguna manera logrĂł arruinarlo al final.
âOdio decirlo, pero no soy yo quien puede salvarlo âRin continuĂł, su voz era una mezcla de determinaciĂłn y resignaciĂłn incluso cuando reconocĂa sus limitacionesâ. Porque creo que tiene razĂłn. Sus decisiones, los arrepentimientos por ellas... creo que todos estĂĄn justificados.
«Mierda», Cu gruñó, sabiendo muy bien que ningĂșn EspĂritu Heroico morĂa sin arrepentimientos, pero eso no excusaba en lo mĂĄs mĂnimo las acciones de Archer. Claro, a Cu le hubiera encantado tener la oportunidad de cumplir su promesa a Scathatch, pero no si eso significara traicionar su propio cĂłdigo de honor para hacerlo.
âSoy tan desapasionada cuando se trata de esas cosas que incluso me enojo, asĂ que al final todo lo que puedo hacer es concentrarme en mĂ mismo âRin confesĂłâ: Al igual que cierta persona lo hizo en el pasado, tomarĂ© un camino en el que creo. Ese es el Ășnico gesto que puedo hacer, la Ășnica forma en que puedo pagarle.
âHah, desearĂa tener una mujer como tĂș como mi Master âCu suspirĂł, con una sonrisa incluso mientras extendĂa sus dedos temblorosos para trazar una runa Kenaz en el suelo con los Ășltimos restos de su energĂa mĂĄgicaâ. Por otra parte, nunca tuve suerte para encontrar buenas mujeres. Maldita sea.
âAbandona este lugar âordenĂł, recostĂĄndose contra el fardo de heno mientras sentĂa que su fuerza vital parpadeaba como una brasa moribunda incluso cuando la habitaciĂłn a su alrededor estallĂł en llamasâ. LlevarĂ© a ese tipo conmigo âle asegurĂł, mirando el cadĂĄver de Kotomine por encima de su hombro.
âAdiĂłs, Lancer âofreciĂł Rin, erguida y orgullosa mientras se giraba hacia la salidaâ. No te conozco desde hace mucho, pero me gusta la gente como tĂș âhizo una pausa justo cuando estaba a punto de salir del ĂĄticoâ. Sabes, si las cosas hubieran sido diferentes, felizmente te habrĂa pedido que te convirtieras en mi Servant.
âNiña tonta âse burlĂł, inclinando su cabeza hacia atrĂĄs con una sonrisa mientras sentĂa el calor de las llamas lamer su cuerpo helado, confiado en que su forma desaparecerĂa de regreso al trono mucho antes de que las llamas pudieran tocarloâ. Vuelve cuando hayas crecido un poco.
Y, sin embargo, a pesar de sà mismo, Cu no pudo evitar sentir una sensación de arrepentimiento cuando sus inocentes palabras de despedida tiraron de las fibras debilitadas del corazón, la idea de servir bajo un compañero como Rin provocó un destello de arrepentimiento en el Perro, un deseo fugaz por un resultado diferente.
«Maldita sea, ÂżquĂ© diablos estoy pensando aquĂ? âsuspirĂł mientras la veĂa abrirse camino a travĂ©s del fuego y las llamasâ. QuĂ© tan bajo he caĂdo que unas pocas cosas dulces de una cara bonita son suficientes para hacerme querer vivir para ver otro dĂa en esta farsa de guerra.»
QuizĂĄs el Ășnico entre los Servants convocados, Cu Chulainn no tenĂa un verdadero deseo por el Grial, ya que no tenĂa quejas sobre su vida excepto por cĂłmo terminĂł, debilitada y abatida por las maquinaciones de Medb en lugar de una batalla gloriosa contra un enemigo digno.
âTodo lo que querĂa era salir a luchar contra un oponente digno, pero incluso como Servant terminĂ© siendo atacado por magos y sus tonterĂas âgruñó, sĂłlo para suspirar con exasperaciĂłn mientras veĂa a Rin llegar a la puertaâ. Ah, bueno, al menos pude jugar al hĂ©roe por Ășltima vez...
Con sus Ășltimos vestigios de conciencia, Cu se obligĂł a observar cĂłmo Rin desaparecĂa de la vista, su cuerpo lentamente se convertĂa en motas de luz, bailando como luciĂ©rnagas mientras las llamas se elevaban hasta consumir lentamente el cadĂĄver plagado de maldiciones de Kotomine Kirei.
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-Irlanda, Howth-
Ubicado a lo largo de la escarpada costa irlandesa, el pintoresco pueblo de Howth recibiĂł el amanecer con un panorama encantador. Las aguas cobalto del Mar de Irlanda se extendĂan en una extensiĂłn aparentemente interminable, su ritmo tranquilo acompañado por los relajantes gritos de las gaviotas.
Pintorescas cabañas, con sus paredes adornadas con hiedra, abrazaban el paisaje como si fueran viejos amigos. Sus fachadas de colores brillantes, una armoniosa mezcla de pasteles, parecen reflejar el cielo azul.
A medida que el sol ascendĂa, sus rayos dorados envolvieron la escena en un cĂĄlido abrazo. Las colinas que enmarcaban el pueblo eran un lienzo verde, y la hierba se agitaba en suave reconocimiento a la danza perpetua del mar. El sabor salado de la brisa del mar se mezclĂł con el aroma terroso de los prados, creando una sinfonĂa olfativa esencialmente irlandesa.
En medio de este pintoresco entorno, la vida cotidiana del pueblo se desarrollaba a su propio ritmo. El mercado bullĂa de actividad, con sus puestos repletos de una gran cantidad de mariscos reciĂ©n pescados, verduras vibrantes y chucherĂas artesanales. Pescadores reparando sus redes, con sus rostros curtidos grabados con historias de aventuras en mar abierto.
Sin embargo, mĂĄs allĂĄ de las bulliciosas calles, estaba a punto de desarrollarse una historia diferente. Una historia de contrastes y dicotomĂas entrañables, encarnada por un fornido pescador llamado Sean. Con una barba que reflejaba las olas besadas por la sal y unas manos que llevaban los callos de incontables horas de trabajo, Sean Collins se movĂa con un sentido de propĂłsito. Su gran figura navegaba por los estrechos senderos dentro de su casa con una gracia casi paradĂłjica, con los ojos fijos en un destino particular.
Con un suave crujido, la puerta de una cabaña desgastada se abriĂł bajo la hĂĄbil mano de Sean. En el interior, la luz tenue revelaba un espacio diferente al exterior. Los juguetes delicados y las decoraciones en colores pastel transformaron la habitaciĂłn en un santuario de suavidad. Una habitaciĂłn donde las risas, los arrullos y el repiqueteo de los pies pequeños algĂșn dĂa estarĂan en casa.
En el centro de la habitaciĂłn habĂa una cuna, adornada con un dosel de encaje blanco que parecĂa suspendido en el tiempo. Dentro de sus confines, yacĂa un bebĂ© dormido, envuelto en un mundo de sueños. El exterior ĂĄspero de Sean dio paso a una expresiĂłn de tierno asombro cuando se acercĂł, sus dedos callosos rozaron un mechĂłn suelto de cabello azul profundo que hacĂa juego con el suyo.
A su lado, Fiona, una joven pelirroja, compartĂa su sentimiento, con una sonrisa adoradora y divertida a la vez. Sus miradas se encontraron y entre ellos hubo un entendimiento silencioso.
