Loto Vagante

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Summary

—Él es un joven detective que fue instruido desde que tiene uso de razón. En el trayecto de su vida o hasta donde él tiene memoria, resuelve casos que ponen a prueba su talento. »Una sombra ajena seguirá su huella sin cansancio al haber resuelto un misterio en específico; sin querer, el joven detective descubrirá los deleites propios del ser humano junto con la última hija del patrimonio Loirellei. —¿El entrometido detective sucumbirá a los deseos retorcidos de aquella sombra? —Señorita Loirellei, enfóquese. —¡No me interrumpas en mi monólogo!

Genre
Mystery
Author
Noctorin
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Misterio en el Edificio Nova 1

Misterio en el Edificio Nova 1

—¡Oh, Dios! ¡He aquí tu fiel cervatillo! —susurré, asomando mi cabeza por la ventanita de mi habitación—. ¡Sé que de mis labios las pestes ronronean, sé que de mis ojos los desprecios juzgan, y sé que mi alma no aparenta la dulzura de mi ser! —Algunas lágrimas rodaron por mis mejillas—. ¡Oh, Dios! ¡Ten piedad de mí, belle poupée, y a tus ángeles hazles saber! —Me alejé de la pequeña ventana mientras acomodaba mi precioso vestido adornado con rosales.

—¿Me habré escuchado creíble? —pregunté para mí, sentándome en la apestosa manta del piso. Pateé la almohada.

¡¿Quién diría que yo, Margueriette Loirellei, hija legítima del patriarca Loirellei, terminaría en este circo?! ¡Ni siquiera es un circo! Se supone que los circos son causantes de la felicidad, permitiendo deslizar las tragedias sobre tu espalda y hombros.

¡Pero esto no es así! Al contrario, en vez de empalmarme de aquellos sentimientos gratos, me estoy ensuciando de mugre, estoy pasando hambruna, mis rizos parecen los bigotes de mi minette, Beau Missieu-Mollie de Bombón cuando le doy leche en vez de Royal Milk Tea para beber. Aunque esa bebida ni siquiera es francesa.

Más que un circo, ¡esto es un espectáculo de fenómenos! Así es, ahora mismo podría estar en el jardín de la residencia Loirellei. Podría estar saboreando una deliciosa tartaleta de frambuesa, así como admirando las flores con mi Beau Missieu-Mollie de Bombón. ¿Te encontrarás bien sin mí, mi minette? ¡La extraño tanto!

¿Por qué esto no es más que un espectáculo de fenómenos? Se abre el telón entonces. El comienzo de esta obra resulta muy misteriosa. La cabeza de mi familia, el imponente patriarca Loirellei, decidió enviarme aquí diciendo que era una excelente oportunidad para formar lazos y construir fuertes relaciones para un futuro no muy lejano.

Somos una familia de detectives que llevan operando desde hace algunas décadas. Es de entender que tener una pulcra reputación entre colegas detectives resulta muy útil en el ámbito del trabajo. ¡Pero yo no quiero ser colega de estos fenómenos!

Se suponía que uno de mis hermanos con más experiencia tendría que haber venido en mi lugar. No fue hasta que mi patriarca se entrometió y empezó a persuadirme para que fuera yo. «Es necesario que un detective se relacione con los suyos», «no debes distraerte de tus deberes como detective», «ya es tiempo de que cumplas mis órdenes, si me llegas a decepcionar entonces arreglaré un matrimonio para ti» ¡Y más basura y pérdida de tiempo!

Y ahora mismo estoy tratando de no estropear uno de mis vestidos favoritos. Me encuentro en el edificio Nova, ¿o fortaleza? ¿Imperio? No recuerdo el nombre, para ser un edificio bastante pobre tiene prefijos muy aristocráticos.

El patrimonio Nova, donde el patriarca es Nova-Oowen, un señor de estatura baja, peso elevado y una gran sonrisa en su rostro. Te da la impresión de ser un panqueque por lo amable y suave que es. Se trata de una familia de detectives japoneses algo reconocidos, se encuentran por debajo de mi familia.

Luego están los gemelos Makabí y Wobarí. Había un tercer gemelo, Kuramí, pero las malas lenguas cuentan que fue asesinado por un criminal al tratar de resolver un misterio. Ahora que lo pienso, ya no serían gemelos sino trillizos, ¿o cómo se les dice a los gemelos cuando son tres hijos?

Nos quedamos con los gemelos que quedaron. Makabí es un hombre alto, del tamaño de un refrigerador. El poco cabello que tiene forma un camino alrededor de su cabeza, como los papas o los obispos. Parece un monje, pero a diferencia de las túnicas y harapos está usando un traje púrpura, como el ametista. Un monje moderno con un semblante de narcisismo.

Wobarí es todo lo contrario. Él es un poco más pequeño que su gemelo y también es muchísimo más delgado. A comparación de su hermano, Wobarí no tiene ni un solo cabello. Su cabeza desnuda parece la perla de un molusco. Está usando un bonito traje verde, como la esmeralda. Él me da escalofríos, su semblante parece muy triste.

Tengo entendido que los gemelos se parecen entre sí, ¡pero estos no se parecen en lo absoluto! ¡Ni siquiera en la mirada! Trataré de no cruzar el camino con ellos dos.

Pero el más intrigante de todos ellos, es él. ¿Cuál era su nombre? No lo puedo decir… ¡Y es que en verdad no lo puedo pronunciar! ¡¿Cómo se le ocurre a los padres de ese chiquillo nombrar así a su propio hijo?! ¿Será francés? No, ese juego de palabras no es propio de Francia. ¿Será italiano? Puede ser, ya que las dos últimas letras de su nombre encajan si las pronuncias con el acento marcado del país.

