Epígrafe
“Si el infierno era inevitable, entonces íbamos a bailar en sus llamas. Ya no bastaba con arder… Ahora queríamos que ardiera el cielo.” —Trilogía Fuego y Sombras, Vol. III: Que arda el cielo
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Para Siena Landford, la soledad nunca fue ausencia de gente. Era estar rodeada de todo el mundo y, aun así, sentirse vacía. Siempre correcta, siempre educada, siempre perfecta. Pero nadie sabía lo difícil que era sostenerse cuando el alma ya estaba cayendo. Cuando todo a su alrededor brillaba, menos ella. Cuando incluso el amor parecía una historia de fantasía -una invención de los libros que leía para olvidar su propia realidad. Y entonces apareció él. Jack Callahan. Con su sonrisa arrogante, su alma en guerra y un pasado lleno de sombras. El chico que no debía mirar. El peligro al que no debía acercarse. La chispa que encendió todo lo que llevaba años intentando apagar. Entre secretos, pecados y promesas rotas, Siena descubrirá que a veces el amor no es lo que te salva. Es lo que te rompe. Lo que te consume. Lo que te obliga a arder... aunque el cielo se derrumbe.
“Si el infierno era inevitable, entonces íbamos a bailar en sus llamas. Ya no bastaba con arder… Ahora queríamos que ardiera el cielo.” —Trilogía Fuego y Sombras, Vol. III: Que arda el cielo