Hound Of The Dead (Traducido)

Summary

đ€đźđ­đšđ«: https://www.wattpad.com/user/NimtheWriter QuĂ© triste partida, obligado a suicidarse por ese maldito sacerdote, afectado por las palabras de despedida del Master de Archer y esperando pacientemente su muerte rodeado de fuego. Cu nunca tuvo suerte; esperaba que esta nueva vida, algo pacĂ­fica pero caĂłtica, le brindara una nueva experiencia. ÂżZombis? ÂĄSuena divertido!

Genre
Action
Author
Lulexy
Status
Ongoing
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

CapĂ­tulo 1: ÂżUn estudiante?

Beta leĂ­da por Shigiya, Maglad y Kyugan

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-Fuyuki-

En medio de la vorĂĄgine de sus pensamientos, el Lancer conocido como Cu Chulainn se encontrĂł frente al molesto sacerdote, un hombre cuya mera presencia inspiraba sentimientos de tensiĂłn y disgusto dentro del Perro del Ulster.

En contraste con la tormenta de emociones dentro de su reticente Servant, Kotomine Kirei parecĂ­a tan tranquilo y sereno como siempre, aunque solo habĂ­a que mirarlo a los ojos para que el velo de la normalidad cayera, revelando el desprecio sin emociones que sentĂ­a por el mundo en general.

«Hah, ¿qué mala suerte puedo tener?», el descorazonado Niño de Lugh reflexionó mientras reflexionaba sobre las desafortunadas circunstancias que lo llevaron a este punto, incluso cuando la tensión en el aire entre ellos continuaba creciendo como una tormenta a punto de estallar.

—Me niego a matarla —Cu declaró con determinación mesurada, su voz resonando contra el tenso telón de fondo mientras miraba al maldito sacerdote a los ojos, el choque de sus respectivas voluntades casi palpable en el repentino silencio—. Tendrás que usar un Sello de Comando para eso.

Esta no era la primera vez que los dos se habĂ­an enfrentado en el transcurso de la Guerra del Grial, cada conversaciĂłn entre ellos era una batalla de voluntades que Cu habrĂ­a estado muy dispuesto a terminar desde el principio si no fuera por esos tres veces malditos Geiss-Marks en la mano del Sacerdote.

Tal como estaban las cosas, había tenido que resignarse a obligar al bastardo a agotar sus Sellos de Comando para lograr que hiciera algo, incluso si eso significaba que nunca podría hacer todo lo posible en una batalla, ya que... tendría que retirarse a la primera señal de que su oponente podría sobrevivir a su Noble Phantasm.

Mientras esperaba la respuesta del Sacerdote, no pudo evitar reflexionar sobre la ironĂ­a de su situaciĂłn, ya que su tiempo como Servant casi parecĂ­a paralelo a su vida, en el sentido de que no fue socavada por sus propias acciones, sino por la voluntad de otros le impusieron.

En vida, sus enemigos, generalmente la reina Medb, se aprovecharon de los Geis que había jurado para debilitarlo. Como Servant, también estaba encadenado a los caprichos de su Master mediante Sellos de Comando, aunque afortunadamente su Clase Lancer le concedía cierto nivel de resistencia.

Era casi como si el destino mismo estuviera tejiendo un tapiz de desgracias a su alrededor, una amarga verdad que no tuvo mås remedio que reconocer a regañadientes, porque incluso como Servant, el camino maldito que recorría como portador de la lanza parecía estar grabado en piedra, destinado a conducir al dolor y la tragedia.

Los recuerdos de una vida pasada inundaron su mente, arrojando sombras sobre su situaciĂłn actual. RecordĂł las advertencias de sus padres adoptivos el dĂ­a que eligiĂł convertirse en guerrero, los dĂ­as de entrenamiento que pasĂł con Ferdiad bajo su maestra, Scathatch.

RecordĂł su desesperaciĂłn por tener que derribar a su amigo con la misma Lanza por la que habĂ­an competido, la impotencia que habĂ­a sentido cuando mĂĄs tarde le hizo lo mismo a su propio hijo, Connla, todo por culpa de un Geiss que sin saberlo habĂ­a colocado sobre el muchacho y luego olvidado.

Y lo peor de todo, recordĂł la vergĂŒenza y la desesperaciĂłn que habĂ­a sentido al morir antes de poder cumplir el deseo de su Master, el peso de esa promesa incumplida que pesaba sobre sus hombros, una capa adicional de dolor que profundizĂł la gravedad de su circunstancias actuales.

—Si es así, que así sea —respondió Kirei finalmente, su voz profunda carecía de cualquier indicio de emoción mientras levantaba su mano, su antebrazo brillaba bajo la manga de su sotana mientras sus Sellos de Comando se activaban en respuesta a su voluntad.

«Siempre son los imbéciles los que obtienen las cosas buenas», reflexionó Cu con ironía, plenamente consciente de la hipocresía de sus propias palabras, ya que no era como si sus manos hubieran estado enteramente sin sangre en vida, y ciertamente había obtenido su manos sucias corriendo alrededor de Fuyuki.

«No llores por los muertos, estarås allí todo el día», se reprendió a sí mismo, recordando las sabias palabras de su maestro mientras esperaba la orden de atacar, mirando por encima del hombro a la forma atada de la antigua Master de Archer mientras la pequeña muchacha miraba al sacerdote con todo el odio que podía reunir.

Con toda honestidad, desearĂ­a poder hacer mĂĄs por ella, ya que en el poco tiempo que la conociĂł, la Master de Archer habĂ­a demostrado ser muy superior al Sacerdote, tanto en tĂ©rminos de habilidad como de la pura diversiĂłn que ella obtenĂ­a viĂ©ndola intentar actĂșa tĂ­midamente con el Master de Saber.

«En otra vida, no me habría importado ser su Servant», se confesó a sí mismo, ofreciéndole a la chica una pålida sonrisa en lugar de disculparse, ya que las palabras le importarían poco cuando se viera obligado a atravesarla con su lanza.

No podĂ­a culparla si lo odiaba, ya que para ella, esta serĂ­a la segunda vez que habĂ­a sido traicionada por un Servant, el recuerdo de las acciones de Archer agriĂł instantĂĄneamente el humor de Cu, su sangre hervĂ­a ante el recuerdo de sus batallas en el escuela y fuera de la guarida de Medea.

«Ese bastardo no es un verdadero héroe», gruñó, recordando el aire desdeñoso con el que Archer había dejado a un lado sus armas, la falta de orgullo que podía sentir en cada uno de sus enfrentamientos, como si realmente no le importara si vivía o moría.

Fue por esa razón que cumplió voluntariamente con la orden del Sacerdote de proteger a la niña después de la traición de Archer. El hecho de que también estuviera ayudando al Master de Saber era simplemente la guinda del pastel, ya que estaba claro que el bastardo vestido de rojo tenía una erección asesina por el muchacho.

Dicho esto, por mucho que odiara admitirlo, el bastardo engreído le había dado la mejor pelea de todos los Servants en la Guerra del Grial ademås de Saber, aunque incluso esa victoria menor se vio empañada por las órdenes del maldito Sacerdote que le impidieron terminar el bastardo fuera.

«Todo esto sólo para matar al Master de Saber», reflexionó, frunciendo el ceño mientras una vez mås intentaba determinar la razón detrås de la fijación de Archer con el pelirrojo. Claro, el niño tenía agallas que a veces rayaban en el suicidio, pero aparte de un impresionante factor de recuperación, no era nada especial.

—Lancer —gritĂł Kirei, su tono monĂłtono e indiferente sacĂł a Cu de sus pensamientos despuĂ©s de lo que pareciĂł una eternidad, el Perro se preparĂł para hacer que la muerte de la niña fuera lo mĂĄs rĂĄpida e indolora posible—, por el poder de este Sello de Comando, puedo ordenarte que... te mates.

Mientras la orden flotaba en el aire como una nube pesada, la mente de Cu se apresurĂł a procesar el peso de esas palabras, sus pensamientos eran una vorĂĄgine de conflicto y rabia mientras sentĂ­a que sus brazos se movĂ­an por su propia voluntad a pesar de que soportaba su considerable voluntad de resistir el curso.

Pero como en la vida, el Perro se vio incapaz de resistir el trĂĄgico resultado que el destino le habĂ­a preparado, y apretĂł los dientes con rabia cuando, a pesar de sus intentos de resistencia, se vio obligado a atravesar su propio corazĂłn con la siniestra punta de Gae Bolg.

El shock fue inmediato y abrumador, una sensación similar a la de un río embravecido que recorría cada centímetro de su ser. La sangre subió por su garganta, constriñéndola, mientras un torrente similar emergía de su nariz, como si la maldición misma buscara reclamar su cuerpo mediante la expulsión.

Su cuerpo se doblĂł y cayĂł, desplomĂĄndose con un ruido sordo en el suelo. La habitaciĂłn temblĂł cuando una nube de polvo bailĂł en el aire, y sus ojos muy abiertos y sin parpadear fueron atraĂ­dos hacia el techo.

Mientras un charco de sangre se expandía debajo de él, su visión comenzó a nublarse, fusionando los contornos de la habitación en una neblina. El intercambio que siguió entre Kotomine y la chica, Rin, se redujo a ecos distantes que apenas se registraron en medio del ritmo irregular de los latidos del corazón de Cu.

Karma, al parecer, era una perra. El peso de su inminente perdiciĂłn era ineludible. Con su vida decayendo, sus pensamientos vagaron, su conciencia se volviĂł confusa mientras suspiraba, una mezcla de resignaciĂłn y admiraciĂłn.

—...Admiro eso —confesó Kotomine, su voz era una aguja que pinchaba los todavía agudos sentidos de Cu, y una oleada de irritación recorrió su debilitado cuerpo—. Esa contradicción es extraordinariamente exquisita.