âBueno, hola, muchacho âsusurrĂł Sean, su voz era una mezcla de asombro y diversiĂłn mientras miraba hacia la cunaâ. ÂĄMaldita sea, te pareces a mĂ! âproclamĂł el alegre padre mientras levantaba suavemente al niño, ambos emocionados de sostener su propia carne y sangre pero temerosos de cualquier daño causado por su propio descuido.
âÂĄNo vayas a darle vueltas, idiota! âFiona reprendiĂł suavemente a su marido, su risa tintineaba como una campanilla de viento, una suave melodĂa que parecĂa armonizar con el entorno mientras observaba a la parejaâ. ÂĄEs un bebĂ©, no un maldito Palo de Lanzamiento!
âAch, Âżte gustarĂa? SĂłlo estoy bromeando ârespondiĂł Sean con un brillo juguetĂłn en sus ojosâ. AdemĂĄs, si Cu va a convertirse en un verdadero pescador, necesita acostumbrarse a las aguas turbulentas.
âÂĄDeja de llamarlo Cu, nuestro hijo no es un perro, ni siquiera Setanta! Estuvimos de acuerdo con Seth, Âżrecuerdas? âla respuesta de Fiona estuvo acompañada de una afectuosa mirada en blancoâ. AdemĂĄs, dudo que aprenda algo Ăștil de ti, ya que tu gordo trasero se desmayĂł en el momento en que rompĂ fuente.
âÂĄAch, vete a la mierda y dĂ©jame tener esto! âSean protestĂł, aunque su sonrisa revelĂł su aceptaciĂłn afable de las burlas de Fionaâ. Para agregar a tu fastidio, Setanta es un nombre perfectamente bueno... ÂĄcomo el legendario Perro del Ulster! Mi viejo padre y yo Ă©ramos grandes admiradores de su leyenda, seguro que el hombre no tuvo un buen final, pero seguro que sĂ tiene el espĂritu de un verdadero guerrero.
âSeth Collins es igual de bueno, querido. Piensa en ello como la versiĂłn moderna de tu hĂ©roe. Y no quiero que mi hijo experimente ni una pequeña fracciĂłn de lo que sucediĂł en esas viejas leyendas, Ă©l no estĂĄ peleando con un ejĂ©rcito con agallas como una cuerda bajo mi vigilancia âbromeĂł Fiona, con los ojos brillantes mientras extendĂa la mano para tomar a su hijo en sus brazosâ. Muy bien, toma, dĂĄmelo antes de que despierte a toda la calle... aunque ni siquiera llorĂł mucho cuando lo saquĂ©.
El padre transfiriĂł con cuidado su bulto de alegrĂa al lugar donde dormĂa, sus manos se rozaron en un toque fugaz. Juntos, miraron dentro de la cuna y sus expresiones se suavizaron al ver a su pequeño. Con cabello azul intenso, un tono que recuerda al mar en un dĂa claro de verano, el bebĂ© dormĂa profundamente, su pecho subĂa y bajaba a un ritmo constante.
Mientras sus miradas se demoraban, Sean no pudo evitar comentar, su voz era una mezcla de asombro y afecto.
âBueno, Ă©l tiene mi apariencia, eso es seguro.
Fiona se riĂł suavemente, su tono gentil mientras acariciaba juguetonamente el brazo de Sean.
âNo dejes que eso se te suba a la cabeza ahora. Tiene el espĂritu de su mamĂĄ.
Su afectuoso intercambio, nacido de años de recuerdos y risas compartidos, fue interrumpido cuando un par de somnolientos ojos carmesĂ que coincidĂan con los de su madre parpadearon. Una pequeña mano se agitĂł en el aire, captando su atenciĂłn y sus corazones. La sonrisa de Fiona se hizo mĂĄs profunda mientras le hablaba suavemente a su bebĂ©.
âHola, mi pequeño Seth. ÂżDormiste bien entonces?
Sean se inclinó y sus åsperos dedos rozaron suavemente la suave mejilla del bebé.
âBueno, hola, muchacho âmurmurĂł de nuevo, su voz era un susurro de asombroâ. Maldita sea, despuĂ©s de todo te pareces a mĂ. ÂĄEn unos años, seremos gemelos!
En respuesta, los ojos del bebĂ© Cu tenĂan una mezcla de sorpresa y conmociĂłn, casi incredulidad incluso brillando en su rostro.
âÂĄMira esto, hiciste que te tuviera miedo! âFiona hablĂł con cara de molestiaâ. Aunque es un poco raro ver al chico mirĂĄndonos asĂ. No ha llorado despuĂ©s de salir del hospital... Âżes normal?
âÂżQuiĂ©n sabe? Pero mi hijo ha sido un guerrero desde que naciĂł, eso es obvio. NavegarĂĄ por el mar y enorgullecerĂĄ a su viejo padre.
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(17 años después)
âYa diecisiete, eh... el tiempo pasa rĂĄpido âCu bostezĂł mientras estaba sentado en lo alto de una enorme roca, con una caña de pescar en la mano y un cubo vacĂo a su lado, el horizonte ardiendo con los cĂĄlidos tonos del sol poniente, proyectando un brillo sereno sobre las tranquilas aguas frente a Ă©l.
âSabes, en todos mis años, he visto algunas batallas extrañas y he enfrentado la muerte mĂĄs veces de las que puedo contar âreflexionĂł para sĂ mismo mientras lanzaba su lĂnea al aguaâ. Pero se lleva la palma por mucho. De alguna manera he vuelto, renacido en un cuerpo y una vida diferentes. Siento como si Caster me tuviera atrapado en una ilusiĂłn retorcida, pero sĂ© que no es asĂ.
Mientras su hilo de pescar se balanceaba en el agua, su mente repetĂa la inquietante visiĂłn de su muerte en la iglesia. RecordĂł la oscuridad que lo tragĂł por completo, el frĂo del vacĂo arrastrĂĄndose hasta su alma.
Y luego, lo siguiente que supo fue que estaba aquĂ, en este extraño mundo nuevo ambientado en lo que era claramente la era moderna, probablemente mĂĄs o menos al mismo tiempo que fue convocado mĂĄs o menos unos años. No es que le importara, dado que bĂĄsicamente era lo mismo para el irlandĂ©s.
MirĂł su poste justo a tiempo para verlo temblar, los labios curvados en una sonrisa salvaje mientras lo agarraba, los ojos fijos en el agua.
âSĂ, parece que los peces estĂĄn picando hoy. Ven con el viejo Cu, Âżverdad? âse riĂł entre dientes, enrollando la lĂnea de su pila temprano con la esperanza de haber atrapado algo ya.
Pero mientras seguĂa enrollando el sedal, se produjo el desastre. La cuerda se rompiĂł y el pez se escapĂł justo cuando la victoria parecĂa estar a su alcance. En lugar de sentirse angustiado, Cu soltĂł una carcajada y sus ojos se arrugaron de diversiĂłn.
âBueno, bueno, Âżno eres luchador? âreflexionĂł sacudiendo la cabeza. No era alguien que pudiera ser derrotado fĂĄcilmente, su mirada se desviĂł hacia la lanza de pesca toscamente tallada que yacĂa a su costado, agarrĂĄndola con una sonrisa traviesa mientras los mĂșsculos de su brazo se hinchaban con fuerza.
âSerĂĄ mejor que te contengas un poco, no quiero destrozar otro âse advirtiĂł a sĂ mismo, incluso mientras seguĂa los movimientos de su presa. Con un movimiento rĂĄpido y experto, arrojĂł la lanza mĂĄs rĂĄpido de lo que el ojo humano podĂa rastrear, empalando al pez con precisiĂłn infalible.
