Quédate

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Summary

Dicen que el destino siempre encuentra la forma de unir las almas y que el amar intensamente puede hacer latir un corazón apagado. Susan nunca pensó que su vida cambiaría después de la trágica noticia. Pero todo dio un giro el día que lo conoció: un chico que parecía llevar una tormenta en la mirada y una verdad que no dejaba de doler. Desde entonces, nada volvió a ser igual. Sin darse cuenta, ambos quedan atrapados en una serie de coincidencias tan perfectas que parecían planeadas por algo (o alguien) más grande que ellos. Lo que empieza como un encuentro accidental se convierte en una conexión imposible de ignorar Susan descubrirá que amar de verdad no siempre es fácil, pero sí vale cada segundo. Y él aprenderá que, cuando el amor llega, hay que vivirlo con todas las fuerzas... como si no existiera un mañana. Porque a veces el destino no se equivoca, solo espera el momento perfecto. Aunque a veces duela decir "Quédate".

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Latidos

Susan salió corriendo de casa sobre la calle de los suburbios de forma desconsolada, llorando y sin poder respirar. La llamada que recibió rompió su alma por completo. Lena, su madre, salió detrás ella y gritaba a lo lejos con lágrimas en sus ojos— ¡Susan, vuelve hija! — Susan ya no vivía, la habían matado en vida...

Cinco años antes.

En una pequeña ciudad llamada Menfri, existen unos suburbios ubicados al norte de la misma, justo al lado de un gran lago llamado “Lago Azul”. En estos suburbios, en la calle River, casa número ocho, vive una escritora, soñadora, alegre e inocente joven de dieciocho años, su nombre es Susan Levi. Una chica de complexión delgada, de estatura media, su pelo color castaño y sus ojos verdes como el color de las hojas. Es alegre, vive en una familia feliz, pero su corazón está a punto de latir por primera vez.

Es viernes siete de la mañana, Lena Levi, la madre de Susan, entra a su cuarto con poca delicadeza:

— Susan, es hora de levantarse tienes que ir a la universidad, ya es el último día de la semana, mañana podrás dormir todo lo que quieras —al mismo tiempo que abría las cortinas de la habitación y la luz del sol pegaba en la cara de Susan.

— Mamá, tengo mi alarma programada, aún me quedan treinta minutos para seguir durmiendo, ¿por qué siempre me despiertas antes? no me gusta que hagas eso —

Susan se cubría el rostro con las sábanas para que la luz del sol no la molestara. Se dio la vuelta en la cama, se quitó la sábana de encima y enojada escuchaba a su madre decir:

— No me hagas llamar a tu padre, ¿quieres que te quite las llaves del carro?, levántate y toma un baño, recuerda que hoy tienes que llevar a tu hermano al colegio —Susan molesta, se levantó para alistarse mientras su madre salía del cuarto.

Cuarenta minutos más tarde, Susan bajó arreglada para desayunar. Su hermano, Tomy, quien la admiraba mucho, le dio un abrazo de buenos días. Mamá sirvió el desayuno y su padre, Alan Levi, listo para ir a trabajar, se sentó también en la mesa y dijo:

— Susan recuerda que hoy llevarás a Tomy al colegio, tengo una reunión con los gerentes y necesito estar temprano —

Ella respondió— Sí papá, aunque no tenga ganas no puedo dejar solo a este pequeñito, te quiero mocoso —Tomy solo sonreía mientras disfrutaba de su emparedado.

En la televisión, las noticias locales hablan de que debido a la clausura de la universidad central de Menfri, los alumnos y profesores serían trasladados a la universidad del lago norte, a partir de este lunes. Susan escuchó la nota con atención mientras desayunaba. Se decía que el motivo de la clausura era por no cubrir pagos con una organización desconocida. Ella solo pensaba en lo molesto que sería que trasladen más alumnos a la universidad donde ella estudia la licenciatura de literatura.