«Este tipo estĂĄ empezando a enojarme seriamente —Cu gruñó, sus ojos carmesĂ­ recuperaron su enfoque mientras una sonrisa irĂłnica se formaba en sus labios ensangrentados—. Hah, quĂ© estoy diciendo, ya me estaba enojandome desde el principio.»

En cierto modo, no era un error suponer que la fuente principal de todas las desgracias que Cu había sufrido en Fuyuki procedía de este sacerdote anterior a él. El mismo sacerdote que incluso ahora estaba tratando de estrangular a la indefensa Master de Archer con una expresión casi aburrida.

«TodavĂ­a no... —gruñó Cu, apretando los dientes mientras lentamente sacaba la cabeza de Gae Bolg de su pecho, los ojos del Perro se fijaban en la espalda de Kotomine mientras usaba la lanza para levantarse lentamente del suelo—. ÂĄNo mientras todavĂ­a me quede algo de mordisco!»

Continuación de batalla, una habilidad que encarnaba el espíritu guerrero de Cu y su obstinada negativa a caer sin luchar, permitiéndole luchar sin importar las heridas que sufriera, incluso aquellas que fueron autoinfligidas.

Oh, no te equivoques, no sería suficiente para evitar que muriera, él sabía mejor que nadie cuån mortal era la maldición de Gae Bolg después de todo, pero al menos lo mantendría con vida el tiempo suficiente para arrastrar a ese bastardo con él.

Y asĂ­, a pesar de que su fuerza menguaba con cada segundo, a pesar de que la sangre en su garganta amenazaba con asfixiarlo, Lancer lentamente se impulsĂł hacia arriba, cada movimiento era un ejercicio desafiando lo inevitable mientras se obligaba a ponerse de pie una vez mĂĄs.

Una exclamación de sorpresa del eunuco de cabello azul que intentó atacar a Rin casi delató el juego, pero incluso con esa advertencia Kotomine solo pudo gruñir de sorpresa cuando Cu golpeó como un rayo escarlata, lanzåndose hacia adelante para empalar al bastardo contra la pared del fondo.

—L-Lancer... —escupiĂł Kotomine, mirando a Cu con incredulidad incluso cuando los malĂ©volos zarcillos de la maldiciĂłn comenzaron su lento e implacable avance, manchando la piel del bastardo con su toque oscuro—. Bastardo... ÂĄÂżcĂłmo...?!

—Es desafortunado para ti, Kotomine —Cu dijo con voz ronca, sonriendo con sombría satisfacción a pesar de la sangre en sus labios y el cansancio que podía sentir minando su fuerza—. Pero sería un pobre Espíritu Heroico si un mordisco de amor como este fuera suficiente para derribarme.

Con eso, sacó la lanza de Kotomine, la fuerza del movimiento hizo que el cadåver del Sacerdote cayera deshuesado por el suelo, Cu cayó al suelo con un gruñido mientras observaba la luz atenuarse de los ojos del hombre mientras yacía en un charco de su propia sangre.

—Maldita sea... —maldijo mientras sentĂ­a que la fuerza abandonaba sus extremidades, la sensaciĂłn reveladora de la oscuridad invasora acercĂĄndose cada vez mĂĄs mientras la implacable maldiciĂłn que habĂ­a torcido su existencia se extendĂ­a por su cuerpo—. AsĂ­ que asĂ­ es como termina Âżeh? QuĂ© maldita farsa...

Era vagamente consciente de la risa burlona del eunuco en el fondo, la pequeña mierda llorona aparentemente había reunido el coraje necesario para patear el cadåver de Kotomine antes de lanzar una perorata que Cu habría considerado patética si tuviera la fuerza para importarle una mierda.

Sin embargo, lo Ășnico que logrĂł el lloriqueo del pequeño bastardo fue darle a Cu su tercer aliento, y el Perro se obligĂł a ponerse de pie una vez mĂĄs para agarrar al pequeño bastardo por su cabeza de cabello color alga y arrojarlo a travĂ©s del ĂĄtico para aterrizar en algo casi tan sucio como Ă©l.

—MantĂ©n tus manos quietas, mocoso estĂșpido —Cu gruñó como su tocayo, mirando imperiosamente al pequeño idiota aterrorizado que se atreviĂł a suponer que podĂ­a agredir a una mujer frente a Ă©l—. No eres digno de ponerle una mano encima a esta mujer.

—¡Bastardo...! —la mancha de mierda siseĂł mientras luchaba por ponerse de pie, sus extremidades temblaban como un cervatillo reciĂ©n nacido mientras miraba con petulancia a Cu—. ÂĄNo te darĂ© una muerte fĂĄcil! —gritĂł, echando la cabeza hacia atrĂĄs—. Oye, esa es tu señal, Gilgamesh, ÂĄdale a este imbĂ©cil una muerte de hĂ©roe!

«Idiota», Cu se burló, mirando impasible mientras convocaba su lanza a su mano, sabiendo muy bien que el Bastardo Dorado no estaba cerca, ya que era poco probable que hubiera podido derribar a Kotomine de otra manera, dado cómo estaban los tres, aparentemente trabajando juntos.

—¡¿Q-QuĂ© diablos estĂĄs esperando, Gilgamesh?! —exigiĂł la mancha de mierda, su bravuconerĂ­a anterior se evaporĂł rĂĄpidamente una vez que se hizo evidente que el bastardo dorado no vendrĂ­a a limpiarle el trasero—. ÂĄMĂĄtalo por mĂ­ ahora mismo! ÂĄVamos, esto no es una broma!

—CĂĄllate —ordenĂł Cu, con expresiĂłn de desprecio mientras se elevaba sobre el gusano con piel humana que de alguna manera se habĂ­a engañado a sĂ­ mismo al creer que podĂ­a comandar al Rey de los HĂ©roes como si fuera una especie de perro rata entrenado.

—Ni siquiera vale la pena matarte —declarĂł, mirando fijamente a los ojos aterrorizados del pequeño gusano incluso mientras apuñalaba la punta de GĂĄe Bolg en su pecho, lo suficientemente profundo como para rozar una arteria importante cerca del corazĂłn—. Vete ahora antes de que me arrepienta de mi decisiĂłn.

El gusano no necesitĂł que se lo dijeran dos veces, sus gritos angustiados cortaron el aire mientras se alejaba como un cerdo atrapado del amenazante espectro de muerte que era Cu, sin saber que nunca escaparĂ­a del todo, ya que la maldiciĂłn de Gae Bolg asegurarĂ­a que la herida nunca sanara.

Al quedarse solo con Rin, sus siguientes acciones fueron un corte råpido de las cuerdas con su lanza. Liberando finalmente a la niña del desagradable futuro que le esperaba antes.

—Maldita sea... haciĂ©ndome desperdiciar mi energĂ­a en nada —refunfuñó Cu mientras dirigĂ­a su atenciĂłn a Rin, usando su lanza para cortar las ataduras que la mantenĂ­an en su lugar, ofreciĂ©ndole a la chica una sonrisa cansada mientras lo hacĂ­a—. Bueno... no es que me quedara mucho en primer lugar.

—Gracias por salvarme, Lancer —ofreciĂł Rin, sus ojos se llenaron de preocupaciĂłn mientras observaba su expresiĂłn demacrada, notando las lĂ­neas oscuras que estropeaban su piel ahora pĂĄlida mientras la maldiciĂłn de GĂĄe Bolg lentamente se abrĂ­a camino a travĂ©s de su cuerpo.

—Simplemente resultó así, no tienes que agradecerme —Cu le aseguró, sus labios se curvaron en una leve y cansada sonrisa incluso cuando sintió el creciente peso de su lanza en su mano, su visión vaciló mientras el mundo a su alrededor parecía inclinarse en respuesta a su pulso debilitado.

Sin previo aviso, sus traicioneras rodillas se doblaron y sucumbiĂł a la voluntad de la gravedad, su ContinuaciĂłn de Batalla finalmente alcanzĂł sus lĂ­mites, lo que fue tanto un testimonio de su resistencia natural como de la letalidad de la maldiciĂłn de Gae Bolg.

En vida, Cu se había enfrentado valientemente a ejércitos enteros sin ayuda de nadie e incluso en la muerte, debilitado con las tripas desparramadas por el suelo, había muerto de pie, pero esta confrontación final con la maldición fue un tipo de prueba diferente. Su cuerpo, que alguna vez fue su mayor activo, ahora era su traidor.

—No te preocupes por mĂ­ muchacha... —le asegurĂł a Rin mientras ella gritaba angustiada, empujando su espalda contra un fardo de heno para sostenerse con la poca fuerza que le quedaba incluso cuando Gae Bolg se desvanecĂ­a nuevamente en el Ă©ter—. Me he acostumbrado bastante a esto.

La luz de la ventana detrås de él iluminaba la expresión de preocupación en su lindo rostro mientras ofrecía amables palabras en sus momentos finales, un gesto tranquilizador de alguien que se había convertido en un compañero inesperado en este tramo final de su viaje.

—Morir por una orden tonta viene con ser un Espíritu Heroico —reflexionó Cu en un intento de desviar sus preocupaciones, ya que realmente no tenía sentido que la muchacha derramara lágrimas por un hombre que murió siglos antes de su nacimiento—. Hombre, ambos nos quedamos atrapados con socios de mierda, ¿eh?

—Tienes razón —Rin admitió, su expresión dividida entre tristeza y diversión irónica mientras le ofrecía una sonrisa amable—. Aunque yo diría que la mía era más inmanejable que horrible.

—Eso es seguro —se rió entre dientes, su mente una vez más se dirigió espontáneamente al rostro exasperantemente engreído del enigmático Archer Rojo—. La mayoría de los humanos son un dolor en el trasero. Pero ese tipo se lleva la palma —sonrió con tristeza—. ¿Entonces fue demasiado incluso para ti?

