Sangre de Luna: El Renacer de Ilia

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Summary

Durante una inocente fiesta de té, Evadne Haim -hija de un duque y destinada a una vida perfectamente ordenada- queda paralizada cuando una oleada de recuerdos ajenos a su propia existencia irrumpe en su mente. Recuerdos de otra vida. Recuerdos de un amor que perdió. De un instante al siguiente, todo lo que creía conocer deja de tener sentido. Su futuro, su familia, sus relaciones... nada es realmente como lo recordaba. Con el peso de dos vidas en sus hombros, Evadne comprende que ha recibido una segunda oportunidad: esta vez podrá salvar a su familia antes de que todo lo que ama sea destruido. Y, quizá, podrá reencontrarse con el hombre al que una vez entregó su corazón. Pero ahora será ella quien decida su propio destino... no la política, no los rumores, no la vida que le fue impuesta. Mientras intenta ocultar su cambio y retomar su lugar en la nobleza, fuerzas que no entiende comienzan a girar a su alrededor, criaturas espirituales la observan con atención inusual y el eco de un pasado olvidado amenaza con abrirse camino en el presente. Evadne lo ignora, pero su regreso marca el comienzo de algo mucho más profundo que un simple renacer.

Genre
Fantasy
Author
IbyBae
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Entre té y Sombras

Estaba muy perdida cuando de repente mis recuerdos de mi vida pasada llegaron a mí mientras estaba compartiendo el té en el palacio de la princesa.

Me sentía muy confundida con respecto a mis sentimientos cuando recordé que la joven sentada frente a mí sería quien enamore al príncipe y finalmente yo fuera abandonada por él.

Mi taza de té tembló ligeramente en mi mano y se escuchó un leve choque con el plato cuando la dejé allí.

Las nobles señoritas me observaron, pero ni siquiera pude notarlo hasta que una de ellas habló.

—Señorita Haim, espero que no se haya puesto nerviosa por el tema de la conversación —al oír su provocación disfrazada de preocupación, sonreí sutilmente.

Ahora comprendía que si mis recuerdos de una vida pasada llegaron fue justo porque esta noble señorita, hija del conde, había sugerido sutilmente que el té estaba envenenado.

Decirme aquello sabiendo que mi madre había sido envenenada frente a mí cuando era pequeña solo me hacía sentir enfado.

En el pasado no lograba controlarme. Muchas veces había reaccionado tan pronto que mi mala reputación se extendió rápidamente.

La malvada hija del duque, intimida a las demás nobles de bajo rango.

Ese fue uno de los rumores más escuchados.

—Por supuesto que no, confío en la princesa —sonreí mientras levantaba nuevamente la taza de té y bebí un sorbo de la infusión.

—¿Qué significa eso? —cuestionó otra señorita.

—Bueno, en el ducado, palabras como las que pronunció la señorita Woodburn podrían ser peligrosas —agregué, dirigiendo mi mirada hacia la castaña. Intenté replicar esa expresión que hacia el de ojos rubies, la que solía usar con quienes no le agradaban, fría y certera.

No era una mirada que él me hubiera dirigido jamás. Conmigo era distinto. Por eso podía usarla sin culpa.

—Sugerir que la taza de té está envenenada, sabiendo lo que ha ocurrido en mi familia, me parece una broma de mal gusto.

—La señorita Haim lo malinterpretó. Jamás dije que la taza de té estuviera envenenada —respondió, claramente asustada.

—Entonces fue una terrible coincidencia que la señorita Woodburn haya utilizado tal ejemplo para hablar de confianza —dije con calma. Intentaba replicar más que sus palabras: su manera de hacer temblar el suelo sin alzar la voz. Y, aunque él solía reservar esa actitud para los demás, yo ahora comprendía por qué era tan efectiva.

Buscaba que mi serenidad la inquietara. Que temiera mi silencio. Tal como él lograba con un solo gesto.

—La señorita Woodburn utilizó el ejemplo de la doncella envenenando la taza de té. Exactamente lo que le pasó a la duquesa... es decir, la madre de la señorita Haim —susurró otra joven, casi como un eco de mi juicio.

