Capítulo I
⟨«ʙʀᴇᴠᴇ ᴅᴇᴛᴀʟʟᴇ ᴅᴇ ʟᴀ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ»⟩
Todos sabemos que la rivalidad que existía entre Quico y el Chavo fue por la diferencia económica pero a su vez por el amor de Paty, la niña de vestimenta verde y cabello pelirrojo. Tras su llegada compitieron por ella hasta el día de su cumpleaños donde fue coronada como princesa de primavera.
Allí Quico recibió su primera decepción amorosa tras ser rechazado por alguien de economía inferior, si bien dejó ese tema de lado, aún no superó la idea de no estar a la altura pues si Chavo logró gustarle a Paty y a Popis, ¿Por qué él no podría si lo tenía todo?... ¿Tal vez por qué no era listo? ¿O por ser presumido? Las dos son válidas incluyendo el hecho de enamorarse de la persona equivocada.
⟨«✨Empecemos✨»⟩
La tarde de un día lunes era infernal, el sol resplandece con fervor quemando todo aquel que cruzaba por su camino, son pocas veces en las que el clima ataca de esa forma pero ese día no fue la excepción. Para fortuna de nuestros inquilinos se encontraban en el lugar perfecto, Acapulco, rodeado de gente sí pero libres de todo sol bajo la sombrilla.
Popis: ¡Oh, déjame te ayudo con tu castillo de arena, Chavito!
Popis: ¡Mira Chavito, está quedando bonito!
Chavo: ¡Eso, eso ,eso!
Quico: ¡Ejem... Ejem!
Fue lo único que hizo antes de presumir su gran castillo, el cual no duró mucho tras la llegada del agua.
Quico: ¡Mi castillooo!
Popis: ¡Eso te pasa por presumir!
Quico: ¿A sí? —Destruye su castillo de arena a pisadas—
Chavo: ¡Ahorita si te descalabro los cachetes!
Sin más lo correteó por todo el lugar con tal de darle la paliza de su vida y cuando lo tenía en sus brazos el asistente del lugar lo agarró dirigiendo su mirada al señor de vestimenta playera, esa su responsabilidad porque el lo trajo junto al resto.
Chavo: Vas a ver a la salida.
Sr. Barriga: ¡Ya fue suficiente, Chavo! Si sigues así vas a hacer que nos saquen.
Chavo: Pero-.
Sr. Barriga: Comportate.
Chavo: . . . . .
Cuando él se fue, Paty se le acercó tomando gentilmente su mano.
Paty: No te pongas así, Chavito. Ven, vamos a jugar tú y yo.
Chavo: ¡Zas zas! ¡Y que yo jugaba y que ganaba! ¡Zas! ¡Y luego ganabas, y que perdía y que... y que, ¡Zas zas!
Paty: Entonces vamos.
Ellos se fueron dejando a un lado a Quico, quien gritó internamente, tenía celos a su propio mejor amigo, parecía que todo gira en su entorno dejándolo atrás, se sentía como el segundo o peor aún, su sombra. Volviendo a la playa se sentó en la orilla dejando que el agua rozara sus piernas.
Quico: ¡¿Qué tiene él que no tengo yo?! —Su enojo era feroz, quería respuesta y no sabía donde conseguirlas— ¡Todo el Chavo, todo él! ¡¿Dónde quedo yo?! ¡¿Dónde-.
Quiso seguir quejándose pero una ola lo arrastró hasta las afuera.
Quico: ¡MAMÁ! ¡¡¡MA...MÁÁÁ! ¡MA-.!
No pudo seguir, tragó un buen de agua y antes que se diera cuenta, ya hacía al fondo del agua... Ahora nadie lo iba a escuchar ni mucho menos verlo.
Quico: «Chavo. . . . .»
A lo lejos de la orilla del mar, Chavo se encontraba jugando a la pelota con Paty cuando por unos momentos dejó de respirar, cayó al suelo apretando su pecho en busca de aire.
Paty: ¡Chavo, ¿estás bien?! ¡¿Qué tienes?!
Chavo: Y-yo-... —No pudo seguir, le costaba respirar y sentía como la presión de su pecho crecía—
Paty: ¡Ay Chavito! Quédate aquí, voy por el profesor Jirafales.
Dejarlo solo fue su peor error porque cayó al piso dejando de respirar... En una sola tarde dos vidas fueron arrebatadas y doña Florinda no sabía que su hijo era uno de ellos...
Guardacostas: ¡¡¡Abrán paso!!! ¡¡¡Abrán paso!!!
D. Florinda: ¿TE-TESORO? —Incapaz de aceptar lo que veía— ¡¡TESORO!! ¡¡¡MI AMOR!!!... ¡¡¡RESPONDEME!!!... (snif)... ¡¡¡TESOROOO!!!
Guardacostas: ¡¡¡Señora quitese!!!
D. Florinda: ¡¡NO!! ¡¡¡TESORO!!! ¡¡¡POR FAVOR!!!
Don Ramón quiso alejarla pero ella no se dejó, quería estar con su hijo sin darse cuenta que estaba tardando el proceso. A la fuerza, la apartó con ayuda del profesor Jirafales recibiendo gritos de ella, más que nada insultos por apartarla de la persona que más amaba en el mundo.
Cuando la ambulancia se hizo presente se los llevó sin perder un solo minuto más.
D. Ramón: ¡¡¡Ya calmese, doña Florinda!!! —Su queja fue acompañada con un empujó, la tenía harta porque el también estaba sufriendo—
Ella no se dejó y le dió una cachetada, nunca pensó darle una al profesor Jirafales pero lo hizo antes de ir corriendo tras la ambulancia decidida, ya sabía el dolor de perder algo apreciado y no quería revivir esa experiencia. Tras lo sucedido, el señor Barriga se quedó con los niños y le dió las llaves de su coche a don Ramón para que se fuera.
Todo aquel escándalo pusieron mal a Paty porque ella fue quien lo dejó solo en ese lapso de tiempo.
S. Gloria: No, no llores, Paty. No es tu culpa.
Paty: P-pero-... (snif)
Jaimito: (shh..shh) Cálmate Paty, está bien,... se que van a estar bien.
Paty: ¡¡¡NO, NO LO ESTÁN!!! . . . . . están muertos. . . . .
Sus palabras salieron acompañada de un mar de lágrimas, pensar en la muerte que ella no pudo prevenir le afectó más de lo que debería... Volviendo al hotel, nadie se atrevió a cruzar palabras, cada quien fue a su respectiva habitación pero había una inquilina en particular que quedó sola, Popis.
El lugar se sentía vacío al igual que ella, le abrumada estar encerrada por lo que fue al balcón decidida a pasar la noche ahí, prefería estar bajo las estrellas que atrapada.
Popis: «No te los lleves... por favor...» —Sus lágrimas aparecieron en su rostro pero ellas se las secó, necesitaba ser fuerte así sea la única.