Los Perros Rojos

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Summary

Un grupo de estudiantes comienza a abrirse paso en el mundo de las peleas callejeras y las pandillas, cambiando las cosas para siempre.

Genre
Action
Author
Oshomax
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

-Lloraba todos los días, sin falta. Hasta que un día no llore más. Y no sentí más. Estaba vacío.

Iñaki no sabía por qué le confesaba eso.

Aquella tarde había dejado el salón de clases con un extraño presentimiento. Los pájaros que generalmente se paraban en las orillas de las ventanas del segundo piso de su colegio ese día aleteaban de forma rara.

Se iba del colegio todos los días a la misma hora. No había nada que se lo impidiera, ni tampoco tenía nada que hacer una vez los docentes daban las clases por terminadas. Su vida se había vuelto un bucle repetitivo e insípido, al igual que sus ojos.

Iñaki se sentaba en el medio de la clase, un puesto poco interesante, salvo por el hecho de que un poco más a la derecha se sentaba Rumia Willer, una extranjera. Considerada la más guapa de todo el primer año de preparatoria, ella era relativamente nueva, ya que había llegado ese mismo año al colegio.

Desde su llegada, su enorme belleza cautivó a la mayoría de hombres de su curso y alrededores. Era una chica divertida, interesante, excelente conversadora, hermosa, y tenía una picardía en sus ojos que para unos chicos de preparatoria era algo completamente nuevo, y hasta prohibido.

Aun así, las primeras semanas del año ningún hombre pudo armar el valor suficiente para ir a hablarle. A pesar de que solo se trataba de una chica de cabello negro y poca estatura, Rumia emitia una presencia gigantesca. Y esto aumentó una vez se comenzó a relacionar con sus compañeros.

El primer valiente en ir a hablarle fue Lenny, un chico raro apasionado de la música, que llevaba lentes grandes y sus paletas parecían de conejo. Sus esfuerzos fueron inútiles, sin embargo, ese día Lenny demostró que a pesar de todo, tenía valor. Aun así, este acto heroico fue rápidamente olvidado, ya que a los pocos días apareció el segundo valiente: Junior.

Este particular sujeto tenía la característica de ser rubio, pero más importante, ser el hermano menor del alumno más brillante de todo el colegio, Oterrio Valengo. Tanto era la luz de su hermano mayor, que muy pocas personas sabían el nombre de Junior; se le llamaba el Valengo segundo.

Pero no hay que confundirse. Oterrio no era el alumno de mejores notas, ese puesto lo ocupaba otra persona. Claro, las notas de Oterrio eran excelentes, pero su verdadera brillantez era en la comunicación con los demás. Era un tipo capaz de mover masas, electo presidente del consejo estudiantil dos años seguidos (en primer y segundo año), de gran carisma y abundante inteligencia.

Por otro lado, Junior era el desastre de la familia. Un tipo despistado, torpe, hasta flojo. Sin embargo, era divertido hablar con él, y era algo hiperactivo. Y cuando vio a Lenny hablando con Rumia Willer, supo que él también debía intentarlo.

Rumia le siguió el juego un par de días, lo que hizo que Junior se ganara la envidia de todos en el salón. Sin embargo, en una fiesta Rumia besó a otro compañero, un tipo alto y corpulento llamado David, que también era extranjero. Esto causó un gran revuelo, y a los pocos días se pudo ver a Junior llorando por los pasillos del colegio, lamentando su derrota y extrañando la salvaje manera en que Rumia hacía que su corazón latiera.

Sea cual fuese esa forma de latir, también afectó a David, quien a pesar de su personalidad más tímida y callada, también cayó rendido ante los pies de Rumia. Esto duró algo más de tiempo, sin embargo, la timidez de David no pudo hacer nada ante las suaves palabras de Ronnie, un tipo de segundo año que logró llamar la atención de Rumia. Y así como así, el alto de David también perdió en el juego del amor, extrañando sus latidos acelerados.

Ronnie era conocido por ser un mujeriego y un buen deportista, además de tener una lengua inteligente. Por eso, Rumia tuvo más cuidado, ya que a pesar de todo, no era ilusa. Poco a poco la gente iba notando la maldad de los juegos de Rumia, y la inminente diversión que sentía al jugar con los corazones de sus compañeros.

La mayoría pensaba que Ronnie detendría esto y le daría una lección a la engreída de primer año, pero no fue el caso. Ya que unos meses después Ronnie también cayó rendido ante los pies de la chica más guapa de primero, pero esta lo cambió rápidamente por otro de tercer año.

Aun así, esa derrota ayudó a Ronnie a centrarse más en el deporte, volviéndose uno de los mejores jugadores de basketball de la ciudad.

El sujeto de tercer año tampoco pudo manejar la malicia de Rumia, quien provocó una pelea, ya que fue vista coqueteando con uno de los Onald.

Los Onald eran dos hermanos, que en realidad no eran hermanos. Sus nombres eran Donald y Ronald, y siempre se les veía juntos, como si se tratase de gemelos. Pero la verdad era que no compartían ningún parentesco de sangre. Simplemente llevaban siendo amigos una vida entera. Eran como uña y carne.

El punto es que Rumia coqueteo con uno de ellos, y esto llegó a los oídos del sujeto de tercer año. Esto hizo que se pusiera colérico, y quiso saber de inmediato cuál de los dos Onald era el culpable. Lamentablemente nadie supo decir cual era, así que el de tercer año golpeó a los dos por igual, causando una pelea que se hizo noticia por todo el colegio.

