CapĂtulo 1
-Lloraba todos los dĂas, sin falta. Hasta que un dĂa no llore más. Y no sentĂ más. Estaba vacĂo.
Iñaki no sabĂa por quĂ© le confesaba eso.
Aquella tarde habĂa dejado el salĂłn de clases con un extraño presentimiento. Los pájaros que generalmente se paraban en las orillas de las ventanas del segundo piso de su colegio ese dĂa aleteaban de forma rara.
Se iba del colegio todos los dĂas a la misma hora. No habĂa nada que se lo impidiera, ni tampoco tenĂa nada que hacer una vez los docentes daban las clases por terminadas. Su vida se habĂa vuelto un bucle repetitivo e insĂpido, al igual que sus ojos.
Iñaki se sentaba en el medio de la clase, un puesto poco interesante, salvo por el hecho de que un poco más a la derecha se sentaba Rumia Willer, una extranjera. Considerada la más guapa de todo el primer año de preparatoria, ella era relativamente nueva, ya que habĂa llegado ese mismo año al colegio.
Desde su llegada, su enorme belleza cautivĂł a la mayorĂa de hombres de su curso y alrededores. Era una chica divertida, interesante, excelente conversadora, hermosa, y tenĂa una picardĂa en sus ojos que para unos chicos de preparatoria era algo completamente nuevo, y hasta prohibido.
Aun asĂ, las primeras semanas del año ningĂşn hombre pudo armar el valor suficiente para ir a hablarle. A pesar de que solo se trataba de una chica de cabello negro y poca estatura, Rumia emitia una presencia gigantesca. Y esto aumentĂł una vez se comenzĂł a relacionar con sus compañeros.
El primer valiente en ir a hablarle fue Lenny, un chico raro apasionado de la mĂşsica, que llevaba lentes grandes y sus paletas parecĂan de conejo. Sus esfuerzos fueron inĂştiles, sin embargo, ese dĂa Lenny demostrĂł que a pesar de todo, tenĂa valor. Aun asĂ, este acto heroico fue rápidamente olvidado, ya que a los pocos dĂas apareciĂł el segundo valiente: Junior.
Este particular sujeto tenĂa la caracterĂstica de ser rubio, pero más importante, ser el hermano menor del alumno más brillante de todo el colegio, Oterrio Valengo. Tanto era la luz de su hermano mayor, que muy pocas personas sabĂan el nombre de Junior; se le llamaba el Valengo segundo.
Pero no hay que confundirse. Oterrio no era el alumno de mejores notas, ese puesto lo ocupaba otra persona. Claro, las notas de Oterrio eran excelentes, pero su verdadera brillantez era en la comunicación con los demás. Era un tipo capaz de mover masas, electo presidente del consejo estudiantil dos años seguidos (en primer y segundo año), de gran carisma y abundante inteligencia.
Por otro lado, Junior era el desastre de la familia. Un tipo despistado, torpe, hasta flojo. Sin embargo, era divertido hablar con Ă©l, y era algo hiperactivo. Y cuando vio a Lenny hablando con Rumia Willer, supo que Ă©l tambiĂ©n debĂa intentarlo.
Rumia le siguiĂł el juego un par de dĂas, lo que hizo que Junior se ganara la envidia de todos en el salĂłn. Sin embargo, en una fiesta Rumia besĂł a otro compañero, un tipo alto y corpulento llamado David, que tambiĂ©n era extranjero. Esto causĂł un gran revuelo, y a los pocos dĂas se pudo ver a Junior llorando por los pasillos del colegio, lamentando su derrota y extrañando la salvaje manera en que Rumia hacĂa que su corazĂłn latiera.
Sea cual fuese esa forma de latir, tambiĂ©n afectĂł a David, quien a pesar de su personalidad más tĂmida y callada, tambiĂ©n cayĂł rendido ante los pies de Rumia. Esto durĂł algo más de tiempo, sin embargo, la timidez de David no pudo hacer nada ante las suaves palabras de Ronnie, un tipo de segundo año que logrĂł llamar la atenciĂłn de Rumia. Y asĂ como asĂ, el alto de David tambiĂ©n perdiĂł en el juego del amor, extrañando sus latidos acelerados.
