El lago de los cisnes - Minsung

Summary

Han es un chico el cual tiene una maldición, ser un bello cisne de día y muestra su verdadero yo cuando la luz de el sol ya no está, esto se debe a que un peligroso hechizero le lanzo esta maldición como castigo por no querer casarse con el, hasta el día de hoy han seguía con esa maldición hasta que acepte el matrimonio o alguien valiente derrote al malvado hechizero que lo tiene encerrado en su cruel castillo Lee Minho es un principe destinado al trono de su reino, si madre quiere que esté pronto consiga el amor por su cuenta así no será rey solo y alguien lo acompañaráimho estresado y desinteresado de todo ese tema sale de paseo encontrándose con aquel bello cisne que encima de su cabeza traía una pequeña corona lo cual llamo su atención y al verlo en su forma real lo dejo enamorado. Minho luchará por el amor y la libertad de han contra aquel malvado hechizero. . . . Tal como la película este tratara igual Pero yo me inspírare en la versión anime la cual es diferente a la película de Disney. Minho - principe Han - cisne Bangchan - hechizero Félix - aliado de bangchan Hyunjin - amigo de Minho Seungmin - amigo de Minho I.n y changbin - pareja que ayuda a han y Minho Actualizo lunes y viernes

Genre
Fantasy/Drama
Author
Eliot
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

La primera vista

El galope de los caballos resonaba contra el suelo del bosque, rompiendo el pesado silencio que Minho buscaba con desesperación. El joven príncipe sentía que el aire del castillo lo asfixiaba; la corona que aún no portaba ya pesaba sobre sus hombros. La presión de su madre era constante: debía elegir a su compañero de vida antes de la coronación. No le importaba si era príncipe o princesa, siempre que el linaje continuara y el trono tuviera un pilar. Pero para Minho, el amor no era un contrato, sino un fantasma que no lograba encontrar.

— ¡Minho, detente! —la voz de Hyunjin cortó el viento.

Minho tiró de las riendas, haciendo que su caballo relinchara. Su amigo señalaba con asombro un sendero oculto entre los sauces. Al final del camino, se extendía un lago de aguas tan cristalinas que parecían un espejo de plata, reflejando el azul profundo del cielo y el verde eterno de los árboles.

— Es hermoso... —susurró Hyunjin, cuya mirada siempre encontraba la chispa del arte en el mundo—. Deberíamos descansar aquí.

Minho asintió en silencio. Ataron los caballos a un viejo roble y se acercaron a la orilla. Junto a ellos caminaba Seungmin, cuya serenidad era el equilibrio perfecto para la intensidad de sus amigos.

— ¿Estás listo para el gran día, Minho? —preguntó Seungmin, sentándose sobre un tronco caído—. Tu madre ya ha enviado mensajeros a todos los reinos vecinos. Dice que si no eliges tú, ella lo hará por ti.

Minho suspiró, clavando la mirada en el agua.

— Ella sabe que no me interesa el poder, Seungmin. No puedo prometerle mi vida a alguien que no hace vibrar mi corazón. Dudo que ese sentimiento exista fuera de los libros.

— ¿No crees en el amor a primera vista? —intervino Hyunjin con una sonrisa traviesa.

— Creo en lo que veo —respondió Minho con frialdad—. Y hasta ahora, solo veo obligaciones.

De pronto, el ambiente cambió. Un escalofrío recorrió la nuca de Minho. Entre los cisnes que nadaban pacíficamente, uno destacaba por encima de todos. Sus plumas brillaban con un fulgor casi irreal y, sobre su cabeza, descansaba una pequeña y delicada corona de oro.

— Miren eso... —susurró Minho, hipnotizado—. Ese cisne... tiene una corona.

— Es bellísimo —coincidió Hyunjin—. Parece de la realeza.

Seungmin, divertido, hizo una seña hacia el ave.

— ¡Eh, tú! ¡Ven aquí! —bromeó, pero su risa se cortó en seco.

El cielo se oscureció de golpe. Un viento helado sopló desde el centro del lago y una niebla espesa y violácea los rodeó. De entre las sombras emergió la figura de un lobo enorme, de ojos encendidos, que soltó un aullido aterrador antes de transformarse, en un estallido de humo, en un búho de plumaje azul oscuro que emprendió el vuelo.

— ¿Qué ha sido eso? —toseó Minho, tratando de dispersar la bruma con su brazo.

— ¡Minho! ¡Mira a Seungmin! —gritó Hyunjin, el terror marcando su voz.