—SĂ­, pero eso es lo que me hizo esforzarme tanto —Rin confesĂł, su frustraciĂłn era evidente incluso mientras le sonreĂ­a al hĂ©roe moribundo-— Mientras Archer fuera mi Servant, me jurĂ© a mĂ­ misma que solo harĂ­a lo que creo, incluso si eso significara ir en contra de las normas de lo que se espera de un Mago,

«¿Eh, llegaría tan lejos por un hombre muerto?», reflexionó Cu, el perro se sintió conmovido por el peso de su resolución.

—Ese maldito Archer... a pesar de haber tenido suerte y atrapar al mejor maestro en esta guerra de mierda, de alguna manera logró arruinarlo al final.

—Odio decirlo, pero no soy yo quien puede salvarlo —Rin continuó, su voz era una mezcla de determinación y resignación incluso cuando reconocía sus limitaciones—. Porque creo que tiene razón. Sus decisiones, los arrepentimientos por ellas... creo que todos están justificados.

«Mierda», Cu gruñó, sabiendo muy bien que ningĂșn EspĂ­ritu Heroico morĂ­a sin arrepentimientos, pero eso no excusaba en lo mĂĄs mĂ­nimo las acciones de Archer. Claro, a Cu le hubiera encantado tener la oportunidad de cumplir su promesa a Scathatch, pero no si eso significara traicionar su propio cĂłdigo de honor para hacerlo.

—Soy tan desapasionada cuando se trata de esas cosas que incluso me enojo, asĂ­ que al final todo lo que puedo hacer es concentrarme en mĂ­ mismo —Rin confesó—: Al igual que cierta persona lo hizo en el pasado, tomarĂ© un camino en el que creo. Ese es el Ășnico gesto que puedo hacer, la Ășnica forma en que puedo pagarle.

—Hah, desearĂ­a tener una mujer como tĂș como mi Master —Cu suspirĂł, con una sonrisa incluso mientras extendĂ­a sus dedos temblorosos para trazar una runa Kenaz en el suelo con los Ășltimos restos de su energĂ­a mĂĄgica—. Por otra parte, nunca tuve suerte para encontrar buenas mujeres. Maldita sea.

—Abandona este lugar —ordenĂł, recostĂĄndose contra el fardo de heno mientras sentĂ­a que su fuerza vital parpadeaba como una brasa moribunda incluso cuando la habitaciĂłn a su alrededor estallĂł en llamas—. LlevarĂ© a ese tipo conmigo —le asegurĂł, mirando el cadĂĄver de Kotomine por encima de su hombro.

—AdiĂłs, Lancer —ofreciĂł Rin, erguida y orgullosa mientras se giraba hacia la salida—. No te conozco desde hace mucho, pero me gusta la gente como tĂș —hizo una pausa justo cuando estaba a punto de salir del ĂĄtico—. Sabes, si las cosas hubieran sido diferentes, felizmente te habrĂ­a pedido que te convirtieras en mi Servant.

—Niña tonta —se burlĂł, inclinando su cabeza hacia atrĂĄs con una sonrisa mientras sentĂ­a el calor de las llamas lamer su cuerpo helado, confiado en que su forma desaparecerĂ­a de regreso al trono mucho antes de que las llamas pudieran tocarlo—. Vuelve cuando hayas crecido un poco.

Y, sin embargo, a pesar de sí mismo, Cu no pudo evitar sentir una sensación de arrepentimiento cuando sus inocentes palabras de despedida tiraron de las fibras debilitadas del corazón, la idea de servir bajo un compañero como Rin provocó un destello de arrepentimiento en el Perro, un deseo fugaz por un resultado diferente.

«Maldita sea, ÂżquĂ© diablos estoy pensando aquĂ­? —suspirĂł mientras la veĂ­a abrirse camino a travĂ©s del fuego y las llamas—. QuĂ© tan bajo he caĂ­do que unas pocas cosas dulces de una cara bonita son suficientes para hacerme querer vivir para ver otro dĂ­a en esta farsa de guerra.»

QuizĂĄs el Ășnico entre los Servants convocados, Cu Chulainn no tenĂ­a un verdadero deseo por el Grial, ya que no tenĂ­a quejas sobre su vida excepto por cĂłmo terminĂł, debilitada y abatida por las maquinaciones de Medb en lugar de una batalla gloriosa contra un enemigo digno.

—Todo lo que querĂ­a era salir a luchar contra un oponente digno, pero incluso como Servant terminĂ© siendo atacado por magos y sus tonterĂ­as —gruñó, sĂłlo para suspirar con exasperaciĂłn mientras veĂ­a a Rin llegar a la puerta—. Ah, bueno, al menos pude jugar al hĂ©roe por Ășltima vez...

Con sus Ășltimos vestigios de conciencia, Cu se obligĂł a observar cĂłmo Rin desaparecĂ­a de la vista, su cuerpo lentamente se convertĂ­a en motas de luz, bailando como luciĂ©rnagas mientras las llamas se elevaban hasta consumir lentamente el cadĂĄver plagado de maldiciones de Kotomine Kirei.

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-Irlanda, Howth-

Ubicado a lo largo de la escarpada costa irlandesa, el pintoresco pueblo de Howth recibió el amanecer con un panorama encantador. Las aguas cobalto del Mar de Irlanda se extendían en una extensión aparentemente interminable, su ritmo tranquilo acompañado por los relajantes gritos de las gaviotas.

Pintorescas cabañas, con sus paredes adornadas con hiedra, abrazaban el paisaje como si fueran viejos amigos. Sus fachadas de colores brillantes, una armoniosa mezcla de pasteles, parecen reflejar el cielo azul.

A medida que el sol ascendĂ­a, sus rayos dorados envolvieron la escena en un cĂĄlido abrazo. Las colinas que enmarcaban el pueblo eran un lienzo verde, y la hierba se agitaba en suave reconocimiento a la danza perpetua del mar. El sabor salado de la brisa del mar se mezclĂł con el aroma terroso de los prados, creando una sinfonĂ­a olfativa esencialmente irlandesa.

En medio de este pintoresco entorno, la vida cotidiana del pueblo se desarrollaba a su propio ritmo. El mercado bullía de actividad, con sus puestos repletos de una gran cantidad de mariscos recién pescados, verduras vibrantes y chucherías artesanales. Pescadores reparando sus redes, con sus rostros curtidos grabados con historias de aventuras en mar abierto.

Sin embargo, mås allå de las bulliciosas calles, estaba a punto de desarrollarse una historia diferente. Una historia de contrastes y dicotomías entrañables, encarnada por un fornido pescador llamado Sean. Con una barba que reflejaba las olas besadas por la sal y unas manos que llevaban los callos de incontables horas de trabajo, Sean Collins se movía con un sentido de propósito. Su gran figura navegaba por los estrechos senderos dentro de su casa con una gracia casi paradójica, con los ojos fijos en un destino particular.

Con un suave crujido, la puerta de una cabaña desgastada se abriĂł bajo la hĂĄbil mano de Sean. En el interior, la luz tenue revelaba un espacio diferente al exterior. Los juguetes delicados y las decoraciones en colores pastel transformaron la habitaciĂłn en un santuario de suavidad. Una habitaciĂłn donde las risas, los arrullos y el repiqueteo de los pies pequeños algĂșn dĂ­a estarĂ­an en casa.

En el centro de la habitación había una cuna, adornada con un dosel de encaje blanco que parecía suspendido en el tiempo. Dentro de sus confines, yacía un bebé dormido, envuelto en un mundo de sueños. El exterior åspero de Sean dio paso a una expresión de tierno asombro cuando se acercó, sus dedos callosos rozaron un mechón suelto de cabello azul profundo que hacía juego con el suyo.

A su lado, Fiona, una joven pelirroja, compartĂ­a su sentimiento, con una sonrisa adoradora y divertida a la vez. Sus miradas se encontraron y entre ellos hubo un entendimiento silencioso.

—Bueno, hola, muchacho —susurrĂł Sean, su voz era una mezcla de asombro y diversiĂłn mientras miraba hacia la cuna—. ÂĄMaldita sea, te pareces a mĂ­! —proclamĂł el alegre padre mientras levantaba suavemente al niño, ambos emocionados de sostener su propia carne y sangre pero temerosos de cualquier daño causado por su propio descuido.

—¡No vayas a darle vueltas, idiota! —Fiona reprendiĂł suavemente a su marido, su risa tintineaba como una campanilla de viento, una suave melodĂ­a que parecĂ­a armonizar con el entorno mientras observaba a la pareja—. ÂĄEs un bebĂ©, no un maldito Palo de Lanzamiento!

—Ach, ¿te gustaría? Sólo estoy bromeando —respondió Sean con un brillo juguetón en sus ojos—. Además, si Cu va a convertirse en un verdadero pescador, necesita acostumbrarse a las aguas turbulentas.

—¡Deja de llamarlo Cu, nuestro hijo no es un perro, ni siquiera Setanta! Estuvimos de acuerdo con Seth, Âżrecuerdas? —la respuesta de Fiona estuvo acompañada de una afectuosa mirada en blanco—. AdemĂĄs, dudo que aprenda algo Ăștil de ti, ya que tu gordo trasero se desmayĂł en el momento en que rompĂ­ fuente.

—¡Ach, vete a la mierda y dĂ©jame tener esto! —Sean protestĂł, aunque su sonrisa revelĂł su aceptaciĂłn afable de las burlas de Fiona—. Para agregar a tu fastidio, Setanta es un nombre perfectamente bueno... ÂĄcomo el legendario Perro del Ulster! Mi viejo padre y yo Ă©ramos grandes admiradores de su leyenda, seguro que el hombre no tuvo un buen final, pero seguro que sĂ­ tiene el espĂ­ritu de un verdadero guerrero.

