cárter moretti

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Summary

Cárter Moretti vive por una sola razón: vengar la muerte de su mejor amigo, caído en un operativo policial. No descansará hasta que el oficial responsable sienta el mismo vacío que él. Su plan es cruel y perfecto: secuestrar a la mujer que ese policía ama y destruirla lentamente.pero cada vez que sus ojos se encuentran, la sed de venganza empieza a confundirse con una obsesión incontrolable. Él no puede enamorarse de la mujer de su enemigo

Genre
Romance
Author
n5788
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Un día antes…

Llegué a casa cansada después de un largo turno en la cafetería.

—¡Noemy! — pronuncié con voz baja, —pero me detuve enseguida.

Una conversación extraña se filtraba desde el comedor. movida por mi curiosidad, me acercó con cautela. Quería saber con quién hablaba mi amiga. Apoye el oído contra la pared, sintiendo su superficie fría y áspera, intentando descifrar las voces.

–Ya te lo dije…

Su voz sonó con suma frialdad y enojo, pareciera como si estuviera peleando con Alguien.

—no, no puedo—susurro

El eco metálico de mis llaves al golpear el suelo rebotó en las paredes dejándome paralizada y sintiendo que el ruido me delataba en medio de aquel lugar. La conversación se detuvo. En medio de un silencio sepulcral, empecé a retroceder en cuclillas hacia la cocina, conteniendo el aliento.

Mi nerviosismo me estaba traicionando, Respiré profundo para no levantar sospechas, no quería que ella pensara que la estaba espiando. Luego de unos segundos, escuché el golpe seco de la puerta del comedor abrirse, Noemy entró a la cocina se veía tan tranquila.

—¡Ay Noe! me asustaste, no te oí llegar—dijo con una sonrisa radiante. Mientras se acercaba a la heladera— .mañana va a ser un día especial. ¿Lista para tu cumpleaños?


La miré a los ojos y se veía tan feliz. Su voz era calmada y relajada ni siquiera se le notaba ese reflejo de enojo de hace unos momentos.


—la curiosidad me ganó—le pregunté. ¿Te oí…Con quién hablabas? Parecía algo importante— solté intentando que mi voz no temblara.

Noemy soltó una risita juguetona

Negando con la cabeza. mientras sacaba una jarra de agua con total naturalidad.

—!ay, pero qué preguntona te pusiste¡—era mi jefe, quiere que mañana sea puntual. ¿Tú sabes cómo es él?

Sus palabras sonaron tan sinceras, que sentía culpa por estar desconfiando de ella. Justo en ese momento…

Una vibración suave me sacó de mis pensamientos. Desbloqueé la pantalla y vi un mensaje de Luis.

“amor, no puedo esperar a mañana, te tengo una sorpresa

Nos vemos, te amo”

Al leerlo, sentí como mi estado de ánimo mejoró de golpe. Luis siempre sabía cómo hacerme sonreír, incluso con el uniforme puesto y un turno pesado por delante.

—¿Es Luis? ¿Verdad?—preguntó Noemy con un tono dulce, observándome— me alegra que vayas a estar bien cuidada mañana.

Sin decir nada más Noemy salió de la cocina tarareando una canción, dejándome allí sola. Consumida por mis pensamientos y el silencio envolviendo me por completo. hasta que el sonido del microondas me interrumpió, sobresaltandome…

A varios kilómetros de allí. un auto azul oscuro,con vidrios polarizados, se detuvo en una esquina solitaria. desde adentro, un hombre que vestía con traje hecho a medidas, mirada fría y calculadora que emanaba poder, y elegancia, desbloqueo el celular.

Leyó un mensaje anónimo que acaba de llegar; en la pantalla no había nombres solo había una dirección. Y un horario, una pequeña sonrisa, casi imperceptible. Se dibujó en su rostro.

—Mañana será un gran día. — pronunció para sí mismo con una voz profunda.

Guardó el teléfono y con un ligero golpe en el cristal, le indicó al chófer que era hora de irse, el auto se alejó, sin hacer ruido.

Al día siguiente

El reloj marcaba las 11:45 de la mañana, salí apurada de la casa ajustando mi bolso mientras revisaba mentalmente que no se me olvidara nada, el aire fresco chocaba en mi rostro despertándome por completo.

Mientras iba caminando por la vereda, mis pensamientos sobre la conversación de ayer, no paraba de darme vueltas en la cabeza; susurros frios que no encajaban con ella, a media cuadra. El letrero, “ el rinconcito”

Se divisaba, prometiendo la rutina de siempre…

Estaba a punto de cruzar la calle cuando el sonido chirriante de unos neumáticos sobre el asfalto me hizo detenerme en seco. Antes de que pudiera girar la cabeza una furgoneta negra se interpuso en mi camino.

Bloqueando la vista de la cafetería, la puerta lateral se desliza con un estruendo Metálico. Dos hombres de espalda ancha, cubriendo su rostro, unas manos enguantadas y firmes me sujetaron por lo hombros tirando de mí hacia la oscuridad del vehículo, el grito que intenté escapar se ahogó contra una manos frías que sellaron mi boca. Mi bolso cayó en la vereda, solo pude escuchar la puerta cerrarse de golpe, mientras, el rugido del motor del auto desaparecía por las calles…

Cárter se encontraba en su despacho. Con ese semblante de frialdad absoluta, el olor a amaderado y sándalo seco se mezclaba con el vaso de licor que sostenía con elegancia. Sus dedos rodeaban el cristal con firmeza,

Se recostó en la silla con una pose relajada y dominante, sus ojos se cerraron por un momento contemplando el silencio y la luz tenue del lugar.