Parece una castaña. Es un joven de unos quince años. Su cabello castaño es frondoso y abundante, no tan largo ni tan corto. Sus ojos son como dos avellanas. Su piel es cremosa, no como la nata pero tampoco como el chocolate. Su semblante me transmite paz.

Tiene puesto unos pantalones cortos de cuero, una chaqueta del mismo material y una camisa de vestir blanca sin mangas. Entre sus manos carga un maletín también de cuero, ¿qué tiene con el cuero? y en su rostro una expresión calmada. Su tamaño vendría siendo la mitad de un refrigerador.

¿Qué hace un joven como él aquí? Es lo que me pregunto. Trato de pensar en los patrimonios pero no concuerda con ninguno de los hijos de los patriarcas. Parece muy pequeño como para ser detective. Comúnmente reciben entrenamiento cuando estás apunto de ser un adulto.

En algunos patrimonios donde las exigencias son un mártir del día a día, ese entrenamiento inicia incluso antes, así los más pequeños se van adaptando desde la infancia a la cruel vida del detective. Y es que ser detective es muy cruel, al menos para mí. ¡Yo solo quiero pasar tiempo con Beau Missieu-Mollie de Bombón y probarme todos los vestidos que existen en Francia!

Ahora me encuentro en una de las habitaciones del Edificio Nova: una manta y una almohada en el piso y ya está. ¡¿Cómo se les ocurre que voy a dormir en estas condiciones?! ¡Incluso la servidumbre de mi residencia duerme con mejores comodidades que estas!

El Edificio Nova es peculiar. Parece un cuadrado gigante y cuenta con tres niveles.

En el primer nivel hay una alfombra larga con patrones y texturas de colores opacos, en las esquinas se encuentran cuatro preciosos jarrones de porcelana con dibujos de lo que parecen ser geishas, los detalles hechos con una precisión digna de admirar. En el fondo del primer nivel se encuentran unas escaleras que conducen al segundo nivel.

En el segundo nivel hay dos largas mesas con unos preciosos manteles de seda: una con aperitivos y la otra sin nada encima.

En ambos extremos de la mesa vacía se encuentran dos pequeñas habitaciones, los sanitarios. El sanitario para el sexo masculino está cerca de las escaleras que conducen para el tercer nivel. En el segundo nivel se encuentran los mismos jarrones de porcelana pero estos son más grandes que los del primer nivel.

En el tercer nivel hay cuatro habitaciones en cada lado del cuadrado. En el tercer nivel también hay presencia de los jarrones de porcelana pero estos son más grandes que los del primer y segundo nivel.

Las habitaciones son muy simples, un espacio cuadrado con una manta y una almohada en el piso. No hay mesas, ni pinturas, ni armarios. Solo hay una pequeña ventana en la pared que permite dar la luz en el día y la oscuridad en la noche. Son las únicas ventanas en todo el edificio.

Cabe mencionar que no he explorado los sanitarios. ¡No me imagino ingresando a un espacio tan repugnante como ese!

¿Qué es lo que pone mis lindos rizos de punta? ¡Que estamos en una recóndita isla! ¡Somos cinco personas, un bloque con nombre del patriarca Nova, arena con tierra y olas del mar!

Fui la penúltima persona en aterrizar. Mientras debatía con Beau Missieu-Mollie de Bombón si venir a este calabozo o no, un entrometido helicóptero agitaba sus aspas tratando de llamar mi atención… lo cual logró porque no dejaba de hacer ese aturdidor ruido.

Recuerdo que estaba orando con ambas palmas tocándose entre sí, clamando a Dios que el helicóptero no partiera de las tierras Loirellei. El cacharro no parecía funcionar porque no despegaba y yo ya estaba apunto de bajarme triunfante, pero el piloto me detuvo y me gritó con un pésimo francés, diciendo que no podía avanzar si yo no tenía el cinturón de seguridad puesto. ¡Vaya suerte la mía!

El resto del vuelo me deje deslumbrar por el escenario que mis ojos de muñequita de felpa veían. Desde la paleta de colores de los cielos y el rítmico danzar de los mares. Estaba tan distraída que no me di cuenta del momento en el que apareció la silueta del Edificio Nova.

Cuando bajé del helicóptero —evitando que mi vestido con adornos de rosales se subiera por los fuertes vientos que causaban las aspas—, observé a los participantes del evento y, claro está, el pésimo gusto que tienen al vestir.

Apenas mis zapatos tocaron el suelo, el helicóptero se fue en marcha.

Desconocía la razón de mi presencia en este lugar, pero antes de abandonar las tierras Loirellei se me entregó un sobre con decoraciones brillantes y una gran insignia naranja con la letra «N» sellando el contenido.

Tal parece es el aniversario del patrimonio Nova, su patriarca realizará un aniversario y solicitó la presencia de uno de los nuestros. ¡Y tuve el infortunio de ser yo la elegida!

—¡Pero mira a quién tenemos por aquí! —gritó el patriarca con entusiasmo al observar que pisaba tierra firme— Esos preciosos ojos y esos dorados cabellos los reconocería aquí y en Ginza —aplaudió con ambas manos.

—¿Asceff? —preguntó uno de los gemelos con curiosidad, Makabi le dio una ojeada a mi apariencia—. No, sus facciones son más delgadas y menos toscas.

—¿Harthorn? No, se ve más joven y tiene una estatura por debajo de la media —continuó Makabi—. ¿Loirellei? —concluyó finalmente.

El otro gemelo, Wobarí, de cabeza redonda y brillante, me miraba con su semblante serio y triste.

—Así es —dije con una voz suave, característica de mi dulce ser—. Soy miembro del patrimonio Loirellei —extendí una de mis manos en un intento de saludo.

