Despedida
Los relatos cuentan como al inicio de todo lo que conocemos, cuando no existía la luz, ni la oscuridad, ni la energía, ni la materia, apareció de repente un ser brillante similar a una mujer de piel pálida, con cabello largo y oscuro como una sombra, una mirada profunda de sus ojos violetas y un cuerpo delgado cubierto por su vestido largo y blanco como las nubes. Jamás nadie la ha visto, pero por estos cuentos todos la recuerdan como “La dama blanca”, su existencia es algo difícil de entender y aún más difícil de explicar. Hay quienes no creen en ella y quienes le tienen gratitud, pero la verdad es que su poder es tan enorme que es imposible para nosotros explicar lo que hace y porqué lo hace, no podemos saber como lo hizo, ni tampoco lo que hará después, no está en nuestras manos juzgarla y mucho menos castigar a quienes no la adoren, podemos escuchar cómo creó los 7 planetas conocidos por la humanidad: Balguia, Dalguia, Falkia, Rádan, Vaskia, Lubia y Lapria; antes que cualquier otra cosa en el universo y preguntarnos ¿porque? o ¿qué tenemos de especial?
Muchos creen que en su infinita bondad quiso compartirnos parte de su poder, así que bendijo a cada planeta con un don llamado milagro, pero no todos son como el nombre los hace parecer. La Vida, la sanidad, el conocimiento, la creación, la destrucción, la muerte y la peste son las bendiciones que se nos dieron, humanos nacidos con ojos brillantes y habilidades ocultas.
El resto del universo se forjó para la prosperidad de los planetas bendecidos, se dice que somos el centro de todo, el inicio y la mayor creación de La Dama Blanca -Contó Ray- Ojalá les haya gustado porque ya es hora de que se duerman, niñas.
-No, tío, por favor cuéntanos más.- Dijeron las gemelas con una expresión triste.
-No se preocupen, mañana les termino de contar. -Dice acariciando sus cabezas- Buenas noches, Jade- Ray besó su cabeza.
-Buenas noches, tío Ray- dijo la niña
-Buenas noches, Bella- besó a la otra niña en la frente.
-Buenas noches, tío.-
-Las quiero mucho, niñas, que duerman bien.-
Ray se dirige a la cocina donde estaba Valentina, su hermana.
-Odio tener que irme, pero mañana tengo que estar en Falkia.-
Valentina le contesta -¿Aún no te dejan en paz?-
-Creeme, yo más que nadie quisiera haber nacido sin esto. -Dice Ray angustiado- Hasta donde sé, voy a juicio y nunca sale nada bueno de eso.
-¿Qué más quieren de tí?- Dice cansada
-No lo sé, pero pase lo que pase, todo va a estar bien y te prometo que nos volveremos a ver.-
-Más te vale, esas niñas parece que te quieren más a tí que a mí… Yo también te quiero, no hagas ninguna estupidez, ¿Me oíste?-
-Tranquila, también las quiero- Ray abraza fuerte a Valentina para despedirse.- Buenas noches, te aseguro que no se desharán de mí tan fácil.
A la mañana siguiente, desde muy temprano Ray se preparó, ese día se decretaba una nueva ley y aunque él no lo sabía, se decidiría si podría volver a ver a su familia o si no volvería a moverse jamás.
Valentina despertó bruscamente con los azotes de los oficiales en su puerta y apenas alcanzó a despedirse somnolienta y torpemente de Ray.
-Vámonos pronto, no quiero que mis sobrinas me vean así- dijo Ray al abrirles.
Lo esposaron pronto y con una sonrisa se despidió de su hermana y su hogar.