HITO NO NAKA NO KAMIS

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Summary

En un mundo donde algunos nacen portando una energía invisible llamada Prisma, el poder no se manifiesta como un don divino, sino como una carga íntima que refleja la verdadera naturaleza de quien la posee. Hito no Naka no Kamis sigue a Guenshiro y a otros jóvenes marcados por esta fuerza interior mientras intentan encontrar su lugar en una sociedad que celebra el talento, pero teme aquello que no puede controlar. El vínculo y la pasión pesan más que la victoria, entrenamientos que rozan lo inhumano y combates que ponen a prueba el alma, cada personaje se enfrenta a una misma pregunta: qué significa ser humano cuando llevas algo que te acerca a lo divino. No es una historia sobre héroes perfectos ni villanos absolutos, sino sobre decisiones, conexiones y cicatrices invisibles. Porque en este mundo, el verdadero poder no define quién eres... solo revela lo que llevas dentro.

Genre
Action
Author
Samir
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPITULO 1

Prólogo:

A millones de años luz, en medio del vasto y silencioso océano del espacio, un meteoro atravesaba la nada con una velocidad tan inconcebible que la del sonido resultaba ridículamente pequeña a su lado. Su trayecto parecía inofensivo: no había razón para temerlo, pues su ruta no se aproximaba a la Tierra.

Pero el destino es caprichoso.

En su viaje eterno, aquel cuerpo celeste se encontró con una luna olvidada en un rincón del universo. El impacto fue brutal. La roca estalló en dos fragmentos desiguales: uno enorme y pesado, atrapado de inmediato en la órbita de un planeta distante; el otro, más pequeño, pero infinitamente más peligroso, salió disparado hacia un nuevo rumbo. Un rumbo que lo llevaría directo... a la Tierra.

Al principio, los hombres y mujeres de nuestro planeta lo observaron en el cielo como si fuese una estrella fugaz. Una chispa brillante que, con el paso de los días, crecía en intensidad. Nadie imaginó que esa luz radiante no era un regalo del firmamento, sino un presagio de destrucción. Quince días después, sin que la humanidad pudiera preverlo, el fragmento se estrelló contra nuestro mundo.

El primero en encontrar el objeto caído fue un hombre llamado Tenzay. Vivía apartado, aislado de todos. Había cargado desde niño con el rechazo de la sociedad, pues su aspecto lo convertía en blanco de burlas y miedo: cabello blanco como la nieve y ojos negros como el vacío. Nunca fue aceptado, y esa herida se transformó en resentimiento. El odio hacia los demás se convirtió en el aire que respiraba.

En aquel campo solitario, lo que Tenzay halló no era un simple pedazo de piedra, sino una reliquia imposible: una roca desconocida cuyo núcleo brillaba con un púrpura oscuro, denso y vivo, como si ocultara un corazón latiendo en su interior. Y fue esa energía la que se adentró en él, corrompiéndolo hasta lo más profundo. Desde ese día, Tenzay dejó de ser un hombre. Se convirtió en algo distinto: un recipiente de oscuridad, sediento de sangre y poder.

Por entonces, la humanidad atravesaba una de sus edades doradas. La paz reinaba en cada rincón del planeta. Ciudades enteras se levantaban orgullosas, entre ellas la antigua Cartagena, reconocida como una de las joyas del mundo. No había guerras, ni hambre, ni sufrimiento. Las escrituras de la época describen aquellos años como una era perfecta.

Esa ilusión se quebró con la aparición de un nombre que quedaría marcado para siempre en la memoria colectiva: Meishin Fushin.

Meishin, portador de un poder oscuro, no tardó en alzarse como líder de una legión de seres corrompidos. A su paso, hombres y mujeres fueron transformados en criaturas inhumanas, envueltas en una energía siniestra: los Oscuros o Sombríos. Su número creció hasta formar ejércitos, y contra ellos nada pudo resistir. Los soldados más valientes, las naciones mejor armadas, todo fue aplastado. En cuestión de años, el mundo entero cayó de rodillas ante las sombras.