—Seth Collins es igual de bueno, querido. Piensa en ello como la versiĂłn moderna de tu hĂ©roe. Y no quiero que mi hijo experimente ni una pequeña fracciĂłn de lo que sucediĂł en esas viejas leyendas, Ă©l no estĂĄ peleando con un ejĂ©rcito con agallas como una cuerda bajo mi vigilancia —bromeĂł Fiona, con los ojos brillantes mientras extendĂ­a la mano para tomar a su hijo en sus brazos—. Muy bien, toma, dĂĄmelo antes de que despierte a toda la calle... aunque ni siquiera llorĂł mucho cuando lo saquĂ©.

El padre transfirió con cuidado su bulto de alegría al lugar donde dormía, sus manos se rozaron en un toque fugaz. Juntos, miraron dentro de la cuna y sus expresiones se suavizaron al ver a su pequeño. Con cabello azul intenso, un tono que recuerda al mar en un día claro de verano, el bebé dormía profundamente, su pecho subía y bajaba a un ritmo constante.

Mientras sus miradas se demoraban, Sean no pudo evitar comentar, su voz era una mezcla de asombro y afecto.

—Bueno, Ă©l tiene mi apariencia, eso es seguro.

Fiona se riĂł suavemente, su tono gentil mientras acariciaba juguetonamente el brazo de Sean.

—No dejes que eso se te suba a la cabeza ahora. Tiene el espíritu de su mamá.

Su afectuoso intercambio, nacido de años de recuerdos y risas compartidos, fue interrumpido cuando un par de somnolientos ojos carmesí que coincidían con los de su madre parpadearon. Una pequeña mano se agitó en el aire, captando su atención y sus corazones. La sonrisa de Fiona se hizo mås profunda mientras le hablaba suavemente a su bebé.

—Hola, mi pequeño Seth. ÂżDormiste bien entonces?

Sean se inclinó y sus åsperos dedos rozaron suavemente la suave mejilla del bebé.

—Bueno, hola, muchacho —murmurĂł de nuevo, su voz era un susurro de asombro—. Maldita sea, despuĂ©s de todo te pareces a mĂ­. ÂĄEn unos años, seremos gemelos!

En respuesta, los ojos del bebé Cu tenían una mezcla de sorpresa y conmoción, casi incredulidad incluso brillando en su rostro.

—¡Mira esto, hiciste que te tuviera miedo! —Fiona hablĂł con cara de molestia—. Aunque es un poco raro ver al chico mirĂĄndonos asĂ­. No ha llorado despuĂ©s de salir del hospital... Âżes normal?

—¿QuiĂ©n sabe? Pero mi hijo ha sido un guerrero desde que naciĂł, eso es obvio. NavegarĂĄ por el mar y enorgullecerĂĄ a su viejo padre.

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(17 años después)

—Ya diecisiete, eh... el tiempo pasa rĂĄpido —Cu bostezĂł mientras estaba sentado en lo alto de una enorme roca, con una caña de pescar en la mano y un cubo vacĂ­o a su lado, el horizonte ardiendo con los cĂĄlidos tonos del sol poniente, proyectando un brillo sereno sobre las tranquilas aguas frente a Ă©l.

—Sabes, en todos mis años, he visto algunas batallas extrañas y he enfrentado la muerte mĂĄs veces de las que puedo contar —reflexionĂł para sĂ­ mismo mientras lanzaba su lĂ­nea al agua—. Pero se lleva la palma por mucho. De alguna manera he vuelto, renacido en un cuerpo y una vida diferentes. Siento como si Caster me tuviera atrapado en una ilusiĂłn retorcida, pero sĂ© que no es asĂ­.

Mientras su hilo de pescar se balanceaba en el agua, su mente repetĂ­a la inquietante visiĂłn de su muerte en la iglesia. RecordĂł la oscuridad que lo tragĂł por completo, el frĂ­o del vacĂ­o arrastrĂĄndose hasta su alma.

Y luego, lo siguiente que supo fue que estaba aquí, en este extraño mundo nuevo ambientado en lo que era claramente la era moderna, probablemente mås o menos al mismo tiempo que fue convocado mås o menos unos años. No es que le importara, dado que båsicamente era lo mismo para el irlandés.

MirĂł su poste justo a tiempo para verlo temblar, los labios curvados en una sonrisa salvaje mientras lo agarraba, los ojos fijos en el agua.

—Sí, parece que los peces están picando hoy. Ven con el viejo Cu, ¿verdad? —se rió entre dientes, enrollando la línea de su pila temprano con la esperanza de haber atrapado algo ya.

Pero mientras seguĂ­a enrollando el sedal, se produjo el desastre. La cuerda se rompiĂł y el pez se escapĂł justo cuando la victoria parecĂ­a estar a su alcance. En lugar de sentirse angustiado, Cu soltĂł una carcajada y sus ojos se arrugaron de diversiĂłn.

—Bueno, bueno, Âżno eres luchador? —reflexionĂł sacudiendo la cabeza. No era alguien que pudiera ser derrotado fĂĄcilmente, su mirada se desviĂł hacia la lanza de pesca toscamente tallada que yacĂ­a a su costado, agarrĂĄndola con una sonrisa traviesa mientras los mĂșsculos de su brazo se hinchaban con fuerza.

—Será mejor que te contengas un poco, no quiero destrozar otro —se advirtió a sí mismo, incluso mientras seguía los movimientos de su presa. Con un movimiento rápido y experto, arrojó la lanza más rápido de lo que el ojo humano podía rastrear, empalando al pez con precisión infalible.

—¡Ha! ÂĄEso fue divertido! —un rugido triunfante surgiĂł de su garganta mientras se adentraba en el agua para reclamar su premio, deteniĂ©ndose brevemente para mirar el sol en el cielo—. Parece que es casi la hora de que mamĂĄ me llame, debo darme prisa.

Su madre... Cu honestamente no sabĂ­a lo que sentĂ­a por la mujer que lo dio a luz, lo cual era comprensible dado que aĂșn conservaba los recuerdos de su primera vida. Y aunque su padre biolĂłgico sĂłlo se habĂ­a involucrado una vez, todavĂ­a recordaba con cariño su tiempo con Deichtne.

Ahora, sin embargo, su padre era un pescador en lugar de un Dios y su madre una pescadería a quien Cu se esforzaba por ayudar siempre que podía, entre completar sus tareas domésticas, ayudar a los vecinos en sus granjas y, en general, vivir una vida que siempre pensó que era imposible.

«VisitarĂ© al viejo herrero para que me haga una lanza real... —reflexionĂł Cu mientras saltaba al agua para recuperar su presa, solo para fruncir el ceño al ver el estado de su lanza—, Ă©sta ya tiene grietas.»

No tener un arma adecuada para igualar su fuerza estaba resultando ser un dolor mayor de lo que Cu querĂ­a admitir, el adolescente emergiĂł del agua, goteando y sonriendo mientras comenzaba a escurrir su camisa en tierra firme.

—Mierda, esa vieja bruja me va a matar... —jurĂł, recordando en el Ășltimo momento las palabras de advertencia de su madre sobre lo que le harĂ­a si regresaba con otra camisa arruinada—. Ah, bueno, al menos tengo una merienda rĂĄpida para la noche.

Como convocados por su exposiciĂłn, un grupo de colegialas conocidas pasĂł, sus miradas curiosas se convirtieron en susurros emocionados. No pudo evitar alzar una ceja y sus labios se curvaron en una sonrisa divertida.

—¡Buenas, señoritas! —saludĂł, devolviĂ©ndoles la atenciĂłn con un movimiento de su brazo, sus ojos carmesĂ­ brillando con picardĂ­a mientras estallaban en risitas emocionadas—. ÂżVen algo que despierte tu interĂ©s?

—¡Hola, Seth, te ves bien como siempre! —respondió una de las chicas más valientes en medio de un coro de silbidos elogiosos y saludos juguetones mientras las más tímidas se contentaban con sonrojarse y reírse mientras Cu las observaba ocuparse de sus asuntos.

—¡Gracias, muchacha! Tienes un gusto excelente —bromeĂł, su tono juguetĂłn mientras flexionaba los mĂșsculos de su brazo de una manera exagerada, mĂĄs que acostumbrado a que la gente lo llamara por su nuevo nombre, excepto por los pocos amigos a los que habĂ­a convencido de que lo llamaran Cu.

—¿Te importa si echamos un vistazo mĂĄs de cerca? —una chica particularmente atrevida bromeĂł con un brillo en los ojos, dando un paso adelante para mirar descaradamente su impresionante fĂ­sico—. ÂżQuieres acompañarnos a la casa de Cara? Conor va a pasar de contrabando algunas cajas de cerveza.

—Ahora hay una oferta tentadora —Cu confesĂł, echando la cabeza hacia atrĂĄs con una sonrisa—. Y cualquier otro dĂ­a habrĂ­a aprovechado la oportunidad, pero mi mamĂĄ estĂĄ esperando en el mercado y tengo una promesa que cumplir —les guiñó un ojo ante sus miradas decepcionadas—. QuizĂĄs en otro momento, Âżeh?

—Te obligaremos a cumplir con eso, Seth Collins —jurĂł el cabecilla, acercĂĄndose para darle un puñetazo en el hombro con una sonrisa—. ÂĄEsperamos con ansias tu prĂłximo partido de lanzar! Si tus equipos ganan de nuevo, organizarĂ© personalmente la fiesta posterior.

«Estas chicas... —el ex Servant de la Lanza se riĂł entre dientes, sus ojos se pusieron en blanco divertido mientras se despedĂ­an, ansiosos por llegar a la bebida y la diversiĂłn antes de que terminara la noche, antes de girar el hombro y recoger su captura—. Ah, bueno, deberĂ­a llamar.»