âÂĄHa! ÂĄEso fue divertido! âun rugido triunfante surgiĂł de su garganta mientras se adentraba en el agua para reclamar su premio, deteniĂ©ndose brevemente para mirar el sol en el cieloâ. Parece que es casi la hora de que mamĂĄ me llame, debo darme prisa.
Su madre... Cu honestamente no sabĂa lo que sentĂa por la mujer que lo dio a luz, lo cual era comprensible dado que aĂșn conservaba los recuerdos de su primera vida. Y aunque su padre biolĂłgico sĂłlo se habĂa involucrado una vez, todavĂa recordaba con cariño su tiempo con Deichtne.
Ahora, sin embargo, su padre era un pescador en lugar de un Dios y su madre una pescaderĂa a quien Cu se esforzaba por ayudar siempre que podĂa, entre completar sus tareas domĂ©sticas, ayudar a los vecinos en sus granjas y, en general, vivir una vida que siempre pensĂł que era imposible.
«VisitarĂ© al viejo herrero para que me haga una lanza real... âreflexionĂł Cu mientras saltaba al agua para recuperar su presa, solo para fruncir el ceño al ver el estado de su lanzaâ, Ă©sta ya tiene grietas.»
No tener un arma adecuada para igualar su fuerza estaba resultando ser un dolor mayor de lo que Cu querĂa admitir, el adolescente emergiĂł del agua, goteando y sonriendo mientras comenzaba a escurrir su camisa en tierra firme.
âMierda, esa vieja bruja me va a matar... âjurĂł, recordando en el Ășltimo momento las palabras de advertencia de su madre sobre lo que le harĂa si regresaba con otra camisa arruinadaâ. Ah, bueno, al menos tengo una merienda rĂĄpida para la noche.
Como convocados por su exposiciĂłn, un grupo de colegialas conocidas pasĂł, sus miradas curiosas se convirtieron en susurros emocionados. No pudo evitar alzar una ceja y sus labios se curvaron en una sonrisa divertida.
âÂĄBuenas, señoritas! âsaludĂł, devolviĂ©ndoles la atenciĂłn con un movimiento de su brazo, sus ojos carmesĂ brillando con picardĂa mientras estallaban en risitas emocionadasâ. ÂżVen algo que despierte tu interĂ©s?
âÂĄHola, Seth, te ves bien como siempre! ârespondiĂł una de las chicas mĂĄs valientes en medio de un coro de silbidos elogiosos y saludos juguetones mientras las mĂĄs tĂmidas se contentaban con sonrojarse y reĂrse mientras Cu las observaba ocuparse de sus asuntos.
âÂĄGracias, muchacha! Tienes un gusto excelente âbromeĂł, su tono juguetĂłn mientras flexionaba los mĂșsculos de su brazo de una manera exagerada, mĂĄs que acostumbrado a que la gente lo llamara por su nuevo nombre, excepto por los pocos amigos a los que habĂa convencido de que lo llamaran Cu.
âÂżTe importa si echamos un vistazo mĂĄs de cerca? âuna chica particularmente atrevida bromeĂł con un brillo en los ojos, dando un paso adelante para mirar descaradamente su impresionante fĂsicoâ. ÂżQuieres acompañarnos a la casa de Cara? Conor va a pasar de contrabando algunas cajas de cerveza.
âAhora hay una oferta tentadora âCu confesĂł, echando la cabeza hacia atrĂĄs con una sonrisaâ. Y cualquier otro dĂa habrĂa aprovechado la oportunidad, pero mi mamĂĄ estĂĄ esperando en el mercado y tengo una promesa que cumplir âles guiñó un ojo ante sus miradas decepcionadasâ. QuizĂĄs en otro momento, Âżeh?
âTe obligaremos a cumplir con eso, Seth Collins âjurĂł el cabecilla, acercĂĄndose para darle un puñetazo en el hombro con una sonrisaâ. ÂĄEsperamos con ansias tu prĂłximo partido de lanzar! Si tus equipos ganan de nuevo, organizarĂ© personalmente la fiesta posterior.
«Estas chicas... âel ex Servant de la Lanza se riĂł entre dientes, sus ojos se pusieron en blanco divertido mientras se despedĂan, ansiosos por llegar a la bebida y la diversiĂłn antes de que terminara la noche, antes de girar el hombro y recoger su capturaâ. Ah, bueno, deberĂa llamar.»
Mientras se alejaba, la risa de Cu resonĂł en el aire, mezclĂĄndose con los suaves sonidos del agua. SacudiĂł la cabeza con asombro.
âAl menos en su mayor parte, me gusta bastante esta nueva vida. Si bien no puedo encontrar una pelea desafiante, no es una pĂ©rdida tan grande.
ParecĂa que si bien el mundo en el que habĂa nacido tenĂa algunas similitudes con el que habĂa dejado atrĂĄs, era decididamente mĂĄs pacĂfico, debido en parte a la aparente falta de Magia o Magos, una revelaciĂłn que llegĂł como una especie de shock cuando se dio cuenta por primera vez.
Hasta donde Cu sabĂa, no parecĂa haber ningĂșn usuario de hechicerĂa, antiguo o no, aparte de Ă©l en toda Irlanda. De hecho, mientras JapĂłn existĂa, la ciudad de Fuyuki no existĂa, e incluso el aire en su tierra natal se sentĂa muy diferente al de su juventud.
En general, no tenĂa idea de dĂłnde estaba o incluso cĂłmo llegĂł aquĂ en primer lugar, asĂ que simplemente se lo quitĂł de la cabeza por ahora, ya que no tenĂa sentido preocuparse por cosas que no podĂa controlar, optando en cambio por sentarse y disfrutar de lo que esta nueva vida tenĂa planeada para Ă©l.
Silbando una melodĂa mientras continuaba su paseo, Cu dejĂł que su mente retrocediera a travĂ©s de los acontecimientos del dĂa mientras observaba cĂłmo el sol se hundĂa en el horizonte, proyectando sombras mĂĄs largas sobre el paisaje.
Si bien habĂa llegado a apreciar su vida sencilla aquĂ en Harrow, no podĂa evitar por completo la sensaciĂłn de que era una extraña mezcla de lo ordinario y lo extraordinario, una fusiĂłn del pasado que recordaba y el presente lleno de nuevas experiencias y conexiones.
Al acercarse al bullicioso mercado, los ojos de Cu escanearon los vibrantes puestos y los ocupados vendedores. El olor de varios alimentos flotaba en el aire, mezclĂĄndose con el aroma salado del mar.
Su madre estaba en su puesto, preparando las capturas frescas del dĂa con mano experta. Ella levantĂł la vista y lo vio, con una sonrisa cariñosa extendiĂ©ndose por su rostro.
âAhĂ estĂĄs, Seth. ÂżTrajiste algo?
âSĂ, atrapĂ© uno bueno âCu confesĂł asintiendo, con un brillo travieso en sus ojos mientras sostenĂa el pez que habĂa cazado, su madre compartiĂł su alegrĂa con una risa y sacudiĂł la cabeza con exasperaciĂłn con las manos en las caderas.
âSiempre encuentras maneras de divertirte, Âżno? âbromeĂł, extendiendo la mano para despeinarle el cabello, sus manos suaves a pesar de estar cubiertas de callos por años pasados ââmanejando un cuchillo de destripar con una habilidad que harĂa llorar a un chef.