Ronnie era conocido por ser un mujeriego y un buen deportista, además de tener una lengua inteligente. Por eso, Rumia tuvo más cuidado, ya que a pesar de todo, no era ilusa. Poco a poco la gente iba notando la maldad de los juegos de Rumia, y la inminente diversiĂłn que sentĂa al jugar con los corazones de sus compañeros.
La mayorĂa pensaba que Ronnie detendrĂa esto y le darĂa una lecciĂłn a la engreĂda de primer año, pero no fue el caso. Ya que unos meses despuĂ©s Ronnie tambiĂ©n cayĂł rendido ante los pies de la chica más guapa de primero, pero esta lo cambiĂł rápidamente por otro de tercer año.
Aun asĂ, esa derrota ayudĂł a Ronnie a centrarse más en el deporte, volviĂ©ndose uno de los mejores jugadores de basketball de la ciudad.
El sujeto de tercer año tampoco pudo manejar la malicia de Rumia, quien provocó una pelea, ya que fue vista coqueteando con uno de los Onald.
Los Onald eran dos hermanos, que en realidad no eran hermanos. Sus nombres eran Donald y Ronald, y siempre se les veĂa juntos, como si se tratase de gemelos. Pero la verdad era que no compartĂan ningĂşn parentesco de sangre. Simplemente llevaban siendo amigos una vida entera. Eran como uña y carne.
El punto es que Rumia coqueteo con uno de ellos, y esto llegĂł a los oĂdos del sujeto de tercer año. Esto hizo que se pusiera colĂ©rico, y quiso saber de inmediato cuál de los dos Onald era el culpable. Lamentablemente nadie supo decir cual era, asĂ que el de tercer año golpeĂł a los dos por igual, causando una pelea que se hizo noticia por todo el colegio.
La pelea no quedĂł en nada, pero al dĂa siguiente Rumia mandĂł a volar al de tercer año, quien tambiĂ©n quedĂł extrañando los acelerados latidos de su corazĂłn. Todos pensaron que tras eso los hermanos Onald intentarĂan jugar sus cartas con Willer, pero la verdad es que nunca lo hicieron. Entendieron que esa chica solo significaba problemas.
Un tiempo después el siguiente jugador fue Mikens, un sujeto conocido por su cicatriz en su hombro derecho, hecha por un tipo llamado Niels. Poco se sabe de la relación entre Rumia y Mikens, salvo que terminó con el resultado de siempre. Fue tanto el golpe para Mikens, que se replanteó toda su vida, y se cambió de colegio, transfiriendose a la capital en busca de cumplir sus sueños más profundos y olvidar los latidos acelerados de su corazón.
Al dĂa siguiente de que esto sucediera, los rumores estallaron en el colegio, culpando de todo a Rumia, quien en realidad sĂ era culpable. Pero la bella chica se sintiĂł abrumada ese dĂa, asĂ que decidiĂł alejarse de la gente y sentarse en su asiento. Buscaba resguardarse en la seguridad de su salĂłn de clases.
Esa fue la primera vez que habló con Iñaki. Él también estaba sentado en su asiento, sin hacer nada, como siempre. En el salón solo estaban ellos dos, ya que era la hora de almuerzo.
Rumia aprovechó de despejar su mente y miró alrededor, analizando los asientos y las mesas de las personas. Mil cosas pasaban por su cabeza, pero entonces sus ojos se percataron que no muy lejos de ella estaba sentado Iñaki.
Por primera vez desde que habĂa pisado el colegio, Rumia apreciĂł los vacĂos y huecos ojos grises de Iñaki. Tan huecos que dentro de ellos podĂa caber el mundo entero.
-Hola- dijo Rumia, una vez saliĂł de la hipnosis que le provocaron esos ojos Ăşnicos.
-Hola- contestó Iñaki.
Nadie dijo ninguna otra palabra. Tras eso la gente empezĂł a entrar al salĂłn, y el dĂa continuĂł como siempre. E Iñaki se fue a la hora de siempre. Todo pareciĂł seguir su curso natural. Casi todo. Lo que pasa es que despuĂ©s de ese suceso la reputaciĂłn de Rumia quedĂł en lo más alto, y ya todos eran conscientes que era una sádica rompe corazones, por lo que sus oportunidades se vieron altamente reducidas en general.
