El algoritmo de la página perdida

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Summary

¿Te atreves a jugar? "El mundo real es un algoritmo aburrido. El Margen es un juego mortal." Adelais y Jair son dos extraños atrapados en una dimensión donde la literatura es magia y el ingenio es la única arma. Para sobrevivir al Macro-Juego, deberán superar desafíos psicológicos que pondrán a prueba su mente y su corazón. En un lugar donde las palabras alteran la realidad, solo tienen una oportunidad: reescribir las reglas o ser borrados para siempre

Genre
Fantasy/Action
Author
Mei
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Realidad no encontrada

El aire en la habitación de Jair olía a circuitos recalentados y a la tercera taza de café frío de la noche. En sus tres monitores, el mundo digital giraba sin descanso: un stream de Twitch vibraba en silencio, un chat de Discord fluía con memes ininteligibles, y en el tercero, un foro de videojuegos debatía sobre la "meta" actual de un MMORPG que José ya había dominado y abandonado.

—Otro martes más —murmuró, la voz ronca por la falta de uso. Su rostro, iluminado por la luz azul, era una mezcla de aburrimiento existencial y una inteligencia que no encontraba dónde anclarse en el mundo real.

Jair, con 19 años, sentía que la vida era un juego mal diseñado. Las reglas eran absurdas, los objetivos predecibles y la recompensa, si existía, no valía el esfuerzo. En este mundo, él era un "gamer" de estrategia, un maestro de la lógica, pero fuera de la pantalla, la gente parecía preferir la emoción vacía de los "clicks" y los "likes".

En el apartamento de al lado, una pantalla diferente iluminaba el rostro de Adelais. A sus 18, Adelais no era una "gamer" en el sentido tradicional, pero su mente era un laberinto de historias. Se pasaba horas en foros de fanfiction, analizando tramas, debatiendo teorías, y a veces, creando mundos propios en su cabeza. Sus monitores mostraban un editor de texto con mil pestañas abiertas, un diccionario de sinónimos y una videollamada silenciada de su grupo de estudio.

—" la realidad virtual", qué fascinante —ironizó, con una sonrisa cansada.

La tarea de literatura le parecía una broma cruel, una imposición en un mundo que había dejado de leer hace tiempo.

De repente, una ventana emergente apareció en su pantalla, ignorando firewalls y antivirus. El mensaje, en una tipografía elegante y antigua, leía:

"Tu mundo es una narrativa predecible. El Autor ha muerto. ¿Te atreves a reescribir el final?"

Adelais sintió un escalofrío. Era el tipo de anzuelo que solo una mente creativa reconocería. ¿Un juego de realidad aumentada? ¿Un ARG (Alternate Reality Game)? Intrigada, hizo clic.

En ese mismo instante, en el apartamento de al lado, la pantalla de Jair parpadeó. Un mensaje idéntico apareció, pero en lugar de texto, una figura pixelada en 8 bits se disolvía lentamente, formando la misma frase. Él, siempre analítico, detectó la anomalía: no era un virus, era un código de invocación. Sin dudar, también hizo clic.

Lo que siguió no fue una página web. Las pantallas de ambos, en habitaciones separadas pero simultáneas, se fracturaron en mil pedazos de luz y tinta. La gravedad se invirtió. El suelo de sus habitaciones se rompió como cristal, y fueron succionados hacia un abismo que no era oscuridad, sino una explosión de colores neón y frases sin sentido.

Jair, con su mente entrenada en patrones, intentó racionalizar lo que veía: un flujo de datos que desafiaba toda lógica física. Adelais, con su imaginación desbordada, sintió que caía a través de un libro.

Fragmentos de sus vidas pasaron ante sus ojos: la soledad de una victoria sin nadie con quien compartirla, la frustración de una historia sin un propósito claro, las horas perdidas persiguiendo la validación digital.

¡CRASH!

Ambos aterrizaron, no en el suelo, sino sobre una extensión infinita de cubos de colores brillantes, como si estuvieran dentro de un videojuego retro, pero con la textura y el olor de papel viejo. El cielo era un telón de fondo de galaxias de purpurina y constelaciones formadas por símbolos de teclado.

Frente a ellos, una figura humanoide hecha de hilos de luz y sombras los observaba. Parecía no tener boca, pero su voz resonó en sus mentes, clara y sin emoción:

—"Bienvenidos, jugadores, al Macro-Juego. Un mundo donde la trama se ha estancado y la narrativa se ha roto. Ustedes son los Nuevos Autores. Su misión: reconstruir la historia."

Jair, siempre el pragmático, fue el primero en reaccionar. —Espera, ¿esto es un RPG? ¿Tenemos un HUD? ¿Clases?

La figura de luz "sonrió". —No, joven. Esto es un desafío de la psique. Un juego de ingenio. Las reglas se revelarán con cada "capítulo". Y aquí, la magia no se lanza con conjuros, sino con palabras. Tu intelecto, tus deducciones, tus argumentos, son tus armas.

Adelais, con los ojos brillando de una mezcla de terror y emoción, se adelantó. —Entonces, ¿somos los protagonistas de una nueva historia?

—Más bien, son los "editores", señorita. Y permítanme decirles que la trama actual es muy aburrida.

Antes de que pudieran asimilarlo, el escenario cambió. Los cubos de colores se disolvieron y fueron transportados a una sala inmaculada, hecha de mármol blanco, con una mesa redonda en el centro. Frente a ellos, sentados, había dos seres: uno con un rostro cubierto por un velo de humo de cigarrillo, el otro con una máscara de teatro griega.

la voz mental del "Narrador" resonó de nuevo—. Su primer desafío: un juego de palabras. Cada uno de ustedes deberá construir una frase que describa al otro. Si la frase es superficial o carece de "verdad", perderán una "página" de su existencia.

Adelais miró a Jair, que la miraba con la misma expresión de perplejidad y un atisbo de fascinación. No se conocían bien, solo de vista en el edificio, y quizás por alguna discusión anónima en foros de videojuegos o literatura. Ahora, sus destinos estaban entrelazados. La trama acababa de comenzar.