El príncipe y el pastor
El gran y poderoso Imperio de Alzira se encuentra en el caos debido a las guerrillas entre pueblos y, además se halla en su peor momento con su batalla con el Imperio vecino de Verkannt, que intenta conquistarlos desde hace décadas.
El Sultán del Imperio de Alzira manda sus tropas a las fronteras para batallar y proteger su territorio, liderados por el mayor de sus hijos, el más bravo guerrero, el Alfa más poderoso.
El príncipe del Imperio, conocido por su fuerte temperamento y su fiereza, ya se encuentra en edad de contraer matrimonio, y el Sultán le ha preparado un harén de nobles jovencitas omegas para cuando él vuelva de la guerra, para asegurar el poderoso linaje de la familia.
Pero el Príncipe se encuentra en paradero desconocido.
…
Mientras, lejos de la capital y de los problemas de Palacio, a la linde de las altas montañas del norte, un joven Omega vive tranquilamente en un pequeño poblado con sus amados padres. Su familia tiene un pequeño rebaño de ovejas y viven de su trabajo; venden la leche o la pasteurizan para preparar quesos, con su pelaje tejen mantas o ropas bien abrigadas para los duros inviernos del norte, también venden su tierna y deliciosa carne. Izuku es feliz con su familia y su vida como pastor.
Sus padres no tienen muchas posesiones por ofrecer, pero le tienen un gran amor.
Su pequeña aldea consiste en veinte chozas agrupadas, con gente amable y trabajadora; cada uno se dedica a una tarea en específico para aportar algo a sus vecinos. Izuku y sus padres tienen su rebaño de ovejas, su vecino se dedica a la pesca, otro recolecta hierbas medicinales, otro tiene campos de cultivo. Entre todos se ayudan para vivir.
Izuku no puede ser más feliz por tener una vida plena y tranquila.
Pero su tranquilidad está por terminar…
-¡Izuku!
El joven Omega de cabellos verdes gira hacia dónde proviene la voz de su madre, sonríe al verla llegar a él, pero enseguida su sonrisa se opaca al ver su rostro lleno de preocupación de su progenitora.
-¡Tienes que venir a casa, tu padre ha traído a un extranjero herido!
Izuku reúne a su rebaño y con ayuda de sus perros vuelven a su hogar, guarda al rebaño y da de comer a los perros antes de volver a su cabaña. Su madre se encuentra remojando unos paños mientras que su padre cura unas terribles heridas en el abdomen del hombre desconocido.
El Omega se acerca y observa al desconocido, su rostro refleja sufrimiento y dolor, se encuentra muy rojo debido a la fiebre y grandes gotas de sudor recorren su sien. Su cabello cenizo se encuentra pegado a su frente y aprieta sus ojos con fuerza. Su cuerpo es muy musculoso pero se encuentra con heridas, suciedad y sangre. Su ropa destrozada indica que es un soldado, probablemente.
Su olor le delata, aunque su misma figura imponente lo hace, se trata de un Alfa.
-Izuku, lava las heridas… -Pide su madre pasándole paños mojados- así tu padre podrá curarlo mejor.
-Si, madre -Obedece Izuku- ¿Dónde lo encontraste, padre? -Pregunta, viendo directamente a su padre, a su vez coge un trapo para limpiar las heridas del hombre extranjero mientras su padre las cose-
-Estaba a las afueras del bosque… Iría en caballo, pero no lo hemos encontrado… -Su padre no aparta la vista de las heridas y la aguja que sostiene- …es un soldado del Imperio. Viendo su armadura tan elaborada diría que es cercano al Sultán.
-Un soldado de Palacio… -Repite Izuku asombrado- ¿La guerra… es tan inminente? -Pregunta esta vez, observando las heridas, vuelve a limpiarlas delicadamente-
-Pensábamos que no -Izuku observa a su madre, quién se encuentra preocupada-
Cuando su padre termina de coser las heridas Izuku vuelve a lavar el abdomen del hombre, después le colocan hiervas medicinales y lo vendan. La fiebre le ha bajado y por fin duerme con tranquilidad, Izuku lo arropa y prepara vendas nuevas al lado de él para cuando haya que cambiárselas.