Se levantó de la mesa, vio el reloj— mocoso, tenemos que irnos, si no, no llegaré a tiempo a mi primera clase, no quiero problemas con la profesora Luna. Mamá gracias por el desayuno, papá ten un buen día, los quiero —al mismo tiempo que les daba un beso en la mejilla. Tomó las llaves y dijo— Tomy, apresúrate —subieron al carro y manejó directo al colegio de su hermano.

En el centro de la ciudad de Menfri, un lugar de mucho movimiento, que se distingue por el gran y majestuoso parque central que todos quieren visitar, vive un joven de diecinueve años, uno ochenta de altura, complexión atlética, ojos miel brillantes y cabello negro, su nombre es Yeshua, Yeshua Ben.

Ese mismo día, dado el anuncio de la clausura de la universidad central, Yeshua y sus amigos se reunieron en el parque central de la ciudad. Estaban confundidos y sorprendidos por el anuncio ya que ellos estudiaban ahí. Sus amigos Simon Wren (saimon), Jey Ronan (yei), Aron Correa y Zuly Gray, llegaron molestos, Jey saludó a Yeshua y mencionó:

— Qué demonios le pasa al rector de la universidad, ¿cómo se le ocurre clausurar así de un día para otro? — Porque les molestaba la idea de cambiarse a una universidad mucho más alejada de donde ellos viven.

Yeshua con seriedad en su rostro respondió —Esas decisiones están fuera de nuestro control, no podemos hacer nada, las cosas pasan por algo. Pero tal vez ir a una nueva universidad nos haga bien a todos, eso espero —

Zuly, que era la única chica de los cinco, asintió lo que había dicho Yeshua y dijo— Tal vez allá podamos empezar de nuevo y atrevernos a hacer lo que aquí no hicimos —

Ella dijo esto por una razón, y es que Zuly Gray conoce a Yeshua desde que tenían doce años y siempre estuvo enamorada de él. Ella le confesó lo que sentía cuando tenían dieciséis años, pero Yeshua le dejó en claro que solo la veía como su mejor amiga, en la que podía confiar, como su hermana. A pesar de que le dolió mucho escuchar eso, ella lo entendió y siguieron siendo mejores amigos, aunque aún sigue sintiendo cosas fuertes por él y mantiene la ilusión sin decirle nada.

Aron Correa quien era el más directo al hablar del grupo le respondió a Zuly— Tal vez allá conozcas al amor de tu vida —los demás solo rieron con el comentario y también Zuly, con el fin de que no sospecharan lo que en realidad sentía por Yeshua.

Este grupo de amigos tenía una peculiaridad, y es que, a pesar de que estudiaban la licenciatura de negocios internacionales, los cinco formaban parte de una banda de música alternativa, aunque no eran famosos mundialmente, en la universidad central donde todos ellos estudiaban eran conocidos y su música era popular. Simon, quien era el más callado de todos, tomó su mochila y sacó una hoja

— Chicos, tengo una buena noticia, terminé de escribir la nueva canción para el grupo, espero les parezca buena, solo es la letra pero si les gusta podemos hacerle la música, no sé, pensaba en algo acústico para esta canción —

Aron tomó la hoja, la leyó y dijo— Wou algo cursi, muy romántico, pero bueno qué podemos esperar del señor cupido —haciendo burla a Simon— pero me gustó, creo que pegaría mucho si la perfeccionamos —

Los demás pasaban la hoja entre ellos y leían la letra. Mientras los cinco se ponían de acuerdo en casa de quien y cuando ensayarían la nueva letra, el celular de Yeshua sonó, era su madre Aurora Ben. Tomó la llamada:

— Hola mamá —dijo Yeshua,— Hola hijo ¿puedes venir a casa?, quiero que me ayudes a preparar la sorpresa para Erick, quiero levantar unas cosas pesadas pero necesito tu ayuda —mencionó su madre

— Mamá, ¿es en serio? Erick no es mi padre, así que no tengo por qué celebrar su cumpleaños, aunque trate de quedar bien conmigo él jamás reemplazará a mi padre —respondió.