âEse soy yo, mamĂĄ âsonriĂł Cu, inclinĂĄndose para darle un rĂĄpido abrazo antes de avanzar para ayudarla a terminar de preparar el pescado, todo mientras charlaba sobre los eventos del dĂa, ya que desde hace mucho tiempo habĂa establecido una fuerte relaciĂłn con sus dos nuevos padres en los años transcurridos desde su (re)nacimiento.
A medida que avanzaba la noche y los clientes disminuĂan, Cu se encontrĂł ayudando a su madre a empacar el pescado restante.
âEres un buen chico, Seth âaplaudiĂł con una mezcla de orgullo y cariñoâ. Y aquĂ esperaba que estuvieras pegado a un telĂ©fono como el resto de los chicos de tu edad.
âNo, nunca tuve paciencia para esas cosas âCu confesĂł con una pĂĄlida sonrisa mientras cargaba varias cajas sobre su hombro para guardarlasâ. Supongo que soy un fanĂĄtico de las cosas mĂĄs simples de la vida.
Es cierto que, aunque disfrutaba viendo deportes en la televisiĂłn con su padre de vez en cuando, Cu nunca estuvo realmente interesado en la tecnologĂa moderna y preferĂa pasar la mayor parte de su tiempo al aire libre disfrutando de su nueva juventud.
Seguro que sabĂa cĂłmo usar un telĂ©fono, su madre le habĂa comprado uno para emergencias cuando comenzĂł la escuela secundaria, pero eso no significaba que estuviera obsesionado con esa maldita cosa como la mayorĂa de sus supuestos compañeros.
âSabes, a veces me pregunto quĂ© pasa por esa cabeza tan dura tuya âreflexionĂł Fiona, con expresiĂłn alegre mientras sacudĂa la cabezaâ. Debes haberlo adquirido de tu padre, ustedes dos son tontos amantes de los deportes.
âAh, mamĂĄ, ÂżdĂłnde estĂĄ la diversiĂłn de ser predecible? âCu se riĂł entre dientes con un brillo juguetĂłn en sus ojos, los dos pasaron las siguientes horas en buena compañĂa antes de cerrar el puesto por el dĂa y regresar a casa.
Cu caminaba junto a su madre, sus ojos recorriendo las ahora familiares calles iluminadas por el suave resplandor de las farolas. El cielo se habĂa transformado en un lienzo de morados y azules intensos, y las estrellas comenzaban a brillar en lo alto.
âSeth âFiona hablĂł despuĂ©s de un momento, Cu levantĂł la vista y vio a la mujer mirĂĄndolo con preocupaciĂłn, sus hombros se tensaron instintivamente ante alguna supuesta amenaza solo para relajarse ante sus siguientes palabrasâ: ÂżCĂłmo van tus estudios?
âAh, ya sabes mamĂĄ, lo mismo de siempre ârespondiĂł con desdĂ©n, aunque internamente no pudo evitar suspirar, ya que parecĂa el comienzo de otra pelea entre Ă©l y su madreâ. Ni tan mal, ni tan bien.
âNo puedes seguir asĂ, Seth âFiona suspirĂł exasperadaâ. A este paso terminarĂĄs atrapado trabajando como pescador o probando para ese profesional que lanza tonterĂas del que he oĂdo hablar a los otros muchachos, ÂĄeso no es una vida estable, hijo!
Cu simplemente suspirĂł y la dejĂł despotricar, ya que hacĂa tiempo que se habĂa acostumbrado a las quejas de su madre sobre su aparente falta de impulso para «superarse a sĂ mismo». Honestamente, ÂżquĂ© daño tenĂa convertirse en pescador como su papĂĄ? ÂĄFue un buen trabajo honesto y le GUSTA pescar!
âHe estado en contacto con una vieja amiga mĂa y ella aceptĂł ayudarte con tus estudios âFiona continuĂł, captando la atenciĂłn de Cuâ. AsistirĂĄs a su escuela para mejorar tus calificaciones, asĂ que incluso si no consigues una buena universidad, tendrĂĄs mejores oportunidades laborales.
âÂĄMamĂĄ, no hay necesidad de eso! âexclamĂł Cu, con los ojos muy abiertos por la sorpresa, preguntĂĄndose cuĂĄndo diablos la mujer habĂa encontrado el tiempo para lograr esto sin que Ă©l o su padre se enteraranâ. ÂĄEstoy bien como estoy...!
âÂĄEsta es una gran oportunidad! âFiona lo interrumpiĂł, intentando y fallando en mirarlo imperiosamente a pesar de que hacĂa tiempo que habĂa superado a la mujerâ. ÂĄEn todo Howrt, eres el Ășnico que tiene esa oportunidad!
Ahora Cu mentirĂa si afirmara que la oferta no lo tentĂł en absoluto. Por mucho que disfrutara de esta vida tranquila y pacĂfica, en Howt habĂa mucho que hacer, aparte de pescar, lanzar y beber, que no le causarĂa problemas con la Garda o el padre de alguna chica pobre una vez que rompiera fuente.
En algĂșn momento, Cu incluso habĂa contemplado abandonar la escuela y hacer un «paseo» como ese tipo en la televisiĂłn, la idea de atravesar el mundo solo con su lanza y una bolsa con lo esencial llamĂł la atenciĂłn del ex Servant.
Al final, sin embargo, habĂa dejado ese plan en un segundo plano porque a pesar de su pasiĂłn por los viajes, simplemente no tenĂa la capacidad de hacer que sus padres se preocuparan de esa manera. Tal vez despuĂ©s de graduarse y mudarse solo, pero no mientras viviera bajo su techo.
Dicho esto, si bien la idea de viajar a otro paĂs lo intrigaba, ya que en realidad solo habĂa tenido un breve vistazo a la cultura japonesa durante su estancia en Fuyuki, no veĂa el sentido de hacerlo sĂłlo para avanzar en sus «estudios». No era un erudito, ese tipo de vida no le convenĂa.
âLo siento mamĂĄ, simplemente no me parece que valga la pena âcomenzĂł, sĂłlo para ser interrumpido cuando se vio obligado a esquivar una zapatilla que Fiona habĂa arrojado en su direcciĂłn, la paciencia de su madre con su «pereza» aparentemente habĂa seguido su curso.
âÂĄNo te atrevas a discutir conmigo sobre esto, Seth! âella lo reprendiĂł, sacudiendo otra zapatilla en su caraâ. Estoy haciendo esto por tu propio bien. No vas a terminar siendo un pescador. Te vas a hacer un nombre, algo grande, como un hombre de negocios o un mĂ©dico.
âÂżUn mĂ©dico? âCu repitiĂł antes de estallar en carcajadas, sujetĂĄndose los costados mientras evadĂa otra zapatilla de su madre indignadaâ. ÂżEn serio, mamĂĄ? ÂżPuedes siquiera imaginarme como mĂ©dico? ÂĄPrefiero matarlos antes que salvarlos!
SĂłlo podĂa imaginar la expresiĂłn del rostro de su Maestra si escuchaba algo asĂ. Se atreve a decir que probablemente se habrĂa muerto de risa si no hubiera intentado matarlo por hacerle perder el tiempo con semejantes tonterĂas.