-Sobrevivirá. -Su padre se encuentra limpiando sus manos- es fuerte.
-Que bien -Sonríe levemente Izuku- después de todo es un soldado que nos protege…
-Que se recupere pronto para poder marcharse cuanto antes -Dice Inko nerviosa- no me gusta que un soldado este tan lejos de Palacio… no son buenas noticias.
-Se marchará, no tiene nada más que hacer por estas tierras. -Responde Yagi para tranquilizarla-
Izuku observa el sereno rostro del hombre, ya no frunce tanto su ceño y está más relajado, se ve hasta atractivo y por su apariencia no debe tener más de veinte años. El Omega no sabe cuánto tiempo ha estado observando al Alfa, finalmente sus dedos acarician con suavidad y mucho cuidado el rostro del otro, su piel es muy cálida -por los restos de la fiebre- y rasposa por su creciente barba.
Le cambió los vendajes un par de veces más y al día siguiente Izuku amaneció con la esperanza de poder ver al soldado despierto. Los deseos de Izuku se hicieron realidad cuando salió de su habitación al corazón de su pequeño hogar, y junto al fuego se encontraba el soldado despierto y comiendo lo que su madre le ofrecía, todo bajo la atenta mirada de su padre.
Izuku sonríe por un momento feliz al ver que se ha recuperado, sin advertir la seriedad de los rostros de sus progenitores.
-¡Que alegría, ya se ha recuperado! -Sonríe el peliverde y se acerca al fuego también, se arrodilla en el suelo cerca de su madre, sigue sonriendo sin percatarse de la situación-
-Izuku… Muestra respeto -Murmura su padre- estás en presencia del heredero del Imperio, de su Alteza el Príncipe Katsuki Bakugo. -Dice seriamente, Izuku le mira con sorpresa sin creerse lo que le acaban de decir-
-¡Su Alteza! -Izuku enseguida se inclina ante él hasta que su frente choca contra el frío suelo-
-Hn… -Katsuki Bakugo sonríe de lado y observa al joven que tiene delante, es lindo es lo primera que piensa sobre él- ¿Él es vuestro hijo? -Dirige su mirada a Inko y a Yagi-
-Así es, mi señor. Nuestro único hijo. -Recalca Yagi- un buen chico.
-Ha sido un honor ayudarlo, Su Alteza -Añade Inko con voz temblorosa- estamos agradecidos por su presencia.
-S-si… -Murmura Izuku incorporándose lentamente, cohibido por la penetrante mirada borgoña del cenizo- …es una gran alegría que el Príncipe del Imperio se encuentre bien. -Añade con timidez bajando la cabeza-
-Me quedaré aquí por hoy para recuperarme -Sentencia el príncipe volviendo a mirar a los más mayores y dueños de la casa- Partiré mañana al alba. -Ni un deje de pregunta en sus palabras, afirma lo que hará con una gran seguridad. Izuku tiembla ante el timbre de su voz, grave y profunda, la voz de un Alfa-
-Por supuesto, prepararé la habitación para usted Alteza -Inko se retira con una reverencia-
-Pediré el mejor caballo para usted -Yagi también se retira- Izuku… -Susurra antes de irse, dirigiendo una mirada tranquila a su hijo, el Omega le sonríe de vuelta-
-Su Alteza estará cansado, me retiro para continuar con mis deberes -Dice Izuku armándose de valor para moverse de su sitio-
-¿Qué deberes tiene un campesino como tú? -Pregunta el Alfa, esta vez Izuku puede diferenciar un leve rastro de burla en sus palabras, el Omega frunce el ceño ante eso. No dejará que se burlen de él en su propio hogar-
-Quizás no sean tan importantes para alguien como usted, pero no me avergüenza mi origen ni lo que hago. Debo sacar a pastar el rebaño de ovejas que tenemos, y después ayudar a mi madre con la lana, y a mi padre en hacer quesos. -Le dice erguido y con mucho orgullo, sin mostrar miedo ni temblor en su voz. Ante esta nueva actitud el Príncipe sonríe altanero-
-Entonces será un placer acompañarte, pequeño Omega.