Las ciudades ardían en llamas, los cielos se teñían de humo y los ríos corrían rojos. El terror se expandió hasta en los rincones más apartados. El planeta que había sido un paraíso se convirtió en un infierno viviente.

La humanidad, acorralada, se refugió bajo tierra. Grandes búnkers fueron construidos, fortalezas subterráneas con muros de acero y concreto lo bastante resistentes para soportar el caos del exterior. Allí, generaciones enteras sobrevivieron cultivando lo poco que podían, aferrándose a la esperanza de ver un nuevo amanecer. Pero muchos creyeron que el final ya había llegado, que la oscuridad se había adueñado para siempre del mundo.

Pasaron décadas. Décadas de miedo, de encierro y desesperanza.

Y entonces... nació una chispa.

Un niño, con cabello verde y ojos del mismo color, luminosos como esmeraldas al sol. Su nombre: Sari Uchidíto.

En un comienzo, todos pensaron que era una coincidencia, un detalle curioso en medio de la miseria. Pero la infancia de Sari, aunque dura como la de todos los niños del refugio, estuvo marcada por un destino mayor.

A los siete años, mientras jugaba en la zona de carga del búnker, una catástrofe ocurrió: cuarenta y tres barras metálicas cayeron de repente sobre él. Los presentes gritaron horrorizados, seguros de que el niño había muerto. Pero, contra toda lógica, Sari se levantó. No tenía heridas, no sangraba. Se puso de pie como si nada hubiese pasado. Ese día, nació la primera leyenda en medio del encierro.

Con los años, su fuerza creció hasta superar a la de cualquier adulto. A los once ya se distinguía por su poder, y a los catorce se había convertido en un guerrero, protector de su gente, símbolo de esperanza en una época en la que no quedaba nada.

A los quince, la vida le mostró que no estaba solo. Conoció a una mujer que dio a luz en aquel búnker oscuro. El recién nacido tenía el cabello azul y los ojos del mismo tono, brillando como zafiros. Sari entendió que algo mucho más grande estaba ocurriendo.

El fenómeno se multiplicó. En apenas siete años, más de ochocientos niños nacieron con características similares, cada uno con un color distinto de cabello y ojos: verde, rojo, azul, amarillo, rosa, naranja, morado, cian y negro profundo.

Con el tiempo, se descubrió que aquellos colores no eran una simple particularidad física. Eran el reflejo de poderes jamás vistos. Cada color otorgaba habilidades únicas, dones capaces de desafiar lo imposible:

Amarillo: canalizan la energía de su cuerpo, transformándola en descargas y esferas devastadoras.

Azul: dominan el rayo, moldeando su poder con velocidad y precisión.

Rojo: crean armas a partir de su propia sangre y las controlan con la mente.

Verde: poseen el don de la sanación y la capacidad de volar.

Morado: maestros de la teletransportación, se desplazan a cualquier lugar que imaginen.

Naranja: su regeneración y agilidad los vuelven imparables en combate.

Rosa: dotados de fuerza bruta colosal, dominan el arte del cuerpo a cuerpo.

Cian: expertos en telequinesis, capaces de controlar desde lo más pequeño hasta lo colosal.

Negro: los más enigmáticos, portadores del poder absoluto de la materia oscura.

La humanidad los llamó los goats. Ellos fueron la luz que disipó las tinieblas. Gracias a su aparición, la esperanza renació. Las personas abandonaron los búnkers, levantaron nuevas ciudades y alzaron murallas de piedra y acero para proteger a quienes no poseían habilidades. Una nueva civilización comenzó a florecer.

Sin embargo, la guerra no terminó. Los Colores lucharon contra la oscuridad, pero Meishin Fushin y su legión jamás se rindieron. El mundo quedó atrapado en un conflicto eterno, una batalla que parecía no tener fin.

Pero en la historia de la humanidad, hay momentos en los que el destino cambia de rumbo. Y muy pronto...

ese momento llegará.