Hace tres años, Henrry Ben el padre de Yeshua murió en un accidente vehicular fuera de la ciudad. Había hecho el viaje porque necesitaba conseguir urgentemente un medicamento que solo se podía encontrar en otra ciudad. El padre de Yeshua manejaba muy desesperado y a exceso de velocidad. En una curva cerca de las montañas el auto derrapó y perdió el control, se salió del camino y chocó contra un árbol muy grande. Henrry quedó prensado entre el asiento y el volante del carro, desangrándose por la boca. En agonía y a punto de morir. Con la poca fuerza que le quedaba, tomó su teléfono y llamó a casa.

Yeshua de dieciséis años y su madre estaban en la sala, viendo la presentación musical que él y sus amigos habían hecho en el colegio. Sonó el teléfono de casa, y mientras Aurora elogiaba a su hijo, contestó, entonces escuchó la voz de Henrry decir:

— Hola mi amor, creo que no llegaré a tiempo con la medicina, tuve un contratiempo, quería decirte que no me esperes, realmente no se si pueda volver. Te amo Auri, no sabes cuánto, dile a Yeshua que estoy muy orgulloso de él y que nunca deje soñar, que un día logrará lo que tanto quiere ser, dile que ame sin miedo y que siempre sea buena persona —

Aurora, ya preocupada y asustada preguntó— ¿Henrry qué tienes, estás bien? —

Yeshua dejó de ver el video y volteó a ver a su madre después de escucharla decir eso.

Henrry aun en el teléfono respondió— Auri, tuve un accidente, me salí del camino y choqué con un árbol, no puedo moverme, no siento mis piernas y no puedo respirar bien —

Aurora con la expresión de terror y lágrimas en sus ojos gritó— ¡Henrry no! ¿Henrry dónde estás?! —entonces Henrry dijo sus últimas palabras:

— Te amo Auri, dile a Yeshua que también lo amo, dile que el tiempo no es lo que importa, si no vivir y amar intensamente, dile que siempre voy a estar con él...— La llamada se cortó y solo quedó el sonido del teléfono en línea.

Aurora dio el grito más desgarrador de su vida y lloró inconsolablemente mientras le decía a Yeshua, quien corrió a ayudar a su mamá, que su padre había muerto. Él, en estado de shock le tomó unos segundos entender lo que había pasado y sus lágrimas comenzaron a caer de su rostro. Yeshua y su madre abrazados junto al teléfono, lloraron la muerte de Henrry.

Después de dos años, Aurora conoció a Erick Reed, un hombre trabajador, responsable, que la ama y quiere mucho a Yeshua, aunque él no lo acepta todavía como parte de la familia, por eso no quería ayudar con la fiesta de cumpleaños.

Aurora, aún al teléfono, respondió a Yeshua— Hijo, sé que la pérdida de tu padre será muy difícil de olvidar y nunca lo podremos reemplazar, pero Erick es bueno y te trata bien, por favor date la oportunidad de tener una relación aunque sea de amigos con él, pero si no quieres aunque sea hazlo por mí, ven ayúdame hijo —

Yeshua pensativo, aún estando en el parque central con sus amigos, le dijo a su madre— Está bien mamá, lo haré solo por ti y porque no quiero que te lastimes levantando cosas pesadas, enseguida voy —

Los chicos habían acordado ensayar en casa de Zuly en dos días, que era domingo. Le preguntaron a Yeshua que opinaba mientras él colgaba la llamada con su madre. Les respondió al instante— sí, está bien, les veo el domingo, me tengo que ir a casa, mi madre necesita ayuda —

Zuly preocupada preguntó— ¿Pasó algo malo? —Yeshua respondió— No, solo quiere que le ayude a preparar la fiesta de cumpleaños de Erick —sus amigos se quedaron en silencio sin saber qué decir, porque sabían que a Yeshua no le agradaba Erick.

