Capítulo 1
Reto de escritura 1 - Busca un objeto cercano a ti y invéntale una historia usando el realismo. Mínimo 500 palabras.
La silla.
Esa silla blanca había visto pasar a incontables personas, la tocaron miles de manos y se sentaron sobre ella otras tantas, quizás por cansancio, quizás para evitar la incomodidad que presentaba estar de pie, o quizás simplemente la usaban porque estaba allí, vacía.
Nunca pensé en la importancia de esa silla hasta hoy. Un hombre bajito y bastante ancho cruzó por la puerta y se sentó haciendo que las patas de la silla se abran un poco. Era el nuevo gerente de la sucursal, había sido transferido de la capital para mejorar e implementar nuevas estrategias en la empresa, llevaba apenas una semana y hasta ahora lo único que lo había visto hacer era mirar a todos con superioridad mientras caminaba y cada que podía se sentaba, se le notaba que por su peso le costaba estar de pie mucho tiempo.
Esta silla es muy incómoda. Encárgate de conseguir nuevas, en color negro porque el blanco se mancha fácil - dijo con autoritarismo apuntando mi libreta de notas sin decir ni siquiera buenos días.
Sí señor - Dije fingiendo que lo anotaba, evitando decirle que la silla estaba perfecta, sin una sola mancha a pesar de estar allí hace 5 años. Yo misma me encargaba de limpiarla todos los días.
Lo mire unos segundos como intentaba acomodarse sin éxito, se le notaba ya bastante irritado, hasta que sin previo aviso (o quizás sí) la silla decidió hoy luego de 5 años de un perfecto trabajo sosteniendo a todos los que se sentaban en ella, romperse dejando en el suelo al nuevo gerente. No sé por qué, pero me reí tan fuerte que se escuchó en toda la oficina, supongo que sentí cierta complicidad con la silla, la entendía, este tipo era completamente irritante, si yo fuera silla hubiera hecho exactamente lo mismo.
¿Te causa risa? - Me preguntó el gerente desde el suelo mirándome incrédulo mientras yo no paraba de reír - Bien, esto es una falta de respeto - Dijo parándose y limpiándose los pantalones. - Estás despedida, podes retirar tus cosas en este instante, voy a elevar a la junta directiva la decisión pero dudo haya problemas, no es usted un elemento esencial en la empresa.
Dejé de reírme.
Ah y gestiona lo de las sillas antes de irte haceme el favor.
Y salió de la habitación quejándose por lo bajo.
No sé porqué se supone se sentó ahí en primer lugar ¿Su trabajo se basaba en ver la calidad de las sillas? A nadie en la oficina pareció importarle, quizás mi presencia era igual a la de esa silla, invisible.
No dije nada, no me enojé, no me desesperé. Miré la silla pensativa, esta silla la había elegido yo cuando recién arrancaba a trabajar en la empresa, hace 5 años, eran 6 sillas iguales en total, hermosas, nunca presentaron algún problema, y ahora, eran desechadas de un día para el otro como si nada por un simple desliz. Como si 5 años de un trabajo perfecto no hubieran valido de nada, bastaba con una caída y una risa para acabar con años de esfuerzo y dedicación, dedicación a la que nadie le prestó atención, probablemente nadie de ahí supiera realmente cuántos años llevaba yo en la empresa o hace cuánto estaba ahí la silla, nunca me preocupé por hacer algún vínculo en este lugar, únicamente hacía lo que tenía que hacer y me iba, todos los días la misma rutina, estática, quieta, sin altibajos ni subidas, todos los días exactamente iguales. Quizás estaba loca, pero empatizaba por completo con esa silla, años completamente comprometidas con nuestro labor, quizás no éramos esenciales, sin nosotras la empresa podía seguir funcionando a la perfección, pero había algo especial en dedicarle tantos años a un lugar, estancadas, siempre en el mismo escritorio, nunca logramos avanzar pero tampoco bajamos nuestra productividad ¿no había algún tipo de reconocimiento por tanta estabilidad? Nunca una falta, nunca una queja, siempre puntuales en el mismo lugar ¿esta bien sentirme tan identificada con esa silla?
Me levanté y con mucha tranquilidad guardé las diferentes partes de la silla rota en una caja, junté mis cosas y guardé todo atrás en el baúl de mi auto. Al llegar a casa bajé todo y me dispuse a armar la silla de nuevo, al parecer era solo un tornillito flojo que justo hoy decidió ceder, nada importante sin solución. Me senté y me reí de toda la situación, supongo que eso queríamos, irnos. Quizás las dos llevamos aguantando ya muchos años en un lugar en el que no queríamos estar, quizás ella también me veía como yo a ella todos estos años y quiso darme un empujoncito.
Gracias - Dije aliviada y contenta con mi nueva silla.