Único
Había sangre... Mucha.
El filo de la hacha en su mano estaba empapado del líquido rojo, al igual que su cara y todo lo que la sangre pudo salpicarle. Tenía la respiración acelerada por el esfuerzo de masacrar al cuerpo bajo sus pies.
Aún se retorcía de agonía. Estaba a punto de dar el golpe de gracia, pero en ese instante el celular en su bolsillo sonó.
El eco y el sonido húmedo de la sangre llenaron el almacén en donde está, el cuerpo en el suelo había dejado de moverse. No sabe hasta qué punto había dejado de respirar pero eso no importa ya.
Está molesto. Odia que lo interrumpan cuando está trabajando.
El celular vibró una vez más antes de que Kitae lo sacara del bolsillo. La pantalla estaba manchada de rojo, pero el nombre seguía siendo legible.
James.
Deja que suene una última vez para después deslizar el dedo ensangrentado sobre la pantalla, aceptando la llamada sin limpiarse. El acto fue deliberado, como si dejar su huella pudiera manchar, de alguna manera, a James.
El otro lado de la línea hay silencio. El olor a hierro de alguna manera calma la rabia que siente en ese momento con James por su imprudencia. Aunque él no se caracterizaba por ser alguien paciente.
-¿No vas a responder? - escupe, no estaba de humor para los juegos misteriosos de James.
-... Mira atrás tuyo.
Kitae giró la cabeza, con el pecho aún agitado por el esfuerzo, y encontró a James. Él no lo miraba, sino al cuerpo inmóvil. Con una calma inquietante, como si aceptara la naturaleza de su violencia sin juzgarla.
Sus pasos eran tranquilos, casi calculados. Mantenía siempre esa pequeña sonrisa arrogante.
Kitae colgó el teléfono, dejándolo caer al suelo con indiferencia. El ruido resonó en el almacén, rompiendo el hechizo momentáneo de James.
-Te dije que no me interrumpieras -dijo Kitae, apoyó el hacha contra la pierna, dejando que el metal frío contrastara con el calor de su ropa manchada. El olor a hierro era asfixiante, y sin embargo, la mirada del otro era lo único que lograba penetrar ese velo rojo.
James detuvo sus pasos a centímetros de él. Recién entonces alzó la visita hacia Kitae, y sus ojos brillaban con esa mezcla de miedo y reverencia que siempre le disgustaba y le excitaba a la vez. Se quedó quieto, con las manos a los costados, esperando.
-Tenía curiosidad -murmuró James, sin apartar la mirada de la cara ensangrentada de Kitae-. Quería verte así. Justo después.
Kitae soltó una risa baja, áspera.
-Estás enfermo -dijo.
James no lo negó.
-Tú también.
La arrogancia de James, su capacidad para trivializar el asesinato y centrarse solo en Kitae, ascendió algo en su interior. No era amor, eso era seguro. Era una obsesión mutua y destructiva. Kitae levantó la hacha lentamente, sin prisa, y apoyó el filo frío y manchado de sangre sobre el hombro de James, deslizándolo hacia el cuello.
James tragó saliva, su pulso se aceleró bajo la piel, pero no se movió. No pedía clemencia. Al contrario, su respiración se hizo más profunda, sus ojos se cerraron un instante, disfrutando del contacto letal.
-Me matas el ambiente, James -susurró Kitae, presionando el metal justo contra la arteria, lo suficiente para que James sintiera el filo, pero no lo suficiente para cortar-. Deberías tener miedo. Podría cortarte el cuello ahora mismo y dejar que te desangres junto a él. -Asintió con la cabeza hacia el cadáver-. Sería fácil.
-Lo sé -dijo James, abriendo los ojos y mirando a Kitae con una intensidad que lo desarmó-. Pero no lo harás.
La sonrisa de Kitae se volvió una mueca cruel y vacía.
Así era James, no había cambiado nada con el paso de los años. Era una de las cualidades que más llamaban su atención, no temía a las advertencias, los golpes y las miradas duras. Siempre estaría de pie.
Algo que estaba dispuesto a cambiar.
Acercó casi imperceptible el filo en su garganta.
-¿Cómo estás tan seguro?
-¿Esa es una amenaza?
Kitae inclinó la cabeza, observándolo.
-Es una advertencia.
James levantó la barbilla en lugar de retroceder. Sus ojos no se apartaron del rostro de Kitae ni un segundo.
-Si quisieras matarme -dijo-, ya lo habrías hecho.
