Ojos que no ven, corazón que no siente

All Rights Reserved ©

Summary

La historia sobre un niño que al sufrir un accidente, queda en un coma de meses, pero en los últimos tres días, es capaz de escucharlo todo, incluyendo el como casi toda su familia lo desprecia.

Genre
Drama
Author
Iñaki
Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo

A veces sería mucho más fácil, si todos confiarán en ti, quisiera poder contar tan solo una minúscula fracción de lo que viví ese tiempo. Mi vida partió – si bien fue por segunda vez, tengo la certeza de que nunca sabré si fue la última– sobre la base de tres días, esos mismos días fueron un cambio total en mis paradigmas y creencias sobre mi familia, mi nacimiento, mis vínculos e incluso sobre mí validez de sentir dolor al respecto. Si bien he sido siempre un chico que no hablaba con mucha gente, del cual no se notaba su ausencia y mucho menos su presencia, nunca vi un motivo firme y lógico para que alguien me odiase o me aborrezca, quizás nunca lo comprendí del todo, quizás nunca lo comprenderé, o quizás no he nacido lo suficientemente brillante para entenderlo. De haber seguido en esta situación, podría haber sufrido un destino peor que la muerte, o mucho peor aún, una vida rodeada de hipocresía y un delirio constante. 

La sociedad occidental que conozco está repleta de promesas no cumplidas, una de ellas dicta que los niños han de ser felices – digo no cumplida porque mi vida es prueba fehaciente de ello– y la otra es que los niños son inocentes, y lo cierto es que sí lo son, pero sus padres no lo serán nunca por la definición de serlo. Ellos por naturaleza aprenden de los más fuertes, los admiran y desean ser como ellos constantemente, a veces hasta copian sus formas de hablar o moverse. Puede que yo haya sido igual, pero definitivamente admiraba a otro tipo de personas, de maneras diferentes y únicas de pensar y existir, es probable que siempre haya sido excluido por tal motivo, o posiblemente por las sensibilidades que siempre he tenido, y probablemente siempre las tendré. Mi maldición.

No quiero, considero, ni mucho menos me corresponde señalar a uno o más culpables de lo que fui testigo estos días, y víctima toda mi vida hasta ese momento, pues carece de todo sentido de realidad, debido a que ellos ya lo saben, y usted, querido lector, lo intuye. Lo que sucedió le será contado, querido lector, tal como lo viví, le diré qué pasaba y qué pensaba en tal momento. Las contradicciones son en sí la belleza, base y esencia de mi historia y el motivo de escribirla, nunca supe sobre todo lo que sucedió en totalidad, las discusiones siempre terminaban fuera de mi habitación, como si alguien quisiera ocultar la verdad de mi vida.

Nunca supe quién pagó mi tratamiento, pero no sabría si me corresponde agradecer o maldecir, el haber oído lo que escuché aquellos días me robó la fe en mi familia y me hizo preguntarme ¿Qué habré hecho para merecer lo que recibí? ¿Quién ideó una reacción tan cínica a lo que me pasó?

A pesar de que estaba dispuesto a morir desde que vi ese auto a mi lado, y al “despertar” ya sabía qué me esperaba por el resto de mi vida, yo no lo quería en el fondo, necesitaba vivir, respirar, moverme, aunque sea como gusano. Nunca me permití vivir como un ser humano de mi edad, y el resto tampoco pensaba permitírselo, nunca fue así.