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Noche de leche tibia

Summary

en la soledad de la casa, los pechos llenos de leche de Yoongi y la mirada hambrienta de Jungkook cruzan la línea que nunca debieron tocar.

Genre
Erotica
Author
Eclipse
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

La casa estaba demasiado callada esa noche.

Solo se oía el zumbido bajo del ventilador de techo y, de vez en cuando, el crujido de la madera vieja asentándose. Afuera llovía flojo, esa lluvia de verano que no refresca nada, solo humedece el aire y hace que todo se sienta más pesado.

Yoongi estaba en el sillón del living, con las piernas recogidas debajo del cuerpo, la bata de satén negro apenas cerrada. No se había molestado en ponerse nada debajo después de la ducha. ¿Para qué? Nadie la veía. Nadie la miraba. Hacía meses que el marido llegaba después de la medianoche —si llegaba— y se tiraba en el sofá sin siquiera saludar. “Trabajo”, decía siempre. “Hay que mantener la casa”. Como si la casa fuera lo único que importaba.

Sus pechos dolían. Otra vez.

Estaban hinchados, pesados, la piel tensa y caliente. El doctor le había dicho que era hormonal, que el cuerpo a veces se confundía después de tantos años, que no era raro. Le recetó pastillas que nunca tomó porque le daban náuseas y le quitaban el poco apetito que le quedaba. Así que ahí estaba: sentada en la penumbra, con gotitas blancas asomando ya en los pezones, empapando la tela fina de la bata.

Oyó los pasos descalzos en el pasillo antes de verlo.

Jungkook apareció en el umbral, solo con un short gris que le colgaba bajo en las caderas. El pelo todavía húmedo de la ducha, algunos mechones pegados a la frente. Diecinueve años y ya tenía ese cuerpo que parecía tallado para molestar: hombros anchos, abdomen marcado, brazos fuertes de tanto gimnasio. Pero sus ojos… esos ojos seguían siendo los mismos de cuando era chico y se le subía al regazo llorando por una pesadilla.

Solo que ahora no lloraba.

Se quedó parado ahí, mirándola fijamente.

—¿Otra vez sin corpiño? —preguntó en voz baja, casi divertida, pero había algo más debajo. Algo oscuro.

Yoongi suspiró, cansada.

—No me entra ninguno cómodo. Y estos… —se llevó las manos por debajo, levantándolos un poco y dejándolos caer con suavidad— pesan demasiado. Duelen.

Jungkook tragó saliva. Dio dos pasos más hacia adentro.

—¿Quieres que te ayude?

La pregunta quedó flotando entre ellos como humo.

Yoongi lo miró desde el sillón. Sabía lo que significaba esa pregunta. No era la primera vez que la hacía. Y no era la primera vez que ella no decía que no.

—Solo… un poco —murmuró, la voz ronca—. Para que duela menos.

Mentira. Los dos lo sabían.

Jungkook se arrodilló despacio frente a ella. Las manos le temblaron un segundo antes de posarse en las rodillas de Yoongi y abrirlas con suavidad. Ella no se resistió. Al contrario: dejó que el short se abriera un poco más, que la bata se deslizara por los hombros.

Él levantó la mirada, buscando permiso en sus ojos.

Yoongi solo asintió una vez, apenas perceptible.

Entonces Jungkook se inclinó.

Primero besó la curva inferior de un pecho, suave, casi reverente. Luego subió despacio, dejando un camino húmedo con la lengua hasta llegar al pezón. Lo rodeó con la punta de la lengua, probando. Estaba duro, oscuro, goteando.

Cuando cerró la boca alrededor y succionó, Yoongi soltó el aire en un gemido largo y bajo.

La leche salió caliente, dulce, abundante. Jungkook gimió contra su piel, el sonido vibrando en el pecho de ella. Succinaba con fuerza, tragando, como si estuviera muerto de sed. La mano libre subió por el muslo de Yoongi, despacio, hasta encontrar la piel caliente y húmeda entre sus piernas.

No había nada debajo. Nunca había cuando estaban así.

Los dedos se deslizaron fácil, resbalando por lo mojada que estaba. Yoongi tembló, apretó los muslos alrededor de la mano de él.

—Jungkook… —susurró, los dedos enredados en el pelo negro y húmedo.

Él soltó el pezón un segundo, solo para mirarla. Tenía la boca brillante, un hilo blanco colgando del labio inferior.

—¿Más fuerte, mamá? —preguntó en voz muy baja, usando esa palabra que los prendía a los dos como gasolina.

Yoongi cerró los ojos. Cuando los abrió, estaban vidriosos.

—Más fuerte… por favor.

Y Jungkook obedeció.

Volvió a succionar, esta vez con más fuerza, mientras los dedos entraban y salían de ella, curvándose justo donde sabía que la volvía loca. Yoongi arqueó la espalda, los pechos botando con cada movimiento, leche salpicando la bata y el sillón.

La casa seguía en silencio, salvo por los sonidos húmedos, los jadeos ahogados, los gemidos que ninguno de los dos podía contener.

En algún lugar lejano, el marido seguía trabajando. Probablemente en su oficina fría, con la luz fluorescente y el olor a café quemado. Sin saber. Sin imaginar.

O tal vez sí imaginaba y simplemente no le importaba.

Pero ahí, en esa casa pequeña de las afueras, con la lluvia golpeando suave contra las ventanas, Jungkook y Yoongi se tenían el uno al otro.

Y eso, por ahora, era suficiente.

Demasiado.

Y nunca sería suficiente.

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