Mientras se alejaba, la risa de Cu resonĂł en el aire, mezclĂĄndose con los suaves sonidos del agua. SacudiĂł la cabeza con asombro.

—Al menos en su mayor parte, me gusta bastante esta nueva vida. Si bien no puedo encontrar una pelea desafiante, no es una pĂ©rdida tan grande.

ParecĂ­a que si bien el mundo en el que habĂ­a nacido tenĂ­a algunas similitudes con el que habĂ­a dejado atrĂĄs, era decididamente mĂĄs pacĂ­fico, debido en parte a la aparente falta de Magia o Magos, una revelaciĂłn que llegĂł como una especie de shock cuando se dio cuenta por primera vez.

Hasta donde Cu sabĂ­a, no parecĂ­a haber ningĂșn usuario de hechicerĂ­a, antiguo o no, aparte de Ă©l en toda Irlanda. De hecho, mientras JapĂłn existĂ­a, la ciudad de Fuyuki no existĂ­a, e incluso el aire en su tierra natal se sentĂ­a muy diferente al de su juventud.

En general, no tenía idea de dónde estaba o incluso cómo llegó aquí en primer lugar, así que simplemente se lo quitó de la cabeza por ahora, ya que no tenía sentido preocuparse por cosas que no podía controlar, optando en cambio por sentarse y disfrutar de lo que esta nueva vida tenía planeada para él.

Silbando una melodía mientras continuaba su paseo, Cu dejó que su mente retrocediera a través de los acontecimientos del día mientras observaba cómo el sol se hundía en el horizonte, proyectando sombras mås largas sobre el paisaje.

Si bien había llegado a apreciar su vida sencilla aquí en Harrow, no podía evitar por completo la sensación de que era una extraña mezcla de lo ordinario y lo extraordinario, una fusión del pasado que recordaba y el presente lleno de nuevas experiencias y conexiones.

Al acercarse al bullicioso mercado, los ojos de Cu escanearon los vibrantes puestos y los ocupados vendedores. El olor de varios alimentos flotaba en el aire, mezclĂĄndose con el aroma salado del mar.

Su madre estaba en su puesto, preparando las capturas frescas del día con mano experta. Ella levantó la vista y lo vio, con una sonrisa cariñosa extendiéndose por su rostro.

—Ahí estás, Seth. ¿Trajiste algo?

—SĂ­, atrapĂ© uno bueno —Cu confesĂł asintiendo, con un brillo travieso en sus ojos mientras sostenĂ­a el pez que habĂ­a cazado, su madre compartiĂł su alegrĂ­a con una risa y sacudiĂł la cabeza con exasperaciĂłn con las manos en las caderas.

—Siempre encuentras maneras de divertirte, Âżno? —bromeĂł, extendiendo la mano para despeinarle el cabello, sus manos suaves a pesar de estar cubiertas de callos por años pasados ​​manejando un cuchillo de destripar con una habilidad que harĂ­a llorar a un chef.

—Ese soy yo, mamĂĄ —sonriĂł Cu, inclinĂĄndose para darle un rĂĄpido abrazo antes de avanzar para ayudarla a terminar de preparar el pescado, todo mientras charlaba sobre los eventos del dĂ­a, ya que desde hace mucho tiempo habĂ­a establecido una fuerte relaciĂłn con sus dos nuevos padres en los años transcurridos desde su (re)nacimiento.

A medida que avanzaba la noche y los clientes disminuĂ­an, Cu se encontrĂł ayudando a su madre a empacar el pescado restante.

—Eres un buen chico, Seth —aplaudiĂł con una mezcla de orgullo y cariño—. Y aquĂ­ esperaba que estuvieras pegado a un telĂ©fono como el resto de los chicos de tu edad.

—No, nunca tuve paciencia para esas cosas —Cu confesó con una pálida sonrisa mientras cargaba varias cajas sobre su hombro para guardarlas—. Supongo que soy un fanático de las cosas más simples de la vida.

Es cierto que, aunque disfrutaba viendo deportes en la televisiĂłn con su padre de vez en cuando, Cu nunca estuvo realmente interesado en la tecnologĂ­a moderna y preferĂ­a pasar la mayor parte de su tiempo al aire libre disfrutando de su nueva juventud.

Seguro que sabía cómo usar un teléfono, su madre le había comprado uno para emergencias cuando comenzó la escuela secundaria, pero eso no significaba que estuviera obsesionado con esa maldita cosa como la mayoría de sus supuestos compañeros.

—Sabes, a veces me pregunto quĂ© pasa por esa cabeza tan dura tuya —reflexionĂł Fiona, con expresiĂłn alegre mientras sacudĂ­a la cabeza—. Debes haberlo adquirido de tu padre, ustedes dos son tontos amantes de los deportes.

—Ah, mamĂĄ, ÂżdĂłnde estĂĄ la diversiĂłn de ser predecible? —Cu se riĂł entre dientes con un brillo juguetĂłn en sus ojos, los dos pasaron las siguientes horas en buena compañía antes de cerrar el puesto por el dĂ­a y regresar a casa.

Cu caminaba junto a su madre, sus ojos recorriendo las ahora familiares calles iluminadas por el suave resplandor de las farolas. El cielo se habĂ­a transformado en un lienzo de morados y azules intensos, y las estrellas comenzaban a brillar en lo alto.

—Seth —Fiona hablĂł despuĂ©s de un momento, Cu levantĂł la vista y vio a la mujer mirĂĄndolo con preocupaciĂłn, sus hombros se tensaron instintivamente ante alguna supuesta amenaza solo para relajarse ante sus siguientes palabras—: ÂżCĂłmo van tus estudios?

—Ah, ya sabes mamĂĄ, lo mismo de siempre —respondiĂł con desdĂ©n, aunque internamente no pudo evitar suspirar, ya que parecĂ­a el comienzo de otra pelea entre Ă©l y su madre—. Ni tan mal, ni tan bien.

—No puedes seguir así, Seth —Fiona suspiró exasperada—. A este paso terminarás atrapado trabajando como pescador o probando para ese profesional que lanza tonterías del que he oído hablar a los otros muchachos, ¡eso no es una vida estable, hijo!

Cu simplemente suspiró y la dejó despotricar, ya que hacía tiempo que se había acostumbrado a las quejas de su madre sobre su aparente falta de impulso para «superarse a sí mismo». Honestamente, ¿qué daño tenía convertirse en pescador como su papå? ¥Fue un buen trabajo honesto y le GUSTA pescar!

—He estado en contacto con una vieja amiga mía y ella aceptó ayudarte con tus estudios —Fiona continuó, captando la atención de Cu—. Asistirás a su escuela para mejorar tus calificaciones, así que incluso si no consigues una buena universidad, tendrás mejores oportunidades laborales.

—¡MamĂĄ, no hay necesidad de eso! —exclamĂł Cu, con los ojos muy abiertos por la sorpresa, preguntĂĄndose cuĂĄndo diablos la mujer habĂ­a encontrado el tiempo para lograr esto sin que Ă©l o su padre se enteraran—. ÂĄEstoy bien como estoy...!

—¡Esta es una gran oportunidad! —Fiona lo interrumpiĂł, intentando y fallando en mirarlo imperiosamente a pesar de que hacĂ­a tiempo que habĂ­a superado a la mujer—. ÂĄEn todo Howrt, eres el Ășnico que tiene esa oportunidad!

Ahora Cu mentirĂ­a si afirmara que la oferta no lo tentĂł en absoluto. Por mucho que disfrutara de esta vida tranquila y pacĂ­fica, en Howt habĂ­a mucho que hacer, aparte de pescar, lanzar y beber, que no le causarĂ­a problemas con la Garda o el padre de alguna chica pobre una vez que rompiera fuente.

En algĂșn momento, Cu incluso habĂ­a contemplado abandonar la escuela y hacer un «paseo» como ese tipo en la televisiĂłn, la idea de atravesar el mundo solo con su lanza y una bolsa con lo esencial llamĂł la atenciĂłn del ex Servant.

Al final, sin embargo, había dejado ese plan en un segundo plano porque a pesar de su pasión por los viajes, simplemente no tenía la capacidad de hacer que sus padres se preocuparan de esa manera. Tal vez después de graduarse y mudarse solo, pero no mientras viviera bajo su techo.

Dicho esto, si bien la idea de viajar a otro país lo intrigaba, ya que en realidad solo había tenido un breve vistazo a la cultura japonesa durante su estancia en Fuyuki, no veía el sentido de hacerlo sólo para avanzar en sus «estudios». No era un erudito, ese tipo de vida no le convenía.

—Lo siento mamĂĄ, simplemente no me parece que valga la pena —comenzĂł, sĂłlo para ser interrumpido cuando se vio obligado a esquivar una zapatilla que Fiona habĂ­a arrojado en su direcciĂłn, la paciencia de su madre con su «pereza» aparentemente habĂ­a seguido su curso.

—¡No te atrevas a discutir conmigo sobre esto, Seth! —ella lo reprendiĂł, sacudiendo otra zapatilla en su cara—. Estoy haciendo esto por tu propio bien. No vas a terminar siendo un pescador. Te vas a hacer un nombre, algo grande, como un hombre de negocios o un mĂ©dico.

—¿Un mĂ©dico? —Cu repitiĂł antes de estallar en carcajadas, sujetĂĄndose los costados mientras evadĂ­a otra zapatilla de su madre indignada—. ÂżEn serio, mamĂĄ? ÂżPuedes siquiera imaginarme como mĂ©dico? ÂĄPrefiero matarlos antes que salvarlos!

SĂłlo podĂ­a imaginar la expresiĂłn del rostro de su Maestra si escuchaba algo asĂ­. Se atreve a decir que probablemente se habrĂ­a muerto de risa si no hubiera intentado matarlo por hacerle perder el tiempo con semejantes tonterĂ­as.