—¡Vaya sorpresa! —dijo el patriarca Nova—. Creí que alguno de tus hermanos vendría al evento del día de hoy —estrechó mi mano con sus manos sudorosas. En cuanto sentí mi mano liberarse de la suya, limpié disimuladamente los rastros de sudor en mi vestido—. Me imagino que te encuentras en la etapa de querer explorar el mundo entero. ¿Cuál es tu nombre jovencita? —preguntó con una mano en sus caderas.

—Margueriette —dije con dulzura. Mis rizos campaneando como espiroquetas, mis ojos como adamitas reflejando la luz radiante del día, mi vestido moviéndose en sintonía con el viento—. ¡Oh! Aquí tiene la carta que se me entregó —fingí sorpresa. Con un ademán sofisticado alcé el dorso para entregar la carta de bonitos colores. El sello naranja con la letra «N» se encontraba roto.

El gemelo calvo arrebató sin cuidado la carta de mis manos y el gemelo obispo se carcajeó ante dicha acción.

—¡Vamos chicos! —Nova codeó a ambos gemelos—. No los críe para que fueran unos aguafiestas —se dirigió a Wobarí y le dio una palmada en la espalda—. La joven Loirellei tuvo un largo viaje, debemos recibirla con un gran trato. Estoy seguro de que está cansada, ¿no es así? —sus ojos se encontraron con los míos. ¡Oh Dios, quiero irme de aquí cuanto antes!

—Eh…

Quería responder pero mi voz no se escuchaba. No porque yo no quisiera, sino que un aturdidor ruido tomaba presencia entre nosotros. Nos quitaba el escenario.

Por un momento pensé que el piloto se había olvidado de algo. ¿Tal vez mi bolso? No, lo tengo aquí entre mis brazos. ¿Qué tal la carta de invitación? ¡No! La acabo de entregar. ¿Entonces por qué está de vuelta ese pedazo de metal flotante?

Pero fue grande mi equivocación al pensar que era el mismo helicóptero del que llegué. Era un helicóptero completamente diferente.

Fue cuando lo vi por primera vez.

Esa figura tan frágil.

Creí que al piloto se le había caído una castaña, pero no era dicho fruto. Apenas sus botas tocaron el suelo, el helicóptero aleteó sus aspas y voló por los cielos.

Caminó con tranquilidad hacia nosotros, su cabello castaño adornaba su cráneo. Sus ojos como las avellanas y su piel como la miel. Se detuvo y acomodó con ligereza su camisa y sacudió su chaqueta. En una mano tenía un maletín y en la otra la carta de invitación.

—Tú no eres Eleusine —dijo Nova rascándose la barbilla—, al menos no el que yo conozco —se acercó hacia el joven, inclinándose para analizarlo con más cercanía—. ¿Quizá un conocido? O… ¿quizá un familiar?

El joven miró a los presentes, se detuvo en mi persona. Ahora lo entiendo: esa forma de mirarme, él cómo sus dos avellanas parecían escanear mi cuerpo entero. La respuesta está más clara que las aguas de esta isla.

¡Él está enamorado de mí!

El castaño abrió la boca, pero la cerró unos segundos después.

¡Cuánto dramatismo! ¡¿No puede simplemente responder a una pregunta tan sencilla?!

—¿Es necesario? —finalmente respondió con una voz suave pero varonil, acorde a los niños de su edad. Su rostro calmado.

Ese chiquillo era extraño, bastante extraño. Me recuerda a mi madre cuando esperaba a que le contara la verdad aún sabiendo que yo estaba mintiendo. Y a mi padre cuando esperaba a que acatara sus órdenes aún sabiendo que yo no iba a hacerlo.

—¿A qué te refieres? —preguntó Nova con un tono desconcertado.

—Que si es necesario responder su pregunta —dijo el menor, afilando la mirada con determinación.

¡Qué grosero es! ¡¿Cómo se le ocurre responderle a un patriarca de esa forma?!

Makabí y Wobarí se miraron entre ellos. Lo siguiente que vi fue como Makabí se coló entre el mayor y el menor. No pude evitar contener un gritito cuando lo agarró del cuello de la camisa y procedió a arrojarlo al suelo.

—¡No debemos usar la violencia para resolver problemáticas! —grité tratando de evitar la disputa entre hombres. O bueno hombre y niño. ¡No es justo que alguien tan grandote trate a alguien tan pequeño como él!

—¡No seas irrespetuoso con mi padre, mocoso de mierda! —Makabí alzó su puño con furor, apuntando a la cara del joven. Por su parte, el castaño se mantuvo en el suelo sin mostrar intención alguna de detenerlo.

Nova-Oowen, el patriarca, se acercó a nosotros y apartó al gemelo de un jalón. Hasta pareció darle un azote en la espalda haciendo que Makabí se quejara en alto.

—¡Padre! —ladró Makabí (y digo ladrar porque parecía un perro rabioso)—. Me importa un carajo qué patrimonio venga, así sea de los von Bomburg o de los Romsky; no voy a permitir que venga a nuestro lugar y nos hable de esa manera.

—Si lo ofendí entonces me disculpo, no era mi intención —habló el castaño al mismo tiempo que se levantaba del suelo. Arregló su vestimenta y se mantuvo con la misma expresión de antes, tranquilo.

—¡Qué va! Mis hijos tienden a ser un poco brutos algunas veces —dijo Nova rascándose la cabellera, tratando de restarle importancia a la situación. Era curioso como el patriarca tenía cabellos mientras que sus hijos parecían dos relucientes bolas de boliche—. Makabí solo está preocupado por la seguridad de su familia, ¿no es así? —dijo con un tono despreocupado a la vez que miraba a su hijo.

—¿Es eso así? —dijo el chiquillo. Lo siguiente que hizo fue entregarle la bonita carta de invitación con el sello naranja con la letra «N», sello que estaba roto.