—Señorita Woodburn —la princesa, que se había mantenido al margen en la conversación, interrumpió haciendo callar a todas—. Comprendo que no ha sido su intención sugerir tal cosa, y como me siento benévola, lo dejaré pasar —al decir aquello, la joven se inclinó.

—Gracias, princesa —la voz de Katherine sonaba temblorosa.

—Con respecto a la señorita Haim, dejaré que decida tu castigo —la princesa me había dado la posición de verdugo y pude ver las caras pálidas de las jóvenes.

Si me equivocaba aquí, mi reputación quedaría completamente arruinada, y antes no me hubiera importado, pero ahora debía ser más consciente de mi posición. Al menos hacerlo por esa persona.

—Agradezco a la princesa por hacer justicia —incliné mi cabeza hacia ella. Que me haya dado aquel poder era para evaluar mi capacidad. Aquí decidiría si mantendría su favor hacia nuestra familia o no.

Mi vista se fue a la joven castaña que parecía temblar ligeramente.

—Señorita Woodburn, en la casa Haim no se toma algo así a la ligera. A diferencia de la princesa, no soy benévola y un error como el suyo podría ser motivo suficiente para ser desterrado... pero no estamos en la casa Haim, y el palacio de la princesa siempre es tan cálido... no queremos arruinar el ambiente. Definitivamente, al igual que el sol del imperio, creo que esto se puede resolver con una disculpa —sonreí, haciendo que la castaña me observara con los ojos llorosos.

—Ya que se decidió que una disculpa será suficiente, entonces señorita Woodburn, discúlpate con la señorita Haim y agradece que no haya tomado represalias contra ti, ni tu familia —los ojos verdes de la princesa brillaron, y por un momento vi su ferocidad.

Ella lucía hermosa y gentil, pero también contenía su lado oscuro. Me había dado la espada a mí, porque de ese modo ella no se ensuciaría las manos si yo decidía un castigo extremo, pero en el fondo ella quería que Katherine fuera públicamente humillada.

—Señorita Haim —su voz temblaba, pero su reverencia fue profunda y correcta—, me postro ante su indulgencia. Mis palabras fueron una torpeza inexcusable y lamento con todo mi corazón haber evocado, siquiera por accidente, un recuerdo tan doloroso. Agradezco con humildad que la señorita haya decidido concederme esta oportunidad de disculparme en lugar de exigir una reparación mayor. No olvidaré esta lección.

Se inclinó de nuevo, los ojos bajos, las manos temblorosas sobre su falda.

— Que este error no manche la honra de mi familia ni el respeto que profesamos a su casa.

Al oírla asentí con la cabeza. No hacía falta seguir presionándola. Lo que había sucedido servía como una humillación pública adecuada, sin llevarla al extremo ni victimizarla más de la cuenta.

—Ya puede levantarse. —se dirigió a la castaña que seguía inclinada.

Cuando la joven volvió a su lugar, la princesa habló nuevamente.

—Que sirva de lección para todas. Recuerden que son las caras de su familia; deben mantener el honor de sus casas.

Sus palabras cayeron como un peso invisible sobre el salón. Ninguna se atrevió a moverse de inmediato y, casi al unísono, inclinamos la cabeza, dando por zanjada la advertencia.

El silencio que siguió resultó incómodo, denso, como si el aire se hubiera vuelto más espeso. Fue entonces cuando una joven, claramente ansiosa por disipar aquella tensión, se adelantó a hablar.

—Santa, ¿asistirá al evento de caza de este año? —preguntó.

La joven de cabello blanco y ojos azules como el cielo sonrió con suavidad.

En el pasado la había odiado, pero ahora no podía evitar mirarla y sentirme avergonzada por lo infantil que fui. No podía culparla por todo. Fue él quien debió poner el límite y ser honesto. Aunque tampoco quería ser hipócrita: yo también tuve gran culpa en que esa situación entre nosotros se desarrollara así.

Me comporté como su prometida porque él nunca puso un freno.Aunque sabía, en su corazón, que no había lugar para mí. Desde el principio la vio a ella como su princesa, y yo estuve realmente ciega para no ver lo que sucedía entre ambos.