-Mi nombre es Izuku -Se cruza de brazos y le mantiene la mirada al Príncipe-
Katsuki se pone en pie y camina hacia la salida, pasando al lado de Izuku quién ya ha perdido toda su confianza y vuelve a ser un flan andante. Rápidamente, dándose cuenta de las palabras del Alfa, lo sigue a fuera de su casa y se dirigen atrás, dónde las ovejas se encuentran encerradas e impacientes por salir.
Izuku llama a los perros con un silbido y estos acuden sin pensarlo, con palabras cortas y fuertes les da órdenes para quedarse parados a su lado, después abre la verja para dejar salir al rebaño que corre afuera sin pensarlo, tras ellos corren los perros dispuestos a guiarlos hacia la pradera donde usualmente Izuku los lleva a pastar.
El Omega agarra un bastón de madera y sigue al rebaño, a su lado el Príncipe le sigue a grandes pasos y sin decir palabra. Enseguida se encuentran al frente del rebaño guiándolos a la pradera, dónde las ovejas se dedican a pastar tranquilas. Izuku se posiciona en una zona más alta para tener una mejor vista de todas ellas, y los perros se tumban a su lado con la lengua fuera y moviendo sus rabos.
-Buen chico -Izuku acaricia a cada uno de los perros mientras los felicita por su arduo trabajo- Sois geniales, gracias.
El Omega de vez en cuando mira de reojo a Katsuki, que se encuentra sentado en al hierva sin decir nada, observando el paisaje que tiene ante él.
Izuku se siente orgulloso de su hogar; las grandes montañas que los guardan, los frondosos bosques, los ríos de agua cristalina y las verdes praderas, es digno de admirar. Quizás el Príncipe Katsuki no tiene muchas oportunidades de estar en un lugar así, siempre batallando o encerrado en Palacio, con sus deberes de Heredero del Imperio, y tener que mantener siempre una compostura seria, fuerte y poderosa ante todos todo el tiempo…
…Debe ser agotador.
El sol brilla con fuerza, pero el aire es fresco, lo cual agradece el joven Omega, aun así se ha tenido que quitar su chaleco de piel y ahora solamente lleva su fina camisa de lana. No entiende como Katsuki puede llevar toda esa ropa tan adornada y calurosa. Al menos, la armadura se ha quedado en su casa…
Izuku observa relajado el paisaje, se percata de que un par de lobos rondan por los lindes del bosque, interesados en su rebaño.
Da una orden a sus perros y estos apartan al rebaño de los bosques.
Izuku decide ir hacia los lobos.
-Oi, ¿Qué crees que haces?
La voz del Alfa lo detiene, Izuku le sonríe levemente. Se da la vuelta para poder mirar al Alfa, este sigue sentado en el mismo lugar.
-Pedirles que se alejen de mi rebaño. -Contesta con tono tranquilo y con una sonrisa llena de confianza-
Sigue su camino sin hacer caso a la expresión absurda que tiene Katsuki, se abre paso entre las ovejas y llega al borde de la pradera.
Los lobos se encuentran escondidos en el bosque, lo sabe, aunque no se dejen ver.
-Por favor, marcharos de aquí. -Dice Izuku observando el bosque, su voz está vez no es tan tranquila y sumisa como suele ser, ha dado una orden clara y firme- no quisiera haceros daño… -Añade, enseñando levemente sus colmillos a la vez que sus ojos verdes brillan con fiereza. Ha dejado salir su aroma, fuerte y agrio, dando un claro mensaje-
Entonces escucha como Katsuki ha llegado corriendo a su lado. Izuku se gira hacia él, el Alfa le mira confuso y sorprendido, el Omega decide relajar su expresión. Su aroma vuelve a la normalidad y sus colmillos se han retraído.
-Ya está. No nos molestaran por hoy. -Sonríe con inocencia-
-Estás demente.
Casi al mediodía, cuando el sol está en su punto más alto, Izuku saca algo de comer de su bolsa y le ofrece a Katsuki la mitad, después le da de beber de su propia agua.