—¡Ríete todo lo que quieras, pero esto está pasando! —declaró Fiona, su madre claramente no compartía la diversión de Cu mientras le arrojaba otra zapatilla a la cabeza que el Perro esquivó fácilmente, habiendo enfrentado cosas mucho peores durante el entrenamiento de Scathatch.

—¡SĂ­ mamĂĄ, lo que tĂș digas! —se riĂł mientras continuaba esquivando sin esfuerzo sus proyectiles, notando con interĂ©s que su punterĂ­a era sorprendentemente precisa para una pescadera—. ÂĄPor favor, no mĂĄs zapatos! ÂżY de dĂłnde sacas tantos?

—Y serĂĄ mejor que no corras detrĂĄs de las chicas como un perro en celo —Fiona resoplĂł cuando Cu finalmente se apiadĂł de la mujer y permitiĂł que su Ășltima zapatilla lo golpeara directamente en la cara—. No estamos listos para tener mĂĄs de ustedes corriendo por ahĂ­.

—¡No me llames perro! —Cu respondió bruscamente a su pesar, mirando a la mujer entre sus dedos mientras sostenía su rostro desde donde había aterrizado la zapatilla, solo para maldecir cuando Fiona dio un paso adelante y lo golpeó en la cabeza con otra zapatilla más—. ¡Maldita sea, mujer!

—¡No me respondas, jovencito! —Fiona reprendiĂł, volviendo a colocar la zapatilla para darle otro golpe—. ÂĄY si no quieres que te llame perro, entonces no vayas a decirle a tus pequeños amigos que te llamen Cu!

Esto era algo cotidiano para muchas familias. Cu los disfrutaba, mĂĄs de lo que jamĂĄs hubiera imaginado, mientras disfrutaba del fragor de la batalla y la sensaciĂłn de adrenalina corriendo por sus venas, una vida tranquila tampoco era tan mala.

Tal vez era el viejo en él el que se apoderaba de su mente, pero pasar todo el día pescando y bebiendo se volvió divertido y jugar a lanzar con sus amigos los fines de semana se convirtió en un evento, comenzó a esperar algo mås que se había perdido en su vida pasada.

—Aun asĂ­, es una pena que no haya nadie con quien pueda discutir un poco aquĂ­ —la mayorĂ­a de los lugareños nunca habĂ­an tocado un arma y mucho menos habĂ­an aprendido a usarla, y los pocos pescadores que sabĂ­an usar una lanza nunca pensaron en usarla para algo mĂĄs allĂĄ de su oficio.

Y en cuanto a sus supuestos compañeros, como dijo Fiona, la mayoría de ellos preferirían pasar el día frente a sus teléfonos, viendo televisión, jugando videojuegos y estudiando para la universidad o festejando hasta que tuvieran que llevarlos a casa en carretillas.

No lo malinterpretes, a Cu le gustaba bromear un poco con los muchachos por la noche, especialmente después de un buen juego de hurling, pero simplemente no había nadie que pudiera enfrentarse a él en una competencia de fuerza.

El Ășnico otro «deporte de contacto» en la ciudad era el club de boxeo local, cuyos miembros hacĂ­a tiempo que habĂ­an aprendido a mantenerse alejados de su camino despuĂ©s de que Ă©l decidiĂł subir al ring para divertirse sĂłlo para descubrir que les faltaban mucho, varios de los miembros mayores que renunciaron por vergĂŒenza.

Por mucho que Cu odiara admitirlo, si bien su nuevo cuerpo era sin duda inferior al anterior, y mĂĄs aĂșn en comparaciĂłn con su Saint Graph como Servant, la gran cantidad de experiencia que retenĂ­a de su vida pasada significaba que estaba mĂĄs allĂĄ de cualquier mero «deportista».

Y así, no importa cuånto había llegado a disfrutar de su nueva y tranquila vida, no podía evitar añorar la descarga de adrenalina que venía con una buena pelea, algo que durante mucho tiempo le había sido negado viviendo la buena vida de un colegial.

«Me pregunto cómo Rin y su novio lidiaron con esta mierda», reflexionó, riéndose de la imagen de la pareja tratando de hacer malabarismos con sus vidas «normales» como adolescentes hormonales mientras vivían en el despiadado mundo de los Magos.

—AĂșn no me has dicho adĂłnde voy —señalĂł mientras miraba con petulancia a Fiona—. SĂ© con certeza que no puedes darte el lujo de enviarme a uno de esos internados tensos, apenas ganamos lo suficiente para enviarme a este agujero de mierda aquĂ­.

—Seguramente lo descubrirás dentro de una semana —Fiona le aseguró con un brillo travieso en sus ojos antes de darle una palmada en la espalda—. ¡Por ahora, te llevaremos a casa para que puedas preparar tus maletas!

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«...Esto tiene que ser una broma...»

Habían pasado unos días desde que Cu se despidió de las pocas personas que lo extrañarían, sus padres lo llevaron al aeropuerto de Dublín solo para empujar su trasero hacia un avión donde tuvo que soportar los gritos de los niños y los ronquidos de los culos gordos de los consignados a Coach Travel.

Afortunadamente para sus compañeros de viaje, su Berserker Rage era una de las pocas cosas que Cu no habĂ­a heredado de su vida pasada, aunque eso no le impidiĂł apartar a codazos a la gente de su camino en su intento por escapar del ataĂșd volador en el momento que el aviĂłn llegĂł a su destino.

Y ahora aquí estaba, parado en medio del Aeropuerto Internacional de Tokio, habiéndose encontrado de alguna manera una vez mås en el suelo de la Tierra del Sol Naciente, contemplando las vistas que eran a la vez extrañas y, sin embargo, extrañamente familiares debido a su época como un Servant.

Mientras permitĂ­a que sus ojos vagaran por la bulliciosa multitud, encontrĂł su atenciĂłn atraĂ­da por una pelirroja alta, con gafas y una de las estructuras mĂĄs grandes que jamĂĄs habĂ­a visto, sosteniendo un cartel con su nombre, su rostro iluminado por una sonrisa amistosa mientras se miraban fijamente.

—Bienvenido a JapĂłn, Seth —saludĂł en perfecto inglĂ©s, colocando una mano sobre su pecho mientras extendĂ­a una mano para que Ă©l la estrechara—. Mi nombre es Kyoko Hayashi, conocĂ­ a tu madre cuando visitĂ© Howth durante un intercambio estudiantil.

—Un placer conocerte —Cu le devolvió el saludo mientras hacía todo lo posible para evitar que sus ojos vagaran hacia el sur de la frontera y fallaran por completo, aunque a juzgar por la sonrisa de complicidad en el rostro de Kyoko, ella era muy consciente de lo que había captado su atención y no le molestó en absoluto... probablemente.

—Ahora bien, ¿si me sigues? —instruyó antes de girar sobre sus talones, obligando a Cu a seguirla fuera de la terminal o quedarse atrás—. Aunque estarás bajo mi supervisión durante tu estancia, he preparado un apartamento para que tengas algo de privacidad.

—¡No necesitabas llegar tan lejos! —Cu exclamĂł, honestamente sorprendido de que alguien fuera tan lejos por Ă©l, amigo de su madre o no, solo para que Kyoko hiciera a un lado sus protestas con una sonrisa confiada.

—No es ningĂșn problema —ella le aseguró—: DespuĂ©s de todo, difĂ­cilmente podrĂ­a alojarte en mi apartamento, aparte del posible escĂĄndalo, simplemente no hay lugar. Afortunadamente, el apartamento contiguo al mĂ­o estaba libre y pude conseguir un precio decente, por lo que tu padre pudo para cubrir el alquiler de los primeros meses.

«Tienes que estar bromeando...», Cu dijo inexpresivo, el adolescente se quedó momentåneamente sin palabras, incapaz de hacer nada mås que permanecer en silencio mientras un torbellino de emociones rugía dentro de él mientras intentaba ordenar sus pensamientos.

Finalmente, sin embargo, una emociĂłn logrĂł reinar sobre las demĂĄs, Kyoko compuso una expresiĂłn vacilante por primera vez cuando el adolescente de cabello azul echĂł la cabeza hacia atrĂĄs y soltĂł un solo grito de exasperaciĂłn que llamĂł la atenciĂłn de todos en la terminal.

—¡¿Por quĂ© diablos me enviaste a JapĂłn, vieja bruja?!

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AlgĂșn tiempo despuĂ©s, despuĂ©s de un breve altercado con la seguridad del aeropuerto donde Kyoko, avergonzada, lo obligĂł a inclinar la cabeza para evitar ser deportado a Irlanda avergonzado, la pelirroja casi lo arrastrĂł fuera de la terminal hacia el estacionamiento.

No hace falta decir que la agradable conducta inicial de Kyoko hacĂ­a tiempo que habĂ­a dado paso a una sutil irritaciĂłn, como lo demuestra la laconidad de su tono cuando le ordenĂł que se pusiera el cinturĂłn de seguridad antes de salir del estacionamiento para incorporarse al flujo de trĂĄfico que salĂ­a del aeropuerto.

Continuaron por el camino en silencio durante un rato, la mente de Cu comparando el camino por delante con un puente que conectaba su pasado con su futuro incierto en esta tierra extranjera, tan similar y al mismo tiempo tan diferente al que recordaba de la Guerra del Grial.

—Sabes —habló Kyoko una vez que dejaron el aeropuerto bastante atrás, su tono estaba mezclado con un toque de reproche mientras lo miraba por el rabillo del ojo—. No es exactamente educado insultar a alguien que solo está tratando de ayudarte.

