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Box, box...en mi cama

Summary

Colección de one shots 🔥 de la F1. ChicoxChico Parejas principales: Chestappen Charlos Gewis ⚠️Sobre los rookies, no habrá historias de este estilo hasta que tengan más edad.

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Jeans nuevos✨

[OS inspirado en esta preciosa imagen de Checo 🔥]

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Cuando Checo salió de la sastrería y volvió a casa, esperaba todo menos encontrar a su ex compañero de equipo saliendo de la ducha, con apenas sus boxers Ralph Lauren encima.

Max había volado a Guadalajara apenas después de la presentación de los Livery para pasar con él, sus últimos días de descanso.

—Llegaste.— le dijo con una sonrisa pícara en la cara, notando el sonrojo de Checo, ese que hacía resaltar sus bonitas pecas. Conocía bien el efecto que tenía sobre él cada que tiene el cabello húmedo y despeinado, sin contar su físico en forma. Los hombros y brazos anchos, los pectorales pronunciados, sus piernas torneadas.

—Sí.— respondió Checo sintiendo la boca seca. Max conocía sus puntos débiles más de lo que quisiera.

El rubio barrió la imagen de Checo, de pies a cabeza; deteniéndose en dos zonas que siempre le habían gustado: sus pechos y sus caderas. Aquella zona lucía encantadora en los jeans ajustados que decidió usar ese día antes de salir de casa. Verlo así, con sus curvas marcadas lo hizo sentir celos de todos los que lo habrán visto en la calle. Y peor, que el sastre tuvo la osadía de fotografiar y compartir con el mundo. Esas piernas, ese pecho, esa sonrisa eran solo suyas. No estaba dispuesto a compartirlas con nadie.

—¿Cómo te fue?— preguntó a la par que se acercaba a Checo. El pobre comenzaba a hiperventilar así que no pudo escapar cuando Max lo sujetó con fuerza de la cintura, pegándolo a su torso desnudo. El de pecas, por instinto, acomodó sus palmas sobre aquella piel aún húmeda por el baño.

—Bien. El traje estará en dos semanas para nuestra boda.—

Max sonrió, feliz por aquellas palabras. Checo sería solo suyo en tan poco tiempo.

—Hoy te ves…delicioso.— susurró la última palabra muy cerca del oído del mexicano, cosa que lo hizo temblar un poco; arrancando una suave risita de su posesivo amante. —Y también hueles exquisito.— Max se atrevió a besar apenas el cuello de Checo, un ligero roce que le puso la piel de gallina.

—Maxie…— gimió suavemente. El comentario que había colocado en la publicación de la sastrería causó en él más que un rubor, deseaba que el tonto y siempre hormonal rubio cumpliera su palabra. Por eso, verlo así, con casi nada encima; había sido una clara afrenta a su cordura.

—¿Sí?— respondió Max fingiendo inocencia.

—Bésame.— pidió. A su amante le encantaba cuando Checo se deshacía casi en sus brazos y le rogaba por algo en particular.

No perdió tiempo así que hundió su lengua en la boca del mexicano, con quien compartió un beso candente que puso a los dos más sensibles todavía. El aire empezó a llenarse de esa tensión sexual que anticipaba un encuentro más profundo y placentero.

—Te deseo.— confesó Max como si fuera algo nuevo.

—¿Pondrás mis piernas como tus aretes?— preguntó el más bajo, logrando hacer reír a Max.

—Las usaré hasta de bufanda si tú quieres.—

Checo terminó por ruborizarse. Sus orejas eran muestra de ello, pero no dijo nada; se limitó a asentir mientras se ponía de puntitas para besar a su novio. Max no tardó en apretarlo contra su pecho, como queriendo fundirlo a su cuerpo; sintiendo su parte baja ya abultada, rozar con otra que estaba en las mismas condiciones.

—Vamos a la cama.— pidió Checo entre besos. Con ayuda de Max, tomó impulso para rodear con esas piernas aún enfundadas en sus apretados jeans, la cintura de su amante.

Max lo llevó consigo y lo depositó sobre las almohadas con cuidado, sin dejar de besar aquellos dulces labios. Poco a poco, las manos de ambos exploraron el cuerpo ajeno, siendo Checo el que mayor contacto logró.

El rubio, impaciente como de costumbre; le arrancó la playera blanca para hundir sus labios en aquel pecho, besando y mordiendo los dos pequeños botones marrones que sabían a miel. Checo solo atinaba a gemir y jalar suavemente de los cabellos color oro, sintiendo los estragos de aquella lengua sobre sí mismo.


Max trazó un camino de besos húmedos cada vez más al sur, hasta llegar a sus caderas anchas. Se atrevió a apretar los muslos regordetes por encima del pantalón y una idea vino a su mente. Con cuidado, giró a Checo sobre la cama, dejándolo boca abajo. Acarició sus dos mejillas traseras, a las que incluso golpeó suavemente. El mexicano brincó de emoción. Disfrutaba de los besos en su espalda y de las manos de su hombre recorriendo su silueta. De pronto escuchó una tela rasgarse. El sonido lo hizo mirar sobre su hombro y entonces comprendió lo que ocurría.