—¡Pero claro que sí! —dijo el patriarca. Con sus callosas manos aceptó la carta y le dio un vistazo, asegurándose de que la invitación no fuera un tipo de imitación—. Estoy seguro de que lo hizo justamente por esto —habló con certeza a la par que le enseñaba la carta.

Yo, por mi parte, me acerqué al gemelo silencioso, aquel que parecía no tener mucho interés en la conversación ajena. Obviamente, no me acerqué demasiado, temiendo que se me echara encima como lo hizo su gemelo con el pequeño.

—¡Ya ves! —dijo Nova-Oowen—, cualquiera con malas intenciones pudo haber robado o haber hecho una imitación de la carta, y así hacerse pasar como conocido del verdadero invitado —continuó el patriarca con una sonrisa de oreja a oreja. ¡De verdad que es como ese abuelo que te hace reventar de comida cuando estás de visita!— Cosas de detectives.

—¿Puedo preguntarle algo? —intervino el castaño con aquella voz de calma y paz. El patriarca asintió con la cabeza—. ¿Usted la conocía a ella antes de que se presentara hoy? —se dio la vuelta y me señaló.

—¡Oh! —suspiré. ¡¿Cómo se le ocurre señalarme después de haberlo salvado de una golpiza?! ¡¿Por quién me está tomando?!

—No, no he tenido el placer de haberla conocido antes —respondió Nova, su sonrisa haciéndose más pequeña—. Entiendo tu punto —dijo a la vez que su sonrisa crecía de nuevo—. ¡Ya, ya, ya! No sé que seas de Eleusine; hijo, nieto, sobrino o adoptado, pero puedo verlo en ti. —aplaudió sonoramente.

¿Quién será este Eleusine del que están hablando? ¡Me muero por saber!

—¡Bien! —gritó Nova-Oowen entusiasmado—. Al parecer estamos completos. Entonces… —se acercó a la gigantesca puerta principal del Edificio Nova conforme la abría—… ¡es momento de celebrar el día de hoy, que para eso venimos!

Y la entrada al Edificio Nova fue desvelada.

Aquí, donde mi vida cambió, donde aprendí que ser detective no es una profesión, sino el alma; donde la justicia no importa, sino la verdad.

Aquí comenzó esta obra.

Aquí ocurrió el asesinato en el Edificio Nova.

—¡Bienvenidos al Edificio Nova! —alzó ambas manos el patriarca, como si estuviera haciendo una gran revelación, y así fue.

—¡Pero qué lugar tan bonito! —mentí.

—¿A que sí? —respondió con orgullo—. Yo fui la cabeza al mando en construir este edificio —continuó a la par que entrabamos.

Después observé cómo el patriarca cerraba la enorme puerta principal detrás de nosotros. Como si nos estuviera sellando dentro, y digo «sellar» porque la puerta parecía pesadísima, tal cual una piedra de las islas de Pascua.

El estilo del lugar tenía influencia oriental, los colores que dominaban la escena era el naranja, verde y el café. Como si fuera un plato de pollo teriyaki; el pollo, las verduras y el arroz.

En el primer nivel había una alfombra que se extendía hasta las escaleras que parecían conducir al segundo nivel. La alfombra tenía unos bonitos patrones geométricos y se veía pulcra, pero también algo polvorienta.

Este lugar era triste, ¿será por la decoración tan fea?

Cuando avanzamos un poco más, me percaté de unos jarrones de porcelana que se encontraban en las esquinas del primer nivel.

—Bonitos, ¿no crees? —dijo una voz a mis espaldas. ¡Vaya susto! Di la vuelta y me encontré con el gemelo Wobarí. ¿Qué le pasa? ¿Acaso no está viendo que estoy ocupada analizando la decoración?

—Sí, los jarrones son preciosos —dije con un tono dulce, esta vez no mentí porque en realidad sí que eran de mi agrado—. ¿Qué se supone que está pintado en ellos? —pregunté curiosa.

Los jarrones tenían por lo que se ve, unas mujeres del color de la misma porcelana, con sus cabello recogido en lo que parecía un moño. Únicamente se podían ver sus rostros.

—Son geishas —dijo con un tono no tan calmado como el castaño, pero tampoco tan salvaje como su hermano—, figuras importantes de la cultura japonesa.

¿Geishas? ¡Ah! ¿Se refiere a esas mujeres hermosas de piel pálida?

—Oh, ¿te refieres a esas mujeres que son bonitas? —dije con simpleza, como si hubiera respondido la pregunta más sencilla del mundo.

Wobarí, en vez de tener su semblante con expresión nostálgica, ahora estaba alzando una ceja como si estuviera esperando a que yo dijera algo más.

¡¿Qué más puedo decir?! ¡¿Qué no el trabajo de las geishas es ser bonitas y modelar por las calles con paraguas?

Pero él no sabe con quién está hablando. Yo, Margueriette Loirellei, sé como actuar de acuerdo a la situación que se me presente, claro que sí.

—¡Ah! Y ni hablar de lo inteligentes que son —continué con total seguridad—, ¿Qué mujer soportaría caminar todo el día con stilettos puestos? ¡Yo no podría! No solo eso, tener que tolerar las miradas de los demás, no me imagino la cantidad de maniáticos que se les acercan. ¡Qué valientes son! —terminé con ambas manos en mis labios, asemejando una expresión de sorpresa.

Wobarí inclinó su cabeza hacia uno de sus hombros, con una mirada como si estuviera dándome por mi lado.

—Sí, sí… ¿Stilettos? ¿Maniáticos? —susurró lo último para sí mismo, confundido, pero le alcancé a escuchar.

Entonces, para que quede claro, el primer nivel contaba solo con una alfombra y cuatro jarrones en las esquinas, ya que el edificio es como un cuadrado.

Continuamos nuestro trayecto hacia el segundo nivel.