Minho se giró y el corazón se le congeló. Donde antes estaba su amigo, ahora solo había una estatua de piedra gris, fría y sin vida.

— ¡Seungmin! —Minho corrió hacia él, golpeando la piedra con desesperación—. ¡Fue ese búho! ¡Esa criatura lo convirtió en esto!

— ¡Vámonos de aquí, Minho! ¡Es magia oscura! —suplicó Hyunjin, tirando de su brazo mientras el miedo lo consumía.

Pero Minho no se movió. Vio cómo los cisnes huían despavoridos, a excepción del cisne de la corona, que comenzó a nadar hacia el lado más sombrío del lago, donde los árboles parecían garras.

— Ese cisne tiene la respuesta —dijo Minho con una determinación nueva—. Fue justo cuando Seungmin lo llamó que esa cosa apareció. No es un ave normal, Hyunjin.

Sin esperar respuesta, Minho desató su caballo y montó de un salto. La tristeza en su mirada se había convertido en fuego.

— ¡Minho, vuelve! ¡Es de noche, te matarán! —gritó Hyunjin desde la orilla, pero su propio caballo, asustado por la magia, se negaba a subir por la pendiente rocosa que Minho ya estaba cruzando.

— ¡Vuelve al castillo y busca ayuda! —gritó Minho sin mirar atrás—. ¡Yo no descansaré hasta saber quién es ese cisne!

Hyunjin vio la silueta de su amigo perderse en la espesura del bosque prohibido. El príncipe, que horas antes decía no creer en nada, ahora perseguía un misterio que olía a tragedia y a una extraña, pero inevitable, belleza.

El bosque que se extendía ante Minho era un laberinto de pesadilla. Las raíces de los árboles se retorcían como manos esqueléticas y la niebla se arrastraba por el suelo como un ser vivo. La luz del sol se extinguió por completo, dando paso a una luna pálida que bañaba el mundo de un azul espectral. Pero Minho no sentía miedo; su mirada estaba fija en la estela blanca que el cisne dejaba en el agua negra.

Al perderlo de vista tras un recodo, Minho divisó una gruta profunda. El aire allí olía a moho y a tiempo detenido. Desenvainó su espada, el acero brillando bajo la luz lunar, y se adentró junto a su caballo. El aleteo de los murciélagos y el roce de las arañas en la sombra intentaron hacerlo retroceder, pero él cortó las telarañas con la misma determinación con la que rechazaba su destino en el castillo.

Al salir de la cueva, el paisaje lo dejó sin aliento. Frente a él, sobre un risco escarpado, se alzaba un castillo sombrío. Sus torres terminaban en puntas afiladas que parecían herir el cielo, y sus muros estaban cubiertos de una hiedra marchita. Era un monumento al dolor y a la locura.

— Ahí está... —susurró Minho, deteniendo su caballo tras unos arbustos.

El cisne de la corona llegó a la orilla del lago, justo bajo la sombra del castillo. De repente, el agua comenzó a vibrar y una luz dorada y pura envolvió al ave. Minho quedó maravillado; la transformación fue como ver un pétalo de flor abrirse en cámara lenta.

Las plumas se convirtieron en finas telas de seda; las alas se transformaron en brazos delicados y la corona de oro se asentó sobre una cabellera suave que brillaba bajo la luna. El cisne ya no estaba. En su lugar, había un chico cuya belleza superaba cualquier obra de arte que Hyunjin hubiese descrito jamás.

En ese instante, las palabras de su amigo resonaron en su mente como una profecía: “¿Crees en el amor a primera vista?”.

Minho sintió un vuelco en el corazón. El chico era perfecto: sus facciones eran de una delicadeza divina, pero sus ojos... sus ojos cargaban con una tristeza tan profunda que dolía mirarlos. Había culpa en su postura y una soledad infinita en su forma de mirar el reflejo del agua.

Minho lo comprendió en ese segundo. No le importaba quién era, de dónde venía o por qué estaba bajo ese hechizo. Aquel chico poseía un aura de pureza que no existía en la corte ni en los reinos vecinos.

— Será él —prometió Minho en un susurro, apretando el puño sobre su pecho—. No habrá nadie más.

Estaba decidido. Entraría en ese mundo de tinieblas para rescatar a aquel ser de luz. Lo invitaría a su coronación y le entregaría no solo el trono, sino su vida entera. Para el mundo sería una locura confiar un reino a un desconocido, pero para Minho, aquel chico era la única verdad en un mundo lleno de mentiras.