Capítulo 1: Steam Noir
“19 de febrero, 2130, 11pm. Las personas dejaron de circular alrededor y el calor ambiental disminuye poco a poco. Eso es bueno, las temperaturas altas son demasiado comunes ya en las calles de la ciudad, las multitudes sólo lo empeoran conforme pasan los días. Siendo honesto, esta área conserva un aire tibio la mayor parte del día, algo ya raro de por sí, pero me agrada. Tal vez debí vivir en los suburbios de clase baja y gozar de mañanas relativamente frescas como esta velada. Pero cada vez que lo piensas, te das cuenta de que realmente no vale la pena: es lindo sentirse fresco y no despertar sudoroso cada que dan las 8 am. Pero la humedad; dios, la humedad es…”
Levantó su vista de su diario y observó al edificio que yacía frente a él. Estaba oscuro, mohoso y de aspecto deprimente. La madera crujía cada cierto tiempo, pero por algún milagro seguía unida al ladrillo del establecimiento; fuerza de voluntad, o tal vez alma, dirían algunos. Para él, simplemente suerte. Después de la observación volvió a deformar su espalda para continuar con sus pensamientos.
“Es simplemente horrible. Claro, al principio no era tan malo: los árboles eran más propensos a crecer, las escapadas del calor siempre venían bien para los turistas del domingo y las flores aparecían por todos lados, con diversos olores y colores para degustarlos con la vista; fueron los primeros indicios de bienestar que hubo desde ‘El apagón’, viviendo todos con relativa normalidad por un tiempo. Creo que, hasta me atrevo a decir…”
Su mirada yació inmutada hacia el desenlace que sus palabras lo conducían, teniendo que lidiar nuevamente con las emociones que lleva años evitando. Sus manos empezaron a temblar lentamente, la vista empezó a marearse, justo como si hubiese recibido un gancho de algún boxeador irlandés en el New Bronx, pues él guardaba cosas dentro suyo, piezas de rompecabezas que prefería no soltar; memorias para las que él era demasiado débil para combatirlas, pero lo suficientemente astuto para ahogarlas en el momento justo... Fue entonces que retomó su consciencia y recordó su cometido, lo que lo obligó a cerrar el asunto de la misma manera que le ha funcionado durante años: de manera abrupta, cruda y sin sentimentalismo.
“Me atrevo a decir, que tal vez fui feliz por un tiempo”. Cierre de libreta, cierre emocional. Abrupto y crudo, seguía funcionando hasta el momento; la pluma y el diario que atesoraba tanto las guardó en el bolsillo interno de su gabardina. Y una vez resuelto esto, levantó ambas piernas, se paró derecho, giró los brazos para que tronaran sus huesos ligeramente y prosiguió hacia su segundo cometido privado.
De frente a sus pasos, resonantes por la acera, yacería aquel viejo lugar que lo habría acompañado en su juventud: ’The Final Gear’. Fue un lugar asombroso en sus tiempos, ahora era una propiedad fantasma más de las tantas que hay por el Distrito Bernoulli, las cuales la humedad fue pudriendo y reclamando como suyas de poco en poco, obligando a los dueños a cerrar y buscar mejores oportunidades en el Distrito Alto (o mejor conocido como el Distrito Hudson). Para los propietarios, fue la mejor decisión que pudieron tomar; para el lugar, bueno… al menos los antiguos patrones no tienen idea del tipo de cosas que suceden dentro del viejo local.
Howard se movía tranquilamente, sin temor a la oscuridad y a lo que dentro de ella podría ocultarse. Era un hombre temerario, la mayor parte del tiempo lo había sido, había pocas cosas que realmente pudieran llegar a sorprenderlo. Y por ahora, parecía la misma rutina que se encontraba realizando desde hace más de una década. Sobrepuso toda la superficie de su palma en el roble podrido y empujó lentamente.
