Uno
Jungkook era un joven secretario, con mucho estrés sobre sus hombros. Pues debía esforzarse para sacar a su familia adelante desde que su padre simplemente decidió irse con otra mujer y hacer una nueva familia. En su momento fue lo más hiriente y horrible de recordar, pero no pudo sentirse impotente por mucho tiempo y se dedicó a su trabajo para ganar el dinero suficiente y que su madre no tuviera que trabajar.
Ser secretario de una empresa reconocida a nivel nacional era fascinante y sobre todo una locura. Revisar papeles, formular registros, contestar llamadas, pasar mucho tiempo sobre su portátil. Era su trabajo, la paga era muy buena, sin embargo, era agotador. Y los domingos eran sus únicos días libres, en los que solo dormía la mayor parte del día y se levantaba únicamente para ir al baño y para comer.
El sábado, llegó a casa directamente. Sus compañeros de trabajo insistieron en invitarle un trago, pero él se negó de inmediato. No podría desaprovechar horas y horas para dormir relajadamente. Su madre ya tenía preparada la cena para él y su hermana.
Shin hye podía notar el cansancio en los ojos de su hijo, en su cuerpo también. Lo dejó descansar unas horas y cuando se levantó a la mañana siguien, se acercó a él con su sorpresa.
— Tengo algo para ti — le entregó un sobre para que su hijo lo abriera.
— ¿Una reserva en un spa? ¿Eso no es para ti? — la mujer negó rápidamente.
— También es para hombres. Necesitas ir para que te den un buen masaje y alivies el dolor de todo tu cuerpo.
— Madre, ¿Estás insinuando que soy viejo?
— ¡Para nada! Apenas saliste de mi barriga, es solo que te veo muy cansado y pienso que mereces relajarte un poco. Solo tienes un día libre a la semana y descansas, siento que el trabajo te exige mucho y solo te concentras en él. No estoy desagradeciendo nada, pero piénsalo...Es un buen lugar. Vas a ser atendido de la mejor forma.
Jeon pareció pensarlo unos segundos. No sonaba tan mal y en los ojos de su madre estaba un brillo foveal lleno de ilusión.
— Está bien — su madre saltó emocionada, mucho más que él — Solo por esta vez te haré caso.
— La cita es a la cuatro. Creo que no tengo que recordarte que seas puntual — rodó los ojos y una hora antes ya se estaba preparando para ir al lugar. Tomó el transporte público y siguió la dirección del lugar hasta llegar a un pequeño edificio, cerca de un callejón. Común y corriente, con el letrero típico que tendría un spa o esos lugares donde pagan para que te den un masaje.
Jungkook lo veía sumamente innecesario, aunque esta vez decidió complacer los deseos de su madre e ir a ese lugar. El silencio del lugar lo recibió, frente a él estaba la recepción y una mujer detrás del mesón. Se acercó a ella y de inmediato sonrió al verlo.
— Buenas tardes, ¿En qué puedo ayudarlo?
— Yo, tengo una cita para ¿Una sesión? — leyó lo que estaba escrito en el papel y se lo entregó a ella.
— Bien, llega diez minutos antes. Será atendido por Park Jimin, voy a avisarle de su llegada y lo guiaré a la habitación — Jeon asiente y espera unos minutos en lo que cree él que es la sala de espera, porque hay muchos asientos en fila.
Después de algunos minutos, la mujer lo guía hasta el ascensor, por un pasillo hasta llegar a una amplia habitación donde lo recibe un chico de cabello castaño, demasiado...hermoso. Con una belleza que lo hipnotizó.
— Hola, ¿Eres Jeon Jungkook? Tú madre vino a agendar una cita ayer. Yo soy Park Jimin.
Su madre...sabía sus gustos. Que era completamente bisexual.
— Sí, ese mismo — la recepcionista se retiró con una sonrisa y ese chico lo invitó a pasar con la misma expresión facial y cerró la puerta detrás de él — Yo...¿Qué debo hacer? Es la primera vez que vengo a un lugar como este.
Escucha su suave risa, bajamente.
— Lo primero que debes hacer es tomar un baño relajante. En un jacuzzi. Y yo voy a estar acompañándote todo el tiempo — los ojos del pelinegro descendieron por el cuerpo del chico. Era... jodidamente sexy.