âÂĄRĂete todo lo que quieras, pero esto estĂĄ pasando! âdeclarĂł Fiona, su madre claramente no compartĂa la diversiĂłn de Cu mientras le arrojaba otra zapatilla a la cabeza que el Perro esquivĂł fĂĄcilmente, habiendo enfrentado cosas mucho peores durante el entrenamiento de Scathatch.
âÂĄSĂ mamĂĄ, lo que tĂș digas! âse riĂł mientras continuaba esquivando sin esfuerzo sus proyectiles, notando con interĂ©s que su punterĂa era sorprendentemente precisa para una pescaderaâ. ÂĄPor favor, no mĂĄs zapatos! ÂżY de dĂłnde sacas tantos?
âY serĂĄ mejor que no corras detrĂĄs de las chicas como un perro en celo âFiona resoplĂł cuando Cu finalmente se apiadĂł de la mujer y permitiĂł que su Ășltima zapatilla lo golpeara directamente en la caraâ. No estamos listos para tener mĂĄs de ustedes corriendo por ahĂ.
âÂĄNo me llames perro! âCu respondiĂł bruscamente a su pesar, mirando a la mujer entre sus dedos mientras sostenĂa su rostro desde donde habĂa aterrizado la zapatilla, solo para maldecir cuando Fiona dio un paso adelante y lo golpeĂł en la cabeza con otra zapatilla mĂĄsâ. ÂĄMaldita sea, mujer!
âÂĄNo me respondas, jovencito! âFiona reprendiĂł, volviendo a colocar la zapatilla para darle otro golpeâ. ÂĄY si no quieres que te llame perro, entonces no vayas a decirle a tus pequeños amigos que te llamen Cu!
Esto era algo cotidiano para muchas familias. Cu los disfrutaba, mĂĄs de lo que jamĂĄs hubiera imaginado, mientras disfrutaba del fragor de la batalla y la sensaciĂłn de adrenalina corriendo por sus venas, una vida tranquila tampoco era tan mala.
Tal vez era el viejo en Ă©l el que se apoderaba de su mente, pero pasar todo el dĂa pescando y bebiendo se volviĂł divertido y jugar a lanzar con sus amigos los fines de semana se convirtiĂł en un evento, comenzĂł a esperar algo mĂĄs que se habĂa perdido en su vida pasada.
âAun asĂ, es una pena que no haya nadie con quien pueda discutir un poco aquĂ âla mayorĂa de los lugareños nunca habĂan tocado un arma y mucho menos habĂan aprendido a usarla, y los pocos pescadores que sabĂan usar una lanza nunca pensaron en usarla para algo mĂĄs allĂĄ de su oficio.
Y en cuanto a sus supuestos compañeros, como dijo Fiona, la mayorĂa de ellos preferirĂan pasar el dĂa frente a sus telĂ©fonos, viendo televisiĂłn, jugando videojuegos y estudiando para la universidad o festejando hasta que tuvieran que llevarlos a casa en carretillas.
No lo malinterpretes, a Cu le gustaba bromear un poco con los muchachos por la noche, especialmente despuĂ©s de un buen juego de hurling, pero simplemente no habĂa nadie que pudiera enfrentarse a Ă©l en una competencia de fuerza.
El Ășnico otro «deporte de contacto» en la ciudad era el club de boxeo local, cuyos miembros hacĂa tiempo que habĂan aprendido a mantenerse alejados de su camino despuĂ©s de que Ă©l decidiĂł subir al ring para divertirse sĂłlo para descubrir que les faltaban mucho, varios de los miembros mayores que renunciaron por vergĂŒenza.
Por mucho que Cu odiara admitirlo, si bien su nuevo cuerpo era sin duda inferior al anterior, y mĂĄs aĂșn en comparaciĂłn con su Saint Graph como Servant, la gran cantidad de experiencia que retenĂa de su vida pasada significaba que estaba mĂĄs allĂĄ de cualquier mero «deportista».
Y asĂ, no importa cuĂĄnto habĂa llegado a disfrutar de su nueva y tranquila vida, no podĂa evitar añorar la descarga de adrenalina que venĂa con una buena pelea, algo que durante mucho tiempo le habĂa sido negado viviendo la buena vida de un colegial.
«Me pregunto cĂłmo Rin y su novio lidiaron con esta mierda», reflexionĂł, riĂ©ndose de la imagen de la pareja tratando de hacer malabarismos con sus vidas «normales» como adolescentes hormonales mientras vivĂan en el despiadado mundo de los Magos.
âAĂșn no me has dicho adĂłnde voy âseñalĂł mientras miraba con petulancia a Fionaâ. SĂ© con certeza que no puedes darte el lujo de enviarme a uno de esos internados tensos, apenas ganamos lo suficiente para enviarme a este agujero de mierda aquĂ.
âSeguramente lo descubrirĂĄs dentro de una semana âFiona le asegurĂł con un brillo travieso en sus ojos antes de darle una palmada en la espaldaâ. ÂĄPor ahora, te llevaremos a casa para que puedas preparar tus maletas!
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«...Esto tiene que ser una broma...»
HabĂan pasado unos dĂas desde que Cu se despidiĂł de las pocas personas que lo extrañarĂan, sus padres lo llevaron al aeropuerto de DublĂn solo para empujar su trasero hacia un aviĂłn donde tuvo que soportar los gritos de los niños y los ronquidos de los culos gordos de los consignados a Coach Travel.
Afortunadamente para sus compañeros de viaje, su Berserker Rage era una de las pocas cosas que Cu no habĂa heredado de su vida pasada, aunque eso no le impidiĂł apartar a codazos a la gente de su camino en su intento por escapar del ataĂșd volador en el momento que el aviĂłn llegĂł a su destino.
Y ahora aquà estaba, parado en medio del Aeropuerto Internacional de Tokio, habiéndose encontrado de alguna manera una vez mås en el suelo de la Tierra del Sol Naciente, contemplando las vistas que eran a la vez extrañas y, sin embargo, extrañamente familiares debido a su época como un Servant.
Mientras permitĂa que sus ojos vagaran por la bulliciosa multitud, encontrĂł su atenciĂłn atraĂda por una pelirroja alta, con gafas y una de las estructuras mĂĄs grandes que jamĂĄs habĂa visto, sosteniendo un cartel con su nombre, su rostro iluminado por una sonrisa amistosa mientras se miraban fijamente.
âBienvenido a JapĂłn, Seth âsaludĂł en perfecto inglĂ©s, colocando una mano sobre su pecho mientras extendĂa una mano para que Ă©l la estrecharaâ. Mi nombre es Kyoko Hayashi, conocĂ a tu madre cuando visitĂ© Howth durante un intercambio estudiantil.
âUn placer conocerte âCu le devolviĂł el saludo mientras hacĂa todo lo posible para evitar que sus ojos vagaran hacia el sur de la frontera y fallaran por completo, aunque a juzgar por la sonrisa de complicidad en el rostro de Kyoko, ella era muy consciente de lo que habĂa captado su atenciĂłn y no le molestĂł en absoluto... probablemente.
âAhora bien, Âżsi me sigues? âinstruyĂł antes de girar sobre sus talones, obligando a Cu a seguirla fuera de la terminal o quedarse atrĂĄsâ. Aunque estarĂĄs bajo mi supervisiĂłn durante tu estancia, he preparado un apartamento para que tengas algo de privacidad.
âÂĄNo necesitabas llegar tan lejos! âCu exclamĂł, honestamente sorprendido de que alguien fuera tan lejos por Ă©l, amigo de su madre o no, solo para que Kyoko hiciera a un lado sus protestas con una sonrisa confiada.
