Bajo la sombra de la plaga

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Summary

(Portada provisional hasta que encuentre dibujante) Después de que una enfermedad mutara de forma misteriosa, una infección zombie amenazó con destruir a la ciudad, serán nuestros protagonistas capaces de sobrevivir? Nell: un joven y engreído millonario, siempre teniendo todo lo que pide, muy poco acostumbrado a un simple "no", tiene un pelo castaño bastante voluminoso, es alto, tiene ojos marrón avellana y una piel morena, musculoso, aunque no demasiado, casi parece salido de una película americana Leon: nuestro segundo prota no tiene tanta suerte, bastante bajito, pelo pelirrojo muy desordenado, piel palida y ojeras como un mapache, ojos verdes, bastante bonitos, aunque el no suele verlo asi, es bastante fuerte, aunque no se aprecia mucho, pero no suele demostrarlo por su natural asustadizo, aunque a veces tiene agallas. En esta historia nos embarcaremos en un mar de emociones, por no hablar de el contraste de nuestro protas, veremos cómo les va.

Genre
Horror
Author
Izan
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

1-buscala

Cuando Leon se encontró corriendo por un pasillo, perseguido por zombies, buscando a su hermana con desesperación, un virus había arrasado la ciudad en solo un día. Todo estaba lleno de zombies, o como las noticias los llamaban, los de la plaga. Todo estaba desierto, excepto por esos seres monstruosos que arrasaban con cualquier cosa viva.

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Vale, vamos a volver unas horas atrás. Leon estaba en clase, jugando con su bolígrafo sin prestar atención, como siempre solía hacer. Un anuncio suena en el altavoz: el director, que siempre tenía una voz firme y autoritaria en cualquier circunstancia, ahora tenía la voz rota y temblando mientras anunciaba:

-Lo que estoy por decir no es un simulacro, es algo serio y real -anunció el director, con una firmeza que se notaba de lejos que ocultaba miedo; no solo miedo, sino terror. Su voz entrecortada transmitía la desesperación que sentía en ese momento.

El profesor inmediatamente cerró la puerta con cerrojo, tratando de parecer firme, aunque todos vieron sus manos temblando y el sudor frío en su frente. Mientras lo hacía, el director siguió hablando con la misma entereza fingida y ese terror que trataba desesperadamente de ocultar:

-El ruido atrae a los de la plaga. Esos seres devoran todo lo que encuentran a su paso. No tienen compasion por nada ni nadie, son muertos, no humanos. La compasion por ellos solo os llevará a la muerte.

De repente, las luces se apagan completamente. Luego parpadean tétricamente. Algunos alumnos lloran, otros gritan, algunos incluso golpean cosas por el pánico. Una chica comienza a tener un ataque de pánico, hiperventilando en el suelo del aula.

Leon se levantó rápidamente, acercándose a la puerta y hablando con voz firme, aunque sus manos temblaban.

-Necesito salir -dijo Leon, dejando un silencio espantoso luego de esas palabras.

-No es posible salir -el profesor habló, deteniendo a Leon y agarrando su brazo.

-Tengo que encontrar a Melanie. ¡Tengo que encontrar a mi hermana! -espetó Leon con furia-. ¡Necesito encontrarla! Es mi hermana, joder. ¡Déjame pasar!

Leon trata de empujar al profesor para salir. No pensaba con claridad, solo quería encontrarla. El profesor lo retiene. Luego otro alumno también. Ambos agarran sus brazos, tratando de calmarlo, aunque Leon trata de zafarse de ambos con todas sus fuerzas. No lo consigue. Estaba fuera de sí, con la vista nublada, cuando, después de lo que a él le parece una eternidad, logra escapar del agarre del profesor y del alumno, abre la puerta y sale corriendo escaleras abajo, al salón de su hermana.

Baja las escaleras con angustia, pero teniendo cuidado de no caerse. Cada escalera se le hacía interminable, más cuando estaba tan desesperado por encontrarla. Necesitaba protegerla. Era su única misión. Su respiración seguía siendo irregular mientras bajaba, saltándose escalones, aunque parecía no servir de mucho. Su cabeza seguía dando vueltas y vueltas por los peores escenarios posibles sobre su hermana. Leon sentía que se le cristalizaban los ojos solo de pensar que a su hermana le hubiera podido pasar algo.

Llegó a la clase de su hermana y abrió. Vacía. Completamente. Leon cayó de rodillas al suelo, con la vista nublada por las lágrimas mientras miraba por la clase con la esperanza de verla, pero no había nada, absolutamente nada. Solo las bombillas parpadeantes y las sillas y mesas desordenadas. Excepto por algo: la mochila de su hermana.

Leon se levantó del suelo temblando, agarró la mochila y comenzó a correr escaleras arriba, esquivando zombies.

Sus pasos resonaban entre los sonidos desagradables que emitían esos repugnantes seres que estaban por los pasillos, persiguiéndolo mientras se arrastraban de una manera repugnante. Su olor era nauseabundo. A Leon le daban nauseas solo de respirar. Y ahí es donde llegamos a lo que os estaba contando: cuando Leon escuchó ese grito, subió todos los pisos.

Las escaleras seguían sintiéndose interminables. Siguió abriendo puertas. Todas las habitaciones que lograba abrir estaban vacías, con la luz parpadeando y las sillas y mesas desordenadas por toda la habitación. El olor de los de la plaga se pegaba por todas partes, dejando una sensacion de vacio y desolacion. También aporreaban las puertas que estaban cerradas. Leon preguntaba por su hermana en cada una de ellas, dando su nombre y apellidos, pero en ninguna estaba ella.

Leon se desesperaba cada vez más con cada negativa, su mente vagando entre recuerdos sobre ella y el pánico de no volver a verla. Mientras buscaba, trato de enfocarse en los recuerdos que tenia de ella: en como le encantaba cantar, en como tenía un talento para ganar a piedra, papel o tijera, en como siempre que Leon se asustaba ella lo consolaba aunque era la hermana menor. Pero ahora Leon estaba asustado, más que nunca, y Melanie no estaba ahí para consolarlo. Nadie le podía decir que todo estaba bien, porque no lo estaba. Sin ella, nada se sentía bien para Leon.

Leon tenía el corazón a mil en su pecho. Sentía que su corazón se saldría si seguía así. Tras entrar a otra habitación vacía, Leon suspiró y miró el pasillo: sangre, zombies desfigurados, arrastrándose tétricamente, con manchas de sangre por sus caras y ropas. Los sonidos que emitían hacían que la piel de Leon se erizara.

Sintió un escalofrío por su espalda cuando, al abrir la siguiente habitación, vio un cuerpo sin vida sobre una mesa. Leon dio unos pasos adelante, pero no pudo dar más de cinco antes de que el olor lo hiciera detenerse. El olor hizo que su expresión se retorciera de asco. Dio dos pasos atrás cuando el cadáver se movió.

Levantó la cabeza, con los ojos inyectados en sangre y el cuello con una gran mordida.

Cuando Leon hizo contacto visual con ese monstruo, sintió que su corazón se apretaba. Era solo un niño de primaria. En su uniforme tenía una placa con su nombre, aunque con la sangre no se alcanzaba a leer. Leon salió del aula, cerrando la puerta detrás de él, sintiendo su corazón ir más rápido que antes.

Siguió subiendo escaleras, tropezando con sus propios pasos. El olor era casi insoportable, y cuanto más subía, peor se ponía. Al entrar a una habitación, sin pensarlo mucho, un golpe seco en su cabeza hizo que cayera inconsciente, golpeando el suelo con un golpe sordo.