Y su uniforme blanco parecido al de una enfermera o doctora, marcaba muy bien sus curvas. Principalmente ese maravilloso trasero que se cargaba. La habitación era amplia, muy grande. Había un jacuzzi a la izquierda, una camilla al frente y una mesa llena de productos que estaban cubiertos por una manta y no podía identificar bien. A su derecha, un estante vacío.
— Puedes quitarte la ropa.
— ¿Tengo que estar desnudo?
— Completamente — respondió sin ninguna vergüenza — Puedes dejarla en una de las casillas del estante.
Jungkook aún estaba procesando aquel hecho y también el que ese chico era muy atractivo y él como lo miraba de una manera extraña. Sin cortar el contacto visual, retiró su suéter dejando expuestos sus músculos del torso. Pectorales, biceps, abds. Al castaño se le hizo agua la boca. Y el pelinegro no pudo evitar sonreír por eso.
— La vista es muy sexy — susurró con voz baja. Sin pudor, sus ojos bajaron a las piernas tonificadas del contrario y a aquella verga flácida...por ahora.
La imagen era tan ardiente para el pelirosa.
— Bien, el jacuzzi ya está preparado y listo para que lo usemos.
— ¿Usemos?
— ¿No quieres que entre contigo?
— No dije eso, solo estoy sorprendido.
— Ya entra — le dijo y el pelinegro hizo caso. Caminó por las escaleras de cerámica y se adentró al jacuzzi. El agua estaba a la temperatura correcta y se sentía demasiado relajante. Tanto, que lo hizo gemir un poco.
Cerró sus ojos por unos segundos para permitirse disfrutar la sensación y cuando los abre, ve al chico a la distancia. Despojándose lentamente de su camisa. Jungkook no tenía ni la menor idea de qué iba a hacer, pero lo llenaba de curiosidad y sobretodo, de un deseo repentino. Una intensa atracción.
— ¿Tienes curiosidad? — pregunta con una voz suave, su torso queda expuesto y a diferencia de él, es más delgado. Cuenta con unos lindos pezones rosados y un abdomen levemente marcado al igual que sus pectorales.
Desabrocha su pantalón y lo retiro quedando en bragas. Unas lindas bragas de color rojo. ¿Qué tramaba ese chico? Porque lo estaba provocando y vaya que estaba reaccionando muy bien.
¿Así debían tratar al cliente en un spa normal?
— ¿Qué tal me quedan? — la expresión anonadada del pelinegro — Cierra la boca, no quiero que desperdicies la saliva que puedes usar para otra cosa.
— ¿Cómo cuál? — preguntó con una sonrisa ladina. Este juego, la tensión, le estaba fascinando.
El castaño se dió vuelta mostrando el encaje que se adentraba en sus nalgas, revelaba sus hoyuelos de venus y relucía en esa cintura estrecha. Su entrepierna comenzó a abultarse y sin pensarlo mucho, bajo su mano a atenderla.
— Que atrevido — mordió levemente su labio.
Su erección dura salió de la braga y comenzó a masturbarla al mismo tiempo que la mano del castaño se movía sobre la suya.
— ¿No vas a entrar? — un jadeo salió de sus labios.
— No...— gimió bajito. Su bonito erección era preciosa para el contrario y su imaginación se fue mucho más allá. A la puerta del paraíso dentro de esas voluminosas y hermosas nalgas — Por ahora no.
Jungkook se acercó a él, sus ojos estaban pidiendo el permiso para realizar lo que su mente perversa quería y necesitaba. Jimin abrió sus piernas y asintió apoyando sus manos del muro. El pelinegro sin perder un segundo más le dió una gran lamida a su polla goteante recogiendo todo el líquido preseminal que botaba su uretra.
— Oh, Jungkook...— ahogó un gemido, tan suave y melodioso para sus oídos. Pasó su lengua por todo el falo, hizo a un lado el encaje y lamió cada testículo para subir y chupar el glande con devoción.
Moviendo su cabeza cada que subía y bajaba por el pene del castaño. Metía lo más que podía, hasta que tocara su garganta y lo dejaba bastante mojado. El mayor lo jaló de los cabellos, lo apartó de su intimidad y lo atrajo a él para comenzar un beso fogoso y necesitado. Esos suaves labios sobre los suyos se movían tan bien, sus lenguas danzaban en un baile lujuriosa y erótico. Jungkook sujetó su mentón, se alejó lentamente creando un pequeño hilo de saliva entre ambos.