âNo es ningĂșn problema âella le asegurĂłâ: DespuĂ©s de todo, difĂcilmente podrĂa alojarte en mi apartamento, aparte del posible escĂĄndalo, simplemente no hay lugar. Afortunadamente, el apartamento contiguo al mĂo estaba libre y pude conseguir un precio decente, por lo que tu padre pudo para cubrir el alquiler de los primeros meses.
«Tienes que estar bromeando...», Cu dijo inexpresivo, el adolescente se quedĂł momentĂĄneamente sin palabras, incapaz de hacer nada mĂĄs que permanecer en silencio mientras un torbellino de emociones rugĂa dentro de Ă©l mientras intentaba ordenar sus pensamientos.
Finalmente, sin embargo, una emociĂłn logrĂł reinar sobre las demĂĄs, Kyoko compuso una expresiĂłn vacilante por primera vez cuando el adolescente de cabello azul echĂł la cabeza hacia atrĂĄs y soltĂł un solo grito de exasperaciĂłn que llamĂł la atenciĂłn de todos en la terminal.
âÂĄÂżPor quĂ© diablos me enviaste a JapĂłn, vieja bruja?!
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AlgĂșn tiempo despuĂ©s, despuĂ©s de un breve altercado con la seguridad del aeropuerto donde Kyoko, avergonzada, lo obligĂł a inclinar la cabeza para evitar ser deportado a Irlanda avergonzado, la pelirroja casi lo arrastrĂł fuera de la terminal hacia el estacionamiento.
No hace falta decir que la agradable conducta inicial de Kyoko hacĂa tiempo que habĂa dado paso a una sutil irritaciĂłn, como lo demuestra la laconidad de su tono cuando le ordenĂł que se pusiera el cinturĂłn de seguridad antes de salir del estacionamiento para incorporarse al flujo de trĂĄfico que salĂa del aeropuerto.
Continuaron por el camino en silencio durante un rato, la mente de Cu comparando el camino por delante con un puente que conectaba su pasado con su futuro incierto en esta tierra extranjera, tan similar y al mismo tiempo tan diferente al que recordaba de la Guerra del Grial.
âSabes âhablĂł Kyoko una vez que dejaron el aeropuerto bastante atrĂĄs, su tono estaba mezclado con un toque de reproche mientras lo miraba por el rabillo del ojoâ. No es exactamente educado insultar a alguien que solo estĂĄ tratando de ayudarte.
âNo, no te lo tomes en serio âCu resoplĂł, agitando una mano con desdĂ©n mientras miraba por la ventanaâ. Eso fue solo el estrĂ©s hablando. Y para empezar, no te estaba gritando, solo desahoguĂ© mi frustraciĂłn con mamĂĄ enviĂĄndome a JapĂłn de todos los lugares.
Si bien sus palabras fueron desdeñosamente indiferentes, en realidad el estado emocional de Cu al encontrarse repentinamente de regreso en JapĂłn fue decididamente menos, el Perro estaba casi seguro de que cualquier giro del destino que lo habĂa llevado a reencarnar lo habĂa traĂdo de regreso aquĂ por alguna razĂłn.
Una parte de Ă©l se preguntaba si todo esto era sĂłlo una compleja ilusiĂłn creada por el Grial, aunque por quĂ© diablos alguien irĂa tan lejos para usar una ilusiĂłn que rayaba en la Magia Verdadera para joder a un hombre muerto estaba mĂĄs allĂĄ de su comprensiĂłn.
âSupongo que fue bastante repentino âKyoko admitiĂł, su tono se suavizĂł un poco mientras volvĂa su atenciĂłn a la carreteraâ. Aunque te advierto ahora que tal arrebato no serĂĄ tolerado en mi clase âadvirtiĂł, haciĂ©ndole un gesto para que tomara el folleto que estaba sobre el tablero.
âLa Academia Fujimi es una de las escuelas mĂĄs estimadas de la ciudad de Tokobosu âexplicĂł mientras Cu hojeaba el folletoâ. Hay niños en todo JapĂłn que harĂan cualquier cosa para inscribirse allĂ, asĂ que deberĂas considerarte afortunado de que haya podido hablar bien de ti.
âCuĂ©ntame sobre eso âCu se burlĂł mientras echaba un vistazo al folletoâ. En serio, ÂżcĂłmo diablos lograron mis padres lograr esto? Apenas ganamos lo suficiente para enviarme a mi antigua escuela, y eso fue antes de que tuviĂ©ramos que reemplazar el viejo tema de papĂĄ cuando se escribiĂł.
âFue un esfuerzo colectivo âKyoko confesĂł lacĂłnicamente, frunciendo el ceño con irritaciĂłn ante su continua groserĂaâ. Tus padres estaban comprometidos a garantizar tu educaciĂłn y yo tambiĂ©n contribuĂ.
âÂżY por quĂ© hacer un esfuerzo adicional? âexigiĂł Cu, con sospecha entretejiendo su expresiĂłn mientras le lanzaba una mirada de reojoâ. ÂżPor quĂ© desviarte tanto de tu camino por el hijo de un amigo con el que no te has comunicado en años? Demonios, en lo que a mĂ respecta, tĂș eres prĂĄcticamente un extraño.
âLe doy gran importancia a la educaciĂłn âafirmĂł Kyoko con firmeza mientras pasaba a hablar japonĂ©s, sus lentes brillaban con un aire de seriedad mientras se giraba para enfrentar sus sospechas con determinaciĂłn inquebrantableâ. AdemĂĄs, mi posiciĂłn como maestra me otorgĂł ciertas conexiones que me permitieron asegurarle una matrĂcula con descuento.
Cu no pudo evitar soltar un silbido de sorpresa y los labios se retrajeron en una sonrisa salvaje.
âBueno, estoy impresionado âaplaudiĂł y tambiĂ©n cambiĂł a un japonĂ©s perfecto, con los labios arqueados en una sonrisa salvaje mientras se recostaba en su asiento, su tono cargado de un reciĂ©n descubierto respetoâ. Gracias por eso, Kyoko.
âEse es Hayashi-sensei, Collins-san âKyoko le recordĂł, sus rasgos se suavizaron ligeramente ante el cambio de atmĂłsferaâ. Solo asegĂșrate de concentrarte en tus estudios. La educaciĂłn tiene el potencial de abrir puertas que tal vez ni siquiera sepas que existen. Es bueno que hables japonĂ©s con fluidez, tu madre mencionĂł que tenĂas talento para los idiomas en general, la verdad es que yo tenĂa mis dudas, pero parece que me preocupĂ© por nada.
âAh âmirando hacia afuera con torpeza, no pudo refutar sus palabras ya que el conocimiento que retuvo de su convocatoria permaneciĂł junto con su capacidad de hablar japonĂ©s. SĂłlo tomĂł esas clases para obtener calificaciones adicionales y no hizo mucho mĂĄs que dormirâ. SĂ, es un idioma interesante... y tuve algunos amigos japoneses que me ayudaron âmintiĂł al no tener otra forma de explicar su situaciĂłn.
âTienes suerte, joven. Ahora no has respondido a mi pregunta anterior.
âNo hay promesas, pero lo intentarĂ© âCu se riĂł entre dientes, el ceño fruncido anterior de Kyouko hizo una breve reapariciĂłn, antes de volver a centrar su atenciĂłn en la carretera con un suspiro, la pareja continuĂł en relativo silencio salvo por la extraña conversaciĂłn interrumpida por momentos de tranquila contemplaciĂłn.