—No, no te lo tomes en serio —Cu resoplĂł, agitando una mano con desdĂ©n mientras miraba por la ventana—. Eso fue solo el estrĂ©s hablando. Y para empezar, no te estaba gritando, solo desahoguĂ© mi frustraciĂłn con mamĂĄ enviĂĄndome a JapĂłn de todos los lugares.

Si bien sus palabras fueron desdeñosamente indiferentes, en realidad el estado emocional de Cu al encontrarse repentinamente de regreso en Japón fue decididamente menos, el Perro estaba casi seguro de que cualquier giro del destino que lo había llevado a reencarnar lo había traído de regreso aquí por alguna razón.

Una parte de él se preguntaba si todo esto era sólo una compleja ilusión creada por el Grial, aunque por qué diablos alguien iría tan lejos para usar una ilusión que rayaba en la Magia Verdadera para joder a un hombre muerto estaba mås allå de su comprensión.

—Supongo que fue bastante repentino —Kyoko admitiĂł, su tono se suavizĂł un poco mientras volvĂ­a su atenciĂłn a la carretera—. Aunque te advierto ahora que tal arrebato no serĂĄ tolerado en mi clase —advirtiĂł, haciĂ©ndole un gesto para que tomara el folleto que estaba sobre el tablero.

—La Academia Fujimi es una de las escuelas mĂĄs estimadas de la ciudad de Tokobosu —explicĂł mientras Cu hojeaba el folleto—. Hay niños en todo JapĂłn que harĂ­an cualquier cosa para inscribirse allĂ­, asĂ­ que deberĂ­as considerarte afortunado de que haya podido hablar bien de ti.

—CuĂ©ntame sobre eso —Cu se burlĂł mientras echaba un vistazo al folleto—. En serio, ÂżcĂłmo diablos lograron mis padres lograr esto? Apenas ganamos lo suficiente para enviarme a mi antigua escuela, y eso fue antes de que tuviĂ©ramos que reemplazar el viejo tema de papĂĄ cuando se escribiĂł.

—Fue un esfuerzo colectivo —Kyoko confesĂł lacĂłnicamente, frunciendo el ceño con irritaciĂłn ante su continua groserĂ­a—. Tus padres estaban comprometidos a garantizar tu educaciĂłn y yo tambiĂ©n contribuĂ­.

—¿Y por quĂ© hacer un esfuerzo adicional? —exigiĂł Cu, con sospecha entretejiendo su expresiĂłn mientras le lanzaba una mirada de reojo—. ÂżPor quĂ© desviarte tanto de tu camino por el hijo de un amigo con el que no te has comunicado en años? Demonios, en lo que a mĂ­ respecta, tĂș eres prĂĄcticamente un extraño.

—Le doy gran importancia a la educaciĂłn —afirmĂł Kyoko con firmeza mientras pasaba a hablar japonĂ©s, sus lentes brillaban con un aire de seriedad mientras se giraba para enfrentar sus sospechas con determinaciĂłn inquebrantable—. AdemĂĄs, mi posiciĂłn como maestra me otorgĂł ciertas conexiones que me permitieron asegurarle una matrĂ­cula con descuento.

Cu no pudo evitar soltar un silbido de sorpresa y los labios se retrajeron en una sonrisa salvaje.

—Bueno, estoy impresionado —aplaudiĂł y tambiĂ©n cambiĂł a un japonĂ©s perfecto, con los labios arqueados en una sonrisa salvaje mientras se recostaba en su asiento, su tono cargado de un reciĂ©n descubierto respeto—. Gracias por eso, Kyoko.

—Ese es Hayashi-sensei, Collins-san —Kyoko le recordĂł, sus rasgos se suavizaron ligeramente ante el cambio de atmĂłsfera—. Solo asegĂșrate de concentrarte en tus estudios. La educaciĂłn tiene el potencial de abrir puertas que tal vez ni siquiera sepas que existen. Es bueno que hables japonĂ©s con fluidez, tu madre mencionĂł que tenĂ­as talento para los idiomas en general, la verdad es que yo tenĂ­a mis dudas, pero parece que me preocupĂ© por nada.

—Ah —mirando hacia afuera con torpeza, no pudo refutar sus palabras ya que el conocimiento que retuvo de su convocatoria permaneciĂł junto con su capacidad de hablar japonĂ©s. SĂłlo tomĂł esas clases para obtener calificaciones adicionales y no hizo mucho mĂĄs que dormir—. SĂ­, es un idioma interesante... y tuve algunos amigos japoneses que me ayudaron —mintiĂł al no tener otra forma de explicar su situaciĂłn.

—Tienes suerte, joven. Ahora no has respondido a mi pregunta anterior.

—No hay promesas, pero lo intentarĂ© —Cu se riĂł entre dientes, el ceño fruncido anterior de Kyouko hizo una breve reapariciĂłn, antes de volver a centrar su atenciĂłn en la carretera con un suspiro, la pareja continuĂł en relativo silencio salvo por la extraña conversaciĂłn interrumpida por momentos de tranquila contemplaciĂłn.

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Aproximadamente treinta minutos después, llegaron a un modesto complejo de apartamentos.

—Esta serĂĄ tu residencia —Kyoko le informĂł con un dejo de cariño—. Es un apartamento de una habitaciĂłn con todas las comodidades, a poca distancia de la escuela, aunque hay una parada de autobĂșs cerca.

—Parece bastante decente —Cu observĂł, su mirada observando la apariencia del edificio. Si bien no era tan impresionante como el castillo de la mocosa Einzbern ni tan hogareño como la casa del novio de Rin, ciertamente habĂ­a visto peores lugares para vivir.

—Y para que lo sepas, mi casa estĂĄ situada a la vuelta de la esquina, la que tiene la puerta roja —instruyĂł Kyoko, señalando el aparato en cuestiĂłn—. Si alguna vez necesitas ayuda o tienes alguna pregunta, no dudes en venir.

—Gracias, Kyoko —Cu ofreció asintiendo, el adolescente de cabello azul salió del auto incluso cuando la estricta mujer resopló por el uso de su nombre—. Honestamente, no planeaba quedarme al principio, pero tal vez Japón no sea un mal lugar para comenzar mi objetivo de explorar el mundo.

—Ese es Hayashi-sensei, Collins-san —Kyoko corrigiĂł severamente—. Si bien entiendo las diferencias culturales, aquĂ­ tendrĂĄs que acostumbrarte a dirigirte a tus mayores con respeto. Y como probablemente serĂ© tu maestra, debemos evitar dirigirnos a los demĂĄs de manera tan informal cuando estemos en la escuela.

—No, no me gusta todo el asunto formal —Cu gruñó, poniendo los ojos en blanco ante la obsesiĂłn de JapĂłn con el discurso formal—. Si te molesta tanto entonces llĂĄmame Cu fuera de la escuela, o incluso Seth, no me importa. Simplemente no señor Collins o Collin-san o lo que sea.

—¿Cu? —repitiĂł Kyoko, la pelirroja parpadeĂł al adolescente confundida, solo para que Ă©l rechazara sus preguntas con un gruñido desdeñoso.

—Es una larga historia, sĂłlo considĂ©relo como mi apodo —le asegurĂł, ya que a diferencia de su paĂ­s, era poco probable que alguien en JapĂłn entendiera el significado de su nombre. Demonios, incluso Saber solo descubriĂł su identidad porque de alguna manera logrĂł sobrevivir a su Noble Phantasm.

—Lo pensare —Kyoko admitiĂł, aunque todavĂ­a sonaba vacilante—. DespuĂ©s de todo, todavĂ­a soy mayor que tĂș, y tĂ©cnicamente soy tu guardiana mientras estĂĄs aquĂ­, asĂ­ que respetarnos mutuamente deberĂ­a ser mi prioridad.

—EstĂĄ bien, lo tengo —Cu aceptĂł con un resoplido, preguntĂĄndose brevemente cĂłmo reaccionarĂ­a si supiera su verdadera edad, tanto el tiempo que pasĂł vivo como los años que pasĂł como EspĂ­ritu Heroico—. IntentarĂ© tener eso en cuenta.

Kyoko asintiĂł con aprobaciĂłn, la yuxtaposiciĂłn de su leve sonrisa contra su persistente ceño creĂł una expresiĂłn Ășnica.

—Solo recuerda mantener esa actitud y priorizar tus estudios.

—Ciertamente harĂ© lo mejor que pueda, sĂłlo por ti —se riĂł Cu, sus ojos brillaban con picardĂ­a mientras le ofrecĂ­a a la mujer un pulgar hacia arriba, ganĂĄndose un suspiro exasperado de Kyoko mientras se giraba y regresaba a su auto, los ojos de Cu permanecieron en su trasero todo el tiempo.

—Tiene una actitud increíble, pero al menos es agradable a la vista —reflexionó, observando cómo ella volvía a subir a su auto y se alejaba de la acera, dejando a Cu parado frente a su nuevo hogar con una sonrisa.

Con toda honestidad, a Cu le agradaba bastante la mujer, su personalidad estricta le recordaba un poco a su antigua Master, aunque su evidente inmadurez y su falta de medios para dañarlo físicamente le hacían querer burlarse de ella implacablemente, algo que Scathatch nunca habría tolerado.

—Supongo que me gustan las mujeres decididas —reflexionĂł, riĂ©ndose para sĂ­ mismo mientras se giraba para entrar al edificio de apartamentos, sus pasos resonaban suavemente en el pasillo mientras se dirigĂ­a a su unidad designada.

La puerta se abrió, revelando un estudio compacto de un dormitorio con una gran ventana en una pared que permitía que se filtrara abundante luz en la acogedora sala de estar. Los agudos ojos de Cu notaron un pequeño escritorio que ocupaba una esquina y una pequeña cocina compacta ubicada cerca de la entrada.