Esto la estresĂł y enojo. Pero no se iba a rendir fácilmente, asĂ que con la ayuda de algunas amigas comenzĂł a buscar a otro posible candidato, aunque fuera difĂcil. De esta forma empezĂł una bĂşsqueda, que realmente fue complicada. En solo unos pocos meses Rumia habĂa roto muchos corazones. Las alertas estaban en su punto más alto.
Y justo cuando Rumia perdĂa la esperanza, apareciĂł un candidato. Se trataba de un chico de su clase. No era nada popular y tampoco muy atractivo, pero servirĂa para entretener a Rumia y saciar un poco su malicia.
Se trataba de Franz Duarte. Su aspecto era común, su contextura también, su cabello igual. Sus ojos eran marrones. Una presa fácil y sencilla para la reina abeja que representaba Rumia.
Ella se acercĂł a hablarle una tarde. Duarte se sentaba al fondo de la clase. Al parecer era alguien solitario. La rompecorazones iba muy confiada, pero al hablar con el chico sintiĂł una energĂa extraña. De todos modos, coqueteĂł audazmente con Ă©l y lo invitĂł a salir un sábado. Duarte obviamente aceptĂł.
El sábado llegĂł, y ambos compañeros de clases se encontraron. Pasaron casi todo el dĂa juntos. En esas horas Rumia empleĂł todas sus estrategias para enamorar a Duarte, para que sintiera que ella era un ángel caĂdo del cielo, una luz que habĂa llegado para iluminar su vida y cambiarla para siempre. Un antes y un despuĂ©s. Rumia serĂa el gran amor de Duarte, al igual que de todos los que vinieron antes, y los que vendrán despuĂ©s. Sin importar quien sea, el resultado será el mismo.
Rumia siempre ganaba. Ella entendĂa a los hombres, comprendĂa sus corazones a la perfecciĂłn. Y al jugar con ellos y llevarlos a lo más alto, para justo en el momento de mayor gloria tirarlos abajo con todas sus fuerzas, era lo que más le encantaba en el mundo. Era como sostener esos preciosos corazones con sus propias manos y tener un control completo.
El dĂa llegaba a su fin. Rumia y Duarte caminaban por la orilla de un parque. La bella chica sabĂa que necesitarĂa algunas semanas para lograr su cometido, pero estaba segura que el corazĂłn del iluso y solitario Duarte ya estaba latiendo a mil.
La caminata se detuvo y ambos compañeros se despidieron.
-La pase muy bien- dijo con voz dulce Rumia.
-Ya veo- contestĂł Duarte.
-ÂżQuieres que nos veamos otra vez?- al decir esas palabras Rumia intentĂł mirar el alma de Duarte, usar su belleza y encantos para atravesar el pecho de aquel hombre.
La chica más guapa del primer año deseaba sentir ese amor, esa adoración a la que era adicta. Y casi en un acto reflejo apoyó su mano en el pecho de Duarte, para poder sentir su corazón latir salvajemente.
-No te pongas nervioso- bromeĂł de forma juguetona Rumia.
Pero el ambiente alegre y coqueto que se habĂa formado se esfumĂł en un instante. La bella chica sintiĂł un nudo en su garganta, y se fijo en los ojos marrones frente a ella. AhĂ se dio cuenta que en esos ojos comunes habĂa una oscuridad horrible. Un rayo negro que lo invadĂa todo.
-¿Pensaste que mi corazón iba a estar latiendo sin parar?- preguntó de manera sarcástica Duarte, mientras tomaba la mano de Rumia y la alejaba de su pecho.
-Yo…- Rumia quedó en shock.
Era la primera vez en toda su vida que le pasaba algo asĂ; en el pecho de Duarte no sintiĂł nada.
-Lo siento por ti, pero mis latidos no se aceleraron. Mi corazĂłn dejĂł de latir hace mucho tiempo.