La pelea no quedó en nada, pero al día siguiente Rumia mandó a volar al de tercer año, quien también quedó extrañando los acelerados latidos de su corazón. Todos pensaron que tras eso los hermanos Onald intentarían jugar sus cartas con Willer, pero la verdad es que nunca lo hicieron. Entendieron que esa chica solo significaba problemas.

Un tiempo después el siguiente jugador fue Mikens, un sujeto conocido por su cicatriz en su hombro derecho, hecha por un tipo llamado Niels. Poco se sabe de la relación entre Rumia y Mikens, salvo que terminó con el resultado de siempre. Fue tanto el golpe para Mikens, que se replanteó toda su vida, y se cambió de colegio, transfiriendose a la capital en busca de cumplir sus sueños más profundos y olvidar los latidos acelerados de su corazón.

Al día siguiente de que esto sucediera, los rumores estallaron en el colegio, culpando de todo a Rumia, quien en realidad sí era culpable. Pero la bella chica se sintió abrumada ese día, así que decidió alejarse de la gente y sentarse en su asiento. Buscaba resguardarse en la seguridad de su salón de clases.

Esa fue la primera vez que habló con Iñaki. Él también estaba sentado en su asiento, sin hacer nada, como siempre. En el salón solo estaban ellos dos, ya que era la hora de almuerzo.

Rumia aprovechó de despejar su mente y miró alrededor, analizando los asientos y las mesas de las personas. Mil cosas pasaban por su cabeza, pero entonces sus ojos se percataron que no muy lejos de ella estaba sentado Iñaki.

Por primera vez desde que había pisado el colegio, Rumia apreció los vacíos y huecos ojos grises de Iñaki. Tan huecos que dentro de ellos podía caber el mundo entero.

-Hola- dijo Rumia, una vez salió de la hipnosis que le provocaron esos ojos únicos.

-Hola- contestó Iñaki.

Nadie dijo ninguna otra palabra. Tras eso la gente empezó a entrar al salón, y el día continuó como siempre. E Iñaki se fue a la hora de siempre. Todo pareció seguir su curso natural. Casi todo. Lo que pasa es que después de ese suceso la reputación de Rumia quedó en lo más alto, y ya todos eran conscientes que era una sádica rompe corazones, por lo que sus oportunidades se vieron altamente reducidas en general.

Esto la estresó y enojo. Pero no se iba a rendir fácilmente, así que con la ayuda de algunas amigas comenzó a buscar a otro posible candidato, aunque fuera difícil. De esta forma empezó una búsqueda, que realmente fue complicada. En solo unos pocos meses Rumia había roto muchos corazones. Las alertas estaban en su punto más alto.

Y justo cuando Rumia perdía la esperanza, apareció un candidato. Se trataba de un chico de su clase. No era nada popular y tampoco muy atractivo, pero serviría para entretener a Rumia y saciar un poco su malicia.

Se trataba de Franz Duarte. Su aspecto era común, su contextura también, su cabello igual. Sus ojos eran marrones. Una presa fácil y sencilla para la reina abeja que representaba Rumia.

Ella se acercó a hablarle una tarde. Duarte se sentaba al fondo de la clase. Al parecer era alguien solitario. La rompecorazones iba muy confiada, pero al hablar con el chico sintió una energía extraña. De todos modos, coqueteó audazmente con él y lo invitó a salir un sábado. Duarte obviamente aceptó.

El sábado llegó, y ambos compañeros de clases se encontraron. Pasaron casi todo el día juntos. En esas horas Rumia empleó todas sus estrategias para enamorar a Duarte, para que sintiera que ella era un ángel caído del cielo, una luz que había llegado para iluminar su vida y cambiarla para siempre. Un antes y un después. Rumia sería el gran amor de Duarte, al igual que de todos los que vinieron antes, y los que vendrán después. Sin importar quien sea, el resultado será el mismo.

Rumia siempre ganaba. Ella entendía a los hombres, comprendía sus corazones a la perfección. Y al jugar con ellos y llevarlos a lo más alto, para justo en el momento de mayor gloria tirarlos abajo con todas sus fuerzas, era lo que más le encantaba en el mundo. Era como sostener esos preciosos corazones con sus propias manos y tener un control completo.

El día llegaba a su fin. Rumia y Duarte caminaban por la orilla de un parque. La bella chica sabía que necesitaría algunas semanas para lograr su cometido, pero estaba segura que el corazón del iluso y solitario Duarte ya estaba latiendo a mil.

La caminata se detuvo y ambos compañeros se despidieron.

-La pase muy bien- dijo con voz dulce Rumia.

-Ya veo- contestó Duarte.

-¿Quieres que nos veamos otra vez?- al decir esas palabras Rumia intentó mirar el alma de Duarte, usar su belleza y encantos para atravesar el pecho de aquel hombre.

La chica más guapa del primer año deseaba sentir ese amor, esa adoración a la que era adicta. Y casi en un acto reflejo apoyó su mano en el pecho de Duarte, para poder sentir su corazón latir salvajemente.

-No te pongas nervioso- bromeó de forma juguetona Rumia.

Pero el ambiente alegre y coqueto que se había formado se esfumó en un instante. La bella chica sintió un nudo en su garganta, y se fijo en los ojos marrones frente a ella. Ahí se dio cuenta que en esos ojos comunes había una oscuridad horrible. Un rayo negro que lo invadía todo.

-¿Pensaste que mi corazón iba a estar latiendo sin parar?- preguntó de manera sarcástica Duarte, mientras tomaba la mano de Rumia y la alejaba de su pecho.

-Yo…- Rumia quedó en shock.

Era la primera vez en toda su vida que le pasaba algo así; en el pecho de Duarte no sintió nada.

-Lo siento por ti, pero mis latidos no se aceleraron. Mi corazón dejó de latir hace mucho tiempo.