Jey respondió en forma sarcástica mientras se despedía de él— bueno, suerte amigo, si necesitas poner un explosivo en su pastel no dudes en decírmelo, te vemos el domingo — se despidió de todos y empezó a caminar a casa.

Susan, aún en el carro con Tomy, manejaba un poco más rápido de lo normal, ya desesperada pitaba a los coches que iban delante de ella:

— ¡muévanse! ¡Es increíble que haya personas que manejen muy lento! ¡No ven que tengo que llegar a una clase! —

Tommy dijo— ¿Quieres matarnos? Yo no tengo prisa de llegar al colegio, si pudieras no llevarme sería mejor —

Después de diez minutos Susan pudo tomar la calle donde está el colegio de Tomy, frenó justo en frente de la entrada y dijo a su hermano en lo que le ponía la mochila— rápido mocoso, baja, no olvides el refrigerio que te hizo mamá, pórtate bien por favor, pasaré por ti a las 2 p.m., baja ya, rápido, rápido —

Tomy solo decía— ¡ya voy!— bajó y cerró la puerta del carro. Susan le gritó a lo lejos— ¡te amo! —su hermano respondió— ¡yo también! —Sin voltear a verla y caminando rumbo a la entrada del colegio.

Susan, ya preocupada, volteó a ver la hora en su teléfono que decía 8:40 a.m.

— No puede ser, tengo veinte minutos para llegar a la clase. Pero si llego —dijo entre preocupada y optimista ya que su clase era a las nueve.

Decidió tomar una ruta alterna para poder llegar más rápido hasta la universidad del lago norte. Tomó la calle Klopt 95, que atraviesa el parque central de Menfri. Aceleró un poco más tratando de esquivar algunos carros, cuidadosamente pero apurada.

Pasando justo por el paso peatonal del parque central, Susan volteó unos segundos para tomar su teléfono y ver la hora, 8:50 a.m. y dijo preocupada— diez minutos —volteó de nuevo a ver al frente y congelada en shock sonó el claxon y detuvo el carro de manera brusca.

Yeshua caminaba a casa para ayudar a su madre. Se colocó sus audífonos para ir escuchando música durante el camino. Justo llegó al paso peatonal del parque central, y sabiendo él que los carros se tienen que parar para dar paso a los peatones, sin preocupación cruzó la calle y no miró a su izquierda.

En ese momento escuchó un claxon sonar muy fuerte, volteó a su izquierda y vio un carro frenar bruscamente a centímetros de él. En shock y asustado, se quedó sin movimiento, totalmente quieto.

Susan, sin moverse, lo quedó viendo directamente a los ojos y Yeshua, también sin moverse, la quedó viendo directamente a los ojos, fue la primera vez que se vieron. Como si el tiempo se detuviera, sus corazones latían intensamente por lo que acababa de pasar. Latidos de miedo, de peligro, de un posible accidente, si, cierto. Pero esos fueron los primeros latidos que ella sintió por causa de él y que él sintió por causa de ella.

Aún sorprendido pero con seriedad, Yeshua se quitó los audífonos, con su mano derecha señaló hacia el letrero de “ceda el paso a los peatones” mientras hacía una expresión en su rostro de “¿qué te pasa?“.

Susan, todavía en shock vio la seña que le hizo Yeshua, ella solo alzo su mano lentamente muy avergonzada y dijo en voz bajita — lo siento —

Yeshua terminó de cruzar la calle, ya en un estado molesto. Susan avanzó lentamente en el carro y con vergüenza en su rostro volteo a ver a Yeshua y él la volteo a ver a ella mientras el carro avanzaba.

Se quedaron viendo fijamente por unos segundos, pero seguramente a Susan no se le olvidará su rostro ni a él el de ella.

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