— Debes...pasar a la siguiente fase — susurró.
— Aún no he terminado — volvió a devorar el pene del mayor, complementando con trabajo manual y acariciando el perineo.
— ¡Joder! — gritó por la estimulación — Déjame correrme en tu rostro — lejos de no cumplir su petición, el pelinegro se ensañó chupando.
Lo sacó de su boca y masturbó rápidamente para que los hilos de semen llenaran su cara. Sus dedos se pasaron la humedad de su rostro, recogiendo algunas gotas para llevarlas a sus labios y probar su exquisito sabor.
— Tu baño terminó — susurró y como pudo se levantó con las piernas un poco temblorosas. Diablos, nunca pensó que ese hombre fuese demasiado intenso.
Podía sentir sus ojos lujuriosos sobre él, escaneando su cuerpo. Devorándolo. Salió del jacuzzi, exhibiendo su desnudez, su gran erección. Maldición, ese hombre era ardiente sin ni siquiera intentarlo. Sin despegar la vista de él, envolvió su cintura con una toalla. Y el castaño lo guío hasta la camilla a la distancia.
— Bien, relájate. Voy a comenzar con la sesión — aplicó aceite hipoalergénico en sus manos y lo regó por la espalda del pelinegro masajeando sus hombros. Causándole gemidos de satisfacción — ¿Se siente bien?
— Mucho...— jadeó. El castaño se subió sobre él y aplicó más fuerza en su espalda. Joder que era relajante, pero la cercanía de ese chico lo prendía. Aún estaba desnudo, y el muy descarado frotaba su pene duro con la toalla — Bájate un momento.
Jimin lo hizo, Jungkook se dió la vuelta en la camilla y se quitó la toalla dejando libre su gran verga.
— Sube — ordenó y el mayor lo hizo. Ahora frotandose directamente contra su polla goteante. Al mismo tiempo que masajeaba su pecho — Así es más relajante — sus manos apretaron su cintura y las mismas, con osadía, bajaron aún más sus bragas para ahora frotar sus penes mutuamente.
Los gemidos del mayor no se tardaron en aparecer. Sin pedir permiso, bajó un poco y probó el falo del menor. Delicioso. Exquisito. Lo envolvió en sus manos para llenarlo de aceite.
Sus bragas pasaron a segundo plano cuando el pelinegro las rompió de un solo tirón que lo hizo jadear. Apretó sus nalgas con fuerza.
— Cabalgame, precioso.
Jimin no se hizo de rogar porque en cuanto lo vió supo que debía follar con ese hombre como sea. Apoyó sus rodillas en la camilla y se levantó para tomar la verga del pelinegro y presionar su dilatada entrada. La intromisión fue un poco fácil por el aceite, pero dolió un poco. Provocando gemidos lastimeros en el más bajo. Sin embargo, eso no lo detuvo y lo enterró hasta el final.
— Tan apretado — azotó una de sus nalgas — Me vas a dejar sin verga, precioso.
— Ah, sí — cerró sus ojos, sintiendo cada centímetro de aquella invasión tan dolorosa como placentera — Tan rico — compartían miradas lascivas. Pupilas dilatadas, el deseo de experimentar el placer entre ellos.
— Cuando te sientas cómodo, precioso — acarició una de sus piernas — Tu piel es tan suave, me gustaría marcarla.
— Puedes hacerlo.
Jimin comenzó a mover su cadera de forma circular, restregandose. Hasta que después de tomar impulso, comenzó a estrellarse contra esa verga que tocaba su punto dulce.
— ¡Oh, Por Dios! — gritó sin ningún pudor — Joder.
— Eso es, gime para mi. Déjame escuchar lo mucho que te gusta.
Una, dos, tres veces. La fuerza no parece ser suficiente. Lo volvía loco. El castaño se acercó para besar sus labios desesperadamente, al tiempo que el pelinegro embestía desde abajo. No pudo controlarse y se corrió entre ambos cuerpos.
— Lléname con tu rica y caliente leche — suplicó sobre sus labios
No pude negarse, o mejor dicho, aguantar. Lo llenó por completo. Y cuando salió lentamente, su semen se escurrió.
Por minutos, en esa misma posición, recuperaron el aliento. Y fue Jungkook quién lo cargó y lo sentó en la camilla.
— Ahora es mi turno. Esto no ha terminado, precioso.









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