Cuando estaba por terminar de subir las escaleras, sentí una presencia detrás mío.

¡Que no sea el otro gemelo por favor!

No obstante, el dueño de esa sombra era nada más y nada menos que el joven castaña.

—¿Qué? —preguntó serio. ¡Ay no, me le quedé viendo más de lo debido y no me di cuenta!

—¡Nada, nada…! —dije avergonzada a la vez que agitaba ambas manos, haciendo una expresión de «Camino lentamente hacia atrás, no quiero hablar contigo».

¿Pero qué estoy haciendo? ¡Él es un niño!

No puedo dejar que un niño me intimide de esta forma, yo debería ser quien estuviera acorralándolo a él, no al revés.

Así que me di la vuelta y lo enfrenté.

—De hecho… —tomé un poco de aire, preparándome para lo que iba a decir. El patriarca y los gemelos se encontraban platicando más adelante—. ¡Sí tengo algo que decir! —dije elevando la voz.

El castaño se detuvo en seco, me observó por unos momentos y después asintió con calma, pero aún con la misma mirada seria.

—¿Cuántos años tienes? Porque estoy muy segura de que eres el menor de todos aquí —dije en un intento de reprenderlo—. No está bien que tengas esa actitud.

El chiquillo se limitó a cerrar los párpados y abrirlos con calma, así como suavizaba el agarre de su maletín de cuero.

—Ya veo —dijo con serenidad, recuperando su expresión calmada de antes.

¡Vaya, al parecer ha funcionado! Es como uno de esos niños berrinchudos con los que la única manera de tenerlos contentos es dándoles obsequios.

¡Pero qué ridículo!

—¿Qué tal si empezamos de nuevo, dejando de lado el mal rato que pasamos afuera? —dije, extendiendo mi mano para que la pudiera estrechar—. Soy Margueriette Loirellei, del patrimonio Loirellei.

Él se quedó observando mi mano por un tiempo, como si no estuviera seguro de responder a mi saludo.

¡¿No sabe cuántos jóvenes quisieran tener esta oportunidad?!

No me di cuenta de cuándo un sentimiento cálido me arropó con sutileza. Bajé mi mirada y noté cómo él estaba estrechando mi mano con la suya, poco después, la retiró.

Y pasó por mi lado, listo para continuar el recorrido sin mí.

¡¿Qué…?!

—¡Oye…! —agarré su brazo sin cuidado, haciéndole parar de golpe.

Sentí un ligero temblor en su cuerpo, como si pensara que le iba a embestir como lo hizo el gemelo anteriormente.

—¡Al parecer se están familiarizando el uno con el otro! —el patriarca, Nova-Oowen, habló con su fuerte voz. Yo aparté mi mano del castaño tan pronto lo escuché.

—Sí… —dije incómoda.

—Ya es algo tarde, sus tripas deberán estar rugiendo —dijo.

Y como si él tuviera control de mi cuerpo, mi estómago hizo un sonido gracioso, lo que hizo que Nova soltara una carcajada sonora. ¡Oh, Dios! ¡¿Por qué tuve que venir?!

—¡No hay el por qué sentirse avergonzado! —continuó Nova-Oowen—. Adelante, mis hijos prepararon los más exquisitos platillos de la cocina japonesa, ¿no es así? —se acercó a los gemelos y les rascó ambas cabezas perladas.

—Sí, no es por presumir pero nuestro patrimonio tiene la mejor sazón de todo «El Congreso». —dijo Makabí hinchando el pecho con orgullo.

—Margueriette lo entenderá —intervino el gemelo con mirada triste, Wobarí—, ella viene de la cocina francesa.

¡Y ahora se le ocurre hablar a este! ¡Oh, Dios, nunca me había sentido tan presionada en mi vida!

El patriarca, el obispo moderno y el gemelo triste fijaron sus miradas en mí, expectantes ante lo que iba a decir.

—Bueno… —dije nerviosa, buscando qué decir.

—¿Qué es «El Congreso»? —preguntó el castaño de repente.

¡Gracias a Dios!

—¿Qué no sabes qué es El Congreso? —preguntó Nova-Oowen con evidente sorpresa, yo también estaba sorprendida. Todos estaban en completa sorpresa.

¿Cómo es posible que no conozca algo tan importante como El Congreso? ¿Qué no es un detective? Hasta un detective viviendo en la era de los cavernícolas sabe lo que es El Congreso.

El joven nos miró ahora con un rostro serio, como si quisiera decir: «Si lo supiera, no lo estaría preguntando, ¿no crees?».

—¡Vaya! En mi larga vida como detective, nunca había escuchado a un colega preguntar algo así —farfulló el patriarca. Los gemelos asintieron en respuesta—. Antes de hablar hay que comer; un estómago hambriento no permite a la mente pensar.

El segundo nivel tiene un aspecto muy parecido al primero.

El primer nivel contaba con una alfombra que llegaba hasta las escaleras, con cuatro jarrones en las esquinas.

El segundo nivel tenía un enorme hueco en el centro, permitiéndonos ver hacia el primer nivel.

Levanté la mirada y me encontré con un hueco en lo que se supone que era el techo. ¡No me había dado cuenta de eso!

Ahora entiendo un poco mejor la estructura del Edificio Nova.

Son tres niveles. Aunque, de momento, solo he visto los dos primeros.

La arquitectura de este edificio es similar a la de un centro comercial, donde hay varios pisos apilados y un hueco en el centro de todos ellos, así puedes observar el piso que desees dependiendo de dónde te encuentres.

En el segundo nivel hay dos largas mesas, ambas opuestas al hueco central. Es decir; mesa, luego hueco (que nos permite ver al primer nivel) y luego mesa.

Una de ellas sin nada encima y la otra con comida de lo que parecía ser la cultura japonesa.