Algo se tensó en la mandíbula de Kitae. Sintiendo el golpe de esas palabras, aunque no lo mostró. Podía hacerlo, matarlo y acabar con el pacto que tenían.
Pero James se estaba ofreciendo a sí mismo en una bandeja, aceptando cualquier cosa que Kitae quisiera darle, incluso el dolor. Incluso la muerte. Y eso, para él, era irresistible.
Kitae bajó el hacha, dejándola caer al suelo con un golpe sordo que resonó en el silencio. Luego, agarró a James por el cuello de la camisa, hiriéndole la tela con sus uñas sucias, y lo empujó violentamente contra la pared de cemento.
-Entonces quédate -gruñó Kitae, y unió sus labios con los de James en un beso de sangre y dientes, una promesa de que, por esta noche, James era suyo, tanto como el cadáver en el suelo.
En la brutalidad del beso, James no se percató que el otro hombre los hizo retroceder hasta que el súbito impacto contra la pared le sacó el aire haciendo que jadeara, no tuvo el tiempo de recuperase antes de que volviera a invadir su boca.
No había ternura, solo dientes chocando, la ironía gustosa de la sangre ajena mezclándose con la saliva de ambos. James sintió las uñas de Kitae clavándose en su nuca, hiriendo, reteniéndolo ahí como si temiera que se evaporara.
James se dejó estar. Se dejó arrastrar. Porque era un enfermo, como Kitae había dicho. Porque cualquier otro en su lugar habría corrido al ver al hombre que amaba con el rostro bañado en sangre, pero a él solo le había hecho sentir vivo.
Con impaciencia dejó que sus manos bajaran, buscando el cinturón de Kitae y lo desabrochó con torpeza. Sus dedos temblaban, no por el miedo a la muerte que acechaba a centímetros, sino por la anticipación.
Necesitaba esto. Necesitaba que la violencia que Kitae acababa de ejercer sobre el cadáver ahora se ejerciera sobre él.
Lo anhelaba, desde que se conocieron hasta ahora. Sabía que estaba mal esperar algo así, era enfermizo y aún así...
Los labios ajenos abandonaron los suyos para adueñarse de su cuello y dejarle marcas de pertenencia, que hicieron que su piel de estremeciera de dolor y placer.
El más alto se apartó apenas un centímetro, jadeando. Con su aliento caliente y con olor a cobre y ira apenas contenida.
-¿Esto es lo que quieres? ¿Que te recuerde quien soy?- Gruñó contra su piel marcada.
James sonrió apenas, honesto.
-Siempre supe quién eras.
Kitae se rió incrédulo.
-Voy a lastimarte.
-Hazlo.- suplicó James, y el sonido de su propia voz le resultó patético, desesperado. No le importaba la sangre en la ropa de Kitae que ahora se transfería a la suya. Quería llevar las marcas. Quería que la sangre de ese hombre muerto fuera un sello entre ellos.- Lastimarme, hazlo como solo tu sabes hacerlo.
-Maldita perra masoquista.- Kitae gruñó, un sonido animal, y quito el pantalón de James con brusquedad.
El frío del aire golpeó su piel, pero fue ignorado al instante por las manos calientes y exigentes de Kitae en sus muslos, levantándolo a su altura. Obligándolo a enredar sus piernas en su cadera.
James aferró sus manos a sus hombros y apoyó la frente contra su hombro, cerrando los ojos mientras el mundo giraba. Se sintió sucio, se sintió condenado. Sabía que no podía alejarse. Había intentado hacerlo una vez, años atrás, y el silencio de su propia vida lo había vuelto loco. Kitae era destructivo, era una bomba de tiempo, pero era su bomba. Y si al final la explosión lo mataba, al menos moría sabiendo que había sido el único en ver el núcleo.
-Mírame -ordenó Kitae, tirando de su cabello desordenado, obligándolo a levantar la cara.
James frunció el ceño de dolor. El rostro de Kitae era una máscara de sangre seca y sudor, hermosa y aterradora.
Kitae no espero más. Levantó a James un poco más, acomodándolo a su conveniencia y entró en él de un golpe seco y brutal.
El dolor fue agudo, una quemadura que recorrió su espina dorsal y le robó un grito ahogado. James arqueó la espalda, sus manos buscando apoyo en sus hombros y cuello, rasguñandolo mientras su cuerpo luchaba por adaptarse a la invasión. No hubo preparación, no hubo suavidad. Fue el reflejo exacto de lo que acababan de vivir: un asalto, una toma de control violenta.