-A veces traigo mi arco y flechas, por si aparece algún oso. Son más difíciles de espantar. -Explica Izuku mientras picotea queso y pan, el Príncipe no ha tenido objeciones al tener que comer con las manos y además, algo tan escaso- pero ellos me ayudan siempre -Mira a sus perros, estos enseguida menean el rabo y se acercan para lamer la cara de Izuku, que se deja hacer- Los llamo Medianoche -Señala al perro negro- Luz de estrella -Señala a una hembra blanca con pequeñas manchas en sus patas y orejas- Colmillo -El perro marrón ladra- y Garra -El perro más mayor solamente está tumbado y ni levanta la cabeza al escuchar su nombre- son muy obedientes y nunca se quejan.
El Príncipe no comenta nada, escucha con atención sus palabras, Izuku cree que puede que le aburra.
-Vengo todos los días desde que aprendí a caminar y hablar. Después voy a ayudar a mi madre en el telar. Hay mucho trabajo ahí también, todo el mundo quiere la ropa de mamá. -Sigue hablando, no queriendo quedarse en silencio- papá está débil de salud, por lo que ayudo a cortar leña, suelo también arar nuestro campo y después le ayudo con los quesos, que es lo único que él puede hacer. Encierro las ovejas a la noche, doy de comer a los perros y a los demás animales. Finalmente preparamos la cena. -Termina de contar, quizás no sea muy interesante para el príncipe- su-supongo que… es aburrido para su Alteza…
-Es una buena vida. -Contesta sin añadir nada más, sacando una sonrisa a Izuku-
Tal como Izuku relató hace un momento, más entrada a la tarde llevaron al rebaño a casa y con ayuda de los perros los encerraron. Izuku dio de comer a sus canes y después se pasó a ayudar un poco a su madre. El Príncipe observaba sin decir nada las acciones del joven Omega. Luego, ayudaron con el queso a su padre y finalmente, a la noche hicieron la cena entre todos.
Izuku hablaba sin parar, contándole a sus padres los sucesos del día o lo que se le ocurriera contar. Sus padres, en cambio, se encontraban más cohibidos por la presencia del Príncipe.
-Me iré al alba. -Repite el Alfa observando a Yagi-
-Le conseguí un caballo a Su Alteza. Es el más rápido y fuerte, señor -Le asegura el Beta-
-Y-yo le he guardado comida y agua para el camino, Alteza -Añade Inko sin mirarlo a los ojos-
Izuku sonríe y da un objeto al Alfa. Este lo agarra confuso y observa el trozo de madera en sus manos, tallada con delicadeza y esmero se puede ver un lobo.
-Para ti -El Omega ha ido cogiendo confianza durante ese día y ya le tutea- para que tengas un recuerdo del día de hoy.
El Príncipe observa la pieza de madera y después asiente con la cabeza, lo guarda cuidadosamente entre sus ropas para la felicidad de Izuku. Cenan tranquilamente y después todos se dirigen a dormir, el Alfa se da cuenta de que Izuku se acurruca junto al fuego y usa su brazo de almohada, ya que él se ha quedado con su habitación, pero aun así sonríe lleno de felicidad.
Se retira a dormir, con un extraño sentimiento creciendo en su pecho.
Al alba, tal como dijo Katsuki, se despierta y se pone su armadura, enfunda su espada y se prepara para el largo viaje hasta el Palacio.
La pequeña y encantadora familia se despide de él a la puerta de su hogar, mientras el Príncipe monta el caballo que le han otorgado.
-El Sultán agradecerá la hospitalidad de la familia Midoriya, y su poblado -Dice el Príncipe en su dirección- cuando vuelva a Palacio le pediré a mi padre que os envíe un regalo como agradecimiento por cuidar de mí. -Observa a la familia uno por uno, los progenitores de Izuku bajan la mirada y agradecen en susurros, mientras que el Omega le observa sonriente-
-¡Que tengas buen viaje Kacchan! -Le dice alegremente, Katsuki se sorprende ante esas confianzas, más no dice nada y solamente sonríe de lado-
-Hasta pronto, Deku -Dice él en apenas un susurro que es solamente escuchado por Izuku-
Finalmente el Alfa emprende el viaje a galope, sin perder más tiempo, mientras que Yagi e Inko regañan a Izuku por la falta de respeto, pero este solamente puede mirar por dónde se ha ido el Príncipe Katsuki.