En los extremos de la mesa vacía hay dos puertas; me percaté de que eran los sanitarios. El sanitario para sexo masculino está al ras de las escaleras que conducen al tercer nivel.

Y lo que más llamó mi atención fueron los jarrones; había cuatro jarrones de porcelana en las esquinas, pero, a diferencia de los del primer nivel, estos eran más grandes. Y ahora se podía ver el torso de la geisha; en los otros, solo la cabeza y torso.

Y este era el segundo nivel del Edificio Nova.

Antes de comer, dejamos nuestras pertenencias en la mesa que se encontraba vacía.

Nos dirigimos hacia la mesa con aperitivos…

¿Pero qué no es esta comida callejera de Japón? ¿Dónde está la comida magnífica que me iba a hacer decir c’est délicieux?

Veo un platillo con… ¿Fideos? ¿Espaguetis? ¿Qué será esa florecita rosa de ahí? Eso de ahí parece pasto seco… ¡Ah! Por fin reconozco un ingrediente, ¡cebollines!... ¡¿Pero qué es eso?! ¡¿Huevo crudo?! ¡El relleno se está resbalando en el caldo!

Mejor optaré por algo más apetecible…

Había un plato que tomaba gran parte de la mesa. Como si fuera un caminito de nieve (en este caso, de arroz), había un sinfín de bolitas con el mismo pasto seco de antes alrededor de ellas; en la mitad de ellas se encontraba el relleno. La carne era naranja, ¿será cangrejo? Y lo verde parecía algún tipo de verdura.

Algunas de esas bolitas tenían la proteína encima, desde blanco y naranja hasta blanco y coral.

La cocina japonesa era interesante, pero yo no me animaba a probar…

¿Qué hago? No quiero ser grosera… ¡Ellos trabajaron duro en realizar estos platillos para yo despreciarlos de esta manera!

Había muchos más platillos, pero si seguía describiendolos nunca iba a terminar.

—¡Vamos, jovencita Loirellei! Que la comida no la muerda a usted —me animó Nova-Oowen, el patriarca—. ¿No es como si no hubiera comido un delicioso sushi antes, a que sí? ¿Qué tal el tempura? ¿O qué me dice del ramen? No sienta pena en comer lo que desee.

—Es de esperarse, padre —intervino Makabí, el obispo moderno—. El patrimonio Loirellei tiende a ser quisquilloso, muy, para mi gusto.

No lo estará diciendo de mala manera, ¿verdad?

—Sí… —susurró Wobarí, el gemelo de mirada triste.

—¡No es eso! Es solo que… —dije tratando de defenderme—. El patrimonio Loirellei es muy estricto con su alimentación… —dije convencida.

¡Y es que era verdad! Mi familia ha intentado mantener las antiguas costumbres francesas; desde la vestimenta, la alimentación y los valores. Pero como el mundo avanza, nosotros también tenemos que hacerlo.

Así que nos quedamos con la historia.

—Pero por ahí se dice: «Siempre hay una primera vez para todo» —dijo Nova dándole un sorbetazo al recipiente con fideos, se veía gustoso.

—Exacto, no juzgues a un libro por su portada. ¿Qué no es una de las premisas que cualquier detective debería conocer? —comentó Makabí a la vez que tomaba una de esas bolitas de arroz, llevándola a su boca para darle una mordida.

—Es verdad… —habló por lo bajo Wobarí. Este otro agarró de la colita a uno de los… ¿camarones? cubiertos por una masa frita.

¡Oh, Dios! ¡¿Por qué me pones en estas situaciones tan difíciles?!

Busqué por la mesa entera algún tipo de fruta o snack, pero lo que más resaltaba eran las relucientes botellas de alcohol.

Desde la sangre del vino hasta las burbujas de la cerveza y el ardiente licor.

El joven se mantuvo en silencio gran parte del tiempo con aquella expresión seria.

Logré notar en su mirada que estaba expectante a que yo tomara algún aperitivo de la mesa. Como si fuera un cazador.

¡Ay qué nervios!

No me dio tiempo a pensar y, sin más, agarré una de las bolitas de arroz con relleno proteico, una después de la que agarró Makabí. Es lo que se veía más apetecible…

El castaño entonces agarró la siguiente bolita de arroz.

¿Qué estará tramando?

—¿Qué es El Congreso? —preguntó nuevamente el chiquillo una vez tragado el alimento. Ahora con una expresión seria y con los ojos afilados.

Nova-Oowen terminó de comer los fideos que estaban en su boca, haciendo sonidos húmedos. ¡Puaj!

—¡Vamos! ¿Directo a las preguntas? —gruñó el patriarca con un tono humorístico—. No quiero hablar de trabajo en un día tan valioso como el de hoy, pero supongo que no se puede evitar —continuó con un fingido tono de «ya qué»—, después de todo, esta es la vida de un detective —terminó con una sonrisa socarrona.

Nova limpió las comisuras de sus labios con el dorso de su mano.

¡No puedo creer que le haya estrechado la mano antes!

—El Congreso… ¿cómo lo llamarías? —habló Nova-Oowen con un tono serio ahora—. ¿Una organización? ¿Una corporación? ¿Una institución? —se detuvo un momento y después continuó—. Eso no importa, lo que importa es que ellos son los más talentosos.

Miró con un tono amargo lo remanente de su platillo.

—En este vasto mundo, las personas nacen con o sin talento —dijo melancólico—. ¿Cómo sé si tengo ese talento? Solo es cuestión de tiempo. Se trata de mirar donde otros no miran, de ser lo que otros no son. Ser detective no es una excepción: un detective sin talento busca la justicia; un detective con talento busca la verdad.

¡Se escucha como si fuera mucho trabajo! ¡Qué dolor de cabeza!

No lo había pensado así, para mí, ser detective es buscar a un criminal, de poder servir a la justicia.