- Joder... -susurró James, sintiendo las lágrimas picarle en los ojos, no por tristeza, sino por la sobrecarga de sensaciones.
Kitae no se detuvo. Movió las caderas con un ritmo implacable, empujando a James contra el concreto una y otra vez, como si quisiera incrustarlo en la pared. Cada golpe se sentía en la gloria.
Y James lo tomó todo. Absorbió el dolor como un castigo merecido por amar algo tan roto. Cada vez que Kitae lo embestía, James sentía que su mente se fragmentaba un poco más, dejando atrás la lógica y la moral, flotando en un mar rojo donde solo existía la fricción y el peso del hombre que lo tenía atrapado.
-Dilo -gruñó Kitae al oído, mordiendo el lóbulo con fuerza.
-Tuyo -exhaló James, rendido, roto, completamente feliz en su destrucción-. Solo tuyo, Kitae.- Siempre tuyo.
-Mier...da.- lo volvió a besar de manera morbosa, casi hipnótica, al ritmo de sus embestidas.
James, luchando contra los espasmos que sacudían su cuerpo, le correspondió con una desesperación silenciosa.
Continuaron así, entregándose el uno al otro: uno con rabia y el deseo que nunca se permitió expresar, y el otro, con devoción absoluta, sabiendo que era su única verdad.
El ritmo se volvió frenético, desesperado. Kitae no retenía nada, y James tomó cada golpe como si fuera un sacramento. El olor a sangre, sudor y sexo se volvió asfixiante, una neblina densa que los aislaba del resto del mundo. No había nada más allá de esa pared, nada más allá del cuerpo caliente que lo poseía.
El clímax los arrasó sin previo aviso, una ola violenta que dejó a Kitae jadeando contra el cuello de James, mordiendo la piel con fuerza mientras soltaba un gemido ronco, gutural. James se aferró a su espalda, las uñas clavadas en la piel ensangrentada, sintiendo cómo su propio cuerpo se rendía, vaciándose hasta quedar seco.
El silencio que siguió fue pesado, roto solo por sus respiraciones agitadas. Kitae no se apartó de inmediato. Se quedó ahí, con la frente apoyada en el hombro de James, pesado, caliente, real. Por unos segundos, la violencia pareció disiparse, reemplazada por una extraña fatiga.
James cerró los ojos, disfrutando el peso del otro hombre sobre él. Sabía que, cuando Kitae se recuperara, la máscara de indiferencia volvería. Sabía que se limpiarían la sangre en silencio, que arrojarían el cadáver como si fuera basura y que volverían a sus vidas como si nada hubiera pasado. Kitae no le daría las gracias, ni le prometería que volvería a pasar.
Pero cuando Kitae se iría, James se quedaría con el dolor en su cuerpo y el sabor de su sangre en la boca. Y eso, para su corazón roto, era suficiente.
Kitae se irguió lentamente, soltándolo. El brillo salvaje en sus ojos se había apagado, dejando solo su habitual mirada fría y calculadora. Se arregló la ropa con indiferencia, ignorando a James que aún intentaba recuperar el equilibrio con la espalda apoyada en la pared.
— Límpiate.
James asintió.
.............
Cuando salieron del lugar, la mañana les dio la bienvenida.
Kitae fue el primero en moverse, se acomodo lo mejor que pudo la ropa.
James lo observo en silencio.
—No te quedes.— Dijo Kitae al fin, sin rudeza.— Esto no vuelve a pasar.
James asintió.
—Lo sé.
No hubo discusión. No había nada que negociar.
Kitae tomó el hacha antes de irse. La sostuvo un segundo más de lo necesario. Luego habló, sin girarse.
—No confundas esto con algo que no es.
James respondió sin levantar la voz.
—Nunca lo hago.
Con eso, Kitae se fue.
El silencio volvió a ocupar su lugar.James se quedó ahí un momento más, respirando despacio, como si necesitara memorizar la ausencia antes de que se enfriara. Sabía exactamente qué era esto: una concesión. Un accidente. Una noche que no se repetiría porque no debía.
Y aun así…
Sonrió.
Porque Kitae Kim no era alguien que regalara nada.
Y esa noche, por peligrosa y breve que fuera, había sido real.
El hacha ya no estaba.
La sangre tampoco.
Pero la trampa seguía ahí. Esperando.
Notes:
Lo siento por las posibles fallas de ortografía o si la historia no tiene coherencia o si no capture bien la personalidad de los personajes.