De Repente. Una voz masculina se escuchaba al otro lado de la puerta.

—Señor, ¿puedo entrar?

Cárter abrió los ojos con parsimonia, y recuperó su postura aunque sin perder la relajación.

—entra—ordenó con voz profunda.

Posó sus ojos en la entrada.

Mientras El hombre cruzaba el umbral con pasos apresurados.

—señor, el plan salió a la perfección, la tienen en el lugar acordado y bajo vigilancia.

Cárter soltó una leve sonrisa casi imperceptible, llenándose de poder y ego, el plan había sido un éxito y el policía pagará las consecuencias, sus ojos se tornaron de un color más oscuro.

Cargada de una satisfacción letal.

—puedes retirarte—sentenció.

El hombre asintió. Pero no sé retiró. Se movió incómodo en su lugar antes de soltar la noticia que sabía que no le gustaría a su jefe.

—¿Hay algo más?

—si… su prometida, la señorita Isabel, insiste en verlo.

La leve sonrisa se le borró de golpe, La frialdad volvió en su rostro al escuchar el nombre de Isabel. Dejó el vaso de licor sobre el escritorio con tanta fuerza que el cristal crujió amenazando romperse. Se levantó con lentitud peligrosa y se acercó al

hombre con postura dominante quedando enfrente de él.

—¿Nicolas? ¿Verdad? Lo único que te repetiré será tu despido. Soltó con total autoridad.

Nicolás se sintió presionado, y arrinconado por la figura imponente de cárter, estaba atrapado entre su jefe, y la insistencia de la señorita Isabel no tuvo tiempo de replicar antes de que cárter pronunciara otra palabra, El hombre ya estaba saliendo del lugar, casi huyendo.

El sonido de unos tacones redondo con fuerza en el pasillo

La puerta terminó de abrirse por completo revelando a la mujer que menos quería ver.

Carter observó a Isabel desde el umbral y puso los ojos en blanco con un gesto de fastidio que no se molestó en ocultar. Caminó a paso lento hacia el mueble bar, donde el tintineo de los hielos al caer en el vaso de cristal fue el único sonido que rompió el tenso silencio.

Sin esperar una invitación, Isabel entró en el despacho. Se movió con una elegancia depredadora y se acomodó en el sofá, cruzando las piernas con un aire de superioridad absoluta. Carter regresó a su escritorio y se dejó caer en la silla, soltando un suspiro cargado de irritación mientras se aflojaba el nudo de la corbata.

—¿Qué quieres, Isabel? —preguntó, con una voz que destilaba disgusto.

—¿No puedo venir a verte? Te recuerdo que tú y yo... —Isabel comenzó a decir con tono altanero, pero no pudo terminar.

Él negó con la cabeza y su mirada se volvió gélida, transformando su rostro en una máscara de piedra. Se inclinó hacia adelante y, con una voz que habría hecho temblar a cualquiera, soltó cada palabra como si fuera una sentencia.

—Te recuerdo... que aquí mando yo —sentenció, y en ese instante estrelló el vaso de licor contra el suelo, justo frente a ella—. Si mis hombres te dicen que no puedes entrar, es porque no entras. ¿Te quedó claro?

Isabel cerró los ojos, pero no fue por miedo; fue un gesto de paciencia, permaneció inmóvil, sin un rastro de temor en su expresión.

se puso en pie con lentitud insultante, sacudiendo con desprecio las gotas de licor de su falda. Se acercó al escritorio de Carter y, apoyando las manos sobre la madera, esbozó una sonrisa cargada de veneno.

—Mandas tú, Carter. Pero no olvides que sin mí, estás acabado.

La reacción fue instantánea. Carter se movió con una ferocidad imparable; antes de que ella pudiera reaccionar, su mano se hundió en el cabello de Isabel, tirando de él hacia atrás con fuerza bruta para obligarla a mirarlo a los ojos. El rostro de Carter era una máscara de furia contenida.

—Que te quede claro una cosa —siseó, con una voz que prometía una muerte lenta—: si vuelves a pronunciar esas palabras frente a mí, no tendré la más mínima consideración contigo. Me da igual quién seas.

En ese instante, la puerta se abrió de par en par. Sus hombres irrumpieron con las armas listas, alertados por el estrépito del cristal roto, pero se quedaron petrificados al ver la escena. El silencio en la habitación se volvió sepulcral. Carter la soltó con un empujón violento que la hizo tambalear, casi dándola contra el suelo.

—Sáquenla de aquí —ordenó Carter a sus hombres, sin siquiera mirarla—. Y si la vuelven a dejar pasar, les juro por mi vida que los mataré a todos.

Carter se quedó inmóvil frente al ventanal, observando las luces de la ciudad mientras el aroma del whisky derramado y el frío de la noche se mezclaban en el despacho.