Pero es claro que no puedo comprender la visión del patriarca, él es un detective con talento.

Él es la cabeza del patrimonio Nova, uno de los siete patrimonios.

—En pocas palabras y para que lo entiendas mejor: El Congreso es un grupo de talentosos detectives. Aquellos que pueden resolver misterios sin siquiera estar presentes en la escena, aquellos que predicen lo que va a ocurrir con base en la información que tienen, aquellos que buscan la verdad como si sus vidas dependieran de ello.

—¡Estás bolitas saben muy bien! —dije tratando de aliviar el peso de esta conversación.

—¿A que sí? —dijo Nova con aquel tono característico de siempre, alegre—. El sushi es el fuerte de Makabí y Wobarí, les encanta prepararlo.

—No había visto a alguien emocionarse así por un sushi… —susurró Wobarí muy bajito.

¡No creas que no te escuché!

—¿Usted forma parte de El Congreso? —preguntó ahora el castaño, en su mirada pude notar un poco de sorpresa, pero muy poca.

—Pues claro que sí —intervino Makabí con un tono engreído—; mi padre es el patriarca del patrimonio Nova, a fin de cuentas.

La bandeja donde se encontraban las bolitas de arroz estaba por terminarse. Nos tomamos turnos para comer: Makabí, yo y luego el chiquillo, aunque él comió muy poco.

—Así es… —habló por lo bajo Wobarí, esta vez lo suficientemente alto como para que se escuchara su orgullo.

El joven se quedó suspendido en sus pensamientos, como si su cabeza estuviera maquinando algún tipo de pensamiento complejo.

Abrió la boca con ligereza y preguntó:

—¿Qué es un patrimonio? —preguntó con esa voz calmada, sin dejar de mostrar esa mirada seria.

¡No puedo creer que sea tan ignorante! ¿De verdad él es un detective?

—Vaya… —habló Wobarí en un tono más alto del que siempre usa.

—¿Estás de broma? —susurró Makabí con un tono de sorpresa pero también de desprecio; al parecer, la pregunta hirió su orgullo de detective—. ¿Entonces a qué vienes aquí si no sabes una mierda? ¿Es que acaso te golpeaste la cabeza cuando te subiste a ese helicóptero?

El patriarca levantó las manos a la vez que se acariciaba la barriga.

—¡Veo que tienes más preguntas! ¡Muchas preguntas! —dijo, limpiándose con el mantel de seda que cubría la mesa.

Nova-Oowen vestía un traje costoso, del color de la proteína que más destacaba de entre la mesa de aperitivos: salmón.

—No te preocupes, esas preguntas las responderé mañana a primera hora —continuó dándole una amistosa palmada en la espalda al castaño, haciéndolo temblar—, pero tanta comida me está haciendo dormir. Ya sabes, lo del día a día: la irrigación sanguínea disminuye en el cerebro y va hacia el estómago para digerir los alimentos, dejándonos en ese estado de somnolencia —terminó con una sonrisa malévola.

No creo que sea verdad lo que dice… ¿Será verdad? Tiene que serlo, él es el patriarca. Para la próxima no comeré tanto, así, mi bonito cerebro no se queda sin sangre.

Y así seguimos a Nova, quien nos llevó hacia las escaleras que conducen al tercer y último nivel del Edificio Nova.

El tercer nivel es parecido a los demás, solo que en vez de alfombra y mesas, aquí hay cuatro puertas. Parecen ser las habitaciones.

También están los mismos jarrones de porcelana; estos son enormes y, a diferencia del primer nivel, donde solo estaban pintadas las cabezas de las geishas, y del segundo nivel, donde estaban tanto las cabezas como los torsos, en el tercer nivel se podía ver el cuerpo entero de las geishas. Son del tamaño de un refrigerador.

No me daban buena espina, y no es porque fueran desagradables (por no decir feas) o estuvieran mal pintadas, sino porque parecía que había cuatro mujeres escabulléndose en la oscuridad… espiándonos.

¡Este lugar era muy oscuro! Considero que tengo una vista estándar, pero me era muy difícil ver.

En el centro se encontraba el hueco que permitía ver hacia al segundo y primer nivel.

Lo que más me desconcertó fue el hecho de que, tanto en el segundo como en el tercer nivel, el hueco no tenía un barandal o una cerca para evitar caídas.

Si no tenías cuidado y no mirabas tus pasos, podrías caer sin más. Por eso me alejé, solo me acercaría en caso de que fuera necesario.

Me puse a revisar todas las habitaciones porque la primera que vi no tenía las comodidades que requiero: solo era una manta y una almohada, además de una ventanita por donde se empezaba a colar la noche.

Todas eran iguales.

¡¿Cómo se supone que duerma en estas condiciones tan deplorables?!

Me puse en marcha para quejarme con el patriarca o con alguno de los gemelos, no me iba a quedar así. A lo lejos, se encontraba el joven caminando de igual manera hacia Nova-Oowen.

Abrí la boca en grande a punto de mostrar mi inconformidad.

—¡¿Cómo esperan que duer——?!

—¿Por qué solo hay ventanas en las habitaciones? —interrumpió el castaño de golpe.

¡Ya me cansé de que un chiquillo se quiera pasar de listo conmigo!

—¡¿Pero qué te pas——?!

—Para evitar que el edificio colapse —interrumpió esta vez Nova. Parecía que ambos ignoraban mi presencia. Y digo «parecía» porque no saben lo que les espera si lo están haciendo de verdad.

¿Qué? ¿Qué el edificio colapse?

Nova-Oowen nos sonrió mostrando sus dientes, colocó ambas manos en sus caderas y ladeó la cabeza.

—Estamos en una isla, ¿a que sí? —dijo levantando una ceja, como si esperara a que entendiéramos—, la marea tiende a subir por las noches. Por eso no hay ventanas, así el edificio no colapsa aún si estas lo chocan.

