Cuando el silencio grita

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Summary

Está historia está basada en los problemas de autoestima, miedo a ser juzgados o inseguridades que muchas veces tienen los adolescentes

Genre
Other
Author
Melodi
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Capítulo 1 – Invisible

Aila se sentaba siempre en el mismo banco del patio.

No porque le gustara, sino porque ahí nadie la notaba.

Desde ese lugar podía ver todo sin ser vista: los grupos de chicos riendo, las amigas tomándose fotos, las parejas caminando de la mano como si el mundo fuera solo para ellos. El banco estaba un poco apartado, bajo un árbol viejo que casi no daba sombra, pero era suficiente para esconderse.

Aila observaba en silencio.

Antes, también había tenido un grupo. Antes, también había sentido que pertenecía a algún lugar. Pero las cosas cambiaron sin que ella entendiera por qué. Un día dejaron de invitarla, al siguiente ya no le escribían, y después… simplemente dejaron de mirarla.

Lo que más dolía no era estar sola.

Lo que más dolía era sentirse olvidada.

Sacó su cuaderno de la mochila. Tenía la tapa gastada y las hojas llenas de palabras que nadie más leía. Ese cuaderno era su refugio, su lugar seguro, el único sitio donde podía ser sincera.

Apoyó la lapicera sobre el papel y escribió:

“A veces duele más que te olviden

Que te hagan sentir que nunca importaste.”

Se quedó mirando la frase durante unos segundos.

No lloró.

Ya había llorado demasiadas veces.

Un grupo de chicas pasó cerca de ella riéndose. Aila las conocía. Antes se sentaban juntas. Ahora ni siquiera la saludaban.

—¿Viste lo que subió Sofi? —dijo una de ellas.

—Sí, está re linda esa foto —respondió otra.

Aila bajó la mirada.

No quería escuchar.

No quería recordar.

El timbre sonó y todos comenzaron a levantarse. Aila guardó el cuaderno con cuidado, como si fuera algo frágil, y caminó hacia su aula.

En clase, eligió el mismo lugar de siempre: la última fila, junto a la ventana. Desde ahí podía mirar el cielo cuando la realidad se volvía demasiado pesada.

La profesora hablaba sobre historia, pero Aila apenas escuchaba. Su mente estaba en otro lugar. Pensaba en cómo había llegado a sentirse así, tan invisible, tan fuera de todo.

Cuando el timbre volvió a sonar, respiró aliviada.

El recreo siguiente lo pasó en la biblioteca. No le gustaban los patios llenos de ruido. Prefería los lugares donde el silencio no juzgaba.

Caminó entre los estantes sin buscar nada en especial. Le gustaba leer, pero ese día solo quería estar sola. Entonces lo vio.

Un cuaderno viejo sobre una mesa.

No tenía nombre.

No tenía dueño a la vista.

Dudó unos segundos antes de tocarlo.

No era suyo.

Pero algo la llamó.

Se sentó y lo abrió.

La primera página decía:

“No soy raro. Solo estoy cansado de fingir.”

Aila sintió un nudo en el pecho.

Siguió leyendo.

“Sonrío para que no me pregunten qué me pasa.”

“Finjo estar bien para no ser una carga.”

Cada palabra parecía escrita para ella.

Miró a su alrededor. La biblioteca seguía vacía.

Volvió al cuaderno.

“A veces me siento invisible, incluso cuando estoy rodeado de gente.”

Aila cerró los ojos por un momento.

Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió tan sola.

Cuando volvió a guardar el cuaderno, no sabía quién lo había escrito, pero sí sabía algo:

Alguien más sentía lo mismo que ella.

Y eso lo cambiaba todo.