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Aproximadamente treinta minutos después, llegaron a un modesto complejo de apartamentos.
âEsta serĂĄ tu residencia âKyoko le informĂł con un dejo de cariñoâ. Es un apartamento de una habitaciĂłn con todas las comodidades, a poca distancia de la escuela, aunque hay una parada de autobĂșs cerca.
âParece bastante decente âCu observĂł, su mirada observando la apariencia del edificio. Si bien no era tan impresionante como el castillo de la mocosa Einzbern ni tan hogareño como la casa del novio de Rin, ciertamente habĂa visto peores lugares para vivir.
âY para que lo sepas, mi casa estĂĄ situada a la vuelta de la esquina, la que tiene la puerta roja âinstruyĂł Kyoko, señalando el aparato en cuestiĂłnâ. Si alguna vez necesitas ayuda o tienes alguna pregunta, no dudes en venir.
âGracias, Kyoko âCu ofreciĂł asintiendo, el adolescente de cabello azul saliĂł del auto incluso cuando la estricta mujer resoplĂł por el uso de su nombreâ. Honestamente, no planeaba quedarme al principio, pero tal vez JapĂłn no sea un mal lugar para comenzar mi objetivo de explorar el mundo.
âEse es Hayashi-sensei, Collins-san âKyoko corrigiĂł severamenteâ. Si bien entiendo las diferencias culturales, aquĂ tendrĂĄs que acostumbrarte a dirigirte a tus mayores con respeto. Y como probablemente serĂ© tu maestra, debemos evitar dirigirnos a los demĂĄs de manera tan informal cuando estemos en la escuela.
âNo, no me gusta todo el asunto formal âCu gruñó, poniendo los ojos en blanco ante la obsesiĂłn de JapĂłn con el discurso formalâ. Si te molesta tanto entonces llĂĄmame Cu fuera de la escuela, o incluso Seth, no me importa. Simplemente no señor Collins o Collin-san o lo que sea.
âÂżCu? ârepitiĂł Kyoko, la pelirroja parpadeĂł al adolescente confundida, solo para que Ă©l rechazara sus preguntas con un gruñido desdeñoso.
âEs una larga historia, sĂłlo considĂ©relo como mi apodo âle asegurĂł, ya que a diferencia de su paĂs, era poco probable que alguien en JapĂłn entendiera el significado de su nombre. Demonios, incluso Saber solo descubriĂł su identidad porque de alguna manera logrĂł sobrevivir a su Noble Phantasm.
âLo pensare âKyoko admitiĂł, aunque todavĂa sonaba vacilanteâ. DespuĂ©s de todo, todavĂa soy mayor que tĂș, y tĂ©cnicamente soy tu guardiana mientras estĂĄs aquĂ, asĂ que respetarnos mutuamente deberĂa ser mi prioridad.
âEstĂĄ bien, lo tengo âCu aceptĂł con un resoplido, preguntĂĄndose brevemente cĂłmo reaccionarĂa si supiera su verdadera edad, tanto el tiempo que pasĂł vivo como los años que pasĂł como EspĂritu Heroicoâ. IntentarĂ© tener eso en cuenta.
Kyoko asintiĂł con aprobaciĂłn, la yuxtaposiciĂłn de su leve sonrisa contra su persistente ceño creĂł una expresiĂłn Ășnica.
âSolo recuerda mantener esa actitud y priorizar tus estudios.
âCiertamente harĂ© lo mejor que pueda, sĂłlo por ti âse riĂł Cu, sus ojos brillaban con picardĂa mientras le ofrecĂa a la mujer un pulgar hacia arriba, ganĂĄndose un suspiro exasperado de Kyoko mientras se giraba y regresaba a su auto, los ojos de Cu permanecieron en su trasero todo el tiempo.
âTiene una actitud increĂble, pero al menos es agradable a la vista âreflexionĂł, observando cĂłmo ella volvĂa a subir a su auto y se alejaba de la acera, dejando a Cu parado frente a su nuevo hogar con una sonrisa.
Con toda honestidad, a Cu le agradaba bastante la mujer, su personalidad estricta le recordaba un poco a su antigua Master, aunque su evidente inmadurez y su falta de medios para dañarlo fĂsicamente le hacĂan querer burlarse de ella implacablemente, algo que Scathatch nunca habrĂa tolerado.
âSupongo que me gustan las mujeres decididas âreflexionĂł, riĂ©ndose para sĂ mismo mientras se giraba para entrar al edificio de apartamentos, sus pasos resonaban suavemente en el pasillo mientras se dirigĂa a su unidad designada.
La puerta se abriĂł, revelando un estudio compacto de un dormitorio con una gran ventana en una pared que permitĂa que se filtrara abundante luz en la acogedora sala de estar. Los agudos ojos de Cu notaron un pequeño escritorio que ocupaba una esquina y una pequeña cocina compacta ubicada cerca de la entrada.
âHmm, un poco pequeño, pero no estĂĄ mal âmurmurĂł para sĂ mismo con aprobaciĂłn, ya capaz de verse acomodĂĄndose en el futuro previsible, su sonrisa creciendo lentamente mientras su mirada se posaba en el pequeño refrigerador escondido en una esquina. de la cocina americana.
Lamentablemente, su anticipaciĂłn infantil resultĂł fuera de lugar cuando abriĂł el refrigerador solo para encontrarse con una sola botella de agua sin gas y una caja bento que probablemente habĂa sido comprada en una de las muchas tiendas cercanas.
âÂżEn serio? ÂżSin cerveza? âCu suspirĂł con frustraciĂłn, sus hombros se hundieron en fingida decepciĂłn por la falta de bebidas adecuadas en el apartamentoâ. Parece que tendrĂ© que hacer una carrera rĂĄpida para arreglar eso âreflexionĂł, mientras cerraba el refrigerador y se volvĂa hacia la puerta de su apartamento.
âBien entonces âreflexionĂł, con una amplia sonrisa y sus pasos ligeros mientras salĂa de su apartamento, listo para explorar sus alrededores y, con suerte, encontrar una tienda que no le pidiera una identificaciĂłnâ. Es hora de ver quĂ© tiene para ofrecer esta ciudad en tĂ©rminos de cervezas decentes.
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Por la bulliciosa calle, dos chicas caminaban una al lado de la otra, y su conversaciĂłn era una mezcla de emociĂłn y melancolĂa.
La primera tenĂa un llamativo cabello azul oscuro que caĂa en cascada por su espalda, enmarcando su rostro de una manera que llamaba la atenciĂłn sobre sus ojos azules, escondidos detrĂĄs de un par de anteojos. Su figura era esbelta, su forma acentuada por unos pechos amplios que parecĂan inusualmente grandes para alguien de su edad.
La segunda chica, una pelirroja ardiente con ojos castaños dorados, exudaba un encanto marimacho, su figura delgada y sus senos de tamaño considerable contrastaban con las curvas maduras de su amiga. Mientras paseaban, su animada conversación resonaba en el aire.
âÂżPuedes creer que han pasado casi dos meses? âexclamĂł la pelirroja, con las manos detrĂĄs de la cabeza mientras dejaba escapar un largo suspiroâ. Estoy muy emocionada por mi segundo año, pero tambiĂ©n un poco triste porque nuestras vacaciones estĂĄn llegando a su fin, supongo que no habrĂĄ mĂĄs reuniones nocturnas.