—Hmm, un poco pequeño, pero no estĂĄ mal —murmurĂł para sĂ­ mismo con aprobaciĂłn, ya capaz de verse acomodĂĄndose en el futuro previsible, su sonrisa creciendo lentamente mientras su mirada se posaba en el pequeño refrigerador escondido en una esquina. de la cocina americana.

Lamentablemente, su anticipaciĂłn infantil resultĂł fuera de lugar cuando abriĂł el refrigerador solo para encontrarse con una sola botella de agua sin gas y una caja bento que probablemente habĂ­a sido comprada en una de las muchas tiendas cercanas.

—¿En serio? ÂżSin cerveza? —Cu suspirĂł con frustraciĂłn, sus hombros se hundieron en fingida decepciĂłn por la falta de bebidas adecuadas en el apartamento—. Parece que tendrĂ© que hacer una carrera rĂĄpida para arreglar eso —reflexionĂł, mientras cerraba el refrigerador y se volvĂ­a hacia la puerta de su apartamento.

—Bien entonces —reflexionĂł, con una amplia sonrisa y sus pasos ligeros mientras salĂ­a de su apartamento, listo para explorar sus alrededores y, con suerte, encontrar una tienda que no le pidiera una identificaciĂłn—. Es hora de ver quĂ© tiene para ofrecer esta ciudad en tĂ©rminos de cervezas decentes.

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Por la bulliciosa calle, dos chicas caminaban una al lado de la otra, y su conversaciĂłn era una mezcla de emociĂłn y melancolĂ­a.

La primera tenĂ­a un llamativo cabello azul oscuro que caĂ­a en cascada por su espalda, enmarcando su rostro de una manera que llamaba la atenciĂłn sobre sus ojos azules, escondidos detrĂĄs de un par de anteojos. Su figura era esbelta, su forma acentuada por unos pechos amplios que parecĂ­an inusualmente grandes para alguien de su edad.

La segunda chica, una pelirroja ardiente con ojos castaños dorados, exudaba un encanto marimacho, su figura delgada y sus senos de tamaño considerable contrastaban con las curvas maduras de su amiga. Mientras paseaban, su animada conversación resonaba en el aire.

—¿Puedes creer que han pasado casi dos meses? —exclamĂł la pelirroja, con las manos detrĂĄs de la cabeza mientras dejaba escapar un largo suspiro—. Estoy muy emocionada por mi segundo año, pero tambiĂ©n un poco triste porque nuestras vacaciones estĂĄn llegando a su fin, supongo que no habrĂĄ mĂĄs reuniones nocturnas.

—Si, sĂ© a que te refieres —su amiga de cabello azul asintiĂł con la cabeza, con una sonrisa melancĂłlica adornando sus labios—. ÂżPero al menos nos encontraremos con nuestros compañeros de clase una vez mĂĄs?

—¡Definitivamente! —la pelirroja confirmĂł con una sonrisa—. Y tal vez... sĂłlo tal vez, este año serĂĄ diferente para nuestra vida romĂĄntica.

Un suave sonrojo se extendiĂł por las mejillas de la chica de cabello azul, su mirada desviĂł mientras tartamudeaba:

—¿Q-QuĂ© quieres decir?

—Oh, vamos, Fumi —la pelirroja le dio un codazo juguetĂłn—. ÂżNo me digas que estĂĄs planeando ser alhelĂ­ otra vez? ÂżFinalmente vas a conseguir novio este año? Diablos, he sido tu amiga durante años y no recuerdo que hayas mostrado ningĂșn interĂ©s en nada que no sean tus libros.

—B-Bueno, yo... um... —el sonrojo de Fumiko se hizo mĂĄs profundo mientras buscaba a tientas sus palabras—. ÂĄNo lo sĂ©, Momo! ÂĄAĂșn es demasiado pronto para preocuparse por esas cosas! —inclinĂĄndose, Fumiko susurrĂł tan suavemente que era casi inaudible—: Estoy bien con sĂłlo tenerte a mi lado.

Momo parpadeĂł, sin entender las palabras de Fumiko.

—¿Eh? ÂżQuĂ© dijiste?

Fumiko rĂĄpidamente sacudiĂł la cabeza, su vergĂŒenza era evidente.

—N-No importa. Creo que me imaginĂ© diciendo algo.

Momo se riĂł, su sonrisa burlona a la vista.

—Oh, Fumi, eres demasiado adorable. De todos modos, hablando de enamoramientos, ¿todavía encuentras atractivo a Shido-sensei? Todavía recuerdo cuánto lo mirabas fijamente, ¿supongo que te gustan los chicos más maduros?

Las mejillas de Fumiko se volvieron de un tono rojo mĂĄs intenso y su silencio sirviĂł como respuesta. Momo tocĂł el costado de su amiga.

—¡Ha! ÂĄLo sabĂ­a! ÂĄEstĂĄs enamorada de Ă©l!

La vergĂŒenza de Fumiko alcanzĂł nuevas alturas y se moviĂł incĂłmoda.

—¡No! ÂĄNo tengo esos pensamientos sobre Ă©l, a diferencia de ti que sigues pensando en sexo todo el dĂ­a! ÂĄY la mayor parte del tiempo caminas en pĂșblico sin sostĂ©n!

—Oye, soy mĂĄs activa debido a todo lo que corro. AdemĂĄs, tengo la piel muy sensible. Mis pechos empiezan a irritarse despuĂ©s de un tiempo. AsĂ­ que es perfectamente comprensible por quĂ© no uso sostĂ©n. Y ademĂĄs, estoy usando cubre pezones, asĂ­ que estĂĄ bien.

—No, no lo es. SĂłlo usa un sostĂ©n deportivo, pervertida —continuaron yendo y viniendo, el mundo que los rodeaba se desvanecĂ­a mientras disfrutaban de la presencia del otro. Habiendo sido amigos desde la infancia, esta era su dinĂĄmica la mayor parte de los dĂ­as.

—Ah, ÂżquĂ© necesitĂĄbamos de nuevo? —preguntĂł Fumi justo cuando entraban a las tiendas de conveniencia, navegando por la secciĂłn de bebidas.

—Hmm, ya tenĂ­a este sabor... hombre, podrĂ­amos haber conseguido algo de sake para celebrar nuestro dĂ­a de regreso a clases. Aunque no es como si pudiĂ©ramos comprarlo incluso si quisiĂ©ramos.

—Momo...

—Ah, estoy bromeando, solo bromeando. No quiero que la gente cotillee que los estudiantes de la Academia Fujimi violan la ley o son delincuentes o algo así... ¿hm?

Justo cuando estaba a punto de responder, su atenciĂłn se centrĂł en el mostrador de la tienda cercana donde se estaba desarrollando una conmociĂłn. Curiosas, las chicas intercambiaron miradas y luego se encogieron de hombros, decidiendo caminar un poco mĂĄs cerca para escuchar lo que estaba pasando.

AllĂ­, un chico extranjero alto con cabello de color similar al de Fumiko llamĂł su atenciĂłn. Llevaba una camisa hawaiana brillante y jeans, combinados con aretes rojos que agregaban un toque de color. El chico, al que aĂșn no conocĂ­an, estaba debatiendo con el cajero.

—Lo siento señor, pero no puede comprar alcohol sin una identificaciĂłn que confirme su edad —insistiĂł el cajero, con expresiĂłn preocupada al tratar con el hombre que tenĂ­a delante.

El extranjero, que resultĂł ser nada menos que Cu, no se inmutĂł y tratĂł de regatear para eludir la regla.

—Oh, vamos, dale un respiro a un chico. Acabo de llegar a JapĂłn y dejĂ© mis papeles en mi complejo de apartamentos. AdemĂĄs, soy prĂĄcticamente un faro andante mayor de edad, Âżno crees? Quiero decir, no tengo barba, pero muchos adultos tambiĂ©n la tienen, y no ves a estudiantes de secundaria de mi altura caminando por ahĂ­ —dijo con una sonrisa juguetona, sin siquiera intentar ocultar sus palabras exageradas.

Las chicas observaron desde la distancia mientras Cu seguía bromeando con el desafortunado cajero, tratando de convencerlo para que comprara alcohol. Después de unos minutos de ida y vuelta, el empleado finalmente cedió, y una mirada de complicidad pasó entre ellos mientras Cu le deslizaba un discreto billete a modo de agradecimiento.

Una vez resuelto el asunto, Cu salió de la tienda y las niñas se dirigieron al frente para pagar sus bocadillos.

—Bueno, eso fue extraño —dijo Momo, mirando a su amiga—. ÂżDeberĂ­amos probar su mĂ©todo tambiĂ©n?

—Por favor, no lo hagas, o podrían despedirme —respondió el cajero tan pronto como la escuchó, escaneando rápidamente los artículos y dejando que las chicas pagaran. Fumiko le hizo una reverencia de disculpa al hombre por el comportamiento de su amiga. Al salir, se encontraron con Cu sentado en un banco cercano, con una sonrisa amistosa adornando sus labios. Los saludó con la mano mientras se acercaban.

—¡Hey! —los saludĂł con tono alegre—. No pude evitar escuchar que eres de la Academia Fujimi. ÂżTe importa si me uno a ti por un momento? Soy nuevo por aquĂ­ y pensĂ© que serĂ­a genial charlar con mis posibles compañeros de clase —señalĂł una bolsa que contenĂ­a algunas latas de cerveza, claramente no disuadido por su reciente interacciĂłn dentro de la tienda.

Sus palabras provocaron que una expresiĂłn de asombro apareciera en sus rostros.

—Espera, ¿¡en realidad eres un estudiante!? —Momo y Fumiko gritaron simultáneamente.


Para aquellos curiosos, Fumiko y Momo son personajes reales del programa, no OC. El dĂșo tiene mĂșltiples escenas al principio con el episodio del autobĂșs y cualquier cosa relacionada con Shido, que es el maestro.