—¿Quiere decir que no se puede estar afuera del edificio siendo de noche? —preguntó el joven.

—¡Así es! Ahora mismo las mareas están obstruyendo la entrada del edificio —dijo dándose la vuelta—. No vamos a poder abandonar el edificio sino hasta el mediodía. Por cierto…

El patriarca se dio la vuelta y nos miró con una sonrisa tímida.

—Mis hijos son un poco salvajes respecto a su privacidad —se rascó la cabeza con pena—, así que… ¡Espero que no les moleste compartir habitación esta noche! —dijo con una sonrisa, señalándome a mí y al chiquillo—. ¡Que tengan una bonita noche!

Antes de que pudiera reclamar, Nova entró a su habitación.

Wobarí también entró a la suya, cerrando la puerta con un golpe suave.

Me asomé hacia el hueco del centro y vi a Makabí ingresar al sanitario.

El castaño y yo nos quedamos mirándonos.

—¿Qué? —preguntó con expresión calmada. Sus ojos ya no eran serios, aún mantenía la determinación, solo que ahora la escondía tras esas avellanas cubiertas de paz.

—Nada… —dije con los ánimos por los suelos.

¿Voy a compartir habitación con él? Ni siquiera sé cuál es su nombre.

¿Compartiré habitación con un hombre menor que yo y del cual desconozco el nombre? Si mi padre se enterara de esto, seguramente me estaría escoltando y exiliándome del patrimonio Loirellei.

—Ya veo —dijo cerrando los párpados y dándose la vuelta.

—Oye… —hablé por lo bajo para no causar disconformidad a los presentes que se encuentran durmiendo—. ¿Podrías pensar en mi situación? Por favor…

Lo seguí por detrás, tratando de que me responda.

¿Qué hora era? No tengo ningún accesorio que me permita ver la hora, solo sé que ya está muy oscuro. Tengo que tener cuidado con mis pasos, no quiero caer por accidente al hueco del piso.

Los jarrones con las geishas pintadas me dan miedo. De día son preciosas, pero de noche siento que se esconden, como si estuvieran esperando una oportunidad para abalanzarse de la misma forma en que lo hizo Makabí con él.

Me quedé tan a la defensiva con los jarrones que no me di cuenta cuando llegamos a la habitación.

Ingresamos en silencio.

Un rayo azulado atravesaba la habitación. La luna quería asomarse por el pequeño espacio, nos quería arrollar en su manto de planetas y estrellas.

Porque de día no se ven los planetas, ni tampoco las estrellas.

Y se hizo presente la lluvia, siendo los relámpagos sus secuaces.

Los fenómenos no solo eran los personajes de este edificio, sino que también eran aquellos que estaban tratando de sacar de quicio. Se estaban poniendo de acuerdo para sacarme de mis casillas.

No podía ver ni tampoco escuchar.

En realidad sí podía, solo que no con la naturalidad con la que lo hago de día.

El castaño se recargó en la pared con los brazos cruzados y la mirada en la ventanita.

Me senté sobre la manta, tratando de no ensuciar mi bonito vestido con adornos de rosales.

Tenía escalofríos y la responsable de ello era la tormenta.

No podía analizar sus facciones de cerca, pues la oscuridad no me lo permitía. Solo estaba segura de que se encontraba en serenidad, su respiración me lo confirmaba.

No quería dormir en la misma habitación que él, pero si tenía que decidir entre él y aquellas geishas imponentes; la respuesta estaba dicha.

Entonces lo vi moverse en la oscuridad, su cuerpo y el vacío haciendo uno mismo.

Tenía miedo y la responsable de ello era la noche.

Por unos instantes su mirada se iluminó por el velo de la noche y las chispas de la tormenta. Observé su semblante tranquilo. No fue hasta que pasó por un lado de mi persona y se desvió hacia la puerta.

¿Él planeaba dejarme sola?

—¿A dónde vas? —hablé alto, esperando que me escuchara e interrumpiendo su paso. Esto era un intento mío para que no me abandonara en la oscuridad, por favor—. A estas horas… —hablé fuerte— la noche es peligrosa.

Se detuvo a punto de tomar la manija de la puerta.

—Está bien, señorita Loirellei —dijo con aquella calma, con el tono justo para ser audible—. He olvidado mi maletín.

Por instinto apreté mi bolso, pensando que quizá no lo tuviera entre mis brazos.

—Oh… —dije aliviada, gracias—. No tardes, no quieres causarles molestias a los que están durmiendo, ¿verdad? —dije con vergüenza, forzando mi voz para que se escuchara.

No me quería mostrar vulnerable ante nadie, pero no creía que él realmente quisiera hacerme daño.

Es un niño.

Él asintió con suavidad y abandonó la habitación en busca de su maletín.

Pensé en lo mucho que extraño a mi gatita, Beau Missieu-Mollie de Bombón. En realidad es macho, pero ese es otro «misterio».

¿Estarás bien sin mí, mi linda minette? Me haces tanta falta.

Mientras me puse a chismorrear entre la manta y la almohada, intentando buscar algún que otro tesoro. Pero no había nada más que algodón y plumas de ganso o pato.

Me puse de pie y le eché un vistazo a la ventanita.

El sonido de las mareas era sonoro, haciéndole competencia a las berrinchudas luces de la tormenta, que a veces iluminaban los cielos con esos resplandores revoltosos.

Escuché unos pasos detrás de mí.

Parece que el castaño ya está de vuelta. ¿Habrá encontrado su maletín?

Y sentí mi cuerpo entumecerse, mi completa anatomía se puso rígida. Se me escapó un grito ahogado, parecido al de un sapo.

La razón fue un golpe en mi cráneo.

Me desvanecí y ya no supe más.