Never Say Never

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Summary

"Guarda mis recuerdos en el lugar más inolvidable". Bajo esta premisa, dos jóvenes vieron cómo sus ilusiones se rompían como cristal contra la fatalidad. Años después, un encuentro fortuito revela que el tiempo puede cambiarlo todo, excepto el latido de un corazón herido. Ella ha seguido adelante; él sigue anclado a un "quizás". Una novela íntima sobre los encuentros tardíos, las líneas paralelas del destino y la búsqueda de paz entre los fragmentos de un abrazo que nunca pudo concluir. Porque el amor verdadero no es egoísta, pero el olvido es una amputación del espíritu.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sipnosis ✨

Para los lectores que buscan en las páginas un refugio contra la realidad, jamás olviden la fragilidad de la existencia, la fugacidad de las personas y el carácter esquivo de las oportunidades. Vivan, expresen y amen con la urgencia del presente, pues el mañana es una promesa incierta, un quizás que podría no llegar.

¿Alguna vez se han detenido a contemplar esas almas gemelas que se encuentran en el laberinto del tiempo, solo para descubrir que el reloj cósmico late a un ritmo diferente para cada una?

Miles de corazones reconocen a su complemento perfecto, esa pieza que encaja sin esfuerzo, pero el destino, caprichoso como un niño, decide que el instante no es el propicio. Anhelan la cercanía, buscan resquicios en el muro invisible que los separa, pero el universo parece empeñado en dibujar líneas paralelas en sus caminos. Sus miradas se cruzan, un chispazo eléctrico en la multitud, y por primera vez, la emoción primigenia llamada amor los sacude hasta los cimientos. Sin embargo, el tiempo, ese tirano silencioso, juega con sus ilusiones.

Quizás sus vidas se rozaron en la inocencia temprana de la juventud, o tal vez se encontraron cuando el otoño de sus días ya había comenzado a pintar las hojas de melancolía. Luchan contra la corriente, intentan desafiar las leyes inmutables del universo, pero el tiempo, implacable, no les concede tregua. Aquellas promesas susurradas al oído, juramentos grabados a la luz de la luna, se desvanecen como el humo en el viento. Incluso la certeza más arraigada, la creencia de que el amor es inmortal, se estrella contra el muro infranqueable de las circunstancias.

Y entonces, la pregunta inevitable flota en el aire, punzante como una espina: ¿Qué hubiera ocurrido si el destino hubiera tejido sus encuentros en el momento preciso? . Tal vez la respuesta se oculte en las sombras de lo no vivido, o quizás la intuyas en el eco de un suspiro. Pero la verdad ineludible es que el tiempo es un río caudaloso que no podemos detener. Todo sucede bajo su implacable dictado.

Aun así, sé que esos recuerdos, imborrables como tatuajes en el alma, perdurarán en sus corazones. Un amor que desafía la distancia y la ausencia, que florece en cualquier rincón del mundo, en cualquier estación del año, latiendo incluso en el último aliento. Porque el amor verdadero no conoce las fronteras del tiempo, y aunque sus vidas sigan senderos divergentes, siempre llevarán consigo la certeza de haber encontrado a la persona correcta en el tiempo equivocado.

Así fue el cruel destino de dos jóvenes enamorados, cuyos corazones se hicieron añicos al caer, como un cristal golpeado por la fatalidad. Mil fragmentos de ilusión esparcidos por el suelo del alma, dejando tras de sí solo el eco amargo del dolor y la frustración de un abrazo inconcluso. Intentaron, con la desesperación del náufrago, pegar esos pedazos rotos con el pegamento endeble de otros afectos, pero la herida original era demasiado profunda, una cicatriz imborrable grabada en el tejido de sus almas. Y es que el intento de olvidar a quien se ama se siente como un desgarro interno, una amputación del espíritu.

El tiempo, en lugar de sanar, parece prolongar la agonía, manteniendo viva la llama de un recuerdo que se resiste a extinguirse.

Era una tarde de abril, la primavera desplegando su manto de colores, cuando el joven caminaba absorto en la monotonía de sus pensamientos. De repente, una presencia, una silueta femenina a la distancia, irrumpió en su ensimismamiento como un rayo de sol en un día nublado.

Se detuvo en seco, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, observando a aquella joven que se acercaba, su mano entrelazada con la de otro, una sonrisa iluminando su rostro mientras conversaba animadamente, ajena por completo a su espectador silencioso. El dolor lo asaltó como una ola traicionera, abriéndole un abismo insondable en el alma, un pozo oscuro donde la esperanza se ahogaba y un mar de tristeza sin orillas lo arrastraba a la deriva. Verla así, radiante junto a alguien que no era él, fue una puñalada certera en el corazón, una herida que sangraría durante mucho tiempo, dejando una cicatriz imborrable en su memoria.

Se veía exquisitamente hermosa, casi etérea, con una madurez que realzaba su gracia natural. En ese instante, su mente viajó en el tiempo, rescatando la imagen de la adolescente de la que se había enamorado años atrás. Recordó la despedida, sus últimas palabras resonando en su mente como un eco lejano: "Guarda mis recuerdos en el lugar más inolvidable".

Fue entonces cuando comprendió, con la certeza dolorosa de la resignación, que debía dejarla ir. Pero su corazón, obstinado y fiel, se aferraba a su amor, a sus recuerdos, como una hiedra tenaz buscando la luz en un muro sombrío. Mientras ella seguía su camino, ajena a su presencia, él no albergaba la más mínima esperanza de ser reconocido.

Y su presentimiento se confirmó cuando ella pasó a su lado sin siquiera rozarlo con la mirada. Fue entonces cuando sus ojos oscuros se clavaron en aquel collar, un pequeño tesoro que él le había obsequiado en sus días de juventud.

Era ella. Siempre había sido ella.

Levantó la cabeza, la miró con una mezcla de asombro y anhelo. Había esperado este instante durante tanto tiempo, tejiendo sueños en la soledad de sus noches, pero jamás imaginó que se produciría de una manera tan inesperada, tan fugaz. El amor por ella seguía latiendo con fuerza en su pecho, un fuego inextinguible que el tiempo no había logrado apagar. Sin embargo, una punzada de dolor lo atravesó al pensar que ahora era otro quien disfrutaba de su amor, quien acaparaba su atención, quien se había convertido en su razón de ser, construyendo juntos un presente que a él le estaba vedado, relegándolo a un pasado lleno de recuerdos agridulces.

Desafortunadamente, ella continuó su camino sin concederle siquiera una mirada fugaz. Él solo pudo contemplar su figura mientras se alejaba una vez más, difuminándose en la distancia como un espejismo. Siempre supo que debía dejarla ir, aunque el dolor le arañara el alma con garras invisibles, porque el amor verdadero no es egoísta, y si realmente la amaba, su libertad era el mayor acto de amor que podía ofrecerle.

Aunque el sendero que tenía por delante se antojaba empinado y solitario sin su compañía, aunque su alma gritara su nombre en silencio, sabía que algún día encontraría la paz, que la sonrisa volvería a iluminar su rostro, aunque ya no fuera junto a ella. Y quizás, solo quizás, el destino le brindaría una segunda oportunidad para amar, una nueva historia que escribir, una página en blanco que no pensaba desaprovechar.