âSi, sĂ© a que te refieres âsu amiga de cabello azul asintiĂł con la cabeza, con una sonrisa melancĂłlica adornando sus labiosâ. ÂżPero al menos nos encontraremos con nuestros compañeros de clase una vez mĂĄs?
âÂĄDefinitivamente! âla pelirroja confirmĂł con una sonrisaâ. Y tal vez... sĂłlo tal vez, este año serĂĄ diferente para nuestra vida romĂĄntica.
Un suave sonrojo se extendiĂł por las mejillas de la chica de cabello azul, su mirada desviĂł mientras tartamudeaba:
âÂżQ-QuĂ© quieres decir?
âOh, vamos, Fumi âla pelirroja le dio un codazo juguetĂłnâ. ÂżNo me digas que estĂĄs planeando ser alhelĂ otra vez? ÂżFinalmente vas a conseguir novio este año? Diablos, he sido tu amiga durante años y no recuerdo que hayas mostrado ningĂșn interĂ©s en nada que no sean tus libros.
âB-Bueno, yo... um... âel sonrojo de Fumiko se hizo mĂĄs profundo mientras buscaba a tientas sus palabrasâ. ÂĄNo lo sĂ©, Momo! ÂĄAĂșn es demasiado pronto para preocuparse por esas cosas! âinclinĂĄndose, Fumiko susurrĂł tan suavemente que era casi inaudibleâ: Estoy bien con sĂłlo tenerte a mi lado.
Momo parpadeĂł, sin entender las palabras de Fumiko.
âÂżEh? ÂżQuĂ© dijiste?
Fumiko rĂĄpidamente sacudiĂł la cabeza, su vergĂŒenza era evidente.
âN-No importa. Creo que me imaginĂ© diciendo algo.
Momo se riĂł, su sonrisa burlona a la vista.
âOh, Fumi, eres demasiado adorable. De todos modos, hablando de enamoramientos, ÂżtodavĂa encuentras atractivo a Shido-sensei? TodavĂa recuerdo cuĂĄnto lo mirabas fijamente, Âżsupongo que te gustan los chicos mĂĄs maduros?
Las mejillas de Fumiko se volvieron de un tono rojo mĂĄs intenso y su silencio sirviĂł como respuesta. Momo tocĂł el costado de su amiga.
âÂĄHa! ÂĄLo sabĂa! ÂĄEstĂĄs enamorada de Ă©l!
La vergĂŒenza de Fumiko alcanzĂł nuevas alturas y se moviĂł incĂłmoda.
âÂĄNo! ÂĄNo tengo esos pensamientos sobre Ă©l, a diferencia de ti que sigues pensando en sexo todo el dĂa! ÂĄY la mayor parte del tiempo caminas en pĂșblico sin sostĂ©n!
âOye, soy mĂĄs activa debido a todo lo que corro. AdemĂĄs, tengo la piel muy sensible. Mis pechos empiezan a irritarse despuĂ©s de un tiempo. AsĂ que es perfectamente comprensible por quĂ© no uso sostĂ©n. Y ademĂĄs, estoy usando cubre pezones, asĂ que estĂĄ bien.
âNo, no lo es. SĂłlo usa un sostĂ©n deportivo, pervertida âcontinuaron yendo y viniendo, el mundo que los rodeaba se desvanecĂa mientras disfrutaban de la presencia del otro. Habiendo sido amigos desde la infancia, esta era su dinĂĄmica la mayor parte de los dĂas.
âAh, ÂżquĂ© necesitĂĄbamos de nuevo? âpreguntĂł Fumi justo cuando entraban a las tiendas de conveniencia, navegando por la secciĂłn de bebidas.
âHmm, ya tenĂa este sabor... hombre, podrĂamos haber conseguido algo de sake para celebrar nuestro dĂa de regreso a clases. Aunque no es como si pudiĂ©ramos comprarlo incluso si quisiĂ©ramos.
âMomo...
âAh, estoy bromeando, solo bromeando. No quiero que la gente cotillee que los estudiantes de la Academia Fujimi violan la ley o son delincuentes o algo asĂ... Âżhm?
Justo cuando estaba a punto de responder, su atenciĂłn se centrĂł en el mostrador de la tienda cercana donde se estaba desarrollando una conmociĂłn. Curiosas, las chicas intercambiaron miradas y luego se encogieron de hombros, decidiendo caminar un poco mĂĄs cerca para escuchar lo que estaba pasando.
AllĂ, un chico extranjero alto con cabello de color similar al de Fumiko llamĂł su atenciĂłn. Llevaba una camisa hawaiana brillante y jeans, combinados con aretes rojos que agregaban un toque de color. El chico, al que aĂșn no conocĂan, estaba debatiendo con el cajero.
âLo siento señor, pero no puede comprar alcohol sin una identificaciĂłn que confirme su edad âinsistiĂł el cajero, con expresiĂłn preocupada al tratar con el hombre que tenĂa delante.
El extranjero, que resultĂł ser nada menos que Cu, no se inmutĂł y tratĂł de regatear para eludir la regla.
âOh, vamos, dale un respiro a un chico. Acabo de llegar a JapĂłn y dejĂ© mis papeles en mi complejo de apartamentos. AdemĂĄs, soy prĂĄcticamente un faro andante mayor de edad, Âżno crees? Quiero decir, no tengo barba, pero muchos adultos tambiĂ©n la tienen, y no ves a estudiantes de secundaria de mi altura caminando por ahĂ âdijo con una sonrisa juguetona, sin siquiera intentar ocultar sus palabras exageradas.
Las chicas observaron desde la distancia mientras Cu seguĂa bromeando con el desafortunado cajero, tratando de convencerlo para que comprara alcohol. DespuĂ©s de unos minutos de ida y vuelta, el empleado finalmente cediĂł, y una mirada de complicidad pasĂł entre ellos mientras Cu le deslizaba un discreto billete a modo de agradecimiento.
Una vez resuelto el asunto, Cu salió de la tienda y las niñas se dirigieron al frente para pagar sus bocadillos.
âBueno, eso fue extraño âdijo Momo, mirando a su amigaâ. ÂżDeberĂamos probar su mĂ©todo tambiĂ©n?
âPor favor, no lo hagas, o podrĂan despedirme ârespondiĂł el cajero tan pronto como la escuchĂł, escaneando rĂĄpidamente los artĂculos y dejando que las chicas pagaran. Fumiko le hizo una reverencia de disculpa al hombre por el comportamiento de su amiga. Al salir, se encontraron con Cu sentado en un banco cercano, con una sonrisa amistosa adornando sus labios. Los saludĂł con la mano mientras se acercaban.
âÂĄHey! âlos saludĂł con tono alegreâ. No pude evitar escuchar que eres de la Academia Fujimi. ÂżTe importa si me uno a ti por un momento? Soy nuevo por aquĂ y pensĂ© que serĂa genial charlar con mis posibles compañeros de clase âseñalĂł una bolsa que contenĂa algunas latas de cerveza, claramente no disuadido por su reciente interacciĂłn dentro de la tienda.
Sus palabras provocaron que una expresiĂłn de asombro apareciera en sus rostros.
âEspera, ¿¥en realidad eres un estudiante!? âMomo y Fumiko gritaron simultĂĄneamente.
Para aquellos curiosos, Fumiko y Momo son personajes reales del programa, no OC. El dĂșo tiene mĂșltiples escenas al principio con el episodio del autobĂșs y cualquier cosa relacionada con Shido, que es el maestro.