Ahora, con todos mis recuerdos de regreso... definitivamente no serán en absoluto parte de mi vida. Si regresé, no desaprovecharé mi segunda oportunidad.Amaré a aquel dragón como se lo merece.

Al recordarlo, algo en mi pecho se sintió pesado. Quería verlo. Aunque supiera que nuestra relación no era como en la vida anterior. En esta vida, Kayden y yo aún no éramos nada. Él no era mi esposo, y yo... no era más que la joven con la que compartió gran parte de su niñez.

De repente, perdí toda energía para seguir socializando. Solo deseaba regresar a casa.

Me acerqué sutilmente a la princesa, que se encontraba entretenida oyendo las conversaciones de las damas nobles. Al notar que quería decirle algo, acercó levemente su cuerpo hacia mí para que hablara con confianza, sin necesidad de que todos los invitados se enteraran.

—Disculpe, princesa. No me encuentro bien. Permítame volver a mi hogar —.La joven rubia pareció sorprendida, pero finalmente me dejó ir.

Volví a casa con el corazón apretado de tristeza.Cuando bajé del carruaje, sentí un impulso urgente de correr hacia la entrada. Necesitaba ver a esas dos personas.

Entré a la sala de estar, y mis ojos se llenaron de calidez al encontrar a mi padre y a mi hermano allí, como si el tiempo no hubiera pasado. Como antes de que todo en mi vida se desmoronara.

Me quebré. El llanto brotó de golpe, como si algo dentro de mí se hubiera soltado. Asusté a aquellos dos hombres.

Ambos corrieron hacia mí, y fue en ese instante cuando me lancé a los brazos de mi padre.Sentí que hacía tanto que se había ido...Y ahora, por fin, estaba conmigo otra vez.

—¿Ev? ¿Qué sucede? ¿Pasó algo? —preguntó él, alarmado.

Negué con la cabeza, sin poder siquiera hablar.Todo era irrelevante.Solo quería estar con ellos, como antes.

—Papá... ¿me dejas comer pastel de chocolate? —pregunté con voz entrecortada.Noté cómo la expresión de mi hermano se fruncía en una mezcla de desconcierto y preocupación.No comprendía nada, pero me observaba como si intentara descifrarlo todo a la vez.

Mi padre, que me acariciaba la espalda intentando consolarme, se detuvo un momento. Luego, asintió con ternura.

—Sí, claro hija. Lo que tú quieras.

Esbocé una sonrisa entre lágrimas.El llanto seguía cayendo, pero había algo cálido en su voz que me anclaba.

Ethan, aún confundido, se acercó y levantó mi rostro con suavidad.Sus dedos intentaban secar las lágrimas que descendían sin freno.

—Hermana... si alguien te estuvo molestando, solo dilo. Haré justicia por ti.

Una carcajada ahogada escapó de mis labios.Dolorosa, rota, inevitable.

Amaba oírlo hablar así, con ese tono protector. Pero al mismo tiempo, me recordaba lo mucho que había perdido. Me hacía sentir impotente... como si no tuviera forma de cambiar nada.

Aquella tarde lloré sin parar, y me aferré como una niña a esas personas que siempre habían estado ahí, cuidándome, amándome. No fue sorprendente que esa noche me diera fiebre. Quizás había sido demasiada emoción para mi cuerpo frágil.

Y aun así, me sentía feliz. Esos dos hombres estaban vivos, fuertes, y a mi lado.

Solo quería quedarme con ellos. Quería seguir sintiendo las caricias de mi padre mientras sostenía el paño húmedo sobre mi frente. No me gustaba verlo preocupado... pero me llenaba el alma que me consintiera así.

Apenas durmieron esa noche por haberme cuidado. Lo noté al día siguiente, cuando vi a papá dormido a mi lado, en una posición incómoda, como si no se hubiera movido en horas.Y a Ethan, en el sofá, con un libro abierto entre las manos y la cabeza ladeada por el cansancio.

Esta vez, buscaría otra manera de hacer las cosas. Cambiaría la historia de nuestra familia.

Era una promesa.