—Max, no…— intentó detener a su novio, el cual acaba de rasgar sus jeans.

—Quiero cogerte con ellos puestos.— dijo.

—Eran nuevos.— Checo puntualizó algo molesto por perder un par recién comprados y que aparte le encantaban.

—Te compraré 100 más si quieres.— Max se estiró lo suficiente para poder besarlo. Checo no pudo más que corresponderle.


Mientras se besaban, el rubio hizo más grande la rasgadura y aprovechó el espacio para tentar aquel trasero esponjoso por encima de su ropa interior. La suya estaba levantada como una tienda de campaña, humedeciéndose más y más con cada minuto y caricia dada. Checo comenzaba a gemir, presa de sus instintos. La desesperación empezaba a surgir en su vientre, por lo que se hizo con una almohada a la cual apretaba con fuerza, llegando a morder una punta de ella.

Max bajó sus boxers lo suficiente para dejar libre su erección, la cual tocó de punta a base usando su propio líquido preseminal para lubricarse. Sintiendo cerca el orgasmo, detuvo sus caricias para hacer a un lado la ropa interior de Checo, dejando a la vista su mejilla derecha. El rubio la separó para apreciar la pequeña y rosada entrada que se apretaba a la nada.

—Perfecto.— murmuró.

—Max, ponlo dentro.— pidió. Quería sentir que lo llenaba hasta el fondo.

—Debo prepararte para ello.—

—Hazlo rápido.—


Ante aquella petición, Max buscó el lubricante en la mesita de noche, roció un poco del líquido frío en sus dedos; mismos que llevó a aquel agujerito y talló.

—¡Maxie!— gritó Checo, alzando las caderas deseoso de sentir esas largas falanges en su interior. —Ahgmm…—

Poco a poco, el rubio cumplió su deseo, penetrándolo suavemente con sus dedos hasta que pudo meter tres y moverlos a una buena velocidad, provocando que Checo se retorciera y gimiera desesperado. Alcanzó casi el orgasmo cuando Max se dedicó a besar su espalda, cuello y nuca a la que incluso mordió primitivamente sin llegar a causar verdadero daño. —¡Max!— volvió a gritar.

Su amante se masturbaba al ritmo de las embestidas de su mano; cuando sintió nuevamente el orgasmo llegar, acercó su erección rojiza y venuda a la entrada de su futuro esposo. Metió la punta con un poco de esfuerzo dada la estrechez de Checo. Este gimió con fuerza, sin embargo empujó su cadera hacia atrás, buscando mayor placer. Max no dudó en darle lo que necesitaban ambos. Sin prisa pero tampoco siendo un salvaje, se deslizó dentro de aquel canal húmedo y angosto. Ambos gimieron, resoplaron para darle un poco de oxígeno a su embriagado cerebro.

Las embestidas comenzaron. Checo se aferró a las sábanas y Max a sus caderas, donde hizo ancla para aumentar el ritmo, llegando a golpear su trasero con su pelvis, haciéndolo rebotar sobre el colchón. Era una suerte que no tuvieran cabecera, habían decidido no colocar una para así no delatarse ante los vecinos. Estaban seguros que el ruido de sus voces era más que suficiente para informar al maldito edificio entero que estaban cogiendo como unos degenerados. Pero en esa posición, solo si prestaban atención, se darían cuanta que Max era el único que llenaba el aire con sus gruñidos mezclados con palabras amorosas dedicadas al mexicano que se retorcía bajo su calor.


Sumido en el éxtasis del orgasmo, Max rompió un poco más el pantalón de Sergio al igual que sus calzoncillos; liberando finalmente su semen dentro de él mientras dejaba a la vista aquel trasero de ensueño, algo rojo a causa del impacto, adornado con una pequeña entrada profanada de la que escurrían delicadas hebras lechosas. Max entonces volteó a Sergio una vez más pero ahora para dejarlo boca arriba. Devoró con la mirada a su futuro esposo y lo encontró tiernamente sensual. Checo tenía los ojos turbios por el deseo, aún así en ellos resaltaba ese tono verdoso que le hacía temblar las rodillas.

Sus labios húmedos estaban entreabiertos y de ellos escapaban suaves gemidos y su cabello negro incitaba a hundir las manos en esos suaves mechones perfumados con olor a cereza.

—Te amo.— dijo Max. Sabía que no importaba cuán rudo y sucio pudiera ser el sexo que tenían, siempre encontraba la manera de ser tierno y dulce con ese hombre que lo volvía loco. Checo sonrío y le lanzó un beso, entonces el deseo volvió a él como si no acabara de venirse. Sin resistirlo, levantó las piernas aún cubiertas por el pantalón roto. Bajó la prenda hasta quitársela y llevó ambas pantorrillas a sus hombros.

Checo rió. —¿Nuevos aretes?— preguntó.

—Son hermosos, ¿no crees?—


El mexicano volvió a sonreír. Su miembro se alzaba orgulloso en su vientre, esperando su oportunidad por liberarse.

Max se deleitó en la perfección de Checo y sin más, hundió su cara entre esas suaves almohadas y lamió el agujero de Checo, quien; aún sensible, soltó un gemido. El rubio se dedicó a besar, lamer y beber su propia semilla que brotaba de la entrada rosada y rebosante. Checo jalaba las sábanas sintiendo que se iba a morir a causa del placer. En un punto, su prometido llevó sus besos al frente y chupó con esmero su entrepierna que rogaba atención. Checo soltó más gemidos que se unieron a los chapoteos obscenos que producía la boca de Max. Ahora sí molestarían a sus vecinos, pero poco les importó.


Siguió recibiendo besos y lengüetazos que lo llevaron al paraíso, donde tocó las estrellas. Sus ojos se fueron al blanco, su audición se aturdió y el grito de su garganta se ahogó en el dulce placer que Max le brindaba.

Cuando el orgasmo dejó de sacudir su cuerpo, Checo recobró un poco la cordura, encontrando a su amante con una enorme sonrisa en la cara. Max amaba cogérselo cuál ninfómano y él simplemente se dejaba, le seguía el juego porque en el fondo sabía que Ocon tenía razón. Sergio bien podía ser una estrella porno, pero era algo que solo el rubio podría tener.

—Te amo.— pronunció Checo con la voz aún débil.

—Te amo once veces más.— respondió Max como acostumbraban entre ellos. Entonces, el rubio bajó delicadamente las piernas torneadas de su amante y se tumbó a su lado. Checo giró para quedar frente a él, en la seguridad de su pecho. Max lo acercó a él y con amor, lo abrazó.

Se dieron de tiernos besos y mimos. El after care entre ellos era algo que Checo y especialmente Max, disfrutaban de sobremanera. Era la mejor forma de hacerse saber que se amaban y que no solo era sexo.

—Entonces, ¿me vas a comprar otros jeans?—

—Por supuesto, solo con una condición.—

—¿Cuál?— preguntó Checo un poco cauteloso. Max de pronto tenía ideas alocadas que en ocasiones, lo hacían ir más lejos de lo que esperaba; aunque siempre cedía y terminaba aceptando que había sido genial.

—Si son como los de hoy, prométeme que jamás volverás a usarlos en público.—

—¿Por?— eso no lo vio venir. Pensaba que le diría que comprarían jeans más ajustados, casi como los de él; y volverían a usarlos para tener sexo desenfrenado.

Max buscó su celular en la mesita de noche, la misma donde había dejado el lubricante.

—Por esto.— le enseñó la pantalla donde había varias publicaciones y comentarios subidos de tono sobre la apariencia de Sergio. Este se rió con ganas.

—Sabes que siempre dicen cosas de mí.—

—¿Y eso debe hacerme feliz?— un poco ofendido, Max respondió. Era celoso como la re chingada y no importaba si era un inocente saludo o un halago a su apariencia, cualquier atención que recibiera su prometido lo hacían cabrear y pensar que querían tirárselo. Algo que para desgracia del rubio era más frecuente de lo que le gustaría y que sus celos detectaban.

—Debería.— dijo Checo, dándole un beso en los labios. —Ellos, todos; pueden decir lo que quieran e incluso imaginárselo.— volvió a besarlo, comenzando un nuevo juego sensual. —Pero solo tú, Max…— dijo antes de depositar otro suave beso, apartándose cada vez menos de sus labios y de llenar el ambiente a su alrededor de deseo, mismo que fue despertando en el rubio. —…solo tú conoces…— otro beso. —…mis puntos débiles…— uno más que despertaba la zona baja de su compañero. —…cómo soy cuando llego al orgasmo y gimo tu nombre.— Max esta vez lo besó. —Solo tú, mi león.—

Verstappen perdió el sentido de todo y se abalanzó sobre el mexicano, comenzando una nueva ronda que culminó con ambos jadeando y las piernas temblorosas. Con chupetones por todo el cuerpo, caricias incontables y con unos vecinos sorprendidos por el escándalo que aquellos dos habían armado; causando envidia en unos, enojo en otros y risas en muchos de ellos; incluyendo a los dos responsables.


----------Fin.

Let Marise 🩵✨ know what you thought about this chapter!
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Good Writing

3

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Great Character

2

Great Character

Strong Dialog

1

Strong Dialog

author

Amo muchito la historia, gracias por volverla a subir
según recuerdo (vagamente) después de jeans nuevos
leche
viene cachorro y cascada después la memoria me falla 🐱🔫

7 months
2

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