Se adentró en el corazón del castillo con una pierna, disponiéndose a meterse en las entrañas de la oscuridad que gobernaba, donde ni la luna reparaba en alumbrar. Cuando lo hizo, se quedó parado por unos instantes en el marco de la puerta, volteando a ver a todos lados para asegurarse que ninguna sorpresa le arrebatara la calma esta noche. Tras unos segundos, siguió adelante, introduciendo la otra pierna y, una vez que esta se encontraba en el interior del área, cerraría nuevamente la puerta. Cuando golpeó nuevamente su marco, simplemente se escuchó un ruido sordo, anticipado por un chillido rápido del tronco agonizante, el cual gritaba a mares por culpa de la enfermedad. Por ese tipo de detalles, la ciudad empezó a evolucionar su estructura de madera o tabique a metal de manera progresiva en cada año.
Y una vez cerrada la puerta, reinó la completa oscuridad.
Nada más que negro en su entorno y las ligeras abstracciones que el sordo y diminuto sonido de las tuberías y mecanismos subterráneos pudieran darle. Solo eso lo orientaba, no necesitó más. Con unos pasos a la izquierda, manteniendo un sentido paralelo con la pared que tocaba su mano para poder llegar hacia la válvula central que yacía dentro de una vieja, oxidada y olvidada caja de metal.
Cuando tomó la cerradura con sus manos, jaló en dirección a su persona sintiendo el movimiento de la fuerza en su dirección, simbolizando que había destapado un compartimiento. Rodearía un poco por delante la válvula y se interpondría de frente a las palancas que ya conocía de memoria, encargadas de controlar los diferentes sistemas centrales del establecimiento, tomando la que se encontraba en medio de las 3 que él siempre recordaba que existían. Una vez en su palma, la tornaría hacia arriba, provocando sonidos de vapor presionado siendo disparado, balatas y pistones que marchaban sin cesar para mover la gaseosa solución presurizada por toda la infraestructura del establecimiento, encendiendo las bombillas térmicas específicas que habían dejado encendidas la última vez que el lugar abrió sus puertas. Como tenían que conseguir una temperatura alta debido a la constante liberación de vapor, los artefactos fueron iluminándose poco a poco hasta conseguir su brillo normal a los 4 segundos de encendido.
-Lento pero seguro, ¿no lo crees? – Se escuchó una voz fuerte y clara a espaldas de Howard, lo que hizo que pegara una vuelta repentina de 180 grados, sacando su arma durante el momento de la torsión de su cintura. Un revólver, como siempre solía utilizar, que estaba cargada y lista para decir Bon voyage a lo que se presentase. Pero para su sorpresa, cuando tuvo una visión clara y la pistola miraba a la sien del objetivo, percató a una sensación familiar ante él. No alcanzó a verlo directamente, puesto que el hombre erguía su cabeza, siendo tapado por su sombrero, pero percibió como un brazo se elevaba lentamente hacia el rostro de la figura. Se estaba llevando algo.
El sujeto, mientras tanto, encendía una luz con su encendedor ignorando el hecho de que, exceptuando una ligera presión de la mano derecha de Howard, podría haberse dado por muerto. Cuando terminó de quemar la punta del tabaco que Howard pudo islumbrar, tomó una fuerte inhalada de humo y siguió conversando, a la par de que guardaba su encendedor.
-No me estoy quejando, son buenas. No tanto como lo eran las eléctricas, claro, pero sirven para lo que son. Brillando lento, pero seguro… - Por fin levantaría su cabeza, para escupir una pregunta, mientras por fin daba a conocer su rostro, iluminado por la débil brasa del tabaco ardiente - ¿No lo cree, Señor Keen?
Fue entonces que Howard prestaría completa atención a esta nueva figura: un saco y chaleco grises, del mismo color que sus pantalones, acompañados de una camisa blanca, zapatos negros, corbata negra y su característico sombrero negro igualmente. Su estatura era ligeramente más baja que Howard, 1.75 metros, su composición física era menos musculosa pero algo fornida y su aspecto ya empezaba a denotar rasgos de sus 50 años con una que otra arruga en su rostro, unas cuantas canas en el pelo lateral y unos ojos cansados pero imponentes que conservaba en sus iris de avellana. Por supuesto, conocía esa mirada demasiado bien…
- ¿Stephen? – contestó al aire, lo único que sus nervios le permitieron escupir. La experiencia le había enseñado a prevenir ese tipo de situaciones de sorpresa, pero conforme pasaba el tiempo se volvía más lento y menos alerta. Por un momento, le empezó a hacer dudar de sus habilidades y de las costumbres que había mantenido en su estilo de vida desde hace un par de años.
-Hola, Howie – Stephen recibió las palabras de manera grata para sí, puesto que el Howard que conoce nunca fue una persona realmente expresiva o emocionada. Se había acostumbrado a su fría forma de lidiar con las personas e interpretó las emociones que podrían simbolizar dentro de su propio lenguaje -. También me da gusto verte. Anda, no seas tímido – Movió su cabeza hacia atrás, invitando a su acompañante -. Ven conmigo a la luz para que te vea mejor, viejo amigo.
Entrados unos segundos, empezó a abrigarle conforte su presencia y pasó hacia el área central del local junto a Stephen, el cual recibía la mayor parte de la luz. Entonces dio unos pasos al frente y por fin se dejaría ver, permitiendo a Stephen contemplar y dar por sentado que se trataba del mismo Howard Keen que recordaba: un aspecto musculoso, unos 1.80 de estatura y una mirada completamente desgastada, pero secretamente resentida bajo esos ojos de iris verde. Vestía una camisa blanca, con una corbata negra, pantalones y zapatos negros, cubriendo la mayor parte bajo una enorme gabardina negra, que alcanzaba sus rodillas, acompañado de unos guantes igualmente negros.
Para sorpresa del señor Walker, aunque también para el propio señor Keen, el aspecto de su rostro de 47 años seguía manteniendo su vitalidad de los 38, lo cual era ya un lujo para esa edad. El simple hecho de verse ligeramente más joven es un lujo al que todos quisieran darse y más cuando el exceso de vapor acelera el proceso de envejecimiento natural de la piel.
-Maldito bastardo – Respondió Stephen para el aspecto de Howard, el cual lo agarra siempre por sorpresa, comenzando a reírse –. No tengo ni la más puta idea de como mantienes ese aspecto tan jovial sin que la maldita temperatura te afecte un poco –. Terminó de responder el Sr. Walker, mientras mantenía el cigarro entre sus labios, las manos en sus bolsillos y a la vez negaba con el movimiento de su cabeza.
-Genética, supongo – Fue lo que contestó Howard para Stephen, sin tener la más remota idea de que poder contestar -. De todos modos, la calidad de vida disminuyó drásticamente, los calores se vuelven cada vez más insoportables y el asqueroso polvo de vapor se pega donde sea… pero al menos salimos adelante como siempre.
-Cierto, es mejor que nada. Aunque el Steamdust de verdad apesta – Stephen retiró el cigarro de su boca y lo mantuvo en su mano alzada al aire -. Me hace pensar en lo buena que era la vida antes de ‘El apagón’, antes de que todo se llenara de maldito vapor... – lanzó la bocanada de humo hacia la mano alzada, y después giró su cuello en dirección a Howard, cambiando su voz a una más nostálgica y dolida - ¿Recuerdas esos días, Howie? ¿Recuerdas cómo te sentías en la vieja vida?
Howard lo recordaba, perfectamente. Es un recuerdo dulce por el pasado pero agrio por el anhelo… Era un recuerdo que él atesoraba con toda su alma, pero que también odiaba por el significado implícito en él: ‘Si es demasiado bueno para ser verdad… Tal vez lo sea’. Por esa y más razones, había decidido reprimir esas memorias muy dentro de su mente y no tocarlas ni por accidente, manteniéndolo como un recordatorio de que tenía que ser lo que nunca pudo: fuerte.
Howard realizó una mueca en su rostro, similar a sentir el ácido de un caramelo durante unos segundos, lo cual Stephen claramente divisó bajo el ardiente vapor convertido en luz mediante la energía térmica de la bombilla, percatándose de que había tocado una fibra sensible. Eso hizo sentir un poco culpable a Stephen.
-Sí… recuerdo algunas cosas… - Howard extendió la pausa entre sus letras de manera dramática sin percatarse; a pesar de sentir una emoción fuerte dentro suyo, su voz fue tan seca y neutra como siempre.
Sus palabras fueron seguidas por un silencio mortal, con matices metálicos y húmedos de fondo, siendo acompañados por la mezcla de tabaco y vapor que se sentía en el área. Estuvieron así unos segundos, hasta que Stephen tomaría el valor de romper el silencio, lanzando el cigarro al suelo y apagándolo de un pisotón.
-De acuerdo, no más juegos. Seré directo contigo: sé a qué has venido Howard – Stephen adquirió una voz estricta, pero amable –, sé qué vienes una vez cada 2 semanas – Metió su mano derecha en el bolsillo trasero de su pantalón y tomaría algo, para después extenderlo en dirección a Howard -. Y es por esto.
Dentro de su mano, yacía un tubo de cristal, que mantenía un líquido casi cristalino y ligeramente centelleante dentro de sí, teniendo un botón en un extremo y una boquilla en el otro. Mantenía una etiqueta, que decía “HK-FG-DB”. Howard no se inmutó.
-Escucha, no sé qué haya ocurrido en tu pasado, pero sé que es un recuerdo doloroso y entenderé perfectamente si no quieres hablarme al respecto de lo que sea que haya pasado – Stephen continuó con sus palabras, mientras avanzaba en su plática tomó una voz aún más estricta, casi adquiriendo un serio consejo de un hermano -. Pero esto, Howard – Agitó fuertemente su mano derecha, haciendo énfasis en lo que contenía en ella -, esto es veneno. Y lo has estado tomando desde poco antes de retirarte, lo notaba en tu rostro y tu aliento – Stephen alzaría su voz y daría a conocer a Howard la preocupación que sentía por su antiguo compañero -. ¿Qué acaso no sabes lo que esto te va a causar si no te detienes?
Stephen contenía su mirada, la cual se mostraba ligeramente quebrada y preocupada, temiendo por la vida y salud de su compañero, helando frío en su rostro de tan solo imaginar las consecuencias que podría sufrir. Pero al buscar algo de razón en los ojos de Howard, simplemente le haría sentir aún más escalofrío, al ver cómo su compañía simplemente clavaba su mirada en él, de manera fría y sin sentimentalismo, admitiendo que lo que hacía era inmoral pero no le importaba un bledo.
-Mira, no le diré a nadie de lo que haces aquí, no te delataré y menos en un lugar como el Distrito Bernoulli. Pero quiero que sepas que esta no es la única manera de lidiar con las cosas, Howard – Stephen quebró un poco su voz, volviéndola más amena y suave al oído -, no es la correcta. No tienes porque encerrarte, puedo ayudarte. Podemos ayudarte, yo y los chicos nos hemos estado preocupando por ti… Por favor, Howard…
Pero él no dio señal alguna de importarle lo que decía. No tenía planes de detenerse, no ahora al menos. Stephen recibiría el mensaje a través de su silencio.
-De acuerdo, es tu decisión – Lanzó el recipiente hacia su excompañero, quien mantendría los ojos fijos en el objeto a lo largo de todo su baile aéreo, atrapándolo al final de su trayecto y contemplándolo en sus manos. Observaría nuevamente a Stephen Walker de manera directa, manteniendo un sabor nostálgico en sus recuerdos sobre su antiguo camarada -. Me dio gusto poder verte otra vez, Howie.
-Buenas noches, Stephen – Realizaría una ligera inclinación de despedida y daría media vuelta para dirigirse directo a la misma puerta por la que entró. Sus pasos fueron lentos, dramáticos y estruendosos, haciendo eco en todo el lugar y dando la ilusión de que los sonidos de vapores y pistones dejaron de existir por un momento.
-Buenas noches, Howard – Sería la despedida que lanzaría Stephen al aire, sabiendo que Howard no estaba ya cerca para escucharlo, haciéndose a la idea de que serían palabras que el viento se llevaría lejos para permanecer como ecos de la noche.
Y de esa manera, entre engranajes y pistones, entre vapores y tabaco, y entre los edificios y el Steamdust, el retirado Howard Keen dejaría atrás a su antiguo compañero Stephen Walker, empezando su marcha para salir del Distrito Bernoulli y encaminarse hacia su hogar en el Distrito Olvera. Todo esto, mientras se difuminaba entre el